¿PAREJAS CONCERTADAS O ATRACCIÓN CIEGA? (II): TRAMPAS Y ATAJOS


Yo [insertar nombre] te quiero a ti [insertar nombre] como mi esposa(o) y me entrego a ti, y con la ayuda de Dios prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y la enfermedad, en la riqueza y la pobreza. Quiero amarte, respetarte y permanecer a ti lado todos los días de mi vida. (Anónimo: Voto matrimonial católico)

Gabriele Pauli

En 2007, la legisladora de la derecha alemana Gabriele Pauli, propuso la institución de un matrimonio por un mínimo de siete años. Transcurrido ese plazo, los contrayentes podrían renovar el contrato o darlo por concluido. La iniciativa no prosperó. Hay una imagen establecida de la pareja humana que se resiste a considerarla un contrato más, entre los muchos que la gente establece y también rescinde, en caso de sentirse decepcionada por la experiencia. Aunque tantas parejas actuales fracasen, el matrimonio continúa siendo en muchas culturas un sacramento, un pacto de por vida, celebrado ante los representantes eclesiásticos y estatales, por eso más solemne que el resto de los contratos.

En 2011, en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal de México, se planteó (como era de prever, sin demasiado éxito, por la resistencia de la Iglesia católica) discutir la opción de un matrimonio renovable cada dos años, con el objeto de reducir los conflictos de familia, que de todos modos conducen al divorcio.

Lizbeth Rozas Moreno

Dos años es un tiempo mínimo que te permite conocer y valorar cómo es la vida en tu pareja. Si renuevas, significará que hay un entendimiento con tu pareja, que tienes claras las reglas de la relación y que ambos cónyuges tienen certeza jurídica de sus derechos y obligaciones. (Lizbeth Rosas Montero)

Puesto que las parejas humanas distan en la vida cotidiana de estar a la altura de lo que esperan de ellas los líderes políticos y religiosos, ¿cómo no entender que se arbitren atajos y trampas que tienen como único objetivo satisfacer la demanda de bienestar de la gente?

Matrimonio islámico

En Irán, que es una república islámica, donde los códigos morales son tan estrictos que castigan el adulterio con la lapidación de las mujeres involucradas, una pareja formada por una mujer viuda o divorciada y un hombre casado, puede entregarse tranquilamente al disfrute del sexo, si ambos toman la precaución de solicitar a un mulá (un líder religioso) que firme un documento autorizando lo que se considera un matrimonio temporal. Eso se hacía tradicionalmente a espaldas de la esposa del hombre casado, hasta que el gobierno obligó recientemente a informarlas.

La validez del contrato es un dato flexible; puede ser por un par de horas o por decenas de años. La opción se encuentra vigente desde la época de fundación del islamismo, en el siglo VII de nuestra era. En la actualidad, opinan los críticos del subterfugio, solo sirve para encubrir la prostitución.

Es más fácil quedar bien como amante que como marido, porque es más fácil ser oportuno e ingenioso de vez en cuando, que todos los todos los días. (Honoré de Balzac)

La idea del matrimonio duradero se ha vuelto en la actualidad cada vez más difusa e indigna de crédito para los jóvenes. Ellos se preguntan: ¿para qué casarse? Los padres y abuelos lo hicieron en su oportunidad, y sobran las evidencias de sus fracasos de pareja. De acuerdo al ejemplo que brindan los mayores, la pareja estable es una atadura más opresiva que protectora, perdió vigencia hace tiempo y sin embargo ha continuado promoviéndose como el ideal de existencia adulta. No es un sentimiento nuevo, pero en la actualidad se ha vuelto una tendencia cada vez más extendida.

Jean de la Bruyere

Los amores mueren de hastío y el olvido los entierra. (Jean de la Bruyere)

En otras épocas, cabía suponer que al contraer matrimonio, cualquiera lograba acceder a una vida sexual no restringida por la opinión de la sociedad. Ese era un estímulo poderoso a la hora de buscar pareja. En la actualidad, sin embargo la censura colectiva a las relaciones sexuales de los jóvenes solteros no le importa demasiado a nadie y los hombres y mujeres por igual, gozan de suficiente libertad para disfrutar su sexualidad sin comprometerse. Tan solo se les pide que tomen precauciones para no contraer enfermedades venéreas, ni incurrir en embarazos no deseados. En otras palabras, se da por supuesto que no resistirán la demanda de sus hormonas y el relajamiento de las costumbres.

Al casarse, como suele entenderse hoy el matrimonio, las parejas complican sus vidas inútilmente, formalizando una relación que, una vez pasado el enamoramiento inicial, nada les promete que serán capaces de respetar. Cuando miran alrededor, no ven nada que permanezca, excepto para devaluarse y convertirse en estorbo. Si algo les preocupa es no sufrir ese destino. ¿Qué valor puede otorgársele hoy a la fidelidad, en una cultura donde todo aquello que en un momento se apreciaba, no tarda en volverse obsoleto, pasado de moda y demanda ser reemplazado por algo similar, aunque se lo anuncie mejorado, que tampoco ha permanecer?

