VIDA EN PAREJA Y SATISFACCIÓN INMEDIATA


No todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama. (Miguel de Cervantes)

Jacqueline Bouvier y Aristoteles Onassis

Jacqueline Bouvier y Aristoteles Onassis

La falta de coincidencia entre el amor y el sexo es tema eterno de discusión. Uno tiende a creer que algo tan elemental (si se prefiere, tan fundamental) de la existencia humana como el sexo, es eterno y por lo tanto siempre tuvo (tiene, tendrá) las mismas características que hoy muestra, pero el diálogo con los viejos (en mi caso, la memoria de mi distante juventud) revela que nada se encuentra más distante de la verdad. No es que hoy haya mayor sinceridad al respecto, ni tampoco conocimientos más confiables sobre áreas de la conducta humana que en el pasado se dejaban en la penumbra, por pudor, por miedo, sino otra actitud, que se fue afianzado a lo largo del siglo XX.
En pocos años, un ámbito en el que durante siglos había predominado la reserva, la censura y autocensura, comenzó a ser presentado como un espacio explorado, desacralizado, expuesto al escrutinio público. Tal vez no hubiera mucho que decir sobre el amor, después de tantos siglos de explorar el tema, pero sobre el sexo se podía hablar con una libertad inédita y cabía esperar que nadie se atreviera a impedir su expresión, como si se tratara de una actividad deportiva, higiénica, recomendada para todo el mundo.

Vivir sus deseos, agotarlos en la vida, es el destino de toda existencia. (Henry Miller)

Pareja de comienzos del Siglo XX

Pareja de comienzos del Siglo XX

Las ceremonias destinadas a postergar la satisfacción del deseo, gozaban en el pasado de un prestigio social que hoy no se concibe. No estaba mal andar de novios durante años empleados en un parsimonioso acercamiento de las parejas, que iba desde el simple avistamiento durante los paseos por la plaza del pueblo, que funcionaba como el mercado de la gente soltera, pasando por los bailes del sábado en los sedes sociales de los clubes deportivos, las esquelas amorosas copiadas de los libros ad hoc, los piropos callejeros, los formales pedidos de visita a la familia de la cortejada, con calendario vespertino establecido y la presencia de chaperonas, hermanos menores y sobrinos durante los encuentros, hasta llegar, finalmente, al pedido de mano, el compromiso, el matrimonio y la consumación del matrimonio.

Pareja y chaperona a mediados del siglo XX

Chaperona a mediados del siglo XX

Cuando se describe hoy ese ritual arcaico, parece un calvario de los enamorados, sujeto a formalidades absurdas y sobre todo crueles, considerando la impaciencia de aquellos que deseaban estar juntos y si pretendían superar los obstáculos, debían resignarse a aceptarlos, aunque existieran atajos, como los brindados providencialmente por los zaguanes a oscuras y la vista gorda o el soborno de las chaperonas.
Desde hace un siglo fue volviéndose cada vez más fácil aceptar la idea de que la represión sexual era una fuente inagotable de neurosis para quien la aceptaba. Si se intentaba superar la represión, se alcanzaría un grado de libertad (y felicidad) inimaginable. No puede ignorarse, sin embargo, que la represión otorga un valor único a la satisfacción sexual. Cuando finalmente se la supera, el placer es percibido como una recompensa que justifica las penurias que incluyó el proceso. Tormento o aprendizaje: ¿con cuál visión quedarse?

Todo deseo estancado es un veneno. (André Maurois)

Pareja hippie años ´60

Pareja hippie años ´60

Encontrarse e intimar hoy, son dos situaciones que suelen darse en riesgosa vecindad. Se pasa de una situación a la otra sin darse tiempo a reflexionar demasiado, como si la vida fuera (sobre todo para los jóvenes) demasiado corta y la primera oportunidad que se ofrece para disfrutar la actividad sexual fuera la última.
Llega a ser mal visto en ciertos ambientes no hacerlo de ese modo: sin prolegómenos y la mayor cantidad de veces posible, como si se acumularan puntos en un concurso. ¿Acaso hay prejuicios, convenciones, creencias que se interpongan en el ejercicio de la sexualidad? Mal indicio. Si en el pasado se discriminaba a los promiscuos, hoy se mira con desdén a los castos. ¿Con cuántas parejas francamente indeseables, inadecuadas, hasta peligrosas, se conecta la gente en la actualidad, por causa de la enorme facilidad con que se comparte el sexo? La epidemia del VIH canceló durante los años ´80 la confianza ilimitada que se había depositado en la actividad sexual desprejuiciada, a partir de los ´60, cuando se difundió el uso de la píldora anticonceptiva. De pronto, la promiscuidad no era indecente, sino imprudente.
pareja-hivEntregarse a la satisfacción de los deseos, sin temer a las consecuencias, había sido la conquista aparente de la generación anterior. Gracias a la píldora, las mujeres que pudieran costeársela y aprendieran a dosificarla, se convertían en árbitros de su sexualidad, tal como habían hecho los hombres, desde tiempos inmemoriales. De pronto se descubrían en condiciones de probar a sus parejas, para desecharlas si no las hallaban adecuadas, sin correr el riesgo de embarazos no queridos durante el proceso.

Entre los mitos urbanos que circularon por entonces, estaba el del hombre inocente, que en el curso de una noche de copas, conocía en un bar a una estupenda rubia que lo llevaba a un cuarto de hotel, se entregaba con él a una agitada sesión amatoria y lo dejaba solo, durmiendo pacíficamente, para descubrir en espejo del baño, escrito con lápiz labial: BIENVENIDO AL MUNDO DEL SIDA.
La vieja misoginia regresaba, actualizada y más temible que antes. Las mujeres que se habían liberado de la tutela masculina, resultaban sospechosas de ser portadoras de un mal, que nadie sabía cómo tratar, y por lo tanto conducía inevitablemente a la muerte. La desconfianza respecto del sexo, nacida del conocimiento insuficiente de las formas de contagio del VIH, propició el regreso de los preservativos que se creía objetos anacrónicos, y la vigencia de recomendaciones tan desprestigiadas hasta poco antes, como la fidelidad y la abstinencia. Contenerse, controlarse, dejaron de ser los consejos de quienes reprimían la sexualidad por motivos éticos o religiosos, para convertirse en métodos racionales de sobrevivencia.
La desconfianza respecto del sexo, nacida del conocimiento de las formas de contagio del VIH, propició el regreso de los preservativos que se suponía objetos anacrónicos, y la vigencia de recomendaciones tan desprestigiadas hasta poco antes como la fidelidad y la abstinencia. Contenerse, controlarse, dejaron de ser los consejos de quienes reprimían la sexualidad por motivos éticos o religiosos, para convertirse en métodos racionales de sobrevivencia.
La posibilidad de restaurar la vieja mentalidad represiva, tras una generación de relajamiento de esos controles, resultaba poco creíble. Podía haber miedo al contacto físico, pero no resignación a postergar indefinidamente la satisfacción sexual. La creciente influencia de las drogas y las redes sociales en la conducta de la gente, planteaban alternativas nuevas y riesgos que poco antes ni siquiera se imaginaban.
Las drogas abrían paso a conductas imprudentes, que enfatizaban la búsqueda de la satisfacción inmediata, sin importar a qué precio.
usuario-de-internetLa pornografía que hoy reina en Internet (donde se calcula que supera al tercio de todo el material disponible) era bastante rara en el pasado y solía limitarse a explotar la imaginación de los lectores. Uno leía e imaginaba (tal como escuchaba la radio e imaginaba). En otras palabras, se encontraba obligado a elaborar el estímulo. Las revistas que tenían como destinario explícito a los hombres, eran paradojalmente discretas en todo lo referente al sexo. Las audacias no iban más allá de sobrentendidos verbales y énfasis sobre los muslos, caderas y bocas de las figuras femeninas.
La satisfacción sexual de los adolescentes debía esperar, no necesariamente hasta el matrimonio (eso podía ser aceptado por un miembro de la Acción Católica, que debía compartir semanalmente sus faltas con el confesor) pero al menos hasta encontrar una pareja del sexo opuesto, que estuviera libre de compromisos y dispuesta a concedérsela, siempre y cuando coincidiera en la búsqueda de descendencia.

