CELESTINAS, CHAPERONAS Y CASAMENTERAS

29 enero 2011

 

Lorenzo Lotto: Micer Marsilio y su esposa

Es forzoso al hombre amar a la mujer y la mujer al hombre. (…) El que verdaderamente ama es necesario que se turbe con la dulzura del soberano deleite, que por el Hacedor de las cosas fue puesto, porque el linaje de los hombres perpetuase. (Fernando de Rojas: La Celestina)

Hombres y mujeres tienden a formar parejas sexuales, rara vez tríos o grupos más extensos, incapaces de contener el impulso de sus hormonas para dedicarse a una vida de privaciones en nombre de un objetivo superior, como plantea la mayor parte de los cultos religiosos y proyectos políticos. Por un lado son alentados (incluso conminados) por la sociedad a formar parejas estables, y al mismo tiempo que se les ponen obstáculos de todo tipo, destinados a impedir la concreción de esos impulsos, como ha quedado expresado de manera insuperable en Le Chien Andalou, el cortometraje de Luis Buñuel y Salvador Dalí. Los dos posibles amantes se desean, se convocan, se dirigen el uno hacia el otro, intentan superar la rémora del pasado, pero no llegan a encontrarse.

Raros son los ejemplos de culturas en las que el amor libre se acepta (por ejemplo, los primeros años de la Unión Soviética o las comunas hippies, medio siglo más tarde). En esos espacios restringidos, los individuos se reúnen o separan fluidamente, de acuerdo a la variación del capricho y el atractivo sexual de los participantes. Las hormonas no suelen fundamentar relaciones sólidas ni duraderas, que es lo fundamental desde la perspectiva de las instituciones. Por lo tanto, hombres y mujeres deben superar las barreras en ocasiones odiosas, que se les plantean desde las instituciones, para dificultar el cumplimiento de algo que continúa siendo un deber. Lee el resto de esta entrada »

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