Gilles Lipovetsky

Cuando el futuro se presenta amenazador e incierto, queda la retirada sobre el presente, al que no cesamos de proteger, arreglar y reciclar en una juventud infinita. A la vez que pone el futuro entre paréntesis, el sistema procede a la “devaluación del pasado”, por su avidez de abandonar las tradiciones (…) e instituir una sociedad sin anclajes ni opacidades. (Giles Lipovetsky: La era del vacío)

Los integrantes de la pareja desconfían de su capacidad personal para atarse a compromisos tan penosos como la fidelidad, el respeto y pretenden continuar disponibles para entablar nuevas relaciones, a pesar de haber establecido proyectos de vida en común (por ejemplo, trajeron hijos al mundo) ¿serán capaces de aceptar los rituales tradicionales que atan a los contrayentes y simultáneamente dificultan los intentos de disolver los nexos?

Entre las mujeres jóvenes sobre todo, se advierte el proyecto de tener hijos sin atarse a una pareja estable (o el de mantener una relación lo más distante posible con las parejas que les permitieron engendrar esos hijos). En paralelo, el compromiso de mantener una familia, sacrificando la rápida satisfacción personal, se revela como una carga excesiva para los hombres jóvenes.

Padres adolescentes

En la actualidad, los jóvenes prefieren no atarse a nadie, dejan esa alternativa para más tarde, cuando hayan terminado una carrera, cuando obtengan cierta seguridad económica, y socialmente se tolera que demoren durante años el rito de legalizar una pareja. Se teme el fracaso de cualquier relación o se apuesta al fracaso de cualquier relación duradera, por lo que consideran que al casarse complican demasiado las cosas, se comprometen a trámites de disolución de la pareja que suelen ser costosos y humillantes. Simultáneamente, se supone que la atracción sexual es el único índice de compatibilidad de las parejas.

Si sus integrantes se excitan y disfrutan en la cama, todo el resto, como el apoyo mutuo, la fidelidad o la tolerancia, serían asuntos de menor importancia (tal vez ninguna). Se trata de un razonamiento bastante reciente y no por ello más eficaz que la vieja concepción de las parejas arregladas por otras personas, a quienes se consideraba dotadas de criterios más confiables que aquellos de los mismos enamorados.

Aprender a amar y constituirse en un nosotros, comienza por aprender a amarse a sí mismo, sigue con aprender a amar a un semejante y pasa por el coraje a amar a alguien diferente, aprender a tolerar la vulnerabilidad y a luchar en torno al problema de ser todo lo que uno es, lo que tiene que incluir a otro. (Carl Whitaker: Meditaciones nocturnas de un terapeuta familiar)

Matrimonio tradicional chino

En la tradición china, establecida en épocas tan remotas como la Dinastía Zhou  (1050 a 256 a.C.) los hombres de las clases altas no podían elegir por sí mismos a sus parejas. Tampoco les estaba autorizado permanecer solteros al llegar a cierta edad, porque el Estado los multaba. Aunque solo fuera en atención a su bolsillo,  ellos debían casarse. Para eso estaban obligados a recurrir a una meiren experimentada, la casamentera que se encargaba de buscarles una esposa acorde con su posición social.

Parte fundamental de su tarea (remunerada) era investigar los antecedentes de la familia de la novia, no fuera que se descubriera demasiado tarde en ella alguna mancha que se trasladara al historial del novio. La meiren recibía un documento que incluía la fecha y hora del nacimiento de la novia, para ser depositado en el altar familiar del novio e interpretado por un astrólogo.

Si los horóscopos de la pareja resultaban compatibles, la meiren entregaba a la familia de la novia otro documento que contenía la fecha y hora del nacimiento del novio. Una vez concretado el acuerdo, la casamentera fijaba la fecha y el sitio de la ceremonia nupcial. También se encargaba de leer el futuro de la pareja. Ella era la intermedia en el envío de regalos a la novia, realizado por la familia del novio. La pareja se conocía habitualmente en vísperas de la ceremonia.

Si bien los padres empiezan a presionar a sus hijos para casarse apenas terminan la universidad, cuando los hijos están en el colegio (…) tienen completamente prohibido tener algún tipo de relación amorosa. Cuando están en el colegio, la prioridad máxima es estudiar, por lo que muchos chinos llegan a la universidad sin haber tenido un novio(a) anteriormente. (…) No entienden el concepto occidental de “probar y probar hasta encontrar a la persona indicada” y no se sentirían a gusto haciéndolo. Para ellos, iniciar una relación significa estar tratando a esa persona como un futuro candidato a matrimonio. (Cassandra Armijo)

Poligamia en China

Desde los primeros años del siglo XXI, un portal chino de Internet que tiene doce millones de seguidores, organiza ferias de fin de semana que se anuncian como las oportunidades ideales para hallar pareja en una sociedad que no logra desequilibrarse en este ámbito. Se informa que en Dongguan, una ciudad industrial china, hay tantas mujeres educadas que disfrutan de buenos empleos, que se ven en la alternativa de vivir solteras o aceptar compartir sus parejas masculinas (a las que no dudan en mantener financieramente).

Se ha calculado que casi la mitad de la población china se encuentra soltera en la actualidad. Miles de solteros frecuentan el portal en cada ocasión. Previo pago de 100 yuanes, cada interesado presenta un Currículum Vitae similar al que se utiliza en las búsquedas de empleo. Distintos casamenteros presentan una cartera de clientes a los interesados en formar una pareja. La educación superior y los empleos de cierta responsabilidad; vale decir, las oportunidades de conseguir mejores ingresos y un estilo de vida más desahogados, son algunos de los antecedentes más apreciados. Gracias a la nueva tecnología de la comunicación, a pesar de los terremotos ideológicos que atravesó la sociedad china, los antiguos criterios de selección de pareja continúan vigentes.

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