Crumb: Onán

Crumb: Onán

De no proceder de ese modo, si optaba por autosatisfacerse (una situación castigada preventivamente con baños de agua fría) podía crecer pelo en la palma de las manos del impaciente, o quedar ciego. En cuanto a la frecuentación de prostitutas, que sí se encontraban disponibles para quien aceptara financiar sus servicios nada onerosos, el uso de preservativos ponía límites al capricho de quien pagaba.
Demorar la satisfacción del deseo, trabajar para recibir finalmente el premio a un esfuerzo deliberado y bien considerado por toda la comunidad, eran las actitudes más frecuentes. De acuerdo a las investigaciones de Walter Mischel, la capacidad de demorar la gratificación se desarrolla tempranamente en los seres humanos, entre los tres y cinco años, después de haber aprendido a retener esfínteres y aceptado que no por llorar nos darán lo que pedimos. Cuando eso no se aprende en la infancia, el futuro no promete nada bueno para quien fue preservado de la experiencia.

Mientras que la persona perturbada desea firmemente lo que quiere y lo siente de forma apropiada y se molesta si sus deseos no quedan satisfechos, la persona más perturbada exige, insiste, impera u ordena dogmáticamente que sus deseos se satisfagan y se pone exageradamente angustiada, deprimida u hostil cuando no quedan satisfechos. (Albert Ellis)

El deseo crece gracias a la demora (vale decir, la frustración) de los impulsos. Cuando el impulso se satisface de inmediato, sin demasiado esfuerzo, algo nada trivial de la experiencia se ha perdido: la profundidad y coherencia que otorga a la conducta humana cierta dosis de frustración que puede ser superada. Situaciones actuales como los amigovios (solteros que no han tenido la oportunidad de conocerse demasiado y pasan a convivir por un tiempo, a la vista y paciencia de los familiares) son toleradas por la sociedad como un signo de los tiempos que toca vivir, no los que se soñaba, pero tampoco los peores.

Heidi Klum y Seal

Heidi Klum y Seal

Ahora, todo está a la vista o al menos son muchos los que no se toman la molestia de ocultarlo, porque las sanciones de la opinión dominante han desaparecido. A lo largo de una generación en Argentina, Uruguay, Paraguay y México, el término pasó a definir una relación cada vez más frecuente o al menos visible: parejas sin compromisos, que se relacionan cuando se ponen de acuerdo y probablemente comparten la actividad sexual, pero no quedan atados a ninguna promesa de fidelidad. Hoy la palabra figura en el Diccionario de la Lengua Española, por lo que cabe sospechar que se trata de algo más memorable que el título de una telenovela argentina de 1995.

No existen responsabilidades, la relación de amigovios es libre, es abierta y sin compromiso, por eso no puede durar mucho tiempo. En algún momento, alguno de los integrantes quiere o necesita algo diferente y es entonces cuando este tipo de relaciones no resiste las diferencias. (Celia Antonini)

¿La decisión de suprimir la clandestinidad (habrá quien diga el pudor) de las relaciones efímeras, puede ser vista como un progreso de las costumbres (la gente sería más sincera, menos hipócrita) o como una evidencia más del relajamiento moral que está destruyendo las bases de la sociedad? No es fácil evaluarlo, cuando se necesita cierta distancia para observar los resultados.

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