NOVIAS COMPRADAS, VENDIDAS, ROBADAS


En aquella época, las mujeres casadas se ponían una cinta en el cabello o un collar que estaba compuesto de monedas en forma de cadena. Las monedas solían ser parte de la dote de su matrimonio cuando se casaban. Era una costumbre establecida que al menos algo del precio de la dote sería dado a la novia, además de cualquier otro regalo personal de los padres a la novia. (Lucas 15:8)

William Dyce: Jacob y Raquel

William Dyce: Jacob y Raquel

Armar una pareja humana es un asunto que exige asumir complejas responsabilidades a las partes involucradas. Los acuerdos que permiten la vida en común, no prosperan sobre cualquier base, porque la comunidad tiene mucho que decir. Algunas culturas exigen de la familia de la novia, que compense al novio por los gastos en que habrá de incurrir al casarse. Otras culturas, en cambio, exigen que el novio pague por el privilegio de llevarse a la novia.

En la Biblia, Jacob no puede pagar al contado la dote que le exige Labán, su probable suegro, para casarse con su prima Raquel. Por lo tanto le ofrece la alternativa de trabajar siete años para él, sin cobrarle nada (ni tocar a la novia) mientras tanto. El rey Saúl exige a David algo todavía más incómodo para entregarle en matrimonio a su hija Mikhal: el pretendiente y futuro rey, debe presentarle 100 prepucios cortados a los enemigos filisteos.

Entre los antiguos griegos, las esposas no se compraban, pero de todos modos persistía la costumbre de que el novio hiciera costosos presentes a la familia de ella. El matrimonio por rapto de las novias o a través de una competencia entre varios pretendientes, no tomaba en cuenta la opinión de las mujeres. Ellas eran tan solo el codiciado trofeo que se entregaba al vencedor.

Esposa de seis años, marido de veinticinco.

Esposa de seis años, marido de veinticinco.

Si en la actualidad las novias pueden ser compradas ¿cómo se determina el precio? La dote de una virgen duplica en Medio Oriente a la de otra muchacha que no pueda demostrarse intacta. Las adolescentes sirias de 16 a 16 años, son vendidas por U$ 2000 o 3000 a los magnates saudíes que pueden costearse varias esposas, tal como de costean varios automóviles. Las mujeres testimonian el poder de un hombre ante sus pares.

El precio actual de una novia vietnamita puede variar entre U$ 3000 y 15.000, si se trata de alguien muy joven (y cabe supone, sin experiencia sexual). Las novias de más edad son más baratas, porque las mujeres, como los autos, en ese contexto cultural se devalúan con el uso. Las vietnamitas menos afortunadas, que no consiguen marido, terminan vendiéndose como prostitutas, para compensar los presuntos gastos en los que habrían incurrido los intermediarios que se dedican a ese tráfico humano.

La compra y venta de esposas no es exclusividad de Oriente, que debiera causar espanto en Occidente. La forma tradicional de librarse de una esposa que para su marido había comenzado a ser más incómoda de lo deseable, no incluía en las comarcas rurales inglesas alternativas extremas como el crimen, ni los complicados trámites legales de un divorcio. Las mujeres podían comprarse o venderse en el mercado, tal como se hacía con el ganado de una granja. Una diferencia no menor, que atenuaba la brutalidad de la situación, era que el objeto de la transacción, a diferencia de las gallinas, vacas y ovejas, podía manifestar su acuerdo o desacuerdo.

Thomas Rowlandson: Venta de esposas

Thomas Rowlandson: Venta de esposas

Después de varias licitaciones, ella fue subastada por cinco chelines; pero no gustándole el comprador, se la volvió a subastar por tres chelines y un cuarto de galón de cerveza. (E.P. Thompson: Customs in Common)

Bastaba un simulacro de venta, para que una mujer cansada de tolerar un marido que no le convenía, lograra desvincularse de él y relacionarse con otro. El remate público de esposas en el mercado, se practicaba durante el siglo XVII en Inglaterra y la costumbre fue continuada hasta comienzos del siglo XX.

El remate era anunciado en la prensa local, convocaba a muchedumbres de curiosos y a veces incluía la venta conjunta de los hijos de la mujer. El dinero que el comprador pagaba por la mujer era lo de menos. La venta era considerada un cómodo sustituto del trámite legal de divorcio, demasiado engorroso. Tanto los funcionarios del Estado como los de la Iglesia, hacían la vista gorda a ese tipo de operaciones.

Tradicionalmente las novias europeas llegaban al matrimonio con un ajuar, consistente en sábanas, manteles, vestidos,  joyas, camisones, vajilla, incluso ropa de bebé, cuya compra o confección le había insumido gran parte del noviazgo. La reunión de ese capital en objetos, explicaba que los noviazgos se extendieran en el tiempo, para permitirle reunir ese tesoro, que debía asegurar la felicidad de la vida en pareja. La dote era el aporte de la familia de la novia al nuevo hogar, que debía ser administrado por el marido (y tendría que devolver, intacto, si la relación fracasara).

