PAREJAS INMADURAS


Esposa de once años

Es una tendencia que se ha definido en las últimas décadas. En los países desarrollados, los jóvenes demoran cada vez más en acceder al matrimonio. No es que se priven de la actividad sexual, ni tampoco que eviten la procreación, a pesar de la variedad de métodos anticonceptivos disponibles, sino que no se deciden a comprometerse en una relación estable con sus parejas, hasta después de haber cumplido los 30 años.

Las excusas que esgrimen para no casarse antes, son de variado tipo: algunos quieren afianzar profesionalmente sus vidas, otros se han propuesto adquirir una vivienda propia, pretenden asegurarse de que están eligiendo a la persona más adecuada,  se proponen experimentar la relación con otras parejas, etc.

¿Por qué apresurar las cosas? El impulso sexual encuentra menores restricciones y sanciones en la actualidad que en el pasado. La sociedad tolera que los jóvenes convivan algún tiempo sin casarse. Incluso que tengan sexo ocasional, tanto los hombres como las mujeres, como parte de una búsqueda personal que tiene como objetivo encontrar a la pareja definitiva.

No es una situación satisfactoria para todo el mundo, pero se la considera un signo de estos tiempos (que tiene cosas peores). Aquellos que andan tras una pareja, no se resignan a la primera que la suerte les depara. Son pragmáticos, si no aceptan los consejos de los cursillos de preparación para el matrimonio que los distintos cultos religiosos obligan a seguir a aquellos que quieren disfrutar de sus rituales.

Hasta las mejores intenciones se debilitan y fallan al encarar los obstáculos que plantea la realidad. Al convivir sin casarse durante meses o años, los jóvenes ponen a prueba a sus parejas, en la esperanza de que ambos superen los riesgos de una convivencia similar al matrimonio, pero sin papeles ni un ceremonial fijado en la memoria de parientes y amigos. Hijos de una generación que comenzó a ver la separación y el divorcio como soluciones adecuadas para ciertos conflictos íntimos que la generación anterior no tenía cómo resolver, los nietos de aquellos que continuaban viviendo juntos a pesar de que la relación había fracasado, se dan tiempo para averiguar si la pareja que encontraron y generó esperanzas tan grandes, les conviene efectivamente o no.

Una idea subyacente en estas decisiones postergadas para meditarlas (en el mejor de los casos), es que las expectativas de la vida humana se han extendido tanto durante las últimas generaciones, gracias a los antibióticos, las vacunas, los sistemas de protección social, etc. que la voluntad de casarse pone en el horizonte a más de medio siglo de vida en común. Hace un siglo o dos, dos personas se unían hasta que la muerte los separara, tras veinte o treinta años juntos. En la actualidad, la imagen de medio siglo en pareja puede intimidar a muchos. ¿Cómo mantener el interés? ¿Cómo no aburrirse uno al otro? ¿Cómo no traicionarse?

A pesar de lo anterior, los adolescentes se inician sexualmente mucho antes que en el pasado, a pesar de lo cual carecen de información adecuada para evitar los embarazos o las enfermedades de transmisión sexual. Se ha comprobado incluso que aceptan como algo mitos inverosímiles (como aquel de que una adolescente no puede quedar embarazada antes de acumular cinco relaciones sexuales consecutivas). Alarma la existencia de madres y padres inmaduros, que entregan su prole al cuidado de sus propias madres y abuelas. El sistema escolar suele discriminar a las jóvenes madres por la “falta” que cometieron, las expulsa o retrasa en los estudios. Los efectos de las parejas inmaduras se manifiestan en uniones apresuradas, con el objeto de evitar que los hijos nazcan fuera del matrimonio (una situación que en varios países queda marcada en los documentos de identidad). No es de extrañar que estas parejas tarden poco en quebrarse.

En las sociedades primitivas del pasado y el presente, la existencia humana suele ser corta, se encuentra amenazada por enfermedades incurables, el hambre, la guerra y otras penurias. La sociedad debe ser preservada mediante la procreación temprana. Si se demora demasiado ese momento, la muerte puede llegar sin que se haya dejado descendencia.

Para el Islam, casarse con niñas que acaban de menstruar por primera vez y por lo tanto son puras y cabe esperar que se sometan a la voluntad de sus esposos, ha sido una tradición mantenida por hombres que las doblan o triplican en edad y se comprometen a mantenerlas. El mismo Profeta lo hizo en su momento, por lo que sus seguidores no dudan en seguir su ejemplo.

En la India tradicional, los textos religiosos aconsejan casarse pronto y con las mujeres más jóvenes que se encuentren. Entre las leyes de Manu Smirit se afirma que un hombre de 30 años debe casarse con una niña de doce que le guste. Un hombre de veinticuatro puede hacerlo con una niña de ocho años. Si sus deberes no se lo impidieran, debe incluso casarse antes.

Suele ocurrir que un niño de siete años se case con una niña de la misma edad, a la que no ha tenido la oportunidad de conocer. O que una esposa niña quede viuda y se encuentre desamparada de su familia de origen y de la familia del marido. Hay matrimonios que se arreglan antes del nacimiento de los contrayentes, como forma de relacionar a las dos familias. Todo esto se encuentra en abierto desafío a las disposiciones del Código Civil hindú, que pone los 18 años de la pareja como límite para una unión legal.

Celebraciones de este tipo, indican la persistencia de costumbres más antiguas que la legislación,  aprovecha las ocasiones propicias para la felicidad futura de la pareja, tal como es anunciada por el horóscopo, el costo menor al de las ceremonias de adultos, mientras le da la espalda a las ideas modernas de los legisladores, que pretenden terminar con esa tradición. La boda brinda la oportunidad de relacionar a dos familias de la misma casta y es un asunto manejado por los adultos, en el que los jóvenes tienen un rol secundario.

En la India hay un millón y medio de niñas menores edad casadas, de las cuales 300.000 fueron madres antes de los quince años. El Parlamento aprobó en 2006 una ley que declara nula cualquier unión de menores de dieciocho años y compromete a los familiares a mantener a las jóvenes hasta que alcancen la mayoría de edad.

Esposa de seis años, marido de veinticinco.

En Afganistán se celebran bodas de niños, sobre todo en los sectores campesinos y los más pobres de las ciudades. La motivación suele ser económica: los padres de la novia reciben el pago de una dote que equivale al doble de los ingresos promedio de una persona durante un año. Criar niñas para casarlas a buen precio, es una inversión que conviene amortizar lo antes posible. En ciertos casos, las familias pagan las deudas que han acumulado, entregando a sus niñas como esposas. De acuerdo a la UNICEF, 43% de los matrimonios que se efectúan en el país incluyen a menores de edad.

Boda masiva en Gaza.

Las parejas establecidas con niñas y adolescentes mucho menores que los novios, son una realidad en África y el sur de Asia, Oriente Medio y América Latina. En Etiopía no es raro que se celebren matrimonios de hombres adultos con niñas de siete años de edad. El  7% de las niñas de Nepal se encuentran casadas antes de haber cumplido los diez años de edad. 40% lo está a los quince años.

Todos los años se celebran diez millones de bodas entre menores de edad, con el consentimiento de sus padres. En países africanos como Chad, Níger y Mali, dos tercios de las niñas se casan antes de cumplir quince años. Aproximadamente la mitad hace lo mismo en Mozambique, Nepal, Burkina Faso. El porcentaje de matrimonios con niñas de India, Uganda o Nicaragua es inferior, pero de todos modos incluye cifras alarmantes, de acuerdo a organismos internacionales como la UNICEF. Madres inmaduras mueren durante el primer parto. Adolescentes que han debido dedicarse tempranamente a la crianza de sus hijos, abandonan el sistema educativo y solo quedan disponibles para los empleos menos calificados.

Según la visión de la mayor parte de los países occidentales, establecer una pareja de un hombre adulto con una niña es un acto ilegal, que puede ser interpretado como una violación, aunque la menor de edad y sus familiares hayan consentido, en ocasiones para eludir las amenazas de los pretendientes, en otras por la promesa de obtener regalos.

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