LA HONRA DE LAS PAREJAS


John William Watherhouse: Tristan e Isolda

John William Watherhouse: Tristan e Isolda

Cuando se postula a un empleo, hay que presentar un Certificado de Antecedentes policiales, un trámite que puede crear una barrera infranqueable para aquellos que han sido condenados por alguna falta, aunque hayan pagado por ello en la cárcel. La mancha queda. Los deudores morosos saben que corren el riesgo de que su insolvencia se haga pública, dado que existen registros que los definen como indignos de confianza para postular a otros créditos. El ámbito de la pareja debe ser resguardado, para que el error de uno de sus integrantes no se traslade inmediatamente al buen nombre del otro.

En el mundo actual, en el que tantas convenciones son sometidas al descrédito, el honor de la gente no es un factor que resulte indiferente. Que una novia no llegue virgen al matrimonio, tal vez no sea en la actualidad motivo de preocupación para los contrayentes, dado que ocurre a cada rato, mientras que podía derivar en una tragedia no hace mucho.

Deepa Metha: Water

Deepa Metha: Water

La moral sexual de hoy se revela bastante laxa en ciertos aspectos que pueden incidir en el buen nombre de la gente (las relaciones prematrimoniales, la homosexualidad) mientras que parece más estricta que nunca en otros aspectos (por ejemplo, la pedofilia). En el pasado, el honor era más frágil y se lo valoraba como un capital precioso. Establecer una pareja con una mujer que se ha porostituido, es un desafío insuperable para los protagonista de Water, el filme hindú de la directora Deepa Metha. La muerte de la mujer es, en pleno siglo XX, la única forma de lavar el pasado de una pecadora.

Mujeres engañadas, como las que aparecen en el teatro de Calderón de la Barca, se disfrazan de hombre y abandonan la seguridad de su mundo enclaustrado, para perseguir a los hombres que las deshonraron y exigirles que laven su buen nombre mediante el matrimonio.
Haber sido investigado por un delito, aunque luego el accionar de la Justicia no derive en acusaciones ni condenas, basta para enlodar la imagen de una persona. En el complejo entretejido de relaciones que tradicionalmente se dan en el interior de una pareja, la mujer depende en muchos aspectos del hombre (que a través del matrimonio le da un apellido a ella y sus hijos, la mantiene económicamente y la aísla de la codicia de otros hombres), mientras el hombre depende en otros aspectos de la mujer (que si es deseable aumenta la estima que la sociedad le reserva a su marido, que confirma su capacidad para conquistarla, engendrarle hijos y sostenerla económicamente). Tal vez las bestias salvajes no tengan como única alternativa terminar su vida como trofeos de un cazador, pero ese cazador no sería tal si no contara con la evidencia de que gracias a su destreza, puede dejar víctimas.

El hombre adquiere la honra por muchos títulos, unos por las armas, otros por las letras, otros por la riquezas y finalmente la adquieren muchos por la nobleza sus pasados; pero la mujer solo la adquiere por un título, es ser casta, honesta y virtuosa y en comparación de esta verdad experimentamos cada día en una mujer, que aunque sea de humilde nacimiento, siendo virtuosa se le da título de honradas y los príncipes y señores la respetan y veneran. (Doña Juana de los Remedios, religiosa de Cuzco, 1644)

Lorenzo Lotto: Micer Marsilio y su esposa

Lorenzo Lotto: Micer Marsilio y su esposa

Reservarse, apartarse de las vicisitudes del mundo, no es un proyecto viable para nadie. Si fueran muchos quienes lo siguen, la especie humana terminaría extinguiéndose. Fuera de eso, el retraimiento no es premiado en ninguna cultura. Solo sirve para alentar el abuso de quienes no lo respetan y más bien se sienten estimulados por la promesa de que no hallarán mucha resistencia. Mujeres de su casa y con la pata quebrada, como proclamaba el refrán español, son las víctimas ideales de todo tipo de abuso.
El Medioevo preocupado de temas tan ilusorios como la honra, puede ser visto como una época totalmente desconectada de la sensibilidad de un observador de hoy. Es otra visión del mundo, en el que el pensamiento científico se encuentra en retroceso y la religión disfruta un poder abrumador. A pesar de las diferencias, ciertas ideas del Medioevo se revelan inmunes a los cambios. La mentalidad colectiva se arma a partir del reciclaje de materiales antiguos, provenientes de otras construcciones del pasado, inefectivas en la actualidad, aunque el análisis más somero demuestre que se encuentran vigentes, pero disimuladas.

El honor se relacionaba con la imagen pública de cada mujer y de cada hombre del siglo XVIII. Cuando el honor de un sujeto era vulnerado, éste demandaba una restauración pública, que podía realizarse a través de una retractación verbal de la injuria o a través de un enfrentamiento con una violencia fuertemente ritualizada (un duelo o una riña, según ciertas convenciones conocidas): En ambas situaciones era fundamental la presencia de testigos, quienes luego harían circular el rumor del honor dañado o restituido. (Verónica Undurraga)

Joseph Anton Koch: Paolo y Francesca

Joseph Anton Koch: Paolo y Francesca

La reparación del daño sufrido por el honor de una persona, no dependía necesariamente de la verdad, sino de un enfrentamiento donde se ponía a prueba quién tenía mejor puntería, quién manejaba con mayor destreza un sable o dirigía mejor el golpe de sus puños, todas ellas situaciones en las que podían involucrarse sin obstáculos los hombres y en las que no hubieran podido competir las mujeres.
La defensa del honor era tradicionalmente una actividad masculina. La historia de Lucrecia, violada por Tarquinio, es ejemplar en cuanto revela que una mujer manchada, aunque se haya resistido a la agresión, tiene que morir por su propia mano, si no ha tenido la suerte de que su agresor la liquide. Sobrevivir sería un reconocimiento de que el honor de su familia puede ser reparado, cuando ella, para la opinión dominante, es responsable incluso de aquello que resistió.

VIENNA: Un hombre puede traicionar, incluso matar. Mientras conserve su orgullo sigue siendo un hombre. En cambio, una mujer, si tropieza, queda devaluada. Ser hombre es lo más fácil del mundo. (Phillip Yordan: Johnny Guitar)

Una mujer capaz de vengar la afrenta, pone en entredicho el honor de los suyos. ¿Qué clase de mujer es, que no necesita del apoyo de los hombres de su familia en los momentos críticos? ¿Acaso la afrenta que ella sufrió, no se ha contagiado a sus parientes masculinos? Una mujer autónoma es un peligro para los hombres, que conviene desalentar, sea mediante la sobreprotección, sea mediante el castigo.

Medea ayuda a Jasón a robar el vellocino de oro.

Medea ayuda a Jasón a robar el vellocino de oro.

Medea es la pareja de Jasón en el mito griego. Ella es una mujer poderosa, no solo por haber nacido en el seno de una familia real, sino por su conocimiento de artes oscuras, que debieran inspirar temor a quienes se atrevan a enfrentarla. A pesar de todo lo anterior, traicionó a los suyos por amor a Jasón, le dio dos hijos y aceptó el exilio. Lejos de su patria, se entera de que su pareja la abandona y se va a casar con otra, porque el matrimonio le asegura su ascenso al trono.
Medea responde entonces con una ferocidad que, dados sus antecedentes, no debería sorprender a nadie. La han ofendido y eso no lo tolera. Mata a la prometida de Jasón, causa en el país que la acogió un daño similar al que causó en su patria, mata a sus propios hijos y se retira en un carro tirado por dragones. En el curso de esta tragedia ¿ha necesitado que alguien la vengue? No. Tampoco tiene a ningún pariente o amigo a quién recurrir. Como fruto del descontrol de sus pasiones, debe componérselas por sí misma y al hacerlo es eficaz y causa horror, no respeto. Una mujer que venga la ofensa que recibió, no suele ser vista por la cultura paternal como una heroína, mientras que un hombre que hace algo parecido, es presentado como ejemplo de comportamiento para otros de su género.

En la calle, el varón aprende (…) el honor. La defensa del honor se traduce en el aserto “nunca te dejes avasallar”, esto es, nunca ofrecer servidumbre o reconocer jerarquía a quien no ha demostrado superioridad por algún medio lícito (…). El principio de honor se basa en una consideración más general: “en la calle todos somos iguales”. (…) La igualdad es un bien que se debe conquistar (…). El varón debe demostrar su capacidad para resolver sus problemas por mano propia. Para los varones populares, la afirmación de la autonomía constituye una forma de distanciarse respecto de los caminos ‘malos’ que acechan en el barrio: es una defensa de la virtud, una opción por la decencia. Ser fuerte es una forma de decencia. (…) En sus interacciones grupales los niños aprenden (…) que lo masculino es importante: en primer lugar, que la homosocialidad es la regla de comportamiento de un varón, quien sólo se siente digno en compañía de otros varones; que las figuras masculinas son importantes; los hombres saben, son infalibles y deben ser imitados; un hombre está para cosas grandes, para sobresalir y dominar a otros. (Abarca Paniagua: Discontinuidades en el modelo hegemónico de masculinidad)

Piropo a mediados del siglo XX

Asedio callejero a mediados del siglo XX

Hay quienes confunden sus deseos con la realidad. Esto no resulta demasiado extraño, sobre todo cuando se trata de padres, líderes religiosos y políticos, también docentes, personas que tienen a su cargo la instrucción de los jóvenes y se han propuesto imponerles sus proyectos de vida (poco importa si ellos los llevan a la práctica o no). Cuando la realidad les demuestra que se equivocaron, pueden darle la espalda para no ver vulnerada su autoestima. Ellos son los más propicios a plantear esquemas valores que el resto del mundo debería adoptar, sin tomar en cuenta los obstáculos muchas veces insuperables que derivan de tal imposición.
Las noticias policiales de la actualidad, dan cuenta de crímenes de honor: padres que castigan a sus hijos porque les fallaron, maridos que asesinan a las esposas que se atrevieron a buscar la libertad, matrimonios que se consagran para evitar la vergüenza de una descendencia nacida al margen de la institución.
El absurdo de la preocupación por la honra y las actitudes crueles que no tienen mejor justificativo que la preservación o el lavado de la honra, solo pueden verse desde el exterior de una ideología que se mantuvo vigente desde el Medioevo, y que la modernidad no ha terminado de disipar. Todavía hoy, hombres y mujeres se creen obligados a unirse, vengar ofensas o tolerar restricciones morales que corresponden a una sociedad y una época que para ellos resulta distante y ajena.

¡Dejar un nombre! Efectivamente, dejarlo, y no llevárselo consigo. ¡Dejar un nombre en la Historia! ¡Qué locura, junto a llevarse un alma a la eternidad! Parece imposible que se ame más al nombre que a sí propio. He aquí otra forma de esa mortal esclavitud que hace que sacrifiquemos nuestra realidad a la apariencia que de nosotros hay en las mentes ajenas, que sacrifiquemos nuestro propio ser al concepto que de nosotros se ha formado el mundo. (Miguel de Unamuno: Diario Íntimo)

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