CONTRA EL MUNDO: PAREJAS DESAFIANTES


Rubens: Sansón y Dalila

Rubens: Sansón y Dalila

Lo más probable es que las parejas humanas se formen y mantengan unidas para satisfacer las demandas habituales de la sociedad en que la que se han formado. Se supone que a cierta edad, los hombres y las mujeres que gozan de buena salud deben casarse y reproducirse, no de cualquier modo, sino siguiendo las normas establecidas (que pueden ser muy estrictas, incluso en aquellos pueblos que se supone primitivos) para situaciones como esas. Las religiones monoteístas no suelen ser muy comprensivas cuando se le presenta la dificultad de establecer parejas de distintos credos. La Biblia abunda en ejemplos aleccionadores de parejas que no funcionan bien, porque se han armado sobre bases inadecuadas, de acuerdo al criterio de quienes los rodean.

Jezabel era una princesa fenicia, adoraba otros dioses y trajo la desgracia al rey Acab, su marido israelita. Sanson y Dalila estaban condenados a no entenderse: él era israelita, ella filistea, y si lo sedujo fue para destruirlo. Sobre la relación de Holofernes y Judith, se sabe que no podía prolongarse más allá de una noche, porque ella había aceptado entregarse al enemigo, solo para degollarlo cuando estuviera desprevenido.

La historia de David y Bethsabé desconcierta. El Rey perdió todo control después de haberla visto desnuda. Se propone poseerla, a pesar de que ella estaba casada. Mandó al marido al frente de batalla, donde casualmente murió, se casó con ella desafiando la opinión de sus consejeros, y luego debió negociar con Dios mismo el perdón de sus faltas.

Fra Filippo de Tomasso Lippi sufrió la muerte de sus padres durante la infancia. Los parientes lo entregaron al cuidado de los monjes del Carmen en Florencia, a los ocho años, a comienzos del siglo XVI. Fue la mejor decisión, pudo pensarse, cuando profesó los votos religiosos a los quince años y paralelamente se convirtió en discípulo de Masaccio, el más famoso pintor de la época. El huérfano crecía en un ambiente protegido y hallaba la manera de desarrollar su capacidad creativa.

No obstante, Lippi no debió sentirse demasiado feliz con la vida en el claustro, que no había elegido y que hubiera podido disfrutar sin mayores apremios. La Iglesia era el principal cliente de los artistas de la época. Lippi utilizó como modelo de sus pinturas religiosas a una monja, Lucrezia Buti, treinta años más joven que él. Su interés no era solo profesional, porque la secuestró del convento durante una procesión y la convirtió en su amante, cuando él había cumplido cincuenta años, para escándalo de una comunidad que podía ser poco virtuosa en privado, pero guardaba las apariencias en público. El Papa Pío II admiraba al artista y dispensó a ambos de sus votos religiosos, con lo cual permitía la celebración del matrimonio (una autorización que el pintor desaprovechó).

Filippo y Lucrezia tuvieron un hijo, Filipino Lippi, reconocido como talentoso pintor, y luego una hija, Alessandria. De acuerdo a Giorgio Vasari, que narró las historias escandalosas de grandes artistas de su época, los parientes de Lucrecia envenenaron al pintor, para vengar la ofensa que había caído sobre ellos. La historia de la pareja fue utilizada en el siglo XIX por el poeta Robert Browning y en el siglo XX por Gabrielle D´Annunzio, hasta convertirse en un emblema de los enamorados que enfrentan a poderes superiores a su pasión.

La posibilidad de discrepar del criterio dominante en un determinado ambiente sobre la elección de pareja, hace retroceder a quienes se sienten tentados de hacerlo. Una elección como esa, que podría considerarse restringida a la privacidad, tiene consecuencias duraderas sobre todas las actividades de un ser humano. Lord Byron era un poeta reconocido, a comienzos del siglo XIX, en Inglaterra. Sus efímeras relaciones heterosexuales (y algunas homosexuales) habían sido aceptadas como evidencias de su extravagancia. La relación con Augusta Leigh, su hermanastra, en cambio, superó la buena voluntad de sus contemporáneos. El rumor atribuyó a Lord Byron la paternidad de una hija de Augusta y precipitó su destierro, para evitar que fuera juzgado por incesto.

Nunca he dejado ni puedo dejar de sentir por un momento, el perfecto y desatado lazo que me une a ti, que me convierte en alguien profundamente incapaz de un amor real por cualquier otro ser humano. (..) Cuando amo algo, es porque me recuerda a ti de algún modo. (Lord Byron: carta a Augusta Leigh)

La pareja formada por el escritor Oscar Wilde y el joven Lord Alfred Douglas fue desafiante en varios sentidos. Planteaba una relación erótica entre dos hombres, que para colmo pertenecían a distintas clases sociales. Todo eso ocurría en un ambiente apegado a las formalidades, como Inglaterra de fines del siglo XIX. Lo peor de todo, ponía en ridículo a una familia de la nobleza. La respuesta no fue la tolerancia que Wilde reclamaba para sí, como artista y extravagante, sino un proceso judicial, el encarcelamiento y por último el destierro y la separación de los amantes. Una pareja como esa estaba inevitablemente condenada al fracaso. El hombre maduro y el efebo solo podían coincidir fugazmente, porque el joven estaba condenado a crecer, perdiendo su encanto durante el proceso, mientras el pederasta se vería obligado a buscar un nuevo objeto de sus fantasías.

