DELIRIO DE ACOSADORES


Tarjeta enviada por John Hinckley a Jodie Foster

Tarjeta enviada por John Hinckley a Jodie Foster

La actriz Jodie Foster fue acosada por John Hinckley, un joven admirador que había visto no menos de quince veces el filme Taxi Driver, donde ella interpretaba a una prostituta adolescente. Aunque no se conocían, le mandaba tarjetas postales en las que le pedía que permaneciera virgen para él. A comienzos de los ´80, no dudó en intentar el asesinato del presidente Ronald Reagan para ganar la notoriedad que hubiera debido convencerla de corresponder a su pasión. La lógica de esta situación delirante no es fácil de penetrar. ¿Estaba tan desconectado de la realidad que imaginó que sería posible matar a un Jefe de Estado y eludir toda responsabilidad? ¿Si se volvía tan famoso como ella, ambos tendrían fatalmente que encontrarse? ¿Al demostrar lo peligroso que podía llegar a ser, ella no dudaría en someterse a su voluntad?

Los hombres no suelen ser los más proclives a renunciar a sus proyectos de formar parejas, incluso cuando la realidad les advierte que esos planes distan de ser compartidos. A veces, ellos no se dan por enterados, como si se volvieran sordos (selectivos) a cualquier tipo de negativa. Por eso, poco les importa que los acepten o no. Si los rechazan, imaginan que la negativa es apenas una estrategia coqueta, destinada a incrementar el interés de la relación.
Si reciben el vacío por respuesta, prefieren creer que la rendición no tardará en ocurrir, sin condiciones de ningún tipo, superado el pudor inicial de sus víctimas. Imaginan que los aman en silencio o que son víctimas de una situación que les impide responder tal como desearían al acoso.
Acosadores (004)El término stalking (en inglés merodeo, acoso) comenzó a ser utilizado por la prensa a mediados del siglo XX. Espiar a alguien, no por casualidad, sino sistemáticamente, enviarle mensajes no deseados (sea por correo, teléfono o email) designa una serie de actividades incómodas para la víctima, que se prolonga en el tiempo. Cuesta pensar que se trate de una situación inexistente en el pasado. La explosión de las comunicaciones en los dos últimos siglos, ha suministrado nuevas herramientas a los acosadores. O si se prefiere, la disponibilidad de nuevas formas de comunicación se ha revelado un caldo fértil para quienes desean acosar.
No es raro que el acosador cause temor a sus víctimas. Mandan amenazas o destruyen su propiedad. ¿Cómo reaccionar ante alguien cuya identidad puede desconocerse y no obstante demuestra en los hechos haberse desconectado de la realidad? Ese miedo no detiene al acosador. Por lo contrario, se convierte en una herramienta más, que utiliza para lograr sus fines. Si causa miedo, puesto que no ha logrado seducir, anulará con menor esfuerzo la resistencia que pudiera encontrar.
El miedo es preferible a la seducción, porque limita la variedad de reacciones de las víctimas. Durante un proceso de seducción, las iniciativas que toma la otra persona alteran el proyecto inicial, sea para facilitarlo o ponerle obstáculos. En el amedrentamiento, en cambio, solo queda espacio para la obediencia de la otra parte.
Un patrón o un jefe acosan sin mayores riesgos a empleadas, que se ven en la disyuntiva de hacer concesiones que van desde el simulacro de no percibir las insinuaciones o la resignación a aceptar la intimidad sexual, con el objeto de conservar el trabajo, o mantener su integridad física y moral, pagando el precio de quedar desempleada.

Terence Stamp y Samantha Eggar: The Collector

Terence Stamp y Samantha Eggar: The Collector

En la relación desigual que plantean los acosadores, la respuesta de la otra parte, cualquiera sea, pasa a ser interpretada exclusivamente como la confirmación de aquello que ellos esperan. Tanto en la novela The Collector de John Fowler, como en ¡Átame! , el filme de Pedro Almodóvar, un secuestrador obtiene de su víctima, después de cuidadoso proceso de ablandamiento, la solicitud de ser abusada. Mecanismo perverso como pocos, la restricción de libertad de la persona que se dice amada, conduce a una exigencia no espontánea, pero sí explícita, de mayor control aún.

Antonio Banderas y Victoria Abril. ¡Átame!

Antonio Banderas y Victoria Abril. ¡Átame!

La línea que divide el arte de la vida puede ser invisible. Después de haber visto tantas películas hipnóticas y leído tantos libros sobre magia, una vida de fantasía puede desarrollarse y ser inofensiva o peligrosa. (John Hinckley)

Se entiende que la ficción sirva de salida a las fantasías de la gente que se supone equilibrada, por improbables que sean, porque en el fondo todos saben, desde que alcanzan cierta madurez en la infancia, que no se trata de modelos viables y solo son un juego. A pesar de ello, la realidad ha suministrado más de una imitación (atroz) del arte, intentada por desequilibrados que no se resignan a la diferencia entre los dos planos y dejan fuera cualquier imagen romántica.
Durante los años ´80, las jóvenes Kathy Allen y Brenda O´Connor fueron secuestradas por Leonard Lake, un veterano de la guerra de Vietnam y su amigo Charles Chi-Tat Ng. Ambos aspiraban a convertirlas en sus esclavas domésticas y obligarlas a secundarlos en sus filmaciones pornográficas, que habrían culminado en registros de asesinatos comerciados entre sus clientes perversos (las míticas snuff movies).peeping-tom-eye-hole
Por la misma época, Christopher Wilder, que asesinó a varias niñas, reconoció haber leído la novela de Fowles, que utilizó como modelo para concretar sus fantasías heterosexuales. Robert Berdella, en cambio, después de haber leído el mismo libro, secuestraba a hombres y los torturaba antes de matarlos.
Por tradición milenaria, a los hombres les corresponde tomar la iniciativa en materia de formación de parejas; por lo tanto, algunos de ellos suponen que las mujeres que caigan bajo su control, no atinarán a decirles o hacer nada que no coincida con sus deseos. La modernidad, que ha incorporado a las mujeres al campo laboral, les ha permitido educarse y aprueba leyes que las protegen, plantea más de una amenaza para el fantaseo de los acosadores. Ellas saben que tienen derecho a resistir la sumisión que pretenden imponerles, por lo que ellos se vuelven más agresivos que antes.
De acuerdo al estudio de Paul Mullen, Michele Pathé, Rosemary Purcell y Geoffrey W. Stuart, habría cinco clases de acosadores: a) los rechazados que intentan revertir la negativa que obtuvieron de sus víctimas, como sucede con aquellos que no terminan de resignarse a la ruptura de una pareja; b) los resentidos que solo aspirar a cobrar venganza; c) los que tratan de establecer una relación amorosa con las víctimas, de quienes por cualquier motivo se consideran la pareja ideal; d) los incompetentes que no pueden librarse de una fijación amorosa, a pesar de las evidencias de que su pasión no es correspondida; y finalmente e) los depredadores que persiguen y espían a sus víctimas, mientras planifican un ataque sexual.
Hoy la tecnología de las comunicaciones facilita nuevas modalidades de acoso y convierte en acosadores tan peligrosos a niños y adolescentes que antes hubieran postergado indefinidamente sus fantasías, por no contar con los medios para concretarlas.
Cualquier puede registrar imágenes y sonidos, recurriendo a un instrumental cada vez más flexible y económico. Los hackers arman falsos perfiles de Facebook o Twitter donde asumen avatares que impiden reconocerlos, penetran los archivos de los teléfonos celulares, activan a distancia las cámaras de las computadoras hogareñas, en unos casos para enviar los mensajes amenazantes que debieran doblegar la voluntad de sus víctimas gracias a la demostración de su poder, en otros con el objetivo de robar imágenes comprometedoras, que no tardan en divulgar por You Tube, como broma o chantaje.
En mala hora, el acoso se ha democratizado.

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