PAREJAS IMPOSIBLES


Gary Cooper y Anne Harding en Peter Ibettson

Uno de los grandes filmes románticos de los años `30, Peter Ibettson, muestra la vida paralela de una pareja de amantes frustrados, que solo se encuentran en sueños, porque ella está casada y él preso. La muerte del hombre no es un obstáculo más, sino el desenlace perfecto, gracias al cual ya no será posible separarlos nunca. Tal negación de la realidad, solo adquiere sentido cuando se la entiende como la aspiración a que la pasión amorosa intoxique de tal modo a quienes afecta, que rechacen cualquier evidencia de la vida cotidiana que se les oponga. La realidad es derogada, antes que renunciar al vínculo emocional establecido por los personajes.

La imposibilidad de establecer una pareja resulta en ocasiones más productiva para quienes lo intentan, que el haber logrado armar una, capaz de evolucionar sin mayores conflictos, con plena satisfacción de aquellos que la componen y con el tiempo se desencantan o traicionan. Dos personas que pudieron unirse y no lo hicieron cuando lo deseaban, que fueron obstaculizados por circunstancias externas a su voluntad, sufren y adquieren un aura envidiable para los observadores.

Tristan e Iseo (Isolda)

La historia de Tristán e Isseo resulta más atractiva cuando se destaca a dos amantes frustrados, que en otras versiones en las que se revela que ambos quebraron más de una vez el voto de fidelidad al rey, que hubiera debido bastarles para impedir que se tocaran, porque convivieron como marido y mujer durante un tiempo, sobrellevaron el desgaste de la rutina y luego se separaron, como hacen tantos amantes otros menos notorios.

Para el imaginario colectivo, el amor frustrado por causas ajenas a la pareja, posee un valor difícil de cuestionar, superior al de las parejas cuyo enamoramiento inicial se desgasta por la rutina. Aquello que pudo ser y quedó en promesa, no acepta ser comparado con aquello que efectivamente fue y terminó decepcionando. La vida cotidiana acumula momentos felices, pero también reiteraciones, desencuentros y necesidad de efectuar reajustes.

La vida imaginada por las historias románticas, en cambio, se compone solo de sublimes epifanías. Romeo y Julieta son recordados porque su vida en común se reduce a unas pocas horas. Peter Ibettson y su amada, separados por la Geografía y las instituciones, se encuentran en el cine gracias a los sueños. No es imposible, pero deja gusto a poco.

Fermina Daza y Florentino Ariza, la pareja protagónica de El amor en los tiempos del Cólera de Gabriel García Márquez, deben superar la juventud y la madurez, para coincidir en una pareja solo cuando llegan a la ancianidad. El tiempo no debilita la pasión que ha demorado tantos años en concretarse y tampoco es demasiado verosímil suponer que permanezca igual. Ellos no son eternos, aunque la novela concluya en el encuentro tan deseado. Se trata de un tópico literario.

Dante Alighieri y Beatrice Portinari forman una pareja inolvidable, gracias a los poemas que el hombre le dedicó, afirmando que su obra no hubieran existido sin ella (no porque ella colaborara activamente en la escritura, sino porque él quedó atrapado por su imagen infantil. En la realidad, ambos siguieron caminos separados. Cada uno tuvo al menos una pareja efectiva, con la cual mantuvo relaciones estables y procrearon hijos, a pesar de lo cual esas parejas posibles no dejaron demasiado rastro en la Literatura. La frustración resulta más productiva que la rutina de la pareja, puede pensarse.

W.B.Yeats

En 1889, el escritor William Butler Yeats, conoció a Maud Gonne, actriz y militante por la independencia de Irlanda y defensora de la causa feminista, que lo rechazó repetidamente. Yeats le propuso matrimonio en 1891 y obtuvo la primera negativa. Gonne estaba enamorada del político izquierdista francés Lucien Millevoye. Ambos tuvieron dos hijos entre 1893 y 1895, de los cuales solo Isseult Gonne sobrevivió. En 1899, terminaron su relación. Yeats, al enterarse, viajó a Paris para reiterar la propuesta de matrimonio y la respuesta que obtuvo fue la misma negativa.

A pesar del rechazo (o tal vez gracias a él) Gonne inspiró la poesía patriótica de Yeats, el estudio del folclore irlandés y su dedicación al teatro. Tal como había sucedido con Dante y Beatrice, el alejamiento de quienes pudieron formar una pareja, derivó en la producción de obras de arte perdurables.

Gonne se casó en 1903 con un nacionalista irlandés y veterano de guerra, John McBride, que más tarde fue fusilado por los ingleses. Yeats volvió a frecuentar con las mismas intenciones de antes a la viuda, obtuvo la tercera negativa, y solo entonces descubrió a la joven Isseult, que tampoco accedió a convertirse en su pareja. Solo en 1912, a los cincuenta y dos años de edad, Yeats consiguió casarse con la medium Georgie Hyde-Lee, que colaboró en su trabajo poético y le dio dos hijos.

Hay quienes por distintos motivos, no pueden vivir en pareja. En ocasiones, no consiguen que nadie a la altura de sus expectativas que los acompañe. Son hábiles para detectar los defectos ajenos y aislarlos de cualquier posible virtud en las personas que podrían ser sus acompañantes. Antes que aceptar a alguien del repertorio de parejas que les ofrece la realidad, prefieren continuar viviendo  solos; según creen, de ese modo se encuentran disponibles para un encuentro que todavía no se anuncia. En otros casos, han logrado la buscada compañía, pero se las componen para alejar a quienes parecían dispuestos a compartir la vida, porque no se ajustan a las imágenes que ellos habían elaborado antes de encontrarlos.

Ceasare Pavese

Cuando la confesión del desacuerdo entre la realidad y lo que se soñó llega de un escritor tan talentoso como Cesare Pavese, que poco tiempo después va a terminar su vida por decisión propia, el drama de la soledad no puede ser visto como algo trivial, que el tiempo compone en cualquier momento:

¿Puedo decirte, amor, que nunca desperté con una mujer al lado, que cuando quise a alguien nunca me tomaron en serio y que ignoro la mirada de agradecimiento que una mujer dirige a un hombre? (Cesare Pavese: carta a Pierina)

Ese es un hombre que ha decidido no negociar con la realidad; que se ha condenado a un sufrimiento que podría eludir, si atinara a efectuar las decisiones que no tomará nunca.

Hay quienes vivieron algún tiempo en pareja, pero comienzan a sentirse insatisfechos de la relación que se ha vuelto rutinaria y deciden quebrarla, como le sucedía a otro escritor, Leon Tolstoi, después de un matrimonio de varias décadas con una esposa de su mismo medio social, que le había dado hijos y repetidas muestras de amarlo sinceramente.

Sofía, déjame partir, no me busques, ni te disgustes, ni me censures. El hecho de que te haya abandonado no prueba que tenga yo motivos de queja contra ti. Sé que no tú no podías (…) ver ni pensar como yo, yo por esto no has podido cambiar tu vida y hacer un sacrificio (…). Me acuerdo con amor y gratitud de los treinta y cinco años largos de nuestra vida en común. Pero en (…) los últimos quinces años nuestros caminos se han separado. No puedo creer que yo sea culpable de ello; sé que si he cambiado no ha sido por mi gusto, ni por el mundo, sino porque no podía obrar de otra manera. No puedo acusarte de no haberme seguido y te doy las gracias y me acordaré siempre con amor de cuánto me has dado. (Leon Tolstoi: carta de despedida a Sofía Andreievna)

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