INFIELES Y POLIAMOROSOS


La Bonheur

La Bonheur

La vida en pareja es con frecuencia conflictiva. Conciliar los intereses de dos seres humanos durante una prolongada etapa de vida en común, no sólo cuando están atraídos sexualmente el uno por el otro, sino también después de que esa atracción pierde la urgencia inicial, para derivar en rutina, es algo que desespera a muchos y los invita a hacer trampa. Algunos son descubiertos por sus parejas y otros mantienen el engaño, que puede derrumbarse en cualquier momento y sumirlos en el caos. Los adversarios declarados del matrimonio no son tantos y su voz no suena demasiado creíble.

Contra el matrimonio (…) hemos levantado la bandera de la unión libre. Estamos convencidos de que al abolir el matrimonio religioso, civil y jurídico, restauramos la vida, la realidad y la moralidad del matrimonio natural, basado exclusivamente sobre el respeto humano y la libertad de dos personas: un hombre y una mujer que se aman. Estamos convencidos de que al reconocer la libertad de ambos cónyuges a separarse cuando lo desean, sin necesidad de pedir el permiso de nadie para ello (…) los unimos más el uno al otro. (Mijail Bakunin: La mujer, el matrimonio y la familia)

Lou Andreas Salome

Lou Andreas Salome y sus amigos

La intelectual Lou Andreas Salomé aparece en una fotografía de comienzos del siglo XX con dos hombres que tiran del carro donde ella va sentada y esgrimiendo un látigo innecesario, porque los varones parecen estar acuerdo con la sumisión que se les reclama. Ellos son el escritor Paul Ree y el filósofo Friedrich Nietzsche. Falta Friedrich Andreas, el marido de Lou. En otros momentos de la vida de Lou, hubieran podido sumarse al grupo los escritores Paul Ree y Rainer María Rilke, como el médico Sigmund Freud.

Todos debieron aceptar las difíciles reglas de convivencia que ella planteaba a los hombres se le acercaban atraídos por su belleza e inteligencia. Estas relaciones excluían el contacto sexual, por decisión de la mujer. Ella buscaba el desarrollo de parejas intelectuales, basadas en la indudable atracción que ejercía sobre los hombres. Antes que en su propia satisfacción erótica, Lou se interesaba en las ideas que sus parejas fueran capaces de traer al mundo.

Visto a la distancia, se necesita gente excepcional para emprender un experimento como ese, en el que la promesa de infelicidad ronda todo el tiempo. Friedrich Andreas consiguió casarse con Lou después de intentar suicidarse frente a ella. Aunque esto le facilitó la aceptación de la mujer, no le aseguró que ella aceptara mantener relaciones sexuales con él, Años más tarde, Ree se mató en el mismo sitio donde había conocido a Lou y Nietzsche acumuló un intenso rencor contra ella, manifestado en cartas y poemas. El proyecto de relación no exclusiva fracasó repetidamente.

Jules et Jim

François Truffaut: Jules et Jim

Jules et Jim, el filme de François Truffaut de comienzos de los ´70, reconstruye la utopía de un triángulo amoroso de los años ´20, cuyos participantes son amigos que deciden no esconderse nada. El centro es una mujer dominante (y desequilibrada) que finalmente arrastra a los dos hombres a la soledad y la muerte. El modelo planteado por la ficción es desalentador para los espectadores que intenten seguirlo.

En La Bonheur, un filme de Agnés Varda de mediados de los años `60, un padre de familia, que ama a su esposa, ama también a otra mujer y plantea la hipótesis de compartir la vida con ambas, una situación que la esposa no tolera y la conduce al suicidio.

Drei

Tom Tykwer: Drei

Casi medio siglo más tarde, Drei, un filme de Tom Tykwer retoma el triángulo amoroso y concluye con el acuerdo idílico entre dos hombres y una mujer que comparten la misma prole y la misma cama. La situación que hasta no hace mucho parecía condenada a representarse como una tragedia, que debía resolverse mediante la eliminación de al menos uno de los participantes del conflicto, en el imaginario actual adquiere un desenlace de comedia o cuento de hadas. ¿Acaso es tan fácil en la realidad que lleguen a entenderse varios amantes, cuando la experiencia de la vida en pareja demuestra que la coexistencia de apenas dos personas plantea tantos problemas insolubles?

En La Intrusa, un cuento de Jorge Luis Borges, dos hermanos se alternan en el disfrute del cuerpo de una misma mujer, una prostituta que uno de ellos termina comprando en el burdel donde ella se encuentra disponible. A pesar de que la mujer no ofrece la menor resistencia, termina por despertar sus celos, una situación que les inspira la idea de asesinarla. La actividad sexual, con su carga de emociones difíciles de controlar para quienes las experimentan, es vista como una evidencia de debilidad de carácter, que debe ser extirpada, para que no estorbe las relaciones familiares.

La infidelidad es una de las situaciones más frecuentes que incide en la ruptura de parejas y el dolor que se causa a quienes las componen. Muchos consideran que el compromiso mutuo de excluir las relaciones íntimas con otras personas, otorga duración y profundidad a la vida en pareja. Si no se consigue ser capaz de afrontar las dificultades que entrañan la promesa de fidelidad hecha ante el Estado y la Iglesia, si se aprecia a la monogamia como una limitación intolerable, ¿cómo ver un comportamiento similar de la otra parte? ¿Qué podría esperarse, cabe preguntar, fuera del engaño y la traición, la burla de los vínculos, de parte de aquellos que no se anuncian dispuestos a eludir las tentaciones?

Portesta contra poligamia en Indonesia

Portesta femenina contra poligamia en Indonesia

El poliamor es un término inventado hace pocos años, aunque no corresponda a una situación demasiado nueva. Eso ha ocurrido con otros aspectos que de la vida erótica que tampoco eran nombrados. El poliamor surge en un contexto de relajamiento de las costumbres tradicionales, donde adquieren mayor visibilidad (y menor represión) el intercambio consentido de parejas, el sexo casual, la bisexualidad, las prácticas grupales y otras situaciones que en el pasado se condenaban sin apelación y hoy pugnan por ser entendidas o incluso aceptadas.

Los defensores del poliamor lo califican como una muestra de honestidad, que reconoce la complejidad imprevisible de las relaciones entre las personas. ¿Quién podría comprometerse para siempre en una relación exclusiva? ¿Por qué se aprecia tanto la posesión de la otra persona, implícita en la fidelidad, que arrastra inevitablemente la sombra de la sumisión, el maltrato y los celos? ¿Quién podría exigir un compromiso vitalicio de su pareja, cuando sobran las evidencias de que eso resulta improbable?

Poliandria

Poliandria

La modernidad aceptó nombrar al poliamor, cuando en el pasado se prefería darle la espalda, aunque existiera a la sombra del recato y la culpabilidad. Hay gente que se ve a sí misma como incapaz de mantener una relación exclusiva y en forma complementaria se siente cómoda compartiendo su vida con dos o más parejas. A diferencia de lo ocurre en las parejas tradicionales, donde no se cuenta toda la verdad mientras no se esté obligado a hacerlo (por ejemplo, mientras no se descubra la infidelidad) el proyecto poliamoroso plantea un desafío riesgoso: nada se oculta, la verdadera fidelidad sería no esconder nada a la persona con quien se comparte la vida.

Las reglas de una relación de pareja poliamorosa, deberían ser explicitadas previamente, no acomodadas para resolver el conflicto nacido de la infidelidad. En tal caso, el poliamor sería un acuerdo negociado libremente entre las partes, no una transacción con el objetivo de evitar el quiebre de una pareja tras las evidencias de una infidelidad que se hubiera preferido esconder.

Entre las categorías del poliamor se distinguirían:

Relaciones jerarquizadas, en las que hay una pareja que tiene más peso que las otras, aunque todas se consideren legales. Se dan tradicionalmente en la cultura islámica (que aconseja un máximo de cuatro esposas, a quienes el marido está obligado a tratar con ecuanimidad), en la cultura incaica, entre los mormones y aparecen toleradas en la Biblia (es el caso de Lamec, Abraham, Jacob, David y Salomón, hombres en muchos aspectos ejemplares pero no monógamos). Como las relaciones siempre se construyen en torno a la figura de un hombre poderoso y varias mujeres que él considera atractivas, dan la impresión de ser una manera de justificar la discriminación de la mujer en culturas patriarcales. Algunas esposas tienen más derechos que las otras, por el hecho de haber sido elegidas antes, y todas se encuentran subordinadas al deseo de placer y descendencia del hombre, que ellas pugnan por satisfacer.

Matrimonio grupal, en el que todos los participantes se consideran asociados sexualmente unos con otros y comparten la descendencia. Fue una modalidad resucitada por las comunas anárquicas de los hippies, durante las últimas décadas del siglo XX, que de vez en cuando emergen a la luz pública, cuando se investiga a sectas de la actualidad. Lejos de ser una estructura propia de la modernidad, recicla viejas experiencias comunitarias utópicas.

Relaciones mixtas, donde uno de los miembros de la pareja es monógamo y el otro puede mantener relaciones con otras personas, con pleno conocimiento de la primera. Es una modalidad que se ha desarrollado en la modernidad, casi siempre para dar por superada la desventaja habitual de las mujeres. A pesar de los argumentos de sinceridad absoluta que se esgrimen, la falta de simetría suele derivar en conflictos que terminan destruyendo a la pareja inicial.

Polifidelidad, en la que se dan varias relaciones emocionales y la comunicación sexual queda limitada a ciertos participantes, mientras se niega a otros. De nuevo, la condición fundamental parece ser no esconder nada, aunque esto aumente las oportunidades de causar dolor a alguna de las partes implicadas.

Poligamia en sus dos variantes, la poliginia o relación de un hombre con varias mujeres, y la menos frecuente poliandria o relación de una mujer con varios hombres (tal como se daba tradicionalmente en la India (la mujer se casaba simultáneamente con un hombre y sus hermanos) una modalidad que todavía persiste en comunidades del Tibet).

Bajo la denominación de poliamor, acuñada probablemente con el objeto de otorgarle una apariencia respetable, fuera de cualquier discusión y actualizada, a una situación que suele resultar humillante para una de las partes (convivir con la infidelidad de la otra) se oculta una serie de experiencias menos civilizadas, de traición y ocultamiento, que tienen como componentes habituales la impunidad de los hombres que no aceptan los compromisos y la subordinación de la mujer.

¿Se está asistiendo a un debilitamiento de la monogamia y el retorno paralelo de otras formas de vida en pareja? Es arriesgado afirmarlo. No hace mucho, la aparición de la píldora anticonceptiva hizo creer que la liberación de los viejos tabúes sexuales que marginaban a la mujer se había convertido en una realidad irreversible. Poco tiempo después, las enfermedades de transmisión sexual (entre las cuales el VIH) hicieron su entrada para frenar las ilusiones de quienes veían llegada la hora de reivindicar formas de poligamia largamente reprimidas y estimular el regreso a la pareja única.

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