EN BUSCA DE LA PAREJA IDEAL


Las cosas de la vida / contigo se viven mejor. / Todo es amor / si estamos juntos los dos / porque tomados de la mano / no hay nada en el mundo igual. / Siempre seremos la pareja ideal. (Marco Antonio Solís)

Dante y Beatrice

Dante y Beatrice

A pesar de las estadísticas contundentes de divorcios y separaciones, no obstante los altos porcentajes de fugaces uniones de hecho, que suelen ser informados por la prensa y los reality shows de la televisión, las canciones de amor del pasado y la actualidad siguen difundiendo la utopía de una relación perfecta entre dos, que todos los días se da inexplicablemente y constituiría el mayor logro personal para cualquiera.

Una vez que el amor une a una pareja, se sugiere, esa pareja se mantiene sin mengua por el resto de la vida de sus integrantes. Con esto se refuerza sin decirlo (y es probable que también saberlo) al mito platónico de La Caverna, donde los seres humanos que en su origen eran dobles y fueron separados por Zeus, tienden a reencontrar la mitad perdida. Al reencontrarla, recuperarían el estado inicial que no dejan de añorar.

A mediados del siglo XX, se produjo un quiebre en los roles tradicionales de la pareja humana que se habían mantenido sin mayores cambios durante siglos. La modernidad los trastornó en apenas un par de generaciones, hasta volverlos irreconocibles. No solo se esfumó la ilusión de que la unión de un hombre y una mujer se establecía por el resto de sus vidas, con el objeto de procrear; también se puso en duda que los únicos integrantes de una pareja debieran ser un hombre y una mujer.

Para las mujeres, el hombre ideal debía cumplir varias funciones simultáneas. Era aquel capaz de seducirlas con un discurso elevado y capaz de suspender la natural resistencia de ellas ante cualquier cosa que atentara contra su pudor. Debía ser también el proveedor que aportara dinero al hogar, con el objeto de sostener a la familia que formaba con su legítima esposa. A él le correspondía iniciar a su mujer en el ámbito de la sexualidad, enseñándole para qué servía su cuerpo, hasta entonces deseado y halagado, pero carente de autonomía. También sería quien controlara el patrimonio y las decisiones de la mujer, librándola de preocupaciones para las cuales ella no se encontraba preparada y que podían distraerla del cumplimiento de sus deberes.

En los cuentos de hadas, el Príncipe Azul despertaba de su sueño virginal a la Bella Durmiente y de su muerte aparente a Blanca Nieves. Si ellos hubieran pasado de lado, ellas habrían debido continuar esperando. Si ellos hubieran sido menos atractivos, ellas habrían debido conformarse con lo que la suerte les había destinado. Gracias a la llegada del marido, la mujer dejaba de ser una carga para su familia paterna y se convertía en la respetada fundadora de otra familia.

Para los hombres, una sola mujer no era capaz de satisfacer todas las expectativas elaboradas respecto del sexo opuesto. Por un lado estaba la esposa y madre de sus hijos, que llegaba virgen al matrimonio y se conservaba lejos del mundo, para dedicarse a cuidar la crianza de los niños y atender al marido en lo que él dispusiera. Por el otro, estaba la mujer (tal vez no solo una) con la cual un hombre hallaba satisfacción sexual. Era imprudente esperar que una sola mujer cumpliera a cabalidad ambas funciones. Más aún, era sospechoso de lo peor, que una esposa dominara las artes de una amante o una prostituta. Desde la Antigüedad, la persistencia del matrimonio quedaba asegurada gracias a esta firme división de roles.

En el pasado, la gente esperaba la llegada de la pareja ideal que se había definido en su cerebro, y mientras tanto dejaban pasar las oportunidades de establecer las parejas menos satisfactorias que las circunstancias le ofrecían, porque una vez concretada la relación, se volvía bastante difícil deshacerla. El matrimonio era visto como una institución respetable o al menos difícil de burlar, cuando se la había aceptado por convicción o inmadurez.

