INEVITABLES DESILUSIONES DE LA VIDA EN PAREJA


El desengaño camina sonriendo detrás del entusiasmo. Germaine de Stael)

Gustave Dore: Cenicienta

Gustave Dore: Cenicienta

En los cuentos de hadas que se le cuentan a los niños, sin preocuparse de las expectativas respecto de la vida real que se siembran en ellos, Cenicienta, Blancanieves o incluso la Bella Durmiente, son figuras con las que resulta imposible no identificarse. Ella encuentran a sus respectivos príncipes, llegados no importa de dónde, que se enamoran a primera vista y las conducen al altar. Gracias a estos hombres, las jóvenes comienzan a disfrutar una etapa de felicidad ininterrumpida y prolongada, en la que nadie ronca en las noches, ni toma decisiones inconsultas al organizar unas vacaciones, ni se le ocurre cometer infidelidades, ni se enreda en discusiones por estupideces que mejor se hubieran dejado pasar.
Los cuentos de hadas prometen, a quienes los oyen en el momento en que son más impresionables, que es deseable y posible ser felices y comer perdices ilimitadamente. ¿Solo perdices todos los días? El privilegio de alimentarse exclusivamente con un ave de caza que cuesta conseguir, aunque sean preparadas de mil maneras por los chefs de palacio, promete derivar pronto en una monotonía insostenible o en hambruna.
Durante la adolescencia, cualquiera puede darse el lujo de vivir envuelto en sus sueños personales, protegido de los contratiempos de la vida cotidiana por la estructura familiar (no pocas veces opresiva) sin verse obligado a despertar y afrontar las desilusiones de la realidad. Pasada la adolescencia, que incluye también los tormentos del acné y la incertidumbre acerca de la identidad personal, resulta inevitable desilusionarse, no una vez, sino repetidamente, en el curso de un proceso que conviene reconocer como maduración.
En buena hora se tiene la oportunidad de madurar, porque eso indica que se ha sobrevivido a una existencia que acumula obstáculos grandes o pequeños. Pensar que la madurez se alcanza sin desengaño, es como creer que llega sin arrugas, canas y achaques. Todo lo que se disfruta tiene su precio y es imposible no pagarlo. También exige su tiempo. La posibilidad de acelerar los plazos o hacerlos coincidir con los de otra persona es remota.

Cupido

Cupido

¿Acaso las parejas que fueron elegidas en algún momento de euforia, gracias al impulso suministrado por las hormonas que nadie controla, son realmente tal como se las imaginó entonces? Probablemente no lo sean. El atractivo sexual es un factor demasiado intenso y ajeno al análisis racional, para basar en él un juicio que pretenda ser objetivo. Por algo Cupido era representado por los griegos como un niño dotado de la facultad del vuelo, con los ojos vendados, que para colmo dispara flechas capaces de unir a las personas. ¿A quién podía darle, aunque tuviera muy buen oído?

Cupido, el que desdeñando con sus desordenadas costumbres el orden establecido, va por ahí, armado con fuego y flechas. (Apuleyo: El asno de oro)

El amor es un imprevisible desorganizador, que se encuentra dotado de enormes poderes para quebrar las instituciones que todo el mundo considera más firmes, y al mismo tiempo es el fundamento de nuevos órdenes, no necesariamente más estables que lo anterior. Romeo y Julieta creen que la intensidad y coincidencia de su pasión les permitirá fundar una pareja, a pesar de la enemistad de sus familias.
¿Qué se espera de una relación? ¿Una satisfacción inmediata de urgencias sexuales? Probablemente no sea esa la base más confiable para establecer una pareja. Excitaciones sexuales hay muchas, probablemente intensas, algunas se frustran, otras suministran una enorme satisfacción a quienes las experimentan, pero la vida en pareja se revela como algo bastante más complejo para los seres humanos, no solo porque las instituciones se encargan de establecer reglas que dificultan su armado y desarmado, sino porque los sentimientos, la responsabilidad, incluso la rutina, llegan para obstaculizar la espontaneidad.
Cuando se madura, conservar la misma inocencia de los primeros años no es tanto el indicio de una formidable buena suerte en el amor, como de un rasgo patológico que consiste en dar la espalda a la realidad, para que nada contradiga los errores que se decidió aceptar como verdades. No se trata necesariamente de que las parejas sean traidoras por naturaleza, sino (al menos) desinformadas. Nadie suele ser precisamente aquel que soñaba ser. Aunque no se trate de una buena noticia, que la gente celebre, peor sería continuar involucrado en un error de cálculo.
La percepción distorsionada y favorable de la pareja, puede ser inevitable durante los primeros años de vida en común, cuando los integrantes disponen todavía de información insuficiente de uno sobre el otro, y se dedican a completar aquello que les falta, con fantasías que los hacen sentirse cómodos. La posibilidad de mantenerse en un estado similar de conciencia es relativo, porque tarde o temprano las contradicciones se revelan. Si el desengaño llega, probablemente duele más, cuanto más se prolongó el disfrute del engaño.

¿Para qué me curaste cuando estaba herío / si hoy me dejas de nuevo con el corazón partío? / ¿Quién me va a entregar sus emociones? / ¿Quién me va a pedir nunca le abandone? / ¿Quién me tapará en la noche si hace frío? / ¿Quién me va a curar el corazón partío? (Alejandro Sanz)

Desde cierta distancia, puede verse con suficiente detalle, el engaño al que alguien se encontraba sometido, mientras creía haberse asegurado el más completo disfrute de la vida con su pareja. Destruida la relación, cualquiera entiende que no hace falta lamentarlo más. Mejor sería que dejara de acusarse, para reaccionar y demostrar que algo se aprendió de la experiencia.
Las cosas no son casi nunca lo que parecían. Este el tema de innumerables comedias de enredo y el núcleo de una infinidad de dramas reales. Haber fracasado en una relación de pareja, sea porque se armaron expectativas imposibles de concretar respecto de la otra persona, sea porque no se estuvo a la altura de lo que la otra persona esperaba de uno, son constataciones penosas, que no es raro se intente eludir.
Una de las alternativas más recurridas en las desilusiones, es responsabilizar de todo lo que desagrada a la otra persona. Ella es quien indujo al engaño, ella es quien traicionó las promesas de fidelidad, ella es quien ocultó su verdadera cara, cuando la situación podría ser vista desde otro ángulo. El acusador pudo ser aquel que esperaba ser engañado, incluso aquel que se negó a ver la realidad, aquel que supuso haber establecido un compromiso de fidelidad, aquel que hizo todo lo posible para no enterarse de las características efectivas de su pareja.

El que vive de ilusiones, muere de desengaños. (Refrán español)

Daniel MacLise: Othello y Desdemona

Daniel MacLise: Othello y Desdemona

Othello no confía en la fidelidad de Desdémona, la esposa que cree amar, según queda revelado por la desmesura de sus celos, que lo impulsan a estrangularla. En paralelo, no le cuesta mucho aceptar las circunstanciales evidencias de infidelidad que le ofrece Iago. Para aquel que se alimenta de ilusiones desmedidas, nada parece más improbable de alcanzar que la verdad, sobre todo porque no se esfuerza en una dirección que se opone a su visión del mundo. Othello quiere destruir a la mujer que lo ha sumido en ese conflicto, y como la ama, después de haberse enterado tardíamente de su inocencia, quiere destruir también a quien la eliminó. Muertos ambos, se asegura de que no habrá más engaños en esa relación condenada.

OTHELLO: ¡Te besé antes de matare…! Ahora no me queda más este recurso; darme muerte para morir con un beso! (William Shakespeare: Othello)

Las “diferencias irreconciliables” que argumentan las parejas que se divorcian, pueden haberse definido y acentuado durante el desarrollo de la vida que compartieron, en ocasiones porque se las ocultó mañosamente, o tal vez siempre estuvieron a la vista de cualquiera, desde el comienzo de la relación, solo que por causa del enamoramiento no se llegó a percibirlas.
Cuando la verdad golpea a quien se dejó seducir por sus propias ilusiones, no es raro que le de la espalda, en la confianza de mantenerse en el error, si es que no estás mirando en otra dirección, donde siempre hay cosas más interesantes.

Don Quijote y Dulcinea

Don Quijote y Dulcinea

A Don Quijote le cuesta dos libros de ficción y una serie de aventuras humillantes, hasta encontrarse en condiciones de desembarazarse de sus ilusiones, y esta lucidez inusual solo le sirve para morir. ¿Qué pasaría si sobreviviera, desilusionado, por primera vez sensato en muchos años, no obstante con la memoria de la locura anterior?
Vistos en retrospectiva, los episodios de la vida de Don Quijote, que deleitaron a los lectores, sería un infierno de humillación para el mismo personaje. Esos errores previos resultaban evidentes para todo el mundo, comenzando por alguien amigable, aunque limitado intelectualmente como Sancho Panza, que prefiere seguir a un delirante, en lugar de abandonarlo a su previsible suerte. En la realidad, aquellos que no son personajes literarios, pueden perder la totalidad de su vida sin conseguir librarse del engaño. ¿Qué rol les cabe a sus parejas permanentes o circunstanciales?
Conocerse a sí mismo es un lema que suena bastante simple de enunciar, a pesar de que corresponde a una actitud tan difícil de aceptar, que se lo consideró digno de quedar inscrito en la fachada del templo de Delfos, como la tarea más alta que podía ser encomendada a un ser humano. Conocerse a fondo, sin prejuicios que distorsionen la visión, objetivamente, en forma desapasionada, es una situación para muchos resulta indeseable, porque no todo el mundo se resigna a recibir sorpresas que preferiría no afrontar.
La verdad en las relaciones de pareja se hace desear, porque es improbable, y en el fondo, tal vez indeseable. ¿Para qué tanta sinceridad? ¿Cómo puede estar alguien seguro de que no está exponiendo detalles que terminarán distanciando a la otra persona? La verdad absoluta se hace temer, se resiste a ser expuesta, cuesta conseguirla (si acaso se la desea) y una vez que se la obtuvo no tarda en disiparse o confundirse, mientras el error llega solo, sin necesidad de que lo inviten, porque no pocas veces conviene que se instale, y una vez en su lugar tarda en ser detectado. Apenas alguien se distrae, el error se ubica tal como si hubiera estado aguardando la oportunidad para ocupar un sitio que desde siempre le estuvo destinado.
Después de engañar a tantos incautos que suelen desechar cualquier dato que perjudique su disfrute de las ilusiones que elaboraron, los estafadores llegan a convencerse de que la falsedad que promueven no existe y la verdad no habrá de revelarse nunca..
Conocer la verdad y desengañarse llegan a ser sinónimos en las historias de parejas que se desarman. El error se acumula por sí mismo y no importa dónde, como la mugre. Para encontrar la verdad, en cambio, hay que tomarse el trabajo de buscarla, identificarla y mantenerla a buen resguardo.
Cuando se sobrevive al desengaño en una pareja, hasta aquel que se considera vencedor puede comprobarse magullado y tarda en reponerse. Las etapas del duelo se pueden reconocer en ese proceso. Es efectivamente como si algo hubiera muerto, por ejemplo, un proyecto de vida en pareja, que debe ser digerido. Mientras alguien se entrega al engaño, en cambio, por un rato (y por razones equivocadas) disfruta la ilusión de ser invencible.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: