LA PROFESION COMO PAREJA


Agnés Varda y Jacques Demy

Hubo hombres que se preparaban durante años y dedicaban todos sus esfuerzos al ejercicio de una profesión, desde que existe memoria. Algunos eran guerreros, otros ingenieros, otros sacerdotes, otros gobernantes, otros se encargaban de cuidar la salud de sus iguales. No todos los hombres llegaban a ser profesionales, pero la idea de un ser humano que lograra especializarse en alguna tarea útil para sí mismo y para el resto de la comunidad, suele verse aún como una característica masculina.

De las mujeres, tradicionalmente no se esperaba que estuvieran a la altura del paradigma masculino. A ellas les correspondían tareas tan decisivas como el cuidado del hogar y la crianza de los hijos. De ella se aguardaba que fueran “el reposo del guerrero”. No era que se pensara la vida de las mujeres como menos relevante que la vida de los hombres, sino como algo radicalmente distinto, que ocurría en otros espacios y de otro modo.

Esa diferencia podía revelarse como una discriminación inaceptable, según la perspectiva de algunos:

Nosotros, los estudiantes abajo firmantes, consideramos que la mezcla de los sexos en la misma clase puede ser bastante desagradable. Es muy probable que los profesores se sientan cohibidos ante la presencia de mujeres y no puedan referirse a ciertos hechos necesarios de manera explícita y clara. La presencia de mujeres jóvenes como espectadores de la sala de operaciones es una ofensa a nuestros instintos y sentimientos naturales y está destinada a destruir esos sentimientos de respeto y admiración que todo hombre en su sano juicio siente hacia el otro sexo. Esos sentimientos son un signo de la civilización y el refinamiento. (Presentación de los estudiantes de Medicina de Middlesex ante la posible incorporación de Elisabeth Garrett Andersson, en 1861)

Una de las conquistas más buscadas y celebradas por las mujeres contemporáneas, es la posibilidad de estudiar y desempeñar una serie de profesiones que hasta no hace mucho se consideraban reservadas a los hombres. La conquista de este espacio no ha sido fácil, pero parece difícil de revertir. Conquistar posiciones en el mundo profesional requiere de las mujeres tantas energías y dedicación como la atención que previamente dedicaban a la familia. A diferencia de lo que le pasa a los hombres, asumir una profesión exige de las mujeres que se le sacrifican aspectos que hasta no hace mucho se consideraban los más relevantes para ellas.

¿Cómo cría a sus hijos una profesional? ¿Cómo resuelve los grandes o pequeños conflictos de la rutina familiar? ¿Qué aspectos de su vida en pareja descuida para atender las demandas de su vida profesional?

Los seres humanos aspiran a establecer una relación de pareja, pero no siempre se ve con suficiente precisión cuándo, ni con quién, ni hasta cuándo. En la realidad ocurre que basados en el atractivo sexual se establecen parejas que parecen perfectas, para advertir a continuación que los compromisos profesionales impiden dedicarle a esa otra persona el tiempo y esfuerzo necesarios para que la relación persista y prospere.

Hay quienes tratan de eludir esos conflictos, renunciando a la vida en pareja, en pos del éxito profesional. Ellos optan por sus carreras, dejando las posibles relaciones de pareja para más tarde, cuando se hayan afianzado en sus profesiones (o renunciando definitivamente a ella).

Antes, los hombres reservaban para ellos gran parte de las profesiones más rentables y prestigiosas, de manera tal que posibilidad de hallar pareja no pasaba por ese ámbito, sino por el definido como el tiempo libre. En la situación actual, sin embargo, alguien que por su ocupación no asiste a fiestas o paseos, que no tiene una familia extensa o un círculo de amigos que le permita conocer a posibles parejas, se encuentra de todos modos expuesto en su trabajo a la presencia cotidiana de personas atractivas del sexo opuesto, razón por la cual se abre la oportunidad de compartir la ocupación del espacio profesional con la búsqueda de pareja.

En ciertos casos, que constituyen la excepción, el desempeño profesional y la vida en pareja coinciden sin conflictos. Dos personas se juntan para trabajar y convivir de manera estable, porque se entienden, se agradan y suponen que no habrán de aburrirse ni estorbarse permaneciendo juntos las veinticuatro horas del día (una situación que a otros les causa espanto).

Jacques Demy y Agnés Varda, una pareja de cineastas franceses, prefirieron desarrollar carreras separadas. Cuando el hombre murió, en cambio, la esposa le dedicó un largometraje que reconstruye sus años juveniles y restauró pacientemente sus filmes más conocidos. La colaboración profesional más estrecha, surgió durante la viudez, no en la época que compartieron. Algo parecido ocurrió entre Alexander Dovchenko, el director de cine ruso y su esposa, la actriz Yulia Solntseva, que después de la muerte del hombre, se dedicó a producir los proyectos que él no había podido llevar a cabo, por causa de la censura estalinista.

Otros dos directores de cine, Czeslav Petelski y Ewa Petelska se conocieron mientras estudiaban cine en la Escuela de Lodz, en Polonia, a mediados del siglo XX, comenzaron a trabajar juntos como directores, se casaron, tuvieron un hijo y continuaron una carrera conjunta (de poco menos de una veintena de películas) hasta la muerte del hombre, cinco décadas más tarde. Incluso después de la muerte de su marido, Ewa Petelska continuó produciendo proyectos que él había dejado inconclusos.

Cuando se observa una historia como ésta desde la perspectiva de la profesión, resulta plausible que la gente conozca a sus posibles parejas en el ambiente de trabajo donde se desempeñan, sobre todo en la actualidad, cuando las mujeres se han incorporado a casi todas las actividades productivas, y alcanzado altos cargos, por lo que no cuesta entender que los miembros de la pareja puedan entenderse mejor, si comporten los mismos intereses, si hablan el mismo lenguaje y tienen los mismos amigos.

Marie y Pierre Curie

María Sklodowska y Pierre Curie formaron una exitosa pareja de investigadores, que hacia fines del siglo XIX descubrieron la existencia de los rayos X, la radioactividad natural y obtuvieron juntos un Premio Nobel de Física en 1903, tras años de colaborar en esa búsqueda (una actividad que corrió paralela a su matrimonio y la crianza de sus hijos). La posibilidad de una perfecta complementación profesional y emocional no es demasiado probable.

Ingmar Bergman y Liv Ullmann

Las relaciones del dramaturgo y director Ingmar Bergman con las varias parejas que sucedieron en su vida, fueron realmente productivas (Liv Ullmann, Harriet Anderson y otras protagonistas de sus filmes y piezas de teatro, eran también sus esposas), pero no dejaron de resultar conflictivas. De otro modo no se explicaría su reincidencia en el divorcio. Las parejas de los actores del cine y la televisión suelen ser tan destacadas por los medios y objeto de la admiración de sus seguidores, como frágiles en la realidad, quizás por encontrarse demasiado expuestas a los conflictos que surgen en los dos ámbitos de actividad que intentan combinar.

Tener a la misma persona como pareja de vida y trabajo es la máxima aspiración de algunos, que no desean esforzarse o son demasiado posesivos. Con esa persona se comparten los mismos intereses, los mismos temas de conversación, se conocen a las mismas personas, se dividen las tareas entre ambos, se consultan las preocupaciones profesionales, etc, y se supone que esto redunda en beneficios de todo tipo para los dos.

Sin embargo, esta vecindad prolongada no deja de ofrecer dificultades que resultan indeseables para muchos. Se está demasiado tiempo cerca de la pareja, se trasladan las tensiones del ámbito profesional al doméstico (o viceversa), se genera una peligrosa sensación de encierro, de tedio, que tarde o temprano amenaza la continuidad de la pareja.

Muchas profesiones dependen de relaciones de poder bastante inadecuadas para el desarrollo de una sana convivencia de pareja. Aquellos que son iguales en ciertos aspectos, no lo son en otros. Establecen nichos o castas que limitan la comunicación entre las personas que se han asociado. Elegir pareja entre las mujeres subordinadas puede resultar extremadamente cómodo para los hombres con poder, que suelen aprovechar su posición para encontrar una compañía que no ve la forma de negarse a ella, pero se vuelve un handicap para las mujeres que acceden a cargos de cierta responsabilidad. Aquello que se tolera y envidia en ellos, se desprecia y convierte en objeto de burla en ellas.

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