LA PAREJA COMO FACHADA (II): fragilidades


Familia Donoso

Familia Donoso

Las fachadas que ocultan relaciones humanas, suelen no ser demasiado sólidas. Al menor accidente se quiebran. Cualquiera que se preocupe de investigarlas, descubre fallas que permiten llegar a eso que trataban de no mostrar. Créase o no, los mismos personajes que las construyeron y probablemente debieron beneficiarse con ellas, suelen participar en el proceso de demolición, como si estuvieran hartos de mentir y necesitaran despojarse de todo aquello que los protegía y les quitaba libertad de acción.

El escritor José Donoso armó a comienzos de los años `60 un matrimonio con Pilar, mujer que lo admiraba y se dedicaba a secundarlo en su carrera literaria. Ella lo acompañó a Europa, y si no pudo darle un hijo, se unió a él para adoptar una niña de tres meses de edad. Formaron una familia cosmopolita, intelectual, hasta la muerte del hombre. Entonces la fachada mantenida durante cuatro décadas comenzó a desmoronarse. Donoso había llevado un Diario íntimo desde su juventud. Lo vendió a la biblioteca de la Universidad de Princeton, con la condición de que no fueran puestos a disposición del público hasta varios años más tarde. Pilar murió y la hija comenzó a escribir en Correr el tupido velo su experiencia de esa familia terrible, que se mostraba tan unida. El suyo era un testimonio devastador sobre los padres, confirmado por su propio suicidio poco después y la publicación de los diarios de Donoso algunos años más tarde.

Donoso había querido revelar lo que ocultaba respecto de su sexualidad y la falsedad de su relación de pareja, pero no sufrir las consecuencias (¿condena moral o tan solo curiosidad del público?). La ficción que había escrito dejaba entrever algo, pero lo más doloroso para él y su pareja quedaba reservado al Diario que sólo él debía leer mientras estuviera con vida.

Liz & Dick

Liz & Dick

La televisión de los años `90 desarrolló un género biográfico de  pocas pretensiones estéticas, denominado biopic (biographic pictures) que suele dedicarse a reconstruir historias de personajes célebres, no pocas veces parejas sometidas a crisis que la audiencia no pudo presenciar en su momento, porque ocurrían en privado, aunque la prensa menos seria las comunicara en su momento. ¿Qué pasó, por ejemplo, durante la accidentada vida matrimonial de la actriz Elizabeth Taylor, que la llevó a divorciarse (y reincidir en el matrimonio) tantas veces? El filme Liz & Dick no responde todos los interrogantes o lo hace de manera superficial. ¿Qué pasaba en la intimidad de la familia Kennedy, que a pesar de la discreción habitual en gente de su ambiente social, religioso y político, explotaba periódicamente en escándalos de sexo y alcohol?

Behind the candelabra

Behind the candelabra

En otra época, biopic hubiera sido sinónimo de simple chismografía, indigna de recibir la atención de gente seria, datos atractivos pero no confirmados o datos confirmados pero de todos modos irrelevantes, referidos a la vida privada de personajes conocidos para la audiencia. ¿Cómo ignorar la relación tóxica del pianista Liberace y su amante Scott Thorson, ofrecida por el filme de Steven Soderbegh Behind the candelabra?

Una pareja homosexual, en medio del lujo vulgar de Las Vegas y la hipocresía sexual previa a la epidemia del VIH, promete derribar mitos y presentar una verdad que había sido sistemáticamente negada por los protagonistas. De acuerdo a la opinión de los medios, varios años después de la muerte de Liberace, nada mezquino ni doloroso (por ejemplo, la peluca que ocultaba su calvicie, la faja que contenía su vientre) debería ahorrarse al escrutinio de los espectadores.

En la actualidad, esas situaciones residuales de la Historia, pueden adquirir  para la audiencia mayor interés que la historia oficial, centrada en los grandes conflictos políticos y económicos. La gente quiere ver aquello que la fachada de los personajes más expuestos ocultaba tenazmente. La búsqueda de imágenes de sucesos que nunca fueron registrados por ninguna cámara, que en muchos casos se encuentran en el terreno de la hipótesis, brinda un  campo fértil al biopic. Familias felices, parejas unidas, no sacian el apetito de drama de la audiencia masiva.

No puedo decir cuáles fueron sus intenciones, pero puedo decirte que las mías fueron que estaba absolutamente enamorada y caí en toda esa cosa de la que ahora no estoy orgullosa. (Lisa Marie Presley)

Michael Jackson y Lisa Marie Presley

Michael Jackson y Lisa Marie Presley

No tiene mucho sentido preguntar por qué se casaron en 1994 Michael Jackson y Lisa Marie Presley. No es un hecho relevante, sino la evidencia de que el mundo contemporáneo tolera collages (combinación de partes heterogéneas) que reclaman la atención masiva, tan solo porque sorprenden y justifican la primera plana de la prensa, los programas informativos de la TV, al oponerse a cualquier expectativa razonable que puedan hacer los observadores. Jackson y Presley aparentaron ser una pareja convencional, no por mucho tiempo, ni de manera convincente (la idea de compartir el viaje de luna de miel con un enano, denunciaba la irrealidad extrema del proyecto). Si pretendían difundir una imagen sorprendente, capaz de ocupar las pantallas de televisión de todo el planeta, vender millones de periódicos y discos, lo consiguieron, pero la fachada carecía de profundidad, no era más que el envoltorio llamativo de un vacío, como no tardó en confirmar el divorcio.

¿Cuán eficaz puede ser en la actualidad, la invención de una pareja, que sirva de fachada, para ocultar situaciones que la imagen de un personaje público no tolera? El noviazgo o la ceremonia del matrimonio de dos figuras públicas, suelen ser hechos muy atractivos para los medios masivos. Informan de manera contundente, fácil de percibir, la decisión de establecer entre los personajes involucrados un vínculo que no suele ser circunstancial, a la par que suministra un espectáculo capaz de alentar el fantaseo de hombres y mujeres de todas las edades. ¿Quién no desea amar y ser amado? ¿Quién no aspira a que su felicidad sea conocida por el resto del mundo, como una forma de asegurar la perduración del bienestar?

Rock Hudson y Phyllis Gates

Rock Hudson y Phyllis Gates

No se puede saber qué ocurrirá luego, cuánto durará el acuerdo con la pareja legal o de hecho, pero si la relación fracasa, como sucedió en el caso de Rock Hudson, divorciado a los tres años del matrimonio, de todos modos el episodio que lo ajustaba a lo que se esperaba de él, continuó mostrándolo ante sus admiradoras como un atractivo heterosexual soltero (una imagen que perduró casi treinta años, hasta que a mediados de los ´80 se difundió la noticia de que el actor agonizaba por causa del VIH).

A partir de ese momento, el acuerdo tácito de los medios para preservar la imagen de las figuras públicas se dio definitivamente por concluido. Los réditos que se obtienen de la destrucción de fachadas suelen ser ahora mayores que aquellos provenientes de la construcción. A partir de ese momento, los medios han proclamado repetidamente que su fidelidad es con aquellos que consumen las noticias (y perderían la confianza que depositaron en los medios, si continuaran descubriendo que ellos les niegan el acceso a aquello que más les interesa). Aquellos personajes que tuvieran algo oculto respecto de la sexualidad, podían aguardar a que los descubrieran o quedaban invitados a “salir del closet”, a generar noticias desarmando la fachada que los hubiera ocultado, para exhibirse tal como eran.

Cuando tomé la decisión de salir del closet, todo fue genial. Realmente pensé, con toda ingenuidad, que a nadie le iba a importar. Y todas las personas con las que trabajaba me decían que no lo hiciera, que no dijera nada. Yo no podía escucharlos. Me tuve que escuchar a mí. Es mi vida. Es mi corazón. Es mi alma. Es mi viaje. Es lo que soy. (Ellen DeGeneres)

Portia de Rossi y Ellen Degeneres

Portia de Rossi y Ellen DeGeneres

Medio siglo después del ocultamiento consentido de Rock Hudson, la actriz Ellen DeGeneres optó por develar su homosexualidad, con consecuencias fatales para la relación que había establecido desde hacía años con el público de la televisión. En tres o cuatro semanas, pasó de ser una figura querida, protagonista de una comedia familiar, para convertirse en una desempleada a la que nadie estaba dispuesto a recibir en el medio.

Tras algún tiempo de permanecer en ese purgatorio, Degeneres reinició su carrera, bajo su nuevo perfil, de lesbiana buena amiga de todo el mundo, sin necesidad de proclamarse arrepentida de nada. Eso le permitió ser aceptada por los medios y el público, a diferencia de lo que pasó con su ex pareja, Anne Heche, que se casó y fue madre, después de anunciar que había sido raptada por alienígenas. Una trayectoria tan contradictoria no permite reiniciar la confianza invariable de la que depende una figura pública. Es lo que es, impredecible, y no por casualidad no llega a convertirse en alguien que perdure en los medios.

El Príncipe Charles de Inglaterra no se decidió a casarse en su momento con Camila Parker-Bowles, a quien luego consideró la mujer de su vida, pero para ese entonces ella estaba ya casada con otro, y aunque eso no impidiera una relación entre ambos, la posibilidad del matrimonio de un heredero al trono con una divorciada, medio siglo después de la abdicación de Edward VIII; revivía más de un recuerdo incómodo para los Windsor.

Príncipe Charles y Camila Parker-Bowles

Príncipe Charles y Camila Parker-Bowles

En atención a los compromisos de un heredero de la corona, que debe engendrar hijos para asegurar la continuidad del régimen monárquico, Charles se casó a comienzos de los años ´80 con la muy joven y fotogénica Diana Spencer, quien no tardó en revelarse como la figura más atractiva de la pareja y del resto de la casa real de Inglaterra,

Durante algunos años, mientras nacían dos hijos, la fachada de felicidad de la familia se mantuvo para deleite de millones de observadores de todo el mundo, que siguió las actividades protocolares de la pareja a través de la prensa escrita y la televisión.

Pronto no pudo ocultarse más el deterioro de la relación, y los medios se deleitaron con los detalles más penosos del quiebre. Publicaron transcripciones de llamadas telefónicas de los amantes, infidencias de ex empleados, fotos registradas sin autorización, confesiones ante las cámaras de televisión de los dos protagonistas. La destrucción de la pareja fue documentada paso a paso por los medios, que no se detuvieron en el momento en que se confirmó el divorcio de ambos, y continuó hasta la muerte de Diana y el matrimonio de Charles con Camila. Solo entonces, cuando ya no quedaba nada que fuera interesante revelar, los medios se retiraron en busca de otros temas cuya explotación prometiera ser más rentable para la industria cultural (por ejemplo, la vida erótica de los hijos de Charles y Diana). La actividad constructiva o destructiva de los medios masivos, es el homenaje que la realidad (decepcionante) rinde a las expectativas desmedidas de los consumidores.

Las periódicas ceremonias de destrucción de parejas mitológicas que animan la actualidad, revelan que la lógica interna de la industria cultural ha pasado a tener protagonismo y los personajes que ella adopta en su discurso, pasan a convertirse en rehenes de una explotación que vuelve cada vez más peligroso el ascenso al Olimpo de la fama. Desde allí sigue siendo muy fácil deslizarse al olvido.

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