LOCURA DE AMANTES DEFRAUDADAS


Medea y Jasón en cerámica antigua

Medea y Jasón en cerámica antigua

En la Antigüedad de los mitos, la princesa Medea sedujo a Jasón, un extranjero que llegaba a la Cólquida con la intención de robar el Vellocino de Oro, un trofeo nacional. Medea traicionó a su pueblo, con tal de favorecer a Jasón, abandonó a su familia para convertirse en pareja de ese hombre que le dio un par de hijos y la condujo a otro país, donde ella estaba condenada a ser poco más que un esclava, incapaz de impedir el matrimonio de su amante con una princesa que le permitiría ascender al trono de Tebas. ¿Podía resignarse Medea a tal cúmulo de desaires?

MEDEA: Perdida estoy, no tengo / ya a la vida afición; quiero morir, amigas / porque mi esposo, el que todo era para mí, como / como sabe él muy bien, resulta ser el peor de los hombres. / De todas las criaturas que tienen mente y alma / no hay especie más mísera que la de las mujeres. / Primero han de acopiardinero con que compren / un marido que en amo se torne de sus cuerpos, / lo cual es ya la cosa más dolorosa que hay. (Eurípides: Medea)

La respuesta de Medea revela los riesgos que afronta un hombre, a pesar de encontrarse protegido por una cultura machista, cuando se atreve a defraudar las expectativas de una mujer enamorada. Ella no tarda en desencadenar una ola de crímenes que alcanza tanto a aquellos que ama, como aquellos que detesta. No se trata de reacciones extrañas en una amante posesiva. Si la pareja que eligieron no se corresponde con la imagen mental que se hicieron de ella, se dedican con todas sus energías a destruir a quienes la defraudan y no les importa inmolarse ellas también, antes que reconocer el fracaso de su proyecto y buscar otro objeto amoroso que se acomode mejor a sus expectativas.

La imagen de la protagonista de Madame Butterfly, la ópera de Puccini, ofrece un paradigma conmovedor y sobre todo ineficaz para las mujeres. La amante comprada y convertida en madre, hacia fines del siglo XIX, en un lugar tan alejado de las reivindicaciones femeninas de Occidente, ha perdido el poder amenazante de Medea. Ella es incapaz de vengarse; más bien prefiere eliminarse para dejar libre al hombre que la abandonó.
Para la visión masculina, mujeres hay muchas y tal vez ninguna sea la ideal, pero no importa, porque desechada una, solo es cosa de buscar la próxima para consolarse de la decepción. Para la visión femenina que fue alimentada por la cultura machista durante siglos, hombre hay un solo. Si bien esto es evidentemente falso, genera un sentimiento de soledad intolerable, cuando se pierde una pareja.

Fatal Attraction

Fatal Attraction

Alex Forrest, la protagonista del filme Fatal Attaction, se obsesiona con el abogado con quien ha tenido una relación adúltera que no se prolongó más allá de un fin de semana. Ella considera la breve experiencia de otro modo, como un compromiso serio, y a partir de ese momento dedica todas sus energías a destruir el ámbito familiar del hombre, para no dejarle otra alternativa que regresar a ella, si no es por amor, al menos por temor a las consecuencias de su enojo.
Los amantes posesivos creen haber establecido una pareja que al menos a ellos les satisface, y pase lo que pase, no están dispuestos a perderla. La otra persona (consideran) les pertenece definitivamente, como suele esperarse de un objeto cualquiera, al que no se le reconoce el derecho de tener otro punto de vista sobre la situación. Se aferran a esa persona sin reparar en los medios que utilizan para conseguir su objetivo. No aceptan perderla, a pesar de que la idea de pertenecer a alguien puede resultar odiosa para muchos (sobre todo en el caso de los hombres, que tradicionalmente se ven a sí mismos como poseedores, no como posesiones de las mujeres con quienes se relacionan.

Si una persona no ha alcanzado el nivel correspondiente a una sensación de identidad (…) tiende a “idolizar” a la persona amada. (…) Puesto que usualmente ninguna persona puede, a la larga, responder a las expectativas de su adorador, inevitablemente produce una desilusión. (Erich Fromm: El Arte de Amar)

Adèle H.

François Truffaut: Adèle H.

Adèle Hugo, hija del novelista Victor Hugo, se enamora de Albert Pinson, un oficial de la Marina inglesa, que le propone matrimonio, probablemente para seducirla. Adéle se niega al comienzo, pero luego se entrega a él (de acuerdo a la concepción de las relaciones amorosas del siglo XIX) confía que él cumpla con su palabra, cosa que él no hace, lo sigue a Canadá cuando por su carrera el hombre es asignado a Halifax y luego a Barbados, soporta las humillaciones a las que él la somete, con el objeto de desengañarla, se hace llamar Madame Pinson, simula un embarazo, etc. Ha perdido la razón, debe ser rescatada por su familia desde Europa y pasa el resto de su vida en un manicomio.
Los amantes posesivos se apoderan de quienes aman, no planean abandonarlos nunca, ni menos aún, ser abandonados por ellos. Poco importa que las parejas les informen que se sientan incómodas, que se resistan a esa pasión unilateral o que pretendan involucrarse en otras relaciones menos exigentes.

Letter from an Unknown Woman

Max Ophüls: Letter from an Unknown Woman

En Letter from an unknown woman, filme de Max Ophüls basado en la nouvelle de Stefan Zweig, Lisa, la protagonista, se enamora en plena adolescencia de un hombre mayor que ella, alguien que se fija en su persona, porque es un seductor que pasa de mujer en mujer, sin comprometerse con ninguna. El encuentro es fatal para los dos personajes, que no llegan a establecer una pareja, más que en la imaginación de la mujer, una figura perfecta de la pasividad-agresividad.
Cuatro años más tarde Lisa busca al mismo hombre, pasa una noche con él y queda embarazada, mientras él viaja al extranjero y pierde todo contacto con ella. Sometiéndose sin exigir nada a cambio, ella atrapa a quien hubiera podido ser su captor. Cuando lo reencuentra, nueve años más tarde, Lisa es una mujer casada, que no duda en arriesgar su matrimonio por acercarse de nuevo. La mujer se sale finalmente con la suya (en el intento de ligar su destino con el del hombre) después de muerta, gracias a la carta donde le revela todo lo sucedido y lo dirige hacia un duelo con el marido, que habrá de matarlo.

A diferencia de Medea, Adéle Hugo o Alex Forrest, Lisa no es nunca la acosadora con faldas, que causa horror en quienes la observan por su comportamiento demencial, sino la víctima que se limita a sufrir y por eso conmueve. Aparentemente ella ama sin poner condiciones, aunque en realidad solo atrapa lo que puede de un hombre que ni siquiera la recuerda. Los especialistas afirman que un personaje posesivo repite ese vínculo no importa con quien. Es una manera de relacionarse que revela la voluntad de controlar al otro.
En lugar de conectarse con alguien, abriéndose a la multiplicidad de situaciones que plantean los seres humanos, aplican siempre el mismo patrón de conducta. Puede dudarse de su capacidad para captar a tiempo las señales de falta de interés provenientes de la pareja. La empatía no es su fuerte.

Sunset Boulevard

Sunset Boulevard

Norma Desmond, protagonista de otro filme, Sunset Boulevard, obtiene por azar la compañía de un joven escritor que huye de sus acreedores, lo encierra en su mansión de vieja estrella de cine, lo viste, lo colma de regalos, y exige que él acepte el rol de amante y colaborador que ella ha decidido antes para su ex marido y director de cine, actualmente mayordomo servicial. Cuando el recién llegado se harta y la abandona, Norma no duda en matarlo.
La pérdida de pareja puede ser una experiencia intolerable. Personalidades narcisistas no se encuentran dispuestas a afrontarla. Infringir los códigos de la sociedad es la respuesta de aquellos que no toleran que se les aplique. Tanto el crimen como la locura demuestran que para ellos resulta menos penoso desconectarse de la realidad que reconocer su fracaso.

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