PAREJAS BESTIALES (II): SEXO QUE NO RESPETA FRONTERAS


-Dicen que el cruce de las especies produce descendiente estériles, ¿no es así?   

–El único caso que conozco son las mulas. (…) En cuanto a ti y a mí, somos tan afines que ni siquiera estoy segura de que debamos considerarnos especies distintas. Quizás pertenezcamos a la misma especie, en diferentes ramas de su desarrollo evolutivo. (Rachel Ingalls: La señora Caliban)

Ernest Shoedsack: King Kong

En el mundo real, los animales y los seres humanos coinciden en muchas ocasiones, donde los humanos mantienen el control; entablan relaciones complejas de afecto y compañía, que a veces se delatan sexuales. El cariño de las mujeres solas por sus gatos o perros o loros, no suele ser visto con demasiada suspicacia por sus parientes y amigos, sino más bien con pena, porque las caricias y atenciones desmedidas que ellas les dedican a sus mascotas, revelan mucho de afecto maternal frustrado.  Los animales sustituyen (nunca del todo) a otros seres humanos que no se han podido contactar. Ellos revelan una carencia, más que un disfrute.

Gustave Flaubert: Un corazón simple

En un cuento de Gustave Flaubert, una empleada doméstica solitaria, defraudada por la relación con los seres humanos, halla en un animal una compañía adecuada para sus limitadas expectativas de comunicación. Con él entabla una pareja que otorga sentido a su vida (excluyendo por completo el sexo) y pasado un tiempo se la quita, cuando le llega el turno de morir:

Sostenían diálogos, él [un loro] repitiendo hasta la saciedad las tres frases de su repertorio, y ella [Felicidad] contestando con palabras que ya no tenían sentido, pero en las que le rebosaba el corazón. En su aislamiento, Lulú era casi un hijo, un novio; y cuando Felicidad bajaba la frente balanceando la cabeza como las nodrizas, las grandes alas del gorro y las alas del pájaro se estremecían juntas. (Gustave Flaubert: Un corazón simple)

Woody Allen: Everything you always wanted to Konw about Sex…

El afecto excesivo que alimentan los pastores solitarios por sus perras, ovejas o yeguas, es tema de innumerables cuentos obscenos, que Woody Allen convirtió en episodio de uno de sus primeros filmes, Everything you always want to know about sex, but were afraid to ask (1972). Un hombre maduro llega a un hotel lujoso y pide una habitación nupcial para él y su acompañante. Ella es una oveja, que acepta ser cargada en brazos para cruzar el umbral de la habitación y compartir la cama con su delirante enamorado.

Él ha dejado todo (una familia, una profesión médica) por la oveja, que después de haberle hecho experimentar sensaciones desconocidas y recibido las joyas con que él la engalana, lo abandona por otro y lo sume en la indigencia. Es la misma historia del hombre arruinado por el encuentro de la hembra fatal que mostró Der Blaue Engel de Joseph von Sternberg o Bolwieser de Rainer Werner Fassbinder. La fragilidad masculina queda al descubierto cuando su pareja (poco importa el género o la especie) sin el menor esfuerzo, lo maneja a su antojo.

Nagasi Oshima: Max mon amour

En Max mon amour (1986) el filme francés de Nagasi Oshima, una dama burguesa concibe una pasión excluyente por un chimpancé, que la lleva a violar las convenciones sociales. No trata de esconderla, como se hace con tantas otras situaciones inadecuadas para la opinión dominante. La pareja bestial ofrece ventajas evidentes respecto de lo que ocurre durante la relación con una pareja humana: la principal, es que no hay que tomar en cuenta las opiniones del animal, porque se supone que no piensa, ni habla, ni tiene derechos de ningún tipo. Mientras conviene, se lo utiliza y después se lo desecha. Pase lo que pase, el animal se encontrará sometido al ser humano (en este caso, una mujer emancipada) que lo eligió para satisfacerse.

Ernest Schoedsack: King Kong

King Kong, desde su aparición en 1933, en el filme de Ernst Schoedsack, estableció una categoría propia para la monstruosidad. El tamaño del animal es lo que cuenta, no solo la pertenencia a otra especie. Una mujer atrapada por un ser enorme, ofrecida a él como presa, aterrorizada por un riesgo que no es el de ser devorada, se refiere todo el tiempo a la sexualidad sin nombrarla. Se trata de una fantasía que aterroriza y tranquiliza al mismo tiempo: no hay gorilas tan grandes, ni King Kong exhibe en ningún momento genitales. El acoplamiento dispar es imposible. La mujer sometida a la bestia, se encuentra en la misma situación que la cliente de un peluquero gay. Él puede hacer con ella lo que quiera, pero en ningún caso la violentará sexualmente.

Hokusai: grabado

Un célebre grabado erótico de Yazushika Hokusai, el artista japonés del siglo XIX, muestra a una pescadora entregada a los múltiples tentáculos y la boca de un pulpo gigantesco, que se ha apoderado de su cuerpo, con una pasión que ningún amante humano podría emular. Sin duda, es una fantasía masculina: ver a una mujer satisfecha y a la vez humillada por la actividad de una bestia. Cuanto más disfruta ella, más promete aceptar cualquier maltrato al que cualquier pareja humana (los observadores de la escena, que pueden ser centenares, puesto que la lámina se reproduce masivamente) podría someterla.

Teodora

Teodora, esposa de Justiniano, Emperatriz de Bizancio y santa de la Iglesia Ortodoxa, había sido actriz durante su juventud; una profesión que en su momento (el siglo VI) era el equivalente a prostitución. De acuerdo a sus enemigos políticos, Teodora se habría expuesto desnuda en la escena teatral, cubierta de granos comestibles, que varios gansos devoraban, para deleite de los espectadores lujuriosos. Recreaba de ese modo la imagen de Leda, la ninfa seducida por Zeus, bajo la forma de un gran cisne blanco.

La intimidad con lo bestial, lo inhumano, suele ser rechazada de inmediato, sin pensarlo demasiado, por la mayoría de la gente, tal como sucede con las reacciones de asco, donde el instinto se impone sobre la razón. No hay sitio para el bestialismo en una relación de pareja consentida. Los animales son abusados, cuando se los involucra en una relación con seres humanos. Si las bestias continúan siéndolo en cualquier circunstancia, porque es imposible que escapen de ese estado, los seres humanos que entran en íntimo contacto con ellas se degradan al hacerlo.

Por eso, una de las imágenes más terribles de las últimas décadas del siglo XX, en varios países latinoamericanos, habla de violaciones a mujeres prisioneras de las fuerzas parapoliciales, efectuadas por perros cuidadosamente entrenados para esos fines. En Chile se ha documentado la actividad de Volodia, un perro entrenado por la oficial de Carabineros Ingrid Olderock durante los años `70, para violar a hombres y mujeres que caían en el campo de concentración de Tres Álamos. El objetivo de los represores de estas historias, habría sido degradar de manera indeleble a las víctimas, volverlas repugnantes para ellas mismas y el común de la gente, solo por haber accedido (o en todo caso, por no haber podido evitar) el sexo con bestias.

Todos sentimos que no encajamos en algún momento de nuestras vidas, que somos diferentes de todos los demás y por eso nunca nadie nos amará.  La forma del agua no trata sobre la posibilidad de cambiar, sino de ser aceptado tal y como eres. (Guillermo del Toro)

La industria cultural de la modernidad es más prudente con esas imágenes amenazantes y excitantes a la vez, donde las bestias y los humanos cohabitan. Aunque no da la espalda al tema, lo acondiciona para que no moleste a la audiencia masiva. Se impone una comprobación perturbadora en los monstruos de los medios de comunicación actuales: pueden ser enormes, causan daños monumentales, con lo que se justifica que se los haga objeto de una represión despiadada… pero carecen de genitales. A ellos les pasa lo mismo que a Ken, la sonriente pareja masculina de Barbie: se los ha diseñado para que no tengan cómo consumar la actividad sexual que amenazan.

Jack Arnold: Creature of the Black Lagoon

Allí donde esa parte no prescindible de cualquier anatomía animal debiera estar presente, solo se percibe un bulto leve, el mínimo necesario para que el descomunal King Kong o la húmeda criatura del Amazonas que aparece en Creature of the Black Lagoon, el filme de 1954 de Jack Arnold, recuperada en The Shape of Water (2017) de Guillermo del Toro, no sean interpretados como seres femeninos (tardíamente, después de haber destruido Tokyo y otras ciudades varias veces, se nos informa que Godzilla ha sido siempre hembra).

Los monstruos buscan el contacto con mujeres, pero después de obtenerlo, no progresan en la agresión que todo hacía prever. En La señora Caliban, la novela de Rachel Ingalls, la criatura anfibia que ha escapado de una laboratorio donde la tenían secuestrada, habla (una característica que la acerca peligrosamente a lo humano) y accede a mantener relaciones sexuales satisfactorias, con una hasta entonces aburrida ama de casa.

Hicieron el amor en el piso de la sala, en el sofá del comedor, sentados en las sillas de la cocina, escaleras arriba, en la bañera. Y hablaron. (Rachel Ingalls: La señora Caliban)

Fernando de Toro: The Shape of Water

En The Shape of Water hay sexo, pero no se trata de sexo compartido, ni de diálogo verbal entre la mujer (muda) y el batracio (que ignora el lenguaje humano). La protagonista se autosatisface regularmente y a solas. No depende del sexo de la criatura torturada, porque de ella no puede obtenerlo. El sexo para los monstruos de los medios audiovisuales se entiende como una estrategia de los productores, que por un lado excitan las fantasías más oscuras de la audiencia, mientras que por el otro se dedican a eludir las previsibles sanciones de la censura. Esa carencia indica algo más, la definición de una relación amistosa de pareja, no muy distinta de la que tenía Felicidad con su loro.

Los monstruos pueden ser temibles por su fuerza física, por su disparidad respecto de las apariencias humanas, por su deseo incontrolable de apoderarse de mujeres, a las que sin embargo no tienen cómo satisfacer o violar. Los autores de la ficción les han negado esos atributos, y tanto mítica como genéticamente, no existen demasiadas posibilidades de que la historia de Parsifae se repita.

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