Que un hombre decida comprometerse a vivir en pareja con la mujer que soñó (aunque no sepa qué oscuros mecanismos de su psiquis lo impulsan a un acto que mejor fuera meditado) o que decida no comprometerse a vivir en pareja con nadie, hasta encontrar precisamente a la mujer soñada, son decisiones más frecuentes de lo que se piensa, y no es raro que conduzcan a la decepción o la soledad, porque los sueños distan de ser la guía más confiable para organizar la vida cotidiana sobre algo que soporte los contratiempos que tarde o temprano habrán de presentarse.

Cuántos amaron tus momentos de alegre gracia / y con falso amor o de verdad amaron tu belleza, / pero solo un hombre amó en ti tu alma / peregrina / y amó los sufrimientos de tu cambiante cara. (W.B.Yeats)

W.B.Yeats

W.B.Yeats

El escritor William Butler Yeats, conoció en 1889 a Maud Gonne, una actriz y militante del feminismo y la causa independentista de Irlanda, que rechazó repetidamente sus declaraciones de amor (estaba enamorada del político izquierdista francés Lucien Millevoye, con quien no se casó). Cuando Yeats le propuso nuevamente matrimonio a Gonne en 1891, obtuvo otra negativa. Gonne y Millevoye tuvieron dos hijos entre 1893 y 1895, de los cuales solo Isseult Gonne sobrevivió. En 1899, la actriz y el político dieron por terminada su relación.

Yeats viajó a Paris para reiterar la propuesta de matrimonio y la respuesta fue la misma. Ella inspiró la poesía patriótica de Yeats, el estudio del folclore irlandés y su posterior dedicación al teatro. Gonne no era una mujer que le gustara vivir sola. Se casó en 1903 con John McBride, un nacionalista irlandés y veterano de guerra, que más tarde fue fusilado por los ingleses. Al saber que su amada había quedado viuda, Yeats volvió con las intenciones de siempre, obtuvo la misma negativa y descubrió a la joven Isseult, que tampoco accedió a convertirse en su pareja.

Solo en 1912, a los cincuenta y dos años, Yeats consiguió casarse con la medium Georgie Hyde-Lee, quien colaboró en su trabajo poético y le dio dos hijos. Gonne no perdió su calidad de musa del poeta, que la exponía a ser considerada (le gustara o no) como la destinataria de sus obras.

La posibilidad de que alguien pueda encontrar en este mundo a la pareja soñada, es más alta de lo que se supone, no solo porque los ideales no son demasiado variados, sino porque el enamoramiento vuelve ciegos a quienes afecta, impidiéndoles distinguir los detalles de la realidad que no coinciden con las imágenes que tenían en su mente.

Idealización es un proceso que envuelve al objeto; sin variar de naturaleza, es engrandecido y realzado psíquicamente. (Sigmund Freud)

Dante Alighieri vio unas pocas veces a Beatrice Portinari, que le bastaron para que escribiera La Divina Comedia y La Vida Nueva. Eso no impidió que ella y él organizaran sus vidas por separado, con otras parejas, que les dieron hijos y probablemente cierta estabilidad emocional. Sobre esto no se puede afirmar mucho, porque el punto de vista de Beatrice lo desconocemos (a nadie le ha importado constatar si ella se sentía cómoda con la idealización de la que era objeto, o si al menos se enteró de lo que ocurría en la mente de Dante, sin consultarla).

Lewis Carroll y Alice Liddell

Lewis Carroll y Alice Liddell

Cuando se observa la relación de otra pareja idealizada de la Literatura, la que estableció en su imaginación Charles Dogson (Lewis Carroll) con la impúber Alice Liddel, se nota que la mujer real no tiene mucho que aportar, porque el hombre que la idealiza se encarga de todo. Si al leer el texto que inspiró, ella se entera de la pasión que despertó, es con evidente repugnancia. ¿A quién puede agradarle ser fantaseado por otra persona? El cortejo imaginario se parece demasiado a una violación no consumada.

El ideal de una pareja puede transformarse en un estorbo, cuando se intenta concretarlo en la realidad, pero también en impulso formidable cuando se desvía hacia otras actividades, como fue el caso de Dante o Carroll. Para el común de la gente, la pareja es una fuente de insatisfacciones, a pesar de lo cual resulta difícil renunciar al intento de establecerla.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: