¿PAREJAS CONCERTADAS O ATRACCIÓN CIEGA? (I): OPORTUNIDADES Y LÍMITES


Marc Chagall: Los novios de la Torre Eiffel

Las parejas arregladas por las familias, gozan en Occidente de mala imagen, desde el romanticismo del siglo XIX. La modernidad alimenta la ilusión de seres humanos independientes, que subordinan todo al impulso del enamoramiento, en su búsqueda de una felicidad inmediata e inexplicable. Otras alternativas, como las ofrecidas por las casamenteras y otros intermediarios, que dependan de la razón e incluyan el consenso de la comunidad, son vistas como anacrónicas, inútiles y hasta opuestas a la felicidad. ¿Por qué recurrir a intermediarios, cuando los involucrados en una pareja están convencidos de conocer mejor que nadie sus propios intereses?

Los judíos conservaron la tradición de las casamenteras, mujeres maduras que durante la diáspora de su pueblo viajaban de aldea en aldea, promoviendo la formación de parejas que de no ser por ellas no se hubieran conocido. Gracias a ellas, la gente de su colectividad no se quedaba soltera, ni (lo que resultaba más lamentable aún) se casaba con personas de otros credos, una circunstancia que anunciaba el debilitamiento de una cultura milenaria.

Amos Oz

Casamentera astuta, de fuertes brazos y mirada aguda, que te escudriñaba por fuera y por dentro, con una sola mirada incisiva y tres o cuatro preguntas pícaras y aparentemente inocentes. En un momento te descifraba de arriba abajo, conocía tu forma de ser y llegaba hasta el fondo de tus secretos. Te examinaba minuciosamente y hacía un mapa de ti, de tu corazón y tu mente, mientras sus manos rojas, como sin piel, hurgaban y rebuscaban en sus numerosos bolsillos, como si en ese instante fuera de las profundidades de alguno de ellos la novia perfecta. (Amos Oz: Una historia de amor y oscuridad)

Hello, Dolly! es una comedia musical exitosa, que no ha cesado de representarse desde su estreno en 1964, basada en The Matchmaker, una comedia menos afortunada de Thornton Wilder, basada a su vez en una farsa vienesa de Johann Nestroy, que fue estrenada a mediados del siglo XIX y retoma personajes de Moliére. Esa constante transfiguración del material dramático es habitual en el ámbito de la comedia, que desde hace miles de años critica personajes y circunstancias contemporáneas: los seres humanos incurren una y otra vez en los mismos defectos y solo difieren en las opciones que la sociedad les ofrece para superarlos.

Bette Midler en Hello Dolly!

Wilder incorpora una figura que adquiere protagonismo, Dolly Levi, la madura y viuda casamentera de una comunidad judía norteamericana de fines del siglo XIX. Ella aparece en una localidad suburbana, dispuesta a conseguir pareja para un comerciante que ha dedicado todas sus energías a reunir una fortuna y comienza a sospechar que no puede continuar viviendo solo. Mientras gestiona la felicidad de los más jóvenes, Dolly halla la manera de posicionarse como la candidata más adecuada para su cliente.

San Antonio de Padua

¿Será duradera una relación de pareja basada en el interés? De acuerdo al criterio tradicional, el amor nace después, a medida que pasa el tiempo y se acumulan las experiencias de una vida en común (hipótesis que exige una buena dosis de respeto mutuo). En el mundo cristiano de Latinoamérica, el creyente que después de cierta edad permaneciera soltero (contra su voluntad, en el caso de las mujeres) tenía la alternativa de encender una vela y rezar una oración ante una imagen de san Antonio de Padua, durante siete noches sucesivas.

Te imploro puedas concederme la dicha y la felicidad de encontrar el amor que me acompañará siempre, para encontrar a la persona ideal, mi otra mitad, el complemento a mi vida, la pieza me falta para armar mi mundo. (Oración a san Antonio)

Si al cabo de esta negociación, el santo fallaba en conceder ese favor, su imagen era puesta cabeza abajo. Castigarlo de ese modo no era el signo de haber perdido la fe en Dios, sino la demostración de que se estaba dispuesto a negociar con las fuerzas superiores, de igual a igual, una respuesta favorable.

Encontrar pareja hoy, puede parecer un proyecto fácil a quienes son jóvenes, bien relacionados, medianamente atractivos, dotados de amigos y al mismo tiempo sin ideas demasiado claras sobre las responsabilidades de compartir la vida con alguien más. ¿Para qué recurrir a intermediarios, cuando hay tanta impaciencia y no se está dispuesto a concederle demasiada autoridad a nadie?

Festival Lidoonvarna

En el balneario de Lisdoonvarna, Irlanda, al comenzar el otoño, se celebra un festival de concertación de parejas, que atrae a turistas de todas las opciones sexuales. Hay música, baile y alcohol. Los participantes, que pueden llegar a ser 60.000 del país y el extranjero, se van turnando en breves diálogos, para conocer la mayor cantidad de solteros posibles. Willie Daly, lugareño que ha heredado el oficio de casamentero de sus padres y abuelos, detecta novedades en esta tradición.

Tengo [como clientes] una cantidad de hombres jóvenes, con edades de 27 a 45 años, y algunos son un poco tímidos e inseguros que se sienten atraídos por mujeres de casi el doble de su edad. Siempre hubo un tipo de hombre que buscaba una mujer que tuviera un oficio. Eso excluye el amor y está más bien relacionado con la seguridad. Hay hombres románticos y el amor es muy excitante, como hay hombres que se quieren sentir seguros. Un viejo proverbio dice que Dios es bueno cuando la mujer está trabajando. (Willie Daly)

Konkatsu japonés

En Japón, los solteros interesados en casarse (dos tercios de la población no ha llegado al matrimonio) invierten U$ 2.200 a 2.600 para remunerar los servicios de agencias que brindan ese servicio. En cinco años, durante la segunda década del siglo XXI, la población del país se redujo en un millón. Las tasas de fertilidad de Japón se cuentan entre las más bajas del planeta. El incremento de la natalidad ha pasado a ser un objetivo fundamental de los planes del gobierno. Por eso, los políticos no dudan en financiar konkatsu (cacerías de marido) reuniones de solteros conducidas por gente madura que los alientan a comprometerse y servicios on line que tienen resultados poco alentadores hasta la fecha.

