PAREJAS DE CULTURAS DISTINTAS


Desi Arnaz y Lucille Ball

Desi Arnaz y Lucille Ball

Casarse con un individuo de otra cultura, es casarse también con esa cultura. El no expresar un interés o el hecho de que una de las partes asuma la posición de que no está adherida a su cultura, da lugar al tipo más grave de problemas. (Beulah F.Tothlici: Dual-Culture Mariage and Communication)

Durante los años `50, la audiencia televisiva reía con los desencuentros de una pareja formada por una norteamericana de ancestro irlandés (Lucille Ball) y un músico cubano establecido en los EEUU. Podían amarse y convivían, pero rara vez lograban entenderse. La disparidad de culturas de origen, aseguraba una fuente inagotable de conflictos cómicos para quienes los contemplaban, penosos para quienes los vivían.  La distancia entre los dos países, como se sabe, es corta: apenas noventa millas. La distancia entre las dos culturas, en cambio, podía ser abrumadora.

Hay sociedades que se desarrollan ignorantes las unas de las otras, como sucedió por ejemplo entre los polinésicos y los europeos hasta el siglo XVIII, entre los chinos y lo vikingos, entre los aztecas de América del Norte y el Imperio Inca de América del Sur, o entre estas dos últimas culturas y el mundo europeo, hasta comienzos del siglo XVI. En el pasado, la posibilidad de que se formaran parejas de individuos provenientes de estos contextos, capaces de generar conflictos durante el curso de la vida en común, era nula.

Heidi Klum y Seal

Heidi Klum y Seal

Simultáneamente y cada vez con mayor frecuencia, dado el desarrollo de las comunicaciones, han existido sociedades que tienen fronteras compartidas, que a largo del tiempo se observan unas a otras, se imitan, se envidian, se vilipendian, se disputan el poder sobre los mismos territorios, entran en conflictos y acuerdos de todo tipo, desde aquellos que se refieren a la conducción del Estado, como a la constitución de las parejas.

Musulmanes, cristianos y judíos compartieron gran parte del territorio español durante casi ocho siglos del Medioevo. La intensa convivencia dejó huellas profundas en la lengua, la tecnología, el vestuario, la cocina, la música, la arquitectura, la literatura de los invadidos (circunstancias que cabe celebrar) pero también motivó una sangrienta persecución de los perdedores del conflicto bélico, una vez que éste se decidió, en los últimos años del siglo XV, coincidiendo con la llegada de Colón al continente americano.

Las normas que regían a los seguidores de las tres grandes religiones monoteístas, tenían muchos elementos comunes, derivados de las leyes de Moisés y otros textos bíblicos, de manera tal que los roles atribuidos a hombres y mujeres, como el establecimiento y la anulación de las parejas, dependían de las mismas restricciones y oportunidades.

Los invasores musulmanes no impusieron su fe ni sus costumbres a quienes provenían de culturas distintas, pero estaban dispuestos a pagar impuestos y reconocer la autoridad. Al parecer, había lugar para todos, incluyendo matrimonios interculturales. Los judíos convivieron con cristianos y musulmanes, sin reclamar el dominio sobre un territorio, pero también sin ver en riesgo sus costumbres. Los Reyes Católicos habían aceptado el financiamiento de banqueros judíos para desplazar a los musulmanes y pertrechar las expediciones de Colón y otros navegantes, pero no estaban dispuestos a compartir el poder con gente de otras culturas.

Las teorías sobre la elección de la pareja, han proporcionado importantes claves sobre las causas del matrimonio mixto (…). Los patrones o modelos matrimoniales surgen de la interacción entre tres fuerzas sociales: las preferencias individuales para ciertas características del cónyuge, la influencia del grupo social del que son miembros y las limitaciones del mercado matrimonial en que ellos buscan un cónyuge. (María Carmen Albert Guardiola y Erika Masanet Ripoll: Los matrimonios mixtos en España: ¿espacios de la construcción intercultural?)

¿Cómo adecuar a estas normas milenarias, la diversidad de situaciones conflictivas que presenta la realidad? En el mundo contemporáneo, que sin pensarlo demasiado, no suele otorgarle mayor peso a la cultura de la gente, las parejas interreligiosas se establecen con facilidad, para descubrir demasiado tarde que no eran tan compatibles como suponían.

Gabriela Arias Uriburu y sus hijos Karim, Zahira y Sharif.

Gabriela Arias Uriburu y sus hijos Karim, Zahira y Sharif.

La historia de la argentina Gabriela Arias Uriburu, casada en los últimos años del siglo XX fuera de su patria, con un libanés, ilustra los malentendidos a los que se exponen las parejas multiculturales. Pasados unos años, cuando han engendrado tres hijos, la mujer denuncia al hombre por violencia intrafamiliar. Esa idea, que no hace mucho se ha introducido en la sociedad en la que esa mujer creció, continúa siendo totalmente extraña a la sociedad en la que el hombre se formó. De acuerdo al Derecho islámico, un musulmán que se case con una mujer judía o cristiana, puede tener hijos que serán musulmanes, opinen lo que opinen los padres. A la inversa, el matrimonio de una mujer musulmana con un cristiano o judío, no es considerado válido (un criterio que desde la vereda opuesta, cristianismo y judaísmo comparten tradicionalmente).

Ante la posibilidad de un proceso de divorcio encarado en Occidente, en el que la mujer se quedaría con los hijos, el hombre opta por llevárselos sin destino conocido (luego se sabe que a su Jordania natal). En otra cultura, que difiere tanto de la suya, la mujer no puede contar con las mismas garantías a la que estaba habituada. Se descubre indefensa, porque de ingresar en Jordania se encontraría sometida a la ley islámica, y cualquier acción judicial que intente en un país u otro, puede resultar inútil o demasiado violenta para sus hijos. La historia de su aprendizaje y el de su ex marido, es dolorosa y difícil.

Ambos padres somos responsables de lo ocurrido a nuestros hijos e inmaduros al creer que íbamos a poder construir una familia multicultural, cuando en realidad ninguno de los dos sabía lo que debía conocer de la cultura del otro. (Gabriela Arias Uriburu)

En el pasado, las casamenteras se encargaban de gestionar la relación de las parejas compatibles, liberando a los participantes de gran parte de la incertidumbre durante la búsqueda y el cortejo. Esa institución se ha desprestigiado en el mundo moderno, la gente quiere decidir por sí misma con quién va a formar una pareja. Se confía un asunto tan serio en la respuesta de las hormonas y no en la información sistemática. Los intermediarios garantizaban que los conflictos de culturas no compatibles, produjeran un daño mayor, aunque al mismo tiempo no estuvieran en condiciones de asegurar la compatibilidad erótica. El amor, se daba por sentado, llegaba con el tiempo, después del matrimonio.

Coffee Annan y esposa

Coffee Annan y esposa

En la actualidad, los centros educativos, lugares de diversión, trabajo y vecindad, son los ámbitos donde la gente suele hallar pareja. Algunos parecen ser los más indicados para enmascarar las diferencias que luego van a causar conflictos graves. Probablemente hallen en esos sitios a personas con las que tienen mucho en común, pero no en todos los casos satisfacen las expectativas más profundas. Factores tales como la edad, la carencia de recursos económicos, la pertenencia a un determinado culto religioso o grupo político, pueden revelarse como limitantes a las posibilidades de elección. Siempre hay algunos que optan por buscar pareja fuera del ámbito que le resulta habitual, incluso desafiando la opinión dominante en su familia o comunidad.

La independencia mental no es una situación que no se da automáticamente en todas las personas, ni tampoco se consigue en una edad temprana. Para madurar, hay que pasar por experiencias que marcan emocionalmente a todos y permiten evolucionar a algunos. Las parejas interculturales que perduran, de acuerdo a las investigaciones, suelen comprometer a gente algo mayor que el promedio de sus grupos de origen en el momento de tomar la misma decisión. En otras palabras, ellos han superado desilusiones y eligen pareja de otro grupo, a conciencia de las dificultades que entraña ese acto.

Los miembros más educados de cada grupo son lo más proclives a establecer parejas interculturales en ámbitos urbanos, donde cohabitan distintas cultura, a pesar de los habituales prejuicios. Para ellos, resultan suficientemente conocidos (y tolerados) los diferentes códigos que plantean esas culturas. No basta que las parejas verifiquen que ellas disfruten su relación en el ámbito privado. Aquellos que los rodean tienen que aceptar la posibilidad de que esas parejas anómalas existan.

Halle Berry y Gabriel Aubry

Halle Berry y Gabriel Aubry

En un país que se anuncia tan liberal como los EEUU, el matrimonio interracial solo fue aceptado a partir de 1967, un siglo después de haber sido abolida la esclavitud. ¿Qué puede esperarse de una prohibición centenaria, que alimentó terribles prejuicios y alentó a temer lo peor de quienes consideraba adversarios? No desaparece sin dejar una huella profunda en la vida cotidiana. Según se afirma, no más del 2% de las parejas norteamericanas correspondería hoy a la categoría de interracial (miscegenetion) a pesar de que la tendencia a las parejas mixtas va en aumento. Eso permite entender la intensidad de segregación que caracterizó a la sociedad norteamericana desde su constitución.

Unirse a alguien que tuviera otro color de piel no era la única alternativa resistida por la mayoría. En 2009, otra encuesta revelaba que el 37% de las parejas actuales correspondía a personas que no compartían la misma fe. La multiplicidad de cultos cristianos es una fuente de conflictos para las parejas. Todavía más difícil resultaría la connivencia entre cristianos y judíos o cristianos y musulmanes, que a pesar de tantos elementos comunes, han desarrollado rituales y costumbres diferentes.

En la España del Medioevo coexistieron productivamente cristianos, judíos y musulmanes. La victoria militar de los Reyes Católicos, puso fin a ese experimento exitoso de tolerancia intercultural, con escasos precedentes en Europa y liquidó cualquier posibilidad de aceptación de judíos y musulmanes. Todos debían convertirse a la fe cristiana, a pesar de lo cual continuaban siendo vistos como sospechosos de atrocidades que no era necesario probar.

Durante la última generación, los cambios referidos a una mayor tolerancia de las minorías se han acelerado. En 2006, el 14,3% de los matrimonios celebrados fueron mixtos o multiétnicos (de españoles con extranjeros o de extranjeros entre ellos). La comunicación cada vez más frecuente y sin intermediarios entre personas provenientes de distintas culturas, multiplica los atractivos y también los riesgos de estas uniones.

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