PAREJAS IMAGINARIAS (II): NIÑOS, ARTISTAS, AMIGOS DIABÓLICOS


Samuel Clemens (luego Mark Twain) adolescente

-¡Chico del diablo! ¿Cuándo acabaré de aprender sus mañas! ¡Cuántas jugarretas como esas me ha hecho y todavía me engaña! Las viejas bobas somos más bobas que nadie! (…) Parece que adivina hasta dónde puede atormentarme, antes de que llegue a montar en cólera, y sabe el muy pillo, que si logra desconcertarme o hacerme reír, todo se acaba, porque no soy capaz de golpearlo. (…) Tiene el diablo en el cuerpo. (Mark Twain: Las aventuras de Tom Sawyers)

Habla la tía Polly y tal vez alguien cercano al escritor Mark Twain, que de acuerdo a su testimonio tuvo en la infancia un amigo imaginario, a quien le atribuye el calificativo de enemigo imaginario, porque debía ser Satanás, compañero de travesuras que horrorizaban a los adultos bien pensantes de una comunidad provinciana similar a la de Tom Sawyer y Huckleberry Finn. Creativos, insubordinados, los niños de la ficción no consiguen ser controlados por sus parientes y educadores. La disciplina escolar les resbala y las amenazas de castigos en el más allá que profiere del pastor protestante no los hacen retroceder. No se necesita mucho más para convencer a los adultos y ellos mismos que tienen el diablo en el cuerpo. Promediando el siglo XIX, en los EEUU, esa convicción no conduce a la hoguera, como había ocurrido en el pasado. Solo se esperaba que al crecer, los jóvenes entraran en razón, olvidaran sus tonteras y se incorporaran a la conservadora sociedad que los había traído al mundo.

Mark Twain anciano

¿Sucede siempre así? ¿Desaparece inevitablemente con la madurez la voz disidente, llegada de no se sabe dónde, que impulsa a los jóvenes a cometer desatinos? En sus últimos años, Twain dejó varias versiones de una novela inconclusa, donde un bello Satanás, desconocido para todos, menos para el protagonista, revela su heterodoxa visión del mundo.

Tú no eres tú –no tienes un cuerpo, ni sangre, ni huesos, tú eres solo un pensamiento. Yo mismo [Satanás] no existo; solo soy un sueño –tu sueño, una criatura de tu imaginación.  En un momento tú habrás entendido eso, entonces me prohibirás participar en tus visiones y yo me disolveré en la nada de donde me trajiste al mundo. (Mark Twain: The Mysterious Stranger)

No es raro que los puntos de vista disidentes sobre la sociedad sean atribuidos por el artista a alguien más, que lo acompaña pero no es precisamente quien los enuncia (él solo repetiría) para evitar responsabilizarse de aquellos puntos de vista que pueden ser sancionados. El artista inventa personajes que no tienen su nombre, a quienes hace hablar por él, diciendo lo que al parecer nadie más que ellos (los imaginarios) opinan. Crear personajes es una estrategia para expresar a través de intermediarios ficticios un discurso que es evaluado como riesgoso para el autor.

Ingmar Bergman: Fanny och Alexander

El director de cine y teatro Ingmar Bergman se inició en esas complejas funciones muy temprano en su vida, utilizando un teatrito de juguete donde movía sus personajes de cartón recortado, como muestra en el comienzo del filme Fanny y Alexander. Se tiene la impresión de que los artistas se entrenan desde sus primeros años jugando a crear personajes que inicialmente solo ellos ven y oyen, poniendo en juego complejos recursos técnicos y organizativos que pueden insumir años, para darle existencia palpable, antes de presentarlos al mundo.

Personaje invisible [es aquel] a quien se refiere o se nombra durante una conversación con otras personas, o con quien se juega durante un periodo de tiempo, por lo menos varios meses, que tiene un aire de realidad para el niño, sin que se observe ningún fundamento objetivo. (Margaret Svendsen: Children´s Imaginary Companions)

Los niños entre dos y ocho años, sobre todo aquellos que son creativos, carecen de hermanos y se encuentran rodeados de adultos, dialogan con amigos imaginarios. Se considera que en esa edad todavía no distinguen fácilmente lo que ellos inventan de lo que es real, aquello que no se corresponde con sus deseos y temores. Imaginar un interlocutor que acompaña y consuela, que se pliega a las decisiones de quien objetivamente lo inventa, que suscribe en el fuero íntimo la responsabilidad de actos conflictivos o sancionados, es una situación que no siempre desaparece al crecer, cuando el sentido común debería imponerse.

