REHACER PAREJAS, ENSAMBLAR FAMILIAS


 

Fernando Botero: Pintura

Fernando Botero: Pintura

En la sociedad tradicional, las parejas se reunían por el resto de la vida, tanto si la relación se encontraba fundamentada en el amor y el respeto mutuo, como si se mantenía gracias a la combinación de abuso de una parte y la resignación de la otra. Separarse estaba mal visto. Podían establecerse relaciones paralelas, en el caso de los hombres, que sus parejas toleraban mientras no fueran demasiado escandalosas ni perturbaran la transmisión del patrimonio.

Formalizar una nueva pareja, después de haber quebrado una relación previa, tampoco estaba bien evaluado por la sociedad. A mediados del siglo XX, esas convicciones que habían sido tan firmes, comenzaron a deteriorarse. La separación y el divorcio que desde el Medioevo habían sido privilegio de la clase dirigente, pasaron a ser reclamados por la gente común, que no se resignaba al fracaso del proyecto de pareja y pretendía rehacer sus vidas.

Algunos de los impedimentos para los segundos matrimonios son la experiencia del matrimonio previo y la creencia popular (que se refleja en las estadísticas) de que los segundos matrimonios son más vulnerables. (Margorie Enge: Familias ensambladas en todo el mundo)

En la actualidad, se calcula que un tercio de los matrimonios que se celebran en Europa, desembocan al cabo de poco tiempo en divorcio. En los EEUU el porcentaje es todavía mayor. Esto indica que una gran número de personas que no se resignan a permanecer solas (75% por las mujeres y 90% de los hombres) por lo que pretenden armar una segunda o tercera pareja. De acuerdo a la asociación Stepfathers of America, esta situación será todavía mayor dentro de una década.

La imagen de las familias ensambladas (según la denominación acuñada por la psicóloga argentina María Silvia Dameno, cuando se las compara con las originales, no es demasiado favorable, tanto para la Religión y la Ley, como para la opinión dominante. Han surgido de las ruinas de una experiencia que fracasó, que no se atinó a sanear y arrastra la memoria y las evidencias traumáticas de lo que pasó (por ejemplo, los hijos que deberán reacomodarse a la nueva situación).

No todo el mundo tiene las mismas posibilidades de encontrar una segunda pareja, después de afrontar la quiebra de la primera. Las mujeres, se ha comprobado, al envejecer ven drásticamente reducidas sus oportunidades, puesto que los hombres maduros prefieren parejas más jóvenes.

No casarse, sin embargo, puede ser entendido y mostrado como un gesto de rebeldía. Hay parejas que deciden no legalizar su relación, a pesar de los años que llevan juntos y los hijos que traen al mundo. Es su manera de declararse no convencionales. Figuras conocidas del espectáculo, como los actores Susan Sarandon y Tim Robbins no llegaron a casarse, tras casi cuarto de siglo juntos y el nacimiento de algunos hijos, pero finalmente se separaron. Brad Pitt y Angelina Jolie bromearon más de una vez frente a la prensa sobre la posibilidad de casarse en el futuro no determinado, tras haber sido padres de varios niños y haber adoptado otros en distintas partes del planeta.

La discriminación tradicional que recaía sobre los niños nacidos fuera del matrimonio se ha ido atenuando en muchos lugares (una situación que solo cabe celebrar) y por lo tanto la presión social que conducía al matrimonio civil o religioso a parejas que no tenían otra motivación para casarse que el embarazo no planeado de la mujer. La opinión que dificultaba la separación de las parejas mal avenidas, se ha debilitado al punto de que el matrimonio pasa a ser visto como una opción más, capaz de ser postergada indefinidamente por aquellos que no sienten seguros o presionados para contraerlo.

Para la sabiduría popular, los hijos y entenados (hijastros) no llegan a ser nunca lo mismo. Aunque en la actualidad las leyes les reconozcan los mismos derechos, basta la cercanía de unos y otros bajo un mismo techo, para generar conflictos que parecen inevitables. Aquellos que caen en una categoría y otra, no se resignan a la paridad.

Los hijos de las parejas no casadas crecen en un ambiente inestable: los padres se separan con facilidad y vuelven a entablar relaciones con otras personas, que les dan nuevos hijos, que se suman a quienes provienen de relaciones previas y tienden a confundir las cosas.

Los hermanos Grimm atribuyeron a la madrastra de Hansel y Gretel la decisión del padre de abandonarlos a su suerte en el bosque, para librarse de un par de bocas que deben ser alimentadas. Esto figura en la segunda edición del libro, probablemente por quejas de los lectores, dado que en la primera edición el responsable de ese plan tan cruel era el padre, que no aparecía descrito como viudo, ni se había vuelto a casar. Al introducir el personaje de una madrastra cruel, como sucede también en Blanca Nieves, los hermanos Grimm redujeron la responsabilidad de los progenitores y la atribuyeron a la familia ensamblada.

Gracias a los cuentos de hadas milenarios y las noticias policiales de todos los días, la imagen de padrastros y madrastras no puede ser más desfavorable. Llegan para reemplazar a alguien que los niños preferirían que no se hubiera ido. Ellos son capaces de seducir a sus parejas y aparentar afecto al resto de la familia, con el exclusivo objeto de abusar de los hijos que sus padres les entregan, confiados en que serán bien cuidados por ellos.

Henry Fonda y Lucille Ball: Mine, Yours, Ours.

Henry Fonda y Lucille Ball: Mine, Yours, Ours.

Un filme de Hollywood de los años `60, se titulaba Mines, Yours and Ours (Los tuyos, los míos y los nuestros). Dos maduros padres viudos, formaban una pareja a la que aportaban cada uno varios hijos (ocho ella y diez él). Todos los implicados eran felices, a pesar de las dificultades planteadas por la cantidad de miembros del nuevo grupo que se volvía necesario alojar y alimentar. Eso no impedía que los adultos y menores fueran felices. En esta visión amable de un tema que suele ser conflictivo, todos los conflictos se revelan cosa de aprender a organizarse y establecer el territorio de cada uno. No por nada, en el filme el padre es un marino acostumbrado a mandar y ser obedecido por una tropa de subordinados.

Respecto de la disciplina, lo ideal a alcanzar sería que todos los adultos a cargo formen una “coalición parental”, o sea que los niños puedan percibir que hay acuerdos en las cuestiones de fondo; conformar una sociedad para la crianza, sin contradicciones ni descalificaciones, a fin de mantener la autoridad, enseñando a los niños a responsabilizarse por sus conductas. (Alicia Zembo: Familias ensambladas: Premisas para un desarrollo saludable)

En la actualidad se habla de familias ensambladas al referirse a grupos heterogéneos, donde el padre y la madre aportan a la nueva unión hijos que provienen de anteriores parejas. No es demasiado extraño que bajo el mismo techo convivan personas que no son consanguíneas, hasta poco antes eran desconocidas y no tienen por qué llevarse bien y respetarse. ¿Cómo se vive desde la perspectiva de los hijos, el duelo por la separación de los padres? Al parecer, no es algo que deba descuidarse. ¿Cómo se adaptan los hijos a la llegada de las nuevas parejas de sus padres (que suelen aportar el resto de sus familias a la nueva relación)? ¿Cómo relacionarse con los nuevos hermanos, que de hecho no lo son? El proceso de adaptación puede insumir varios años, si es que no aborta. ¿Cuánto duran los nuevos vínculos de los adultos?

Las representaciones de madre/padre/hijo fraguadas al calor de la representación social de familia nuclear, son puestas en crisis, en desorden, por estas configuraciones familiares en las que la familia no se define por la convivencia, ni tampoco por los vínculos de sangre; se cuestiona un orden consensuado, referido a la pareja misma. La matriz ordenadora se muestra ineficaz para significar nuevos modos de vida familiar, nuevas prácticas que, al carecer de parámetros legitimados para ser pensadas, son generadoras de malestar. (Manuel Bermúdez Tapia: Los problemas (superables) de las familias ensambladas)

Haber fracasado una vez en el proyecto de establecer una pareja, no asegura a sus protagonistas que habrán de acertar en el próximo intento. Hay gente que no aprende tan pronto o no aprende nunca, y la objetividad no es la norma en asuntos fundamentales como la atracción sexual que experimentan los seres humanos. La inestabilidad se ha vuelto un componente inevitable de las relaciones personales y la sociedad ha terminado por aceptar esa situación. De algún modo, la renuncia a las expectativas de permanencia ha llegado a ser vista como una señal de madurez, aunque también denote la incapacidad para negociar conflictos y demorar la formación de la pareja.

Ser hijo es hoy probablemente una tarea más difícil que antes, cuando los roles parentales no variaban demasiado a lo largo de generaciones, por opresivos que fueran esos roles. De la obligación de enfrentar a los mismos adultos, que se definían como auxiliares en ciertos casos y adversarios en otros, de acuerdo al esquema de la familia estable, los niños de la actualidad tienen que aprender a adaptarse a cambios que no los toman en cuenta y amenazan con repetirse pronto, porque los adultos no pueden ni creen necesario estabilizarse. Es una realidad cambiante, sin reglas o con demasiadas reglas, que terminan por anularse unas a otras, dejando a los más jóvenes con la sensación de orfandad.

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