LOS ARTISTAS Y SUS MUSAS


Marlene Dietrich

De acuerdo a una imagen tradicional del trabajo artístico, los creadores disponen del auxilio de las musas, criaturas divinas, de sexo femenino, que los inspiran durante su trabajo. Clío, Melpómene, Terpsícore, Talía, Euterpe, Erato, Urania, Polimnia y Calíope, las nueve musas de la Grecia antigua, eran ninfas, seres que protegían la actividad de los artistas. Al comienzo fueron tres, luego fueron aumentadas a siete, llegaron a ser nueve, doce, treinta. El mito intenta explicar una situación que siempre intriga: ¿Dónde hallan los artistas el impulso que los lleva a producir su obra?

Praxíteles, el escultor griego, utilizó a una prostituta (hetaira) como modelo de su estatua de Afrodita. No cualquier mujer ateniense hubiera posado desnuda. Según la leyenda, cuando fue acusada de impiedad, una falta que podía costarle la vida, el Praxíteles la desnudó ante los jueves, logrando convencerlos de que no era justo privar al mundo de una belleza similar.

En el Medioevo cristiano, Petrarca tuvo a Laura como destinataria de sus versos y Dante a Beatrice. Lucrecia Buti, joven monja, fue la modelo del sacerdote y pintor Filippo Lippi, que la secuestró y convirtió en su amante y madre de su hijo, a pesar de los votos de celibato que ambos habían pronunciado. Cuando la musa aparece ante el artista, las convenciones más firmes caen. Todo lo que parecía inconmovible, es derrotado por la belleza.

Rembrandt: Retrato de Saskia como Flora

Miembro de una sociedad recatada, vigilante del cualquier comportamiento que se apartara de lo permitido, Rembrandt pintaba a las mujeres que tenía cerca, en su misma casa, a cuyos cuerpos tenía acceso, y convencía para que posaran (vestidas o desnudas). Se trata siempre de figuras terrenales, regordetas, domésticas, las sucesivas esposas del artista (Saskia van Uleynburg, Geertje y Hendrickje Stoffel) que no deslumbrarían a nadie más que a él.

A Rembrandt se le ha reprochado haber pintado mujeres “reales”, evitando la tradición heroica donde cada mujer debía ser una Juno, una Minerva, una Venus; resultan frecuentes las quejas por los vientres fláccidos, los pechos caídos y las frecuentes marcas de ligas en las pantorrillas. ¿Posaron para él sus mujeres? ¿Qué tipo de conducta, hábitos, fantasías y relaciones sexuales mantuvieron? (…) Pocos sugerirían que su visión y experiencias provinieron de de cuadernos de copias de modelos. (Peter Greenaway)

Rubens: Retrato de Helena Fourment

Rubens, hombre de mundo y pintor de éxito, no se cansaba de representar a Isabela Brandt, su primera esposa, y luego a la segunda y todavía más joven Helena Fourment, por lo general desnudas, representando las más diversas ficciones. Ellas son las modelos de las tres Gracias, de Eva, de las Sabinas raptadas por los romanos. Ellas se convierten en innumerables figuras mitológicas (Leda, Venus, Danae, Ceres) que permiten al artista representar el seductor cuerpo femenino, sin ser acusado de pornografía.

Se llenan de vapor los baños, se ruborizan los vinos, / por el cielo galopan puerquitos de nubes, / relinchan las trompetas ante el peligro físico. / ¡Oh, acalabazadas, o excesivas, / duplicadas por al rechazar los vestidos, / triplicadas por la impetuosidad de la pose, / grasosos platillos de amor! (Wislawa Szymborska: Las Mujeres de Rubens)

Goya no retrató nunca a su esposa, con quien convivió muchos años y compartió situaciones dolorosas, pero sí elaboró varias obras apasionadas que tienen como tema a la duquesa Cayetana de Alba (entre ellas, con toda seguridad, las dos Majas, tanto la desnuda como la vestida).

Entre los pintores ingleses del siglo XIX, conocidos como prerrafaelitas, la modelo Elizabeth Siddal, obrera de una sombrerería, fue pintada por William Colman Hunt, John Everet Millais y Dante Gabriel Rossetti. Ella quedó representada como Beatrice Portinari, la musa de Dante Alighieri, como Ofelia y otras heroínas clásicas de la Literatura. Las relaciones con Rosetti, con quien se había casado, debieron ser conflictivas, por las constantes infidelidades del hombre. La mujer prefirió matarse con una sobredosis de láudano, a los 33 años.

La independencia que algunas mujeres europeas comienzan a reclamar a comienzos del siglo XX, se manifiesta en figuras que inspiran a los hombres que ellas mismas eligen. Lou Andreas-Salome fue una de ellas. Amiga del filósofo Friedrich Nietsche, del poeta Rainer Maria Rilke, del psicoanalista Sigmund Freíd, consiguió que de ella se dijera que al encontrarse con ella, los hombres parían obras maestras.

Alma Schindler era la joven esposa del músico vienés Gustav Mahler, quien le dedicó varias de sus composiciones sinfónicas, que había influido en la obra de pintores como Gustav Klimt y Oskar Kokoschka, cuando conoció al arquitecto Walter Gropius y se convirtió en su pareja. Ella se presenta como una musa inagotable, a pesar del paso del tiempo y la disparidad de los artistas con quienes se relaciona.

Marc Chagall pintó repetidamente a Bella Rosenfeld, primero como su novia, luego como su esposa. Ella es representada en unos casos acunando a la hija de ambos, en otros bailando con el artista, sobre los techos de un pueblo. Es a la vez doméstica y cósmica. Tras la muerte de la mujer, Chagall tarda varios años en superar el duelo y hallar una nueva compañera e inspiradora.

Pierre Bonnard pintó durante cinco décadas a su pareja, Marie Boursin, que le mintió su edad, quitándose ocho años y se hacía llamar Marthe de Méligny, para otorgarse un origen más distinguido que el real. ¿Conocía Bonnard la verdad? Solo se casó con Marthe treinta años más tarde. La mujer había envejecido y los desnudos de los cuadros de Bonnard se volvieron cada vez más imprecisos, meras manchas de color, como si estuviera recordándola, en lugar de verla tal como era en ese momento.

Pablo Picasso y Françoise Gilot

Picasso tuvo a distintas mujeres como musas. Las conocía, se interesaba en ellas, las representaba en una serie de obras, les engendraba hijos y a veces se casaba con ellas, pero no tardaba en perder el atractivo inicial. Olga Koklova, con quien se casó por el rito ortodoxo, era una bailarina de los Ballets Rusos de Diaghilev. Las primeras pinturas que le dedica, son serenas y neoclásicas. A medida que la relación de ambos se deteriora, Olga comienza a ser vista como un esperpento. Seis años más tarde, Picasso encuentra a Marie-Thèrése Walter, una adolescente, y la convierte en su modelo y amante. Luego aparece la fotógrafa Dora Maar, que sale de la relación desequilibrada mentalmente. Al envejecer. Picasso adquiere una experiencia nueva: Françoise Gilot, su pareja de los años `40, lo abandona, después de haber tenido dos hijos con él. Jacqueline Rocque sostiene al pintor durante sus últimos años.

Salvador Dalí, en cambio, a partir del encuentro con Gala (cuyo verdadero nombre era Helena Devulina Diakonova) en una relación absorbente que se prolongó durante medio siglo, hasta el día de la muerte de ella. No pudo ni quiso prescindir de su musa. De acuerdo a la leyenda sostenida por ambos, cuando Dalí le preguntó qué podía hacer por ella, Gala le respondió que la matara. Ella se convirtió en el centro de una obra inmensa, ella fue su representante y agente de Relaciones Públicas, ella lo condujo a enriquecerse y ganar prestigio.

Gala me ha dado, en el verdadero sentido de la palabra, la estructura que faltaba en mi vida. Yo no existía. (…) Ciñéndome a Gala, he encontrado una columna vertebral y haciendo el amor con ella, he rellenado mi piel. (…) Primero creí que ella iba a devorarme; pero por lo contrario, me ha enseñado a comer lo real. Firmando mis cuadros como Gala-Dalí, no hago más que dar nombre a una verdad existencial, porque no existiría sin mi gemela Gala. (Salvador Dalí)

Josef von Sternberg descubrió en Berlin, en 1930, en una pieza teatral donde apenas decía una frase, a quien convirtió en Marlene Dietrich, la figura central de una serie de filmes producidos a lo largo de cinco años, hasta que la relación entre ambos se quebró, por decisión de la mujer. Durante un tiempo, von Sternberg trató de reemplazar a Marlene con otras mujeres a quienes vestía y fotografiaba como si fueran ella. Luego, su creatividad pareció haberse agotado, mientras Marlene continuaba su carrera, menos exitosa pero cada vez más distante de la imagen que el hombre había creado. Cuando la musa le da la espalda al artista, no lo mata, pero con frecuencia lo sume en la esterilidad.

Dietrich vino a mi despacho esa misma tarde y no hizo el menor intento para despertar mi interés. Se sentó en el borde de un sofá, frente a mi mesa, con la mirada baja, la indiferencia hecha mujer. (Josef von Sternberg)

Liv Ullman e Ingmar Bergman

Ingmar Bergman, en cambio, no se ató a las actrices que lo ayudaron a construir su obra cinematográfica y teatral. Algunas fueron sus amantes, otras se convirtieron en sus esposas. Después de un tiempo, Bergman las apartaba de su vida y de su obra. En ocasiones, como sucedió con Harriet Andersson o Liv Ullman, las musas regresaban en roles secundarios, reconciliadas pero no devueltas al centro de la inspiración.

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