PREPARATIVOS FEMENINOS PARA LA VIDA EN PAREJA


Anna Maria Pierangeli en Domani é troppo tardi

No se llega a ser mujer, se llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico, económico, define la imagen que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; el conjunto de la civilización elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado que se suele calificar de femenino. (Simone de Beauvoir)

Uno de los lemas del feminismo de los años ´70, fue que las mujeres no nacen con todas las características que terminan de manifestarse en su vida adulta, sino que son acondicionadas para adecuarse a las demandas masculinas (algo parecido le pasa a los hombres, habría que decir, pero a ellos les corresponde establecer esas demandas, en ocasiones odiosas). Los roles de los géneros se encuentran preestablecidos por el colectivo y la vida en pareja y la educación se encarga de preparar a quienes postularán.

En distintas culturas existe una falta de simetría en la llegada a la adultez de hombres y mujeres. Con esto se atiende a diferencias en el desarrollo hormonal, sino al espacio que la sociedad les otorga. Los niños se desarrollan después, pero tienen asignados roles dominantes en la relación de pareja, mientras las niñas se desarrollan antes y sin embargo continúan subordinadas. Nora, la protagonista de Casa de Muñecas de Henryk Ibsen, descubre tras un doloroso proceso que le requiere infinidad de tropiezos, desvíos y sacrificios, que no ha crecido y continúa siendo percibida como una niña por los hombres, a pesar de haberse casado y tener dos hijos.

Collier: Bella Durmiente

Los cuentos de hadas ofrecían una visión metafórica (consoladora) de la transformación de las niñas en mujeres. Pasara lo que pasara, las protagonistas saldrían ganando en estabilidad y respeto, cuando crecieran, una situación que exigía la incorporación de un hombre que daba sentido a sus vidas. Personajes como Blanca Nieves o La Bella Durmiente eran figuras encantadoras pero indudablemente pasivas. No por casualidad, ellas esperaban tendidas en un lecho, el beso de un Príncipe encargado de introducirlas en la vida en pareja y asegurarles la felicidad por el resto de sus vidas. Una versión más antigua de la Bella Durmiente incluye probablemente más de una violación, porque la princesa queda embarazada de dos gemelos que la despiertan cuando nacen y comienzan a mamar.

Comparada con las anteriores heroínas, Cenicienta no se queda esperando. Es una seductora experta, a pesar de su virginidad. Ella se engalana con lo que encuentra en una cocina, concurre a la fiesta donde puede hallar pareja, y después de asegurarse que el Príncipe la descubre y desea, en lugar de entregarse escapa, con lo que adopta la estrategia sexual que siglos más tarde enunció un militar experto, Napoleón Bonaparte: “En el amor, aquel que huye vence”. El Príncipe se ve obligado a buscarla, para proponerle matrimonio, mientras ella aguarda en su fogón, que el resto de las competidoras se eliminen por no corresponder al zapatito de cristal.

Los griegos de la Antigüedad hicieron aportes fundamentales a la cultura de la Humanidad, que todavía siguen vigentes, y sin embargo no tenían demasiado en claro la conexión entre la actividad sexual de hombres y mujeres, con la procreación. Las mujeres quedaban embarazadas de espíritus o planetas del firmamento. El viento o los árboles podían ser responsabilizados de la paternidad de seres humanos.

Anuncio de Kotex

No todas las madres se consideraban dotas de suficiente conocimiento sobre el tema, para instruir a sus hijas sobre aspectos fundamentales del funcionamiento de sus cuerpos. En ocasiones, la timidez se rebelaba como el obstáculo principal para la circulación de informaciones. ¿Cómo hablar, aunque fuera en privado, entre dos personas tan cercanas en todos los aspectos, sobre algo que los adultos no se atrevían a mencionar?

En las clases de Biología se nombraba en público la menstruación y los espermatozoides. La terminología científica se encargaba de mantener los interrogantes posibles de los estudiantes a prudente distancia. Algunas décadas antes, en los países de habla inglesa, todo lo referido a la sexualidad podía ser escrito y publicado, siempre y cuando se usara una lengua muerta como el latín para describir aquello que la lengua cotidiana no se hubiera atrevido a mencionar. De allí el impacto causado por las novelas de D.H.Lawrence, que intentaban poetizar actividades tan elementales como la sexualidad humana y nosotros leíamos veinte a treinta años después como textos audaces, cercanos a la pornografía.

Las clases de la educación secundaria no eran tan abstractas como las que se daban en la escuela primaria, que obligaba a memorizar que los mamíferos se reproducían por yuxtaposición (una fórmula que conseguía cerrar el paso a cualquier pregunta inoportuna que un estudiante se hubiera atrevido a formular). Tal como sucede con los chistes verbales, que si se explican se termina matándolos, los objetivos de la instrucción sexual en los colegios se habían cumplido, pero nadie lograba conectar lo que sabía antes de la clase, con lo que estaba obligado a repetir en clase.

La primera regla de las jovencitas llegaba hace un siglo en medio de la adolescencia, cerca de la fiesta de quince, mientras hoy ocurre cinco a siete años antes, en plena infancia. Los especialistas atribuyen este cambio a la industria de la alimentación de nuestra época, saturada de hormonas y pesticidas (una situación que se detectó hace más de veinte años en Puerto Rico) mientras otros estudiosos lo relacionan con el sedentarismo de la vida actual y el sobrepeso.

El destaque de los pezones y rellenado de los pechos, la aceleración del crecimiento, luego la aparición del vello púbico y de las axilas, eran signos perturbadores para las adolescentes desinformadas del pasado. ¿Cómo los encaran hoy las niñas todavía menos maduras emocionalmente? Aunque se trata de situaciones que todas las mujeres viven, tarde o temprano, cada una lo experimenta de acuerdo a los prejuicios y temores que el entorno suministra.

Desde la perspectiva de las culturas patriarcales, la menstruación era un momento de riesgo que afectaba a todo el grupo que rodea a la jovencita. La preocupación de todos no era por la situación de aquella que menstruaba, sino por los daños de todo tipo que podía causar con su involuntaria efusión de sangre: arruinaba cosechas, anunciaba tormentas, atraía la mala suerte a quienes convivían con la mujer fértil..

Hacia 1951 se estrenó una película muy comentada, Domani é troppo tardi (Mañana es demasiado tarde) que se ocupaba del tema. Cualquiera habría pensado que después del caos de la Segunda Guerra Mundial, en un país derrotado como Italia, humillado por varios ejércitos extranjeros, como cuenta la novela de Alberto Moravia La Ciociara(Dos mujeres) los tabúes a la información sexual de los jóvenes eran cosa del pasado, pero eso no era cierto. A comienzos de los `50, Hon dansade en sommar, una película sueca, se demostraba que incluso en los países protestantes nórdicos, supuestamente más liberados en aspectos morales, que los herederos de la tradición hispánica, la sexualidad de los adolescentes era una actividad desinformada y reprimida, que conducía a la frustración y la muerte de los jóvenes.

Las madres no se atrevían a advertir a sus hijas los cambios que habría de sufrir su cuerpo. Del colegio no podía esperar ayuda, porque concurría a una institución católica donde las monjas estaban todavía peor preparadas que la madre, por su inexperiencia y sobre todo por la convicción de que cuanto más se hablara del tema, tanto más se facilitaba la comisión de pecados que ellas debían impedir.

Las toallas higiénicas o los tampones que en la actualidad hacen publicidad en revistas y la televisión, no estaban disponibles o al menos no eran demasiado utilizadas, por las mujeres. Las toallas reutilizables que eran lavadas cuidadosamente y se tendían a secar, cubiertas por otras prendas, para escapar a la mirada de niños y adultos. Durante el siglo XIX, entre los médicos, todavía se consideraba la menstruación como una de las enfermedades femeninas.

Anuncio de Maidenform

Hacia fines de los `50, había publicidad de Kotex en la prensa femenina, pero de todos modos era tan abstracta que no podía incomodar a nadie. Hacia los `60, con la difusión de la píldora anticonceptiva, el rol pasivo de la mujer, mantenido sin alteraciones durante siglos, comenzó a derrumbarse en la realidad y en el discurso de los medios. En un famoso anuncio de Maidenform, la hembra agresiva, orgullosa de su sexualidad, aparecía armada con pistolas y también buscada por la Justicia, como los criminales míticos del Far West.

La conversión de niña en mujer pasó a ser representado como un proceso deseable y cómodo, que debía ocurrir cuanto antes. De nuevo, un mito sustituía a otro, que se había desgastado, y las contradicciones del mundo continuaban escamoteadas. En un par de generaciones, se ha llegado a la situación actual, donde las niñas estimuladas por la publicidad, se maquillan, peinan y visten como mujeres adultas, en una caricatura de la madurez que no se corresponde con su evolución intelectual. Ahora tienen que sentirse mujeres antes de tiempo, aunque solo sea para sumarse a la masa de consumidores.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: