LA RISA EN PAREJA


Tin Tan

Durante las últimas décadas del siglo XX, Benny Hill hacía reír a la audiencia de Inglaterra (un lugar donde ahora se avergüenzan del contenido machista de la diversión que él explotaba). No era el primero en reírse de las mujeres que lo acompañaban en la escena. Desde las farsas de Aristófanes, en la Antigüedad, situaciones como esas fueron especialmente celebradas por la audiencia masculina.

Los cómicos latinoamericanos (Tin Tan en México, Jorge Porcel en Argentina, Che Copete en Chile) conocen de memoria la rutina. Un hombre generalmente feo y no por ello menos libidinoso, que no tarda en suscitar la risa cómplice de la audiencia, es acompañado en la escena por una mujer joven y exuberante, que solo atina a exhibir su cuerpo apenas cubierto y decir frases bobas, cuyo doble sentido no entiende, a diferencia de lo que le pasa al hombre y sus espectadores.

¡Qué cómoda resulta la diversión a costas de esa mujer tan deseable como incapaz de defenderse! Mostrar a la pareja para que otros la deseen, para burlarse paralelamente de sus limitaciones, debe ser una fantasía muy oscura y bien arraigada de muchos hombres, para que tantos cómicos la hayan convertido en un sketch clásico.

Sacha Guitry

A mediados del siglo XX, Sacha Guitry se burlaba de las limitaciones de las esposas de todo el mundo, comenzando por aquellas que reconocía en sus propias esposas (Charlotte Lysès, Jacqueline Delubac, Geneviève de Sérèville, Ivonne Printemps, Lana Marconi), que actuaban junto a él en los filmes y piezas teatrales que él escribía, actuaba y dirigía, pero que estaban condenadas a ser cambiadas, a medida que maduraban. Los espectadores podían reírse con el hombre maduro, celebrar el ingenio de sus diálogos, sin olvidar que el humorista estaba agrediendo a su pareja, delante de una multitud de testigos, una situación bastante incómoda apenas se la describe desde cierta distancia.

George Burns y Gracie Allen

El cómico norteamericano George Burns hacía algo parecido con su esposa y pareja del teatro, la radio y la televisión, la actriz Gracie Allen, que lo acompañó durante 36 años, hasta su muerte, que obligó al hombre a modificar el estilo de sus comedias. A diferencia de Guitry, en Burns, a partir de la representación del eterno conflicto entre los sexos, el hombre representaba a un cascarrabias, mientras la mujer encarnaba a una simpática atolondrada, su victimaria inocente, en lugar de la víctima que hubiera podido pensarse.

Buster Keaton: The General

En una escena del filme mudo The General, Johnnie Gray, el maquinista que encarna Buster Keaton, huye del ejército enemigo con su pareja, utilizando una locomotora a vapor, durante la Guerra de Secesión norteamericana. La caldera exige un suministro constante de combustible. La mujer tiene que alimentarla. mientras el hombre elimina los obstáculos que impiden avanzar por la vía. Ella selecciona un pequeño trozo de madera, tras haber botado otros de mayor tamaño pero con agujeros, que no satisfacen sus cánones estéticos.

¿Por qué causa risa una escena como esa, cuando la vida de ambos personajes, uno tan serio como el otro, estaría en peligro si la locomotora falta de combustible fuera alcanzada por sus perseguidores? Primero, porque se refiere a algo real, que es la diferencia de percepciones de la realidad, habitual en la experiencia de una pareja. Hombres y mujeres se necesitan unos a otros, pero no siempre coinciden y es muy probable que se defrauden. Los hombres suelen estar entrenados para tomar decisiones trascendentes y generar productos útiles, mientras que las mujeres son preparadas para responder emotivamente y ocuparse de asuntos menos relevantes.

El filme encara ese desacuerdo tradicional, que puede ser tan enojoso y no obstante lo resuelve mediante una reconciliación. A pesar de las perspectivas opuestas, ellos se aman, cada uno de los personajes necesita el aporte del otro. Si se distanciaran, la imposibilidad de poner en escena el desacuerdo los reduciría a figuras carentes de interés.

Desi Arnaz y Lucille Ball

En la serie televisiva I Love Lucy, las risas las provocaba Lucille Ball, encarnando a la esposa torpe y farandulera de Ricky (Desi Arnaz), un músico machista pero exitoso,  incapaz de controlarla, un cubano que no habla bien el inglés ni termina de adaptarse a la mentalidad de los EEUU. Lucy no necesitaba que ironizaran sobre ella, porque en el desajuste con su pareja, ella quedaba constantemente en ridículo. En uno de los episodios, Lucy recibe de su marido en la ficción y la vida real, una paliza que la trama presenta como el merecido castigo por una de sus tonteras. Pocos años más tarde, el juicio de divorcio que enfrentaba a los dos actores, revelaba que la violencia familiar era un hecho reiterado en la pareja.

En la realidad, no cuesta mucho iniciar y aumentar un conflicto con la pareja. Sea por descuido o siguiendo un plan deliberado, uno consigue ofender a la otra parte, y una vez dado ese primer paso, dejarse llevar y aumentar la distancia es más fácil que detenerse o retroceder. Los motivos del desacuerdo poco importan, porque son suministrados por la rutina de la vida en común, por la inevitable diversidad de opiniones y experiencias, por los diferentes roles que cada uno debe asumir.

Lo difícil para cualquier pareja es obtener un acuerdo a pesar de las inevitables diferencias. Hasta la sexualidad puede satisfacerse de manera parcial, a desgano o incluso disgustar a alguna de las partes involucradas. Reír, en cambio, solo resulta posible cuando el acuerdo es efectivo, no negociado, espontáneo, de manera tal que sin deliberaciones de ningún tipo, dos personas coinciden en la misma reacción ante un estímulo. Cuando se ríe de a dos, no hace falta buscar otras pruebas que demuestran la buena relación que existe en la pareja.

¿Por qué reír? Para descargar tensiones, de acuerdo a Freud. Para Hazlitt, lo risible surge de lo incongruente, desconecta una idea de la otra, revela el choque de un sentimiento con otro. Según Kayser, lo cómico es la súbita mutación hacia otra área del ser, el desenlace de una tensión, la revelación de la distancia que existe entre el ser y parecer. Las hipótesis no faltan, pero no todos ríen de la misma circunstancia ni con la misma frecuencia. Para Bergson, una de las causas de la risa, es el repentino quiebre de una apariencia que ocultaba la percepción objetiva de la realidad.

Hay quien ríe porque se siente aliviado, al enfrentar una situación que se resuelve de pronto, con menores riesgos que los anunciados. No encontrarse en condiciones de reír con la pareja, es en los mayoría de los casos, verse impedido de reír, porque ¿cuántos se atreven a reír solos? Pocas cosas puede haber más humillantes que divertirse con algo que deja indiferente a otra persona. En tal caso, aquel que se ríe queda expuesto al ridículo. Reír con alguien más, en cambio, deroga todo tipo de censuras. La causa de la risa puede ser una tontería, pero lo que importa no es eso, sino el acuerdo que se dejó en evidencia.

Conseguir que la pareja ría, es una de las pruebas más difíciles de una relación entre dos que funcione, como lograr que esa otra persona se excite sexualmente cuando uno se encuentra en ese estado. Hasta resulta más confiable reír, que los gestos y sonidos propios de una relación sexual, porque la risa es involuntaria y difícil de fingir. ¡Qué bueno reír de a dos, comprobar que hasta en la distensión hay diálogo, no reír el uno del otro!

Si el más grande placer de los hombres es conseguir el cuerpo de las mujeres, yo entiendo que el más grande placer de las mujeres, sea conseguir la cabeza de los hombres. (Sacha Guitry)

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