SUMISION DE LAS MUJERES A SUS PAREJAS


Floren Delbene y Libertad Lamarque: Besos brujos

Floren Delbene y Libertad Lamarque: Besos brujos

Entregarse a un hombre no constituye para ninguna mujer la garantía de que recibirá el amor y la protección que le prometen. Una vez que el hombre toma posesión de la mujer, de acuerdo a la tradición patriarcal, puede hacer con ella lo que desee, incluyendo destruirla si lo defrauda. Esos poderes los ejerce incluso después de muerto, porque la familia exige de la viuda una fidelidad que ya no tiene objeto.

Si la mujer muere, el hombre puede reemplazarla de inmediato. La posibilidad de quedarse sin un hombre, en cambio, solo promete dificultades para la mujer que podría comenzar a considerarse libre de su tutela.

En las películas argentinas o mexicanas de Libertad Lamarque, desde los años `40 hasta los `80, la protagonista se sacrificaba en distintas etapas de su vida. El tema de la mujer que sufre sin quejarse (incluso cantando) víctima del desamor de su pareja primero, del abandono de sus hijos más tarde y hasta de la incomprensión de sus nietos, demuestra la persistencia de una actitud que no tiene equivalentes en los personajes del género masculino. En todos los conflictos imaginables, la mujer cede, llora y hace llorar a quienes contemplan su entrega como la actitud más digna. ¿Qué otra cosa pueden hacer las mujeres y reclamar los hombres?

La noción moderna de pareja establece una cierta equivalencia entre sus integrantes.  Aunque la Naturaleza establezca ciertos roles diferenciados para los géneros (la mujer es quien se embaraza y pare, el hombre es quien la embaraza) otros son intercambiables (el hombre o la mujer pueden sostener el hogar, por separado o en forma conjunta, como pueden encargarse de tareas cotidianas como lavar los platos o criar los hijos). A pesar de lo anterior, se supone que ninguno de ellos tiene más importancia que el otro, ni que subordina al otro. La noción de una pareja tan dispar que alguno de los integrantes pase a ser considerado propiedad del otro o carga del otro, sin atisbo alguno de reciprocidad, escandaliza al pensamiento de la modernidad.

Tanto en pueblos de América precolombina como en Asia, los poderosos se llevaban consigo, al morir, a sus criados y esposas. Está documentado que en Abomey, en el África Occidental, fueron sacrificadas en 1858 las cuarenta y dos esposas que había coleccionado el rey Guezo. Tras drogarlas, las enterraron vivas.

Ceremonia del Sati

Ceremonia del Sati

Para el hinduismo, la mujer casada es una pertenencia más del marido. Cuando el marido muere y es incinerado, la tradición milenaria denominada Anumarama, de la cual existen menciones de contemporáneos de Alejandro Magno, tres siglos antes de nuestra era, es que ella muera también, compartiendo la misma pira funeraria. Ese sacrificio podía ser voluntario (ella saltaba al fuego, vestida con su traje de novia) o era impuesto por los parientes del hombre, deseosos de librarse de la carga económica de una viuda y prontos a repartirse la herencia del muerto.

Un día después de ocurrido el deceso, ella era drogada, para evitar que se resistiera, a continuación se la ataba y quemaba. En otros casos, se la empujaba, amenazándola con palos, para que prefiriera el tormento más breve del fuego. Cuesta entender, sin embargo, que los muebles y objetos valiosos de occiso no fueran sometidos al mismo trato, sino repartidos entre los parientes.

Aunque la práctica fue abolida en 1829, continúa vigente hasta la actualidad. Es difícil desarraigar un rito que durante miles de años se ha supuesto que brinda la santidad a las viudas. A comienzos del siglo XXI, la policía no pudo detener a una joven de 18 años, Roop Kanwar, se matara en Rajasthan.

Durante la infancia, una hembra debe ser sometida a su padre, en la juventud a su marido, y cuando su señor ha muerto, a los hijos. Una mujer no debe ser jamás independiente. (Leyes del Manú)

Deepa Metha: Water

Deepa Metha: Water

Water, el filme de la directora Deepa Mehta, reconstruye la existencia de las viudas en  la India de 1938, cuando Gandhi emprende la resistencia pacífica para liberar a su país del Imperio Británico. Nuevos tiempos se anuncian, aunque no para todos. Las mujeres que han tenido la desgracia de perder a sus maridos y no han parido hijos, ya no se inmolan en la misma pira funeraria, como exigía la tradición milenaria del sati. La ley lo prohibió a partir de 1987, pero de todos modos las viudas quedan sin recursos, en la calle, porque al casarse abandonaron la protección del hogar paterno, y al perder al marido se convierten en una carga demasiado costosa para la familia del difunto.

