ÍNCUBOS Y SÚCUBOS (I): EL MALIGNO Y SUS PAREJAS


Fussli: La pesadilla

Las mujeres que durante milenios se vieron carentes de derechos elementales, las mismas que fueron compradas, vendidas y utilizadas contra su voluntad, para complacer a los hombres; las mujeres de quienes durante siglo se dudó que tuvieran alma, pueden rebelarse tarde o temprano contra aquellos que hasta la fecha reconocen como sus amos y opresores, los mismos que sabedores de su poder no manifestado, temen convertirse en sus esclavos.

Quizás ellas no se organicen contra los hombres, calculando que si perdieran la guerra que no se divisa en el horizonte, las represalias masculinas, como demuestra la miniserie televisiva The Handmaid´s Tale, las despojaría de las pocas ventajas que han alcanzado en el último siglo, pero de todos modos alimentan fantasías de venganza o liberación, que justifican las posiciones radicales del feminismo de la actualidad y las alianzas con el Diablo en el pasado, situaciones capaces de hacerles pasar un mal rato a los hombres, lo mismo da si en este mundo o en el otro.

El Diablo es una de las parejas deseadas por cualquier mujer que no se resigne al sometimiento, de acuerdo al punto de vista de los hombres que desconfían de ellas. Una mujer desagradable o tan solo independiente, no tarda en ser motejada de bruja en la jerga familiar. Si en la actualidad ese calificativo no pasa de ser un insulto que se toma en broma (en Argentina, la bruja es la esposa, la madre de los hijos de quien así la califica) en el pasado la misma denominación les hubiera hecho peligrar la vida.

Cuando las mujeres establecen alianzas con el Diablo, suele ser para recuperar el poder del que fueron despojadas por los hombres desde que se tiene memoria, pero incluso con el apoyo de alguien tan temido por el común de los mortales, su situación tiende a ser de sometimiento similar a la que sufrían en su relación con los hombres. En la práctica, el Diablo no las trata mejor que sus padres, maridos o jefes, pero las libera de las ataduras intolerables de la vida cotidiana, siempre y cuando entreguen su alma (o sacrifiquen un niño todavía no bautizado, si es que no lo ponían al servicio del Maligno).

Hay ventajas y desventajas en esos pactos. Algunos participantes buscaban prolongar o incluso eternizar su juventud, otros obtener el dinero con el que esperaban comprar todo lo que desearan, otros poderes ilimitados, otros el conocimiento que les había sido negado en el reino de Dios. El costo, de acuerdo a las religiones monoteístas, era nada menos que la condenación. ¿Valía la pena pagar un precio tan alto?

Durante el Medioevo se suponía que el Diablo marcaba a sus seguidores, no se sabe si para reconocerlos él o (lo más probable) para que fueran reconocidos por sus perseguidores. Cualquier seña particular, como una mancha, una cicatriz o deformidad, podía entenderse como la señal de ese acuerdo y se convertía en una evidencia capaz de conducir al portador o portadora a la hoguera.

Hay diferentes apreciaciones respecto de los beneficios que pueden obtenerse del trato con el Diablo. Aunque se da por sentado que es imposible negociar con él, porque hace trampas y de todos modos sale ganando, en los cuentos populares un hombres astutos o ingenuos (como el enamorado Bartolo Lara del folclore chileno, que necesita dinero para seducir a una mujer rica, o el herrero Miseria del cuento de Ricardo Güiraldes) logran burlarse de los poderes del Diablo, gracias a que la letra del pacto puede ser reinterpretado y esto facilita a último instante el salvataje de quien se daba como seguro perdedor.

-Quiero que me dis cien pesos por mi alma.

-Chi… ¿Tás malo e la cabeza? Tu alma no vale ni medio, chico. Vos tás condenado, Bartolo. Sos roto muy malo, mirá…

-No s´ensarte, ñor Diablo, mire que yo puedo cambiar. ¿Qué me cuesta ponerme recatólico, ir a misa, besar los ladrillos, comerme un saco de hostias y sacarle el cuerpo a las barajas y a la baya? Deme cien pesos… Aprovecha que estoy rializando [liquidando]. Es muy barato. (Floridor Pérez: Leyendas de Chile)

En las historias folclóricas se vuelve posible negociar de igual a igual con las figuras más temibles que pueden imaginar los seres humanos; se describen formas ingeniosas de embaucar al Diablo y eludir gracias a la ambigüedad del lenguaje, las consecuencias de decisiones tan arriesgadas como esas.

Leda y el cisne

En el mundo antiguo, Zeus, padre de los dioses griegos, no dudaba en seducir a los seres humanos (habitualmente mujeres, pero también hombres jóvenes, como demuestra la historia de Ganímedes). El resto de los dioses y semidioses de un poblado Panteón, hacía lo mismo. Para el cristianismo, esa promiscuidad sexual entre seres sobrenaturales y mortales queda suprimida. La interacción entre este mundo y el otro no se niega, pero adquiere características diferentes.

Gian Lorenzo Bernini: Éxtasis de santa Catalina

Tú eres el fuego que arde constantemente sin consumirse: tú eres quien consumes con tu calor todo amor alma a sí misma. Tú eres, además, el fuego que aleja toda frialdad e iluminas las mentes con tu luz, esta luz con la que me has dado a conocer tu verdad. (…) Tú eres la vestidura que cubre mi desnudez, tú sacias nuestra hambre con tu dulzura. (Santa Catalina de Siena: Diálogo, Sobre la Divina Providencia)

Cuando los humanos se sienten acosados por Dios, lo hacen en forma metafórica, porque el lenguaje no atina a decirlo de otro modo. Sentirse invadido, poseído por Dios, es un privilegio de pocos. Cuando Bernini representa el éxtasis místico de santa Catalina de Siena, que vivió durante el siglo XIV, la gestualidad que impone al mármol es ambigua, a la vez erótica y religiosa, pero no resulta intolerable para la opinión predominante en los fieles que contemplan el grupo escultórico. Se encuentra en un lugar consagrado, se refiere a una santa; por lo tanto, no puede haber nada perturbador ni censurable en esa obra de arte.

En los textos poéticos de los místicos cristianos, el paralelismo entre los dos órdenes no se esconde. Santa Teresa de Ávila y otros santos hablan de Jesús como de un esposo amante y exigente, que invade el alma de aquellos se le entregan y disfrutan de su presencia.

Veis aquí mi corazón, / yo le pongo en vuestra palma / mi cuerpo, mi vida, mi alma, / mis entrañas y afición / dulce Esposo y Redención / pues por vuestra me ofrecí: / ¿qué mandáis hacer de mí? (Teresa de Ávila: Vuestra soy, para Vos nací)

Por desgracia, la presencia del Diablo en el mundo no parece menos contundente que la de Dios. El Diablo es muy activo y peligroso en sus relaciones con los humanos, a quienes pretende seducir, para apoderarse de sus almas por el resto de la eternidad. Hombres y mujeres se convierten en las piezas de un gran ajedrez que Dios y el Diablo juegan. ¿Se encuentra el Diablo por todas partes, disputándole a Dios cada una de las criaturas que trajo al mundo?

Textos medievales europeos como el Decretorum y el Policratus, critican la creencia popular de que las mujeres sin pareja cabalgan por las noches, montadas en animales monstruosos, detrás de la diosa Diana, nacida en el mundo previo al cristianismo, y por lo tanto inaceptable. Nada de eso podía ser real, afirman, porque de aceptarlo se le concede existencia a figuras inaceptables.

Solo se trataría de espejismos inducidos por el Diablo. Que las mujeres fueran temibles, tanto por lo que hacían en sus vidas miserables, como por lo que imaginaban los hombres que convivían con ella, parecía ser un tema fuera de discusión. Las mujeres entregaban su sexo y contagiaban horribles enfermedades; alimentaban y envenenaban utilizando recetas tradicionales que los hombres ignoraban, traían hijos al mundo o los eliminaban, podían arruinar o matar a cualquiera que les estorbara.

Las brujas existían y el deber de todo buen cristiano era terminar con ellas, para no convertirse en su víctima. Durante los aquelarres o sabbats, reuniones de brujas donde se parodiaba la ceremonia de la Misa cristiana, todo se encontraba ligado indisolublemente a manifestaciones de poderes macabros. Las asistentes liberadas del control de sus familias, disfrutaban de toda clase de satisfacciones impías. En el curso de las celebraciones nocturnas, se embriagaban, volaban montadas en escobas, sacrificaban niños todavía no bautizados para beber su sangre, copulaban por el mismo Diablo, después de haberle besado los genitales.

Akerbeltz, negro macho cabrío representado por Francisco de Goya a comienzos del siglo XIX, era mitad hombre, mitad bestia. Las mujeres lo veneraban. Durante las fiestas nocturnas, se bailaba en torno del animal y se le realizaban ofrendas de huevos, panes y carne. Sexo, antropofagia y blasfemia se combinaban en esos lugares sagrados, como probablemente venía ocurriendo desde hacía miles de años, mucho antes de la llegada del cristianismo.

En la caverna de Zagarramurdi, se reunían durante el siglo XVII los brujos y brujas declaraban su relación solemne con el Maligno, que prometía otorgarles poderes inaccesibles para el resto de los humanos. Los conjuros que se han recopilado, muestran la esperanza de superar las miserias de la vida cotidiana, aunque fuera al precio de vender el alma.

Señor, en tu nombre me unto [con el vómito de un sapo]; de aquí en adelante yo he de ser una misma cosa contigo; yo he de ser el Demonio. (Camilo Lisón Tolosana: Las brujas en la Historia de España)

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One Response to ÍNCUBOS Y SÚCUBOS (I): EL MALIGNO Y SUS PAREJAS

  1. flabiana Cid dice:

    son los textos más íntersantes que eh leído son estupendos

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