Prodána nevêsta (La novia vendida), la ópera de Bedrich Smetana, muestra las costumbres tradicionales de los campesinos de Bohemia. Las doncellas eran casadas con los pretendientes que escogía la familia, utilizando los servicios de algún casamentero, sin atender a los sentimientos de las candidatas. Aunque se trata de una comedia, un género que exige la elaboración de un final feliz, la novia es ofrecida en venta por su enamorado, que no es la pareja elegida por su familia, y solo una revelación final salva a la protagonista de convertirse en la mujer del hombre que detesta.

Si alguien se resistía a participar en estas negociaciones, que no prestaban atención a las opiniones de las mujeres y solo tomaban en cuenta el capital que estaban dispuestos a invertir los hombres, hubiera sido condenado por la comunidad. Lejos de haber desaparecido con la modernidad y el reconocimiento de los derechos de las mujeres, estas prácticas han reaparecido allí donde se creía haberlas extirpado.

Novias vietnamitas

Novias vietnamitas

En la República Popular China, gracias al progreso técnico de las ecografías, continúa restringiéndose el nacimiento de mujeres. Para las familias, que durante décadas solo tuvieron aceptado un hijo, las niñas eran un estorbo. Eso determina que cada 100 mujeres, haya 118 hombres. Si se suma a este desequilibrio demográfico  el alto costo de las ceremonias nupciales que exige la tradición, se recurre a la compra de mujeres vietnamitas, birmanas, laosianas o camboyanas para suplir el deficit.

La dote que debe pagarse por una mujer china es demasiado alta y no todos los solteros se encuentran en condiciones de afrontarla. De restringirse los chinos a la oferta nacional de mujeres, muchos se quedarían sin la suya. Las vietnamitas que se importan, provienen de regiones rurales donde la vida cotidiana es penosa. Ellas ven la posibilidad de casarse con un chino adinerado, como una indudable mejora.

Pareja coreana

Pareja coreana

No pasa lo mismo en los matrimonios de vietnamitas o filipinas con coreanos, que a pesar del alto desarrollo económico del país, las introducen en una cultura desconocida para ellas, donde quedan sometidas a la voluntad de hombres maduros, carentes de educación formal, que previamente fueron discriminados como parejas por sus exigentes compatriotas.

Las coreanas buscan a hombres de un nivel económico y sociocultural superior, por lo que muchos de los estratos más bajos quedan excluidos. (Lee Sang-Lim)

Novias provenientes de Uzbekistán o Rusia son las más costosas que se ofrecen en el mercado coreano. Se calcula que 30.000 matrimonios internacionales fueron celebrados en Corea durante el 2012 (un 10% de todos los registrados en el país). Las agencias matrimoniales coreanas hacen costosas giras a Vietnam, para los solteros a quienes presentan hasta un centenar de mujeres que no han estado casadas previamente. Mediante la inversión de U$ 6000 a 11000, se accede a un sistema de varias citas en las que participan intérpretes para facilitar la barrera idiomática, las candidatas son reducidas a una y se efectúa el contacto con la familia, que es compensada con U$ 1000 por la pérdida de la mujer. El matrimonio se celebra de inmediato (todo el proceso insume tres días) y la pareja viaja de regreso a Corea del Sur.

De acuerdo a las evidencias suministradas por las quejas presentadas ante Tribunales, el 40% de las esposas extranjeras denuncia haber sufrido abusos de sus maridos y parientes;  la tasa de divorcios de estas parejas es altísima.

Criar una hija es como regar el jardín del vecino. (Probervio hindú)

Matrimonio en la India

Matrimonios infantiles en la India

En la India, hay regiones como Rajastán y Haryana, donde el precio de las novias es más alto que en otros, porque los padres prefieren invertir menos en las niñas, por ejemplo, alimentarlas peor que a sus hermanos varones, despreocuparse de su salud, por considerarlas demasiado costosas y de alto riesgo (pueden ser secuestradas, violadas y vendidas apenas salidas de la infancia, cuando todavía no han permitido recuperar la inversión realizada por la familia).

No es raro que en la India las mujeres se vendan o revendan varias veces. En el campo, donde tiene vigencia el trueque, una novia joven puede ser cambiada por una vaca. Las deuda de una familia puede ser pagada mediante la entrega de una hija al acreedor. Las mujeres son empleadas como mano de obra no calificada y carente de derechos. Al cabo de un par de años de trabajo esclavo, la inversión hecha por el marido puede considerarse amortizada y tratar de librarse de ella para reemplazarla por otra más atractiva o menos agotada.