Libres, les queda la alternativa de mendigar, prostituirse discretamente o lograr la relativa protección de un ashram, un templo convertido en hogar por otras mujeres que se encuentran en su misma situación.

Sesenta años después de la liberación de la India, las viudas no han progresado tanto como podría suponerse. Vrindavan es una ciudad a 150 kilómetros de Nueva Delhi, a 70 kilómetros del monumento al amor conyugal (de los hombres) que es el Taj Mahal, asediado por miles de turistas todos los días. Las cosas cambian para la pareja, cuando quien muere no es la mujer. Se calcula que Vrindaban es habitada por unas 15.000 viudas de todas las clases sociales, que componen casi el 40% de la población. Ellas tienen la cabeza rapada, visten de blanco y caminan descalzas, solicitando la caridad para sobrevivir. Una cuarta parte de ellas, recibe del Estado una pensión de menos de U$ 50 por año.

Las viudas traen la peor de las malas suertes. Al mirar a una viuda, ningún buen augurio se avecina; a excepción de la propia madre, todas las viudas están vacías de cosas buenas. Un hombre prudente debe evitar a las viudas, aún sus bendiciones, como si fuera el veneno de una serpiente. (Skanda Purana)

En la colección de cuentos medievales de Las Mil y una Noches, el rey Schariar se entera de que su primera esposa lo ha engañado, a pesar de los tradicionales recaudos que ha tomado, como mantenerla encerrada en el harem, lejos de otros hombres que pudieran quitársela, ordena que la decapiten y a continuación contrae sucesivos matrimonios con vírgenes a las que sus servidores ajustician después de transcurrida la noche de bodas. Tiene que aparecer la sabia Scherezada, para que el monarca se convierta en prisionero virtual de las historias que ella le cuenta por las noches y deja inconclusas al amanecer, con el objeto de demorar la condena y salvar su vida.

De no haber sido una eximia narradora y estratega, Scherezada y decenas de jóvenes inocentes después de ella, hubieran muerto para satisfacer el rencor de Schariar hacia el género femenino. El único rol que se atribuye a las mujeres, desde las más pérfidas hasta las más inocentes, suele ser para muchas culturas el de reiteradas víctimas de sus parejas masculinas. Que ellas sean inocentes, no cambia demasiado la situación. Más bien facilita el abuso.

Jean-François de Troy: Suicidio de Lucrecia

Jean-François de Troy: Suicidio de Lucrecia

En la Antigua Roma, Lucrecia era la esposa de Colatino. El hijo del rey Tarquinio se enamoró de ella, le propuso convertirse en su amante y al ser rechazado amenazó con matarla junto a uno de sus esclavos, para que pareciera haber sido sorprendida en adulterio. Lucrecia no tuvo otra salida que ceder, pero al día siguiente informó lo sucedido a su padre y a Colatino. A continuación, se clavó un puñal en el pecho y murió en el momento. La historia causó tal indignación popular, que el rey y su parentela fueron expulsados de la ciudad.

Lucrecia se convierte en heroína gracias a una múltiple victimización que acepta, no de buen grado, pero que al mismo tiempo la marca de forma irreversible. Primero, salva su vida, sometiéndose al capricho del violador. Luego confiesa la falta en la que incurrió contra su voluntad. Por último, se quita del medio, para no constituir una carga para su marido y su familia paterna. Dada la enorme disparidad de fuerzas que se enfrentan, la víctima no puede controlar al adversario, sino subrayar la ofensa que sufrió, para que otros más fuertes la venguen.

En los cuentos de hadas, el poderoso Barba Azul se ha propuesto controlar el comportamiento de las seis esposas que pasaron por su vida, al punto de asesinarlas cuando lo desobedecen, para continuar (sin mayores obstáculos planeados por la sociedad, que no puede ignorar sus crímenes) la decepcionante búsqueda de aquella mujer que se someta a su voluntad, cualquiera sea, sin oponer ninguna resistencia.

Mujeres durante Guerra de los Balcanes

Mujeres durante Guerra de los Balcanes

La historia de Lucrecia no ha perdido vigencia. De acuerdo al informe de Amnistía Internacional, durante la Guerra de los Balcanes de fines del siglo XX, en Bosnia hubo entre veinte mil y cincuenta mil mujeres violadas por los invasores kósovos, mientras que en Kosovo, se calcula que hasta el 50% de las mujeres capaces de reproducir fueron violadas por los invasores serbios. Tragedias como esas marcan de manera perdurable a las naciones. No es que ocurran por primera vez, pero en la actualidad el hecho trasciende el silencio que imponía la vergüenza y resulta imposible ignorarlo.

¿Cómo imponer alguna paridad entre los participantes de una relación humana que incluye a individuos a quienes la naturaleza y/o la sociedad asignan distintos roles y desiguales cuotas de poder? Los hombres suelen ser designados por el contexto social como cazadores, mientras se define paralelamente a las mujeres como sus presas inevitables. Si un hombre se resiste a acechar y perseguir, tanto como si una mujer se niega a ofrecerse y negarse por turnos, eso afecta a la otra parte, que se desconcierta o reclama por la ruptura de un acuerdo tradicional basado en la disparidad.

Los hombres sospechan de la fidelidad de las mujeres, y no tardan en volverse violentos por ese motivo, aunque no tengan pruebas, mientras que las mujeres sufren el desamor de los hombres, que atribuyen a su propia incapacidad para retenerlos, o a la maldad de otras mujeres decididas a arruinar su relación de pareja.

En sus interacciones grupales los niños aprenden (…) que las figuras masculinas son importantes; los hombres saben, son infalibles y deben ser imitados; un hombre está para cosas grandes, para sobresalir y dominar a otros. (Abarca Paniagua: Discontinuidades en el modelo hegemónico de masculinidad)

De un hombre agredido, como Schariar, la sociedad espera que no acepte ser exhibido como una víctima pasiva, deshonor de su género, sino que reaccione de inmediato, no solo defendiéndose de la injuria, sino superando a quien lo ofendió, mientras que de una mujer que sufra una situación similar, se aguarda que huya de la amenaza y solicite ayuda (en lo posible, de otros hombres).

Siempre hay lugar para las dudas que afectan de manera desigual a ambos géneros. ¿La víctima fue tan inocente como ella proclama? ¿El presunto victimario fue tan culpable como se afirma? ¿No se tratará más bien de un hombre víctima de sus hormonas, de la imagen masculina que la sociedad le ha impuesto y él no puede rechazar?

La Organización de las Naciones Unidas estableció el 17/11/1999 el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, indicando que lejos de ser un tema anecdótico, ventilado en el seno de las familias O en la crónica roja de la prensa, la violencia intrafamiliar es una realidad que debe ser tomada en cuenta por las instituciones y castigada en consecuencia, cuando no consigue ser prevenida por las campañas educativas.

2 respuestas a SUMISION DE LAS MUJERES A SUS PAREJAS

  1. Alejandro Di Pasquo Delponte dice:

    Las mujeres de hoy dia mayoritariamente no se comprometen entonces no traicionan. Es un día a día o carpe diem. Igualan la liberalidad ancestral masculina como las cortesanas en las èpocas del Imperio Romano u otros y nos ganan ya que cuando definen hacer algo es un hecho independientemente de su belleza. Algún día se dan cuenta que no se estaban perdiendo nada importante y porque no se les vaya un día al final envejecen y se les va la vida. Los varones tampoco quieren desperdiciar ningún “cartucho” ya que “cartucho” desperdiciado no se recupera, ello los lleva a veces por no perderse de uno a perderlos todos y todos sus $… El balance es lo adecuado, muchas cosas nos perdemos por temor a perder como dice Paulo Coelho. Pero reiterando el concepto también perdemos todo por no perder alguna vez algo provisorio.

    • oscargaraycochea dice:

      Estimado:
      La ausencia de compromiso da la impresión de ser el anuncio de una traición futura, que amenaza con afectar la suerte de la relación actual. Eso vale tanto para hombres como para mujeres. En cualquier momento puede ocurrir que aparezca una tentación que no habrá de ser resistida por aquellos que desconfían del compromiso, y por lo tanto anuncian que lo más prudente para la otra parte será esperar que la traición ocurra, aunque en la actualidad todo funcione bien en su relación. El temor al compromiso es mala señal, porque indica una disponibilidad para el cambio, que el hecho de haber establecido una pareja niega. Relacionarse con alguien es una apuesta, sin duda, que no siempre se gana. Fundarla en la desconfianza, sin embargo, es perder lo mejor de la situación.

      OG.

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