Los hombres son muy tímidos para hablarles a las mujeres, así que yo los motivo a eso. (Kyoko Ishiduka)

De acuerdo a las ventas de artículos eróticos y las cifras de asistencia a los chats donde se buscan parejas, los japoneses se encuentran cada vez más interesados en el sexo, y cada vez menos en arriesgar encuentros cara a cara. En la cultura contemporánea, tras el regreso alarmante de las enfermedades venéreas, el autoerotismo ha dejado de ser un circunstancia vergonzosa, que cuesta justificar, para presentarse como sexo seguro, compatible con la fecundación asistida, la informática y los buenos negocios.

En Irán, el mismo régimen islámico, cuya posición adversa a la modernidad de Occidente es bien conocida, ofrece un sistema de encuentros de parejas por internet, con el objeto de evitar que la gente se entregue a la improductiva permisividad sexual que condena la religión y en cambio se dedique a procrear ciudadanos patriotas.

Auge de las redes sociales

Cualquier ocasión puede servir para iniciar una relación, y de hecho muchas parejas se forman sin haber tenido la oportunidad de conocer adecuadamente a la otra persona, siguiendo el impulso que suministran las hormonas o el azar, en la confianza de que el compromiso puede deshacerse ante el primer contratiempo.  En el pasado, el encuentro sexual de la pareja, ese momento fundamental para averiguar si existe o no compatibilidad entre ambos, llegaba después de penosas esperas y tras haberse celebrado el matrimonio, que daba inicio a una familia. En la actualidad, el orden de los factores se ha alterado: el encuentro sexual puede ser una de las primeras etapas de un acercamiento que tal vez conduzca a la formación de una familia y eventualmente al matrimonio. Se intima rápido, se formaliza más tarde o nunca.

Tinder

Tinder es una aplicación de internet que desde 2012 permite localizar en cualquier momento los candidatos más cercanos con los cuales podría establecerse una relación ocasional, porque no es cosa de perder tiempo buscando, ni averiguar demasiado sobre la otra persona, La urgencia de encontrar pareja para disfrutar un rato su compañía, se ve favorecida por la inexistencia de compromisos entre los involucrados. La combinación es perfecta. En dos años, Tinder había reunido 50.000.000 de usuarios de todo el planeta.

Tinder enfatiza la discreción de los servicios que presta. La intermediación asegura que algo tan asediado como la cuenta de la red social de aquel que se arriesga a utilizar el servicio, quede preservada. Entre los consejos que se ofrecen a los participantes, está el de desenfocar las fotos que se presentan o someterlas al favorecedor tratamiento del Photoshop. Con esto, la hipocresía del trato social de otros tiempos regresa, modernizada, con el objeto de atraer parejas que retrocederían ante la evidencia de una identidad no demasiado atractiva. Los testimonios de participantes coinciden en la incertidumbre y la decepción de aquello que se presenta como una mejora en las relaciones humanas.

Creo que en la mayoría [de los usuarios de Tinder] el discurso gira en torno a intentar encontrar el “amor”, rogando a Dios no hacerlo. Es como si todos estuvieran en un escaparate en el que nadie puede tocar nadie. (…) Son tan pocas las oportunidades que decides dar para que despierten interés en ti, que todo queda en un intercambio de tres palabras. Es curioso, porque he salido con algunos y la mayoría son mejores personas que lo que intentan aparentar en internet. (Ismael)

Si la actualidad suele anunciarse como la era de la información interactiva, Tinder demuestra que esto no impide que se incluya una fuerte dosis de desinformación, tendiente a favorecer la oferta basada en los datos engañosos que incluye el perfil de los buscadores de parejas. La gente miente, oculta y sobre todo embellece hasta lo inverosímil su propia imagen. Las casamenteras del pasado no podían engañar demasiado a sus clientes, porque de ser descubiertas (cosa más que probable en una relación matrimonial donde tarde o temprano todo lo que se esconde sale a la luz) eso iba en desmedro de su prestigio profesional.

Internet goza de no poca inmunidad. Nunca hay certeza sobre la identidad del interlocutor. Si alguien quiere averiguar los datos de una probable pareja, solo tiene que consultar el perfil de Facebook y encontrará lo que esa persona ha decidido mostrar. ¿Tal vez no resulte ser la fuente más creíble? Decir la verdad en ese ámbito no se estila. Cuando se descubre el engaño, por ejemplo, en el curso de una cita, la responsabilidad es de quien promovió esa imagen falsa, no del medio, incapaz para detectarlo, que incluso podría considerarse otra víctima de quien mintió.

Las parejas formadas en las redes sociales, intercambian mensajes de texto, fotografías. Pero pueden pasar días sin oír sus voces o encontrarse personalmente. Si hay desencuentros, puede ser porque alguien deja de responder los mensajes de la otra parte.  Las rupturas suelen hacerse cómodamente, gracias a mensajes de texto o en forma todavía más sencilla, bloqueando a quien hasta entonces se presentaba como pareja. El cambio de perfil indica de inmediato a todos aquellos que pasen por la red, que se está comprometido o disponible para aceptar otras relaciones del mismo tipo, a la vez íntimas y despersonalizadas.

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