Los padres suelen reaccionar con preocupación cuando perciben que su hijo tiene un amigo imaginario. Sin embargo, el mensaje tiene que ser claro: no hay que preocuparse, ya que forma parte del proceso natural de evolución y desarrollo del niño. (Sonia Rojas Conca)

Si no se dispone de otra compañía, o si se desdeña otra compañía para privilegiar aquella inmejorable que suministra el aislamiento, el otro imaginario no es más que una proyección del solitario, una figura que lo complementa para defenderlo de las evidencias de su situación desventajosa. Él se encuentra solo, cuando preferiría no estarlo; debe monologar, cuando sería más entretenido dialogar.

Con el amigo interactúa, recrea situaciones que lo humillaron o desconcertaron, ensaya enfrentamientos todavía sucedidos en la realidad, que lo atemorizan; le atribuye opiniones y decisiones que él no tomaría nunca, se adiestra para lo que probablemente vendrá, de algún modo lo exorciza. Podría decirse que gracias al amigo imaginario adquiere conciencia de su autonomía temprana.

Él es alguien que no solo depende de la programación que establecen sus padres y maestros. Reflexiona por su cuenta, al dialogar consigo mismo. No son muchos los padres que suelen enterarse de esta relación que ocurre bajo su mismo techo, cuando ellos creen que sus hijos se encuentran a resguardo de amenazas. Los niños la mantienen oculta, reservan los diálogos a su espacio personal, cuando quedan a solas y no pueden ser molestados. Hay un evidente paralelo entre la relación con el amigo imaginario y el disfrute solitario de la sexualidad.

El amigo invisible puede convertirse en un fantasma del que no es posible desprenderse, una vez que es adoptado como compañero. Las presencias ilusorias acompañan a quienes las elaboraron, demostrando una fidelidad que a veces consuela y a veces abruma. No está mal saber que alguien no es abandonado por su fantasía, que lo consuela de la soledad que sufre, pero tampoco está bien sentir que no habrá manera de librarse de su fantasía, cuando ella compite con la realidad y la desplaza, bajo la forma de una neurosis.

Calvin & Hobbes

El comic Calvin & Hobbes de Bill Watterson, muestra la relación de un niño con un tigre que cambia de aspecto, según sea imaginado por el personaje infantil o visto objetivamente como un peluche por los personajes adultos. Los juguetes que los padres compran, llegan a convertirse en amigos imaginarios, dotados de cualidades que los niños les asignan y no siempre comunican s los adultos. En el caso de Calvin, es un niño adulto. Su cuerpo es infantil, las situaciones que sobrelleva son infantiles, el amigo imaginario es propio de la infancia. No obstante su discurso es el que corresponde al descreimiento irritado de un universitario (o al de su autor).

Al igual que Calvin, a menudo prefiero la compañía de animales a la de la gente, y Hobbes [un tigre] es mi idea de amigo ideal. No pienso en Hobbes como productor de la imaginación de Calvin. Calvin ve a Hobbes de una manera y todos los demás lo ven de otra. Muestro dos versiones de la realidad y cada una tiene sentido par el participante que la ve. (Bill Watterson)

Seth McFarlance: Ted

Alcanzar la madurez debería traducirse en dejar de lado la mentalidad infantil, para cuestionar las experiencias y procesarlas de una manera tal, que al niño le resultaría imposible.  En la comedia cinematográfica Tedy de Seth McFarlane, en cambio, un oso de felpa adquiere vida y lenguaje obsceno en un momento tan inapropiado como Navidad, cuando llega como regalo a un niño solitario, y a continuación el juguete se niega a ocupar el sitio que le corresponde en el mundo real, y pasa a compartir la existencia de quien era su propietario durante la infancia y pasa a convertirse en su incómodo amigo (en su víctima) durante la vida adulta.

No conseguir librarse de la fantasía (o mejor, fracasar en el intento de que la fantasía se disuelva después de llegar a la realidad) sugiere una pesadilla, más que una situación de una comedia. Es, por ejemplo, el drama de un adicto, atrapado en lo que inicialmente fue una válvula de escape y se vuelve inmanejable.

Albertpo Cavalcanti: Dead of Night

En un episodio dirigido por Alberto Cavalcanti en Dead of the Night, el filme de horror inglés de 1945, un ventrílocuo es acosado por el muñeco que él debería controlar. Ese objeto inanimado, a diferencia de Tedy, posee una capacidad de destrucción insospechada para todo el mundo, menos para la persona que lo utiliza y es definido como su enemigo. El Diablo ha vuelto a manifestarse, para no abandonar a quien le permitió entrar en escena.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: