AMORES NO CORRESPONDIDOS


Con tu historia y mis antojos / con tu llave y mis cerrojos / para bien o para mal / se terminó. (Ricardo Arjona: Para bien o para mal)

Rodin: El beso

Rodin: El beso

Alguien ama a otra persona y por más esfuerzos que haga, no llega a ser correspondido(a). Una pequeña tragedia, tal vez conocida por pocos y no por eso menos dolorosa para quien la experimenta, adquiere forma a partir de la falta de coincidencia de los sentimientos. A diferencia del amor correspondido, que no conmueve a casi nadie, la improbabilidad de que una pareja se organice y perdure, es el tema de una infinidad de piezas teatrales y narraciones literarias.
La falta de acuerdo entre dos personas que se han relacionado íntimamente, es un riesgo que no suele ser considerado por aquellos que se dejan controlar por el impulso sexual de un momento. Al cabo de un tiempo, que no tiene por qué ser demasiado largo, las evidencias de todo aquello que los separa, se interponen para obligarlos a renegociar los términos concretos de su cercanía, o separarlos definitivamente.
En una sociedad primitiva, tal como aparece descripta en la Biblia, la formación de parejas es un asunto que no atañe tanto a los individuos como a las familias o clanes de donde provienen los individuos. Los hombres que desean superar la soltería, un estado que la sociedad define indeseable, deben negociar con el jefe de una familia con la cual se encuentra autorizado para hacerlo, dado que no es demasiado cercana para incurrir en incesto, ni demasiado distante para que comprometa la unidad del grupo, el acceso a una mujer disponible para el matrimonio.

Josef von Führic: Jacob y Raquel

Josef von Führic: Jacob y Raquel

Abraham debe someterse a las condiciones que le impone su futuro suegro, tal como una generación más tarde le sucede a su hijo Jacob. Las mujeres implicadas en estos tratos, no hacen nada, fuera de existir y conservarse disponibles. Se vuelven valiosas porque no conceden nada a los postulantes. Al quedar puestas provisoriamente fuera de circulación, la estructura social les otorga un valor de cambio superior al de aquellas que negocian individualmente el acceso a sus cuerpos (las prostitutas) y aquellas que no pueden reclamar nada (las esclavas) por no ser dueñas de sí mismas.
Desde la Antigüedad se definen dos actitudes opuestas en las relaciones de pareja. Para los hombres, “hacerse valer” es agredir, conquistar, arriesgarse a ser rechazado, mientras que “hacerse valer” para las mujeres es defenderse, preservarse, negociar la entrega (de su cuerpo). No pocas veces esa actitud de hombres y mujeres es un simulacro, lo que no quiere decir que sea un engaño, sino un ritual acordado entre los participantes, en vista del mejor funcionamiento de la sociedad. La duplicidad y falta de simetría resulta inevitable, pero gracias a ellas la coincidencia aparente suele imponerse con más frecuencia de lo esperable.

Abelardo y Eloísa

Abelardo y Eloísa

Eloísa, la abadesa del siglo XII, no consiguió que su amado, el clérigo Abelardo, le correspondiera (después de haberla embarazado y sufrir la castración por su atrevimiento). La pasión que en el pasado había mutua, se extinguió en él, que se negaba a escribirle, mientras continuaba tan viva como al comienzo en ella.

Dime tan solo si puedes, por qué desde nuestra conversión monástica, que decidiste tú solo, me has dejado con tanta negligencia caer en el olvido, por qué me has negado el júbilo del encuentro, el consuelo de tus cartas. (Eloísa: carta a Abelardo)

En la tradición occidental, muchas parejas célebres se basan en la falta de correspondencia entre sus integrantes. Se los recuerda porque las circunstancias que sobrellevan son conmovedoras. Con frecuencia, los hombres desean y las mujeres a quienes ellos desean los desdeñan. Esto indica los roles estereotipados que durante siglos se atribuyeron a los géneros: los hombres debían tomar la iniciativa en materia sexual, como en los negocios y la política, mientras que de las mujeres se esperaba que se resignaran a la función de prometido y escamoteado objeto del deseo masculino. Restringirse era una de las pocas estrategias que permitían a las mujeres ganar en estima de los hombres. Al entregarse, corrían el riesgo de devaluarse de inmediato.

Don Quijote y Dulcinea

Don Quijote y Dulcinea

No conseguir a la mujer, podía ser un tormento, pero al mismo tiempo confirmaba las fantasías del hombre que aspiraba a obtener los favores de una que fuera inalcanzable para todos, menos para él. Don Quijote está enamorado de Dulcinea del Toboso, una dama que solo existe en su imaginación. Cuando Aldonza Lorenzo, campesina que ha sido el involuntario soporte de todo esto, se entera de la fantasía del Caballero, lejos de conmoverse por tanta devoción, se burla del despropósito. Eso no desalienta al hombre, poseído por una locura que lo aísla de la realidad y no suelta hasta que la proximidad de la muerte lo redime:

Dios sabe si hay Dulcinea o no en el mundo, o si es fantástica o no es fantástica, y éstas no son de las cosas cuya averiguación se ha de llevar hasta el cabo. Ni yo engendré ni parí a mi señora, puesto que la contemplo como conviene que sea una dama que contenga en sí las partes que puedan hacerla famosa en todas las del mundo, como son: hermosa sin tacha, grave sin soberbia, amorosa con honestidad, agradecida por cortés, cortés por bien criada y, finalmente, alta por linaje. (Miguen del Cervantes: Don Quijote de la Mancha)

Adéle Hugo

Adéle Hugo

Concebir un ideal tan elevado como ese, es condenarse a un fracaso irremediable. ¿Qué pareja puede estar, en la realidad, a la altura de un enamorado que inventó a una mujer a partir de su narcisismo? La presencia efectiva de Aldonza no le hace demasiada falta de Quijano, para decidirse a salir en busca de hazañas que lo hagan merecedor de ella, como tampoco la presencia del teniente Albert Pinson le hace falta a Adèle Hugo, para vagabundear por países desconocidos y situaciones humillantes. Ella se dice su esposa, lo convierte en destinatario de cartas y párrafos de un Diario que él no habrá de leer.

Mi amor, soy tan feliz de habernos reencontrado. Lo peor de la vida es tu ausencia. Nosotros no permitiremos que el malentendido se instale entre nosotros. Yo sabía que no me podías olvidar. (Adèle Hugo: Carta a Albert Pinson)

Los personajes obsesivos, tanto los reales como los imaginarios, utilizan la imagen de la persona que dicen amar, para entregarse a una pasión que los estimula para continuar en su fantaseo, el mismo que a la larga promete destruirlos y a la corta los vuelve una molestia para quienes tuvieron la mala suerte de convertirse en objeto de su amor. Ellos no pueden razonar, ni restringirse. Deben continuar alimentando su delirio. Tal vez no encuentren respuesta, pero tampoco ven otras alternativas.

Esto es la voluntad del cielo: soy tuya. (…) En cuanto tú entraste, te reconocí de inmediato. Desconcertada y ardiendo pensé: “Este es él”. ¿No era verdad? Yo te oí, tú hablaste conmigo en el silencio (…) cuando trataba de calmar con rezos la tristeza de mi alma atormentada. (Alexander Pushkin; Carta de Tatiana a Evgeny Onegin)

Alexander Pushkin convirtió el desencuentro de una pareja inicialmente libre, en el centro del poema narrativo Evgeny Onegin. Cuando el protagonista, un aburrido hombre de mundo, descubre que se ha convertido en el objeto amoroso de Tatiana, una joven provinciana, porque ella se lo confiesa en una carta que ninguna mujer sensata hubiera escritor, deja pasar la oportunidad que se le brinda, motivo por el cual nada pasa entre ambos. Años más tarde, cuando él repara en ella, Tatiana está casada, sigue amándolo en secreto, pero en su situación actual no se encuentra en condiciones de corresponderle.
La infelicidad se impone sobre las parejas que no llegan a coordinar sus sentimientos. Amar no le asegura a nadie la posibilidad de ser amado. Un intenso enamoramiento puede encontrar como respuesta el desgano o el rechazo, cuando no el desprecio. Aunque no haya estadísticas al respecto, la falta de coincidencia es más probable que lo contrario.
La gente vive presa de sus ideales, por erróneos que sean y no siempre se atreve a desecharlos. Prefieren conformarse con lo que hay. Otra desgracia viene a sumarse a la anterior: de acuerdo a la tradición del pensamiento occidental, el ámbito de los sentimientos no tiene las mismas características para los hombres y las mujeres, por lo que reducen todavía más las posibilidades de una coincidencia.

El amor constituye la historia completa de la vida de una mujer, pero solo es un episodio en la vida de un hombre. (Germaine de Stael)

Los hombres estarían menos disponibles que las mujeres, cuando se trata de someterse a los dictados de sus emociones. No es que tengan más cerebro que ellas, como llegan a argumentar quienes las discriminan, sino que la sociedad espera de ellos que en los momentos de crisis dejen de lado los primeros impulsos y afronten racionalmente los problemas, mientras que ellas gozan el insultante privilegio de no responsabilizarse de nada que puedan hacer bajo presión.
Cuando una mujer demuestra que en cualquier circunstancia piensa, adquiere para los observadores un tono masculino (vale decir, liberal, incluso libertino) que no suele ser bien considerado por la sociedad.

La libertad es incompatible con el amor. Un amante es siempre un esclavo. (Germaine de Stael)

Se sabe cuánto dura la etapa del enamoramiento, pero no existe ninguna certeza sobre la efectiva duración de una pareja, cuando se llega a establecerla, mediante un compromiso que la sociedad espera que sea vitalicio. El matrimonio intenta prolongar el acuerdo que se produjo en algún momento, mediante la solemnidad que rodea al contrato firmado ante Dios y la sociedad civil. Si hay tantos testigos, resultará difícil deshacer algo que se sabe frágil, incapaz de resistir todos los desencantos que suele acumular la convivencia.

Sidonie Gabrielle Colette

Sidonie Gabrielle Colette

La infidelidad constata de la manera más cruel, que los vínculos se han roto. Poco importa que todo el mundo se entere o que la humillación sea sufrida sin demasiados testigos. Para muchos, después de eso no hay posibilidad de una vuelta atrás.

Lo peor es justamente esa… esa amistad que otorgaste a ese tipo, esas horas en que hablaban, antes de acostarse juntos.(…) Nunca comprenderás lo que es un hombre que ama, ni la idea que un hombre se forma de la traición (Colette: Dúo)

¿Cómo volverse atractivo ante la excepcional persona amada? Don Quijote se lanza a correr aventuras que abonen su fama y lo vuelvan atractivo ante los ojos de la mujer que armó su imaginación. Esa idea de la notoriedad que adorna al enamorado, con el objeto de atraer la mirada de la mujer que ama, tiene su correlato en la Naturaleza, donde los machos de diferentes especies ostentan colores violentos o perfumes intensos que obligan a reparar en ellos.

John Hinckley

John Hinckley

El estudiante John Hinckley se creía enamorado de la actriz Jodie Foster, desde que varios años antes la vio personificando a una prostituta infantil en el filme Taxi Driver. La había asediado con cartas y pequeños regalos, mientras ella estaba en la universidad y retirada de la actuación. Por algún tortuoso razonamiento, solo posible en una mente desequilibrada, llegó a pensar que ella le prestaría atención, si él se volvía famoso de algún modo. No encontrando nada mejor para obtener ese objetivo, disparó cinco tiros contra el presidente Ronald Reagan.
La diferencia entre alcanzar notoriedad y volverse automáticamente deseable, no podía ser apreciada por Hinckley. Reagan salió del atentado con vida, Foster continuó su carrera de actriz y directora, mientras resguardaba celosamente su vida privada y Hinckley fue internado en una institución psiquiátrica. ¿Qué relación hay entre la posibilidad de causar espanto y el objetivo de volverse seductor para alguien que no se interesa en aquel que ama?

La gente quiere ser amada; en su defecto, admirada; en su defecto, temida: en su defecto, odiada y despreciada. Quiere evocar algún tipo de sentimiento. El alma se estremece ante el olvido y busca la conexión a cualquier precio. (Hjalmar Söderberg: Doctor Glas)

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