Niñas raptadas por Boko Haram

Niñas raptadas por Boko Haram

El movimiento islámico Boko Haram secuestró en Nigeria a 234 adolescentes a comienzos de 2014. Ellas permanecieron retenidas durante meses, fueron violadas y embarazadas por los militantes del fundamentalismo islámico que habrían pagado unos U$ 12 por cada una. Pasaron a convertirse en botín de guerra; o mejor aún, en la evidencia de que al entregarse a una causa que consideran santa y puede reservarles la muerte, los combatientes van a recibir en este mundo o en el otro, si deben inmolarse, todo lo que han deseado.

El rapto de mujeres por el novio y sus parientes, fue una práctica habitual de los pueblos primitivos y todavía se practica en África, Asia Central, India, el Cáucaso (donde la costumbre fue prohibida durante la existencia de la Unión Soviética y ha retornado tras la caída del socialismo), entre los gitanos y en comunidades indígenas de México y otros países del continente americano. En muchos sitios se lo considera un delito que la Ley persigue, pero de todos modos la costumbre se encuentra tan arraigada, que las autoridades prefieren mirar para otro lado.

Mediante el rapto, la novia, que suele ser muy joven, queda excluida definitivamente de su familia paterna, para incorporarse a la familia de su pareja, donde lo más probable es que le esperen maltratos y la obligación de convertirse en mano de obra no remunerada.

En Kirguistán se calcula que la mitad de los matrimonios proviene de situaciones como esas. La joven secuestrada es retenida por la familia del secuestrador, que en caso de hallar resistencia, intenta convencerla de aceptar la propuesta de matrimonio.  Si ella todavía se niega, aunque no haya habido contacto sexual con el hombre, para el resto de la comunidad se supone que ella perdió la virginidad y puede ser maldecida. Todos la desprecian; su familia ya no sabe qué hacer con ella. Más le vale aceptar la situación en la que se ha visto precipitada.

En Etiopía el raptor esconde a la mujer que ha raptado y se dedica a violarla hasta asegurarse de que ella quedó embarazada. A partir de ese momento, la futura esposa le pertenece y él se encuentra en condiciones de negociar con sus parientes el pago de una dote matrimonial, sin riesgo de que le exijan un precio demasiado alto o lo rechacen.

Rubens: Rapto de Hipodamia

Rubens: Rapto de Hipodamia

Lejos de ser considerado un acto violento, que desafiaba el orden establecido y creaba enemistades graves, el rapto de la mujer de un grupo por un extraño de otro grupo, era visto como una actividad que la comunidad propiciaba, para que las parejas no incurrieran en incesto. Por eso se organizaban festivos simulacros de rapto, incorporados a los ritos nupciales, como el gesto del novio de alzar a la novia en brazos, para cruzar el umbral de la morada que ocupará la nueva pareja.

Cuando se analiza el rapto de mujeres, de acuerdo a la óptica masculina ¿no exageran ellas al resistirse más allá de lo que cualquiera sabe que hace falta para excitar a un hombre? Cuando son derrotadas y se las obliga a aceptar el sexo del vencedor, ya sea con palabras, caricias o golpes, ellas terminarían por salirse con la suya: consiguieron un macho dominante, que suministrará genes sanos a su descendencia. También las gatas ofrecen resistencia feroz, para excitar al macho que la corteja.

Matrimonio cristiano

Matrimonio cristiano

La negativa femenina, argumentan los violadores, no pasaría de ser una representación a la que ellos no tomarán demasiado en serie. No está mal que eso ocurra, como parte de un ritual milenario que la sociedad aprecia, pero ningún hombre convencido de que está haciendo lo correcto, le prestará mucha atención. A pesar de una condena genérica de la violencia, la iglesia católica prefirió considerar válidos aquellos raptos que las víctimas hubieran consentido, sin dejar de condenar a los implicados.

No puede haber matrimonio alguno entre el raptor y la robada, por todo el tiempo que permanezca ésta en poder del raptor. Mas, si separada de éste y puesta en lugar seguro y libre, consintiere en tenerle por marido, téngale éste por mujer, quedando no obstante excomulgados de Derecho y perpetuamente infames e incapaces de toda dignidad, así el mismo raptor como todos los que le aconsejan auxiliaron y favorecieron. (Concilio de Trento)

No pueden ignorarse los cambios de mentalidad colectiva respecto de los derechos de las mujeres, que se han definido en muchos países durante las últimas décadas. Sin embargo, en muchos países, el raptor o el violador pueden eludir cualquier represalia de la sociedad, mediante el cómodo trámite de casarse con la ofendida, mientras que a ella tan solo se le brinda la oportunidad de escoger entre vivir deshonrada o unirse en matrimonio con aquel que la dañó.

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