DIOS(ES) COMO PAREJA(S) DE SERES HUMANOS


Bernini: Éxtasis de Santa Teresa

En una noche oscura, / con ansias en amores inflamada / ¡oh dichosa ventura! / salí sin ser notada, / estando ya mi casa sosegada. / (…) ¡Oh noche que juntaste! / amada con amado / amada en el amado transformada!  (san Juan de la Cruz)

Desde la Antigüedad remota, los seres humanos aspiran a formar pareja con los dioses que veneran. Cuando esa relación se entabla, algunos seres humanos afirman que salen ganando algo que está negado al común de la gente, a pesar de que también se vean obligados a pagar por el privilegio. Las mujeres paren héroes y semidioses, los hombres no siempre advierten la circunstancia excepcional que disfrutan (como es el caso de Endimión) y lo evidente es que los dioses aprecian sobremanera la intimidad con los mortales.

Tres mil años antes de nuestra era, en lo alto de la pirámide babilónica dedicada a Baal, una mