INDEFENSAS BELLAS DURMIENTES COMO PAREJAS


Collier: Bella Durmiente

Las parejas establecidas gracias a la indefensión y pasividad de la mujer, se complementa con el rol dominante que se le atribuye al hombre, alguien que supuestamente la despierta al goce de los sentidos (antes que nada, el suyo propio) y le otorga sentido a una vida (la de la mujer) que ella sería incapaz de elaborar sola, no son cosa de hoy, cuando esa imagen milenaria se encuentra deteriorada y parece destinada a desaparecer en poco tiempo más.

Zellandine, protagonista de un milenario cuento hindú, es una niña secuestrada por una pareja de águilas, que la mantienen prisionera en la copa de un gigantesco árbol. Durante una escapada, al pincharse con la uña de un demonio, queda sumida en un sueño del que no despierta. Un Príncipe la descubre, se enamora, la revive y se casa con ella. La trama es bastante más compleja, pero contiene los elementos que muy lejos del sitio donde fue contada por primera vez, hace miles de años, cuando llegan a la Europa medieval, dan forma a una de esas historias que se transmiten por vía oral durante generaciones, hasta encontrar escritores atentos que las transcriben y les otorgan nuevo impulso.

De acuerdo a los estudios de Vladimir Propp, la historia de la Bella Durmiente proviene de los pueblos indoeuropeos y circuló primero como himno religioso, luego como narración oral, durante siglos, hasta que diversos recopiladores occidentales de cuentos de hadas, como el filólogo Charles Perrault, en la Corte de Luis XIV o los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm en pleno romanticismo alemán del siglo XIX, le dieron forma literaria. La persistencia del interés que despierta esta fábula e impide relegarla al olvido, generación tras generación, indica su anclaje profundo en el imaginario colectivo.

Giambattista Basile

En 1636 la hermana de Giambattista Basile publica en Italia, tras la muerte del autor, la primera versión escrita de la historia (incluida en la colección de relatos Lo cunto de li cunti, ovvero lo trattenemiento de peccerille). En esta versión, que se aparta notoriamente de aquella que impuso durante el siglo XX el filme de Walt Disney, el Príncipe Azul no es un hombre libre, que puede comprometerse para siempre con la joven virginal a quien libra de la maldición en la que se encontraba sumida por la maldición de un hada. Él es en cambio un hombre casado y aprovecha la situación desvalida de la bella joven, que no despierta de inmediato cuando él la besa.

Probablemente el hombre le demuestra de otro modo, bastante más efusivo, la atracción que experimenta por ella, porque una vez satisfechos sus deseos, sin haber llegado a despertarla (por lo que técnicamente ha consumado una violación) se marcha del lugar, con lo que ella queda sola, embarazada sin saberlo, y a su debido tiempo da a luz a un par de gemelos, un niño que luego será llamado Sol y una niña que será llamada Luna, todo eso sin despertar.

Solo al sentir la succión de la boca de uno de los hijos al chupar un dedo de la madre, consigue extraerle de ese modo la astilla que al clavársele cuando cumplía quince años la sumió en el sueño. Es el hijo de la Durmiente, no el Príncipe, quien logra despertarla.

Cuando se la observa de este modo, la historia que obtuvo tanta difusión, combina la infidelidad, el abuso sexual y el abandono de la adolescente. La esposa del Príncipe, al enterarse de la infidelidad, manda cocinar a los hijos de la Bella Durmiente y se los da a comer a su marido (afortunadamente, como sucede en la historia de Blanca Nieves, los niños son reemplazados oportunamente por carne de cabra). El Príncipe castiga a su primera esposa con la muerte, y por lo tanto queda en disponibilidad de ser feliz con la Bella Durmiente y sus hijos.

Atravesó varias cámaras llenas de caballeros y damas, todos dormidos, unos de pie, otros sentados; entré en una habitación completamente dorada, donde vio sobre una cama, cuyas cortinas estaban descorridas por todos los lados, el más bello espectáculo que jamás imaginara: una princesa que parecía tener quince o dieciséis años, cuyo brillo resplandeciente tenía algo de divino y luminoso. (Charles Perrault: La Bella Durmiente)

Charles Perrault

Para evitar la mención ante los niños de temas tan inadecuados como un ataque sexual, Charles Perrault vuelve a contar en Francia, medio siglo más tarde, en 1696, la misma historia, haciendo que la Princesa despierte al sentir el primer beso del Príncipe. A esto sigue, sin transiciones temporales, el matrimonio religioso presenciado por todo el pueblo, dado que el Príncipe es convenientemente soltero y solo después de ese trámite, a su debido tiempo, se verifica el nacimiento de los hijos. La mujer malvada presente en el cuento de Basile, pasa a ser la madre del Príncipe, que afortunadamente es engañada por sus servidores cuando ordena matar a su nuera y los nietos, para cocinarlos a continuación.

Ella estaba allí, tan linda que él no podía apartar su mirada. Lentamente se inclinó y le dio un beso. Apenas la rozó con sus labios, la Bella Durmiente abrió los ojos, se despertó y depositó sobre él una mirada muy dulce. (Jacob y Wilhelm Grimm: La Bella Durmiente)

Hermanos Grimm

En la versión de los Grimm, publicada en 1812, toda referencia a la mujer adulta y perversa (poco importa si se trata de la esposa o la madre del Príncipe) ha desaparecido, en beneficio de una imagen romántica del matrimonio entendido como la culminación no detallada de la felicidad femenina. Si ella se ha casado con un Príncipe, si ha tenido hijos con él, ¿hace falta decir que no puede ni debe desear nada más? La violencia ejercida tradicionalmente contra las mujeres, su tradicional situación de dependencia económica y emocional respecto de los hombres, son algunos de los temas recurrentes de los cuentos de hadas que los adultos no dudan en contar a los niños.

En la historia de Basile, la Princesa es la víctima pasiva de circunstancias incontrolables para ella, como la maldición de un hada rencorosa, la llegada del Príncipe violador y la maldad de la suegra. En la versión de Perrault, el poder de la protagonista consiste en esperar que otros hagan todo por ella, como indica Simone de Beauvoir.

Para ser dichosa, hay que ser amada, y para ser amada hay que esperar el amor. La mujer es la Bella Durmiente del Bosque, Piel de Asno, Cenicienta, Blanca Nieves, la que recibe y sufre. En las canciones y en los cuentos se ve que el joven parte a la aventura de la mujer; mata a los dragones y combate contra gigantes, porque ella está encerrada en una torre, un palacio, un jardín o una caverna, está encadenada a una roca, cautiva y dormida, y espera. (…) Los refranes populares le insuflan sueños de paciencia y esperanza. (…) La mujer se asegura los triunfos más deliciosos si antes cae en los abismos de la abyección. (Simone de Beauvoir: El Segundo Sexo)

Los cuentos de hadas ofrecían una visión metafórica (consoladora) del proceso de la maduración de las niñas en mujeres y un modelo de conducta que al parecer tenía éxito en la cultura paternalista. Pasara lo que pasara, si juntaban paciencia y no se movían demasiado (si no hacían el menor esfuerzo por reclamar sus derechos y controlar sus vidas) esas mujeres jóvenes saldrían ganando la estabilidad y el respeto que concede la sociedad a quienes cierran la boca y no cuestionan sus reglas, por incómodas que sean.

Walt Disney: Sleeping Beauty

Para acceder al nuevo estado de la vida adulta, resultaba inevitable el aporte de un hombre. Blanca Nieves o La Bella Durmiente eran representadas como figuras encantadoras, pero pasivas, no por casualidad tendidas en un lecho, a la espera del beso del Príncipe encargado de despertarlas a la vida sexual y la felicidad vitalicia (una versión más antigua del cuento de la Bella Durmiente incluye bastante más actividad erótica que un inocente beso, porque la joven queda embarazada de dos gemelos que logran despertarla cuando nacen y comienzan a mamar).

Cenicienta es alguien que no se queda esperando al hombre que debe redimirla de la servidumbre en la que fue sumida. Como pescadora experta, a pesar de su inocencia, se engalana con lo que encuentra en una cocina, concurre a la fiesta donde puede hallar pareja, y después de asegurarse que el Príncipe repara en ella y la desea, en lugar de entregarse de inmediato, escapa, con lo que adopta la estrategia sexual que siglos más tarde enunció un militar experto.

 En el amor, aquel que huye vence (Napoleón Bonaparte)

El Príncipe de los cuentos de hadas tendrá que arriesgarse de nuevo a buscar una mujer difícil de conquistar, deberá ofrecerle matrimonio a pesar de las diferencias sociales evidentes, mientras ella se limita a esperar en su fogón, la eliminación del resto de las competidoras y su victoria improbable. Aunque la actitud inicial del personaje femenino difiera tanto de aquella de la Bella Durmiente, la pasividad del final es la misma: una mujer triunfadora será aquella que simplemente espere.

La historia de la Bella Durmiente fue adaptada al teatro, se compusieron ballets (como el de Piotr Illich Chaikowsky, donde la Princesa es llamada Aurora) se produjeron filmes para niños o adultos, que demuestran una vitalidad asombrosa. La huella dejada por Walt Disney en la memoria de la audiencia masiva, es difícil de ignorar y distorsiona profundamente el material que utilizó. La Bella Durmiente cantó y fue introducida en el mundo de la publicidad de mercancías, se convirtió en anfitriona de parques de diversiones. La vieja fantasía continúa conmoviendo a todos aquellos a quienes les cuesta imaginar qué puede ser una Princesa, qué es un hada. ¿Por qué sigue vigente en el ámbito de la modernidad, como lo fue en el Medioevo?

Bella Durmiente se despierta cuando su amante la besa. (…) El libertador demuestra, de alguna manera, el amor que siente por su futura esposa. Por lo contrario, nada sabemos acerca de los sentimientos de las heroínas. Tal como los hermanos Grimm cuentan estas historias, desconocemos (…) los sentimientos que Bella Durmiente experimenta; se nos dice tan solo que mira ”con simpatía” al hombre que la libera del hechizo. (Bruno Bettelheim: Psicoanálisis del cuento de hadas)

Bruno Bettelheim

Según la interpretación de Bruno Bettelheim, la Bella Durmiente narra el periplo de las adolescentes que experimentan la efusión de sangre de la primera menstruación, suceso que las sume en la espera del hombre ideal, que habrá de completar su iniciación como mujeres. Para el feminismo, es la representación mítica de la mujer pasiva que aguardaba la sociedad tradicional, donde se decide que ella debe reprimir el ejercicio de sus poderes y esperarlo todo de un hombre (aunque la defraude).

Las escritoras feministas actuales, retoman la historia milenaria de la Bella Durmiente y la alteran radicalmente. Anne Sexton convierte a la heroína en víctima de una fobia, que es también adicta a los somníferos (en inglés, Slepping Beauties).

Ella se casó con el príncipe / y todo anduvo bien / excepto por el miedo / el miedo a dormir. / Briar Rose / era una insomne. / Ella no podía entregarse a una siesta / ni tenderse a dormir / sin que el químico de la Corte / mezclara para ella algunas gotas poderosas / nunca en presencia del príncipe. (…) ¿Qué viaje es éste, niña mía? / ¿Esta salida de la prisión / Dios me ayude… / esta vida después de la muerte? (Anne Sexton: Briar Rose (Sleeping Beauty)

La Bella Durmiente continúa despertando en un mundo que ha cambiado en tantas aspectos, que plantea nuevos roles a los géneros, pero no por ello pone en pie de igualdad de derechos y obligaciones a hombres y mujeres. La modernidad ha introducido nuevas amenazas a quienes convendría que continuaran viéndose como bellas e indefensas.

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