Sociedades más pragmáticas, como la espartana y la japonesa, no se preocupaban de restringir esas parejas del mismo sexo. Relaciones de ese tipo no duraban más que unos años. Para los espartanos, una cosa era la conducta del guerrero en el cuartel, con sus iguales, y otra en el seno de su familia. Al alcanzar cierto grado de madurez, los jóvenes que habían cumplido el rol de aprendices de samurai, quedaban fuera de la subordinación previa, para casarse y cumplir con sus deberes al procrear hijos que pondrían al servicio del Emperador.

Las restricciones sociales más severas en la sociedad tradicional, afectaban a relaciones de pareja que pudieran tener futuro. Si una relación era fugaz, como la planteada en la prostitución, daba lo mismo con quien se involucrara alguien. Casarse y tener hijos imponía otros criterios, más restrictivos.

 Miscegenetion (mestizaje) es el término inglés que indica el asco de la sociedad tradicional ante una posible contaminación racial. Había sido normal que los hacendados blancos utilizaran a sus esclavas para disfrutar el sexo con ellas y la ventaja adicional de engendrar hijos esclavos que incrementaban el capital del hombre. La misma situación con mujeres negras libres, no podía ser tolerada por los sectores más conservadores.

Mildred Jeter y Richard Loving

Mildred Jeter y Richard Loving

Se comenzó a hablar de miscenetion durante la Guerra Civil norteamericana. Varias leyes prohibieron durante un siglo, en distintos Estados, la legalización de las parejas interraciales. A mediados de los años ´60 del siglo XX, la pareja formada por Mildred Jeter y Richard Loving (ella negra, él blanco) fue condenada a un año de cárcel en el Estado de Virginia, por haberse casado. La sentencia quedó en suspenso, con la condición de que abandonaran Virginia. Lo que importaba era que el mal ejemplo no cundiera.

La represión de las parejas de distintas etnias, reapareció en la Alemania nazi, para evitar las relaciones entre arios y judíos. En Sudáfrica, desde 1945 a 1985, las leyes del apartheid condenaban a la cárcel a quienes incurrieran en ese desafío. Las personas que no estén satisfechos con esas normas, deberán resignarse a cierta dosis (grande o pequeña) de infelicidad. Será el precio que pagan para que no se los margine o someta a castigos.

Algunos encuentran la manera de infringir las reglas en privado, sobre todo en las grandes ciudades, un ámbito en el que las parejas se mueven con mayor libertad y pueden eludir el control y las sanciones del colectivo. Por eso en la cultura urbana proliferan el adulterio, la prostitución y se establecen parejas que sirven como pantallas de otros estilos de vida, que no son precisamente los aceptados por la mayoría.

Junto a lo anterior, hay también parejas (son las menos) que proclaman su falta de respeto por las convenciones que venera la sociedad. Por distintos motivos, que van desde el haber sido descubiertos hasta la voluntad de exhibirse como modelos de vida alternativos, enfrentan a la opinión mayoritaria y proclaman la decisión personal de continuar una relación que la mayoría reprueba.

Tanto en las clases altas, que se sienten libres de las restricciones morales y económicas de la mayoría, como entre los más pobres, que no llegan a reunir los recursos mínimos para alcanzar ese modelo, surgen las parejas que se oponen a los valores tradicionales.

Si en Francia la relación de un monarca con una mujer casada, no había despertado mayores resistencias de la sociedad (siempre y cuando no entregara derechos sucesorios a los descendientes), en Inglaterra, comenzando el siglo XX, la decisión de Edward VIII de convertir a Wallis Simpson, que había estado casada un par de veces, en su pareja legal, planteando una crisis institucional que solo mostraba dos salidas: la renuncia a la pareja o la abdicación al trono.

Como Edward optó por la segunda, la pareja fue obligada a vivir casi cuatro décadas en el exilio, un destino costeado por la corona, y no obstante indicador de la persistencia de una condena. Edward murió en el exilio y Simpson fue recibida por la familia real, solo una vez, después de la muerte del marido.

Más de medio siglo más tarde, el conflicto entre el Príncipe Charles y su esposa, Diana Spencer, rreveló la existencia de una tercera en discordia, una vieja amiga del Príncipe llamada Camila Parker-Bowles, por entonces casada. Gracias a la muerte de Diana y el divorcio de Camila, se halló una solución que no molestaba a nadie. Charles quedaba libre de casarse con su amante de décadas, reconocida por el resto de la familia real y las aguas volvían a su cauce. Los intereses de la pareja y aquellos de la comunidad se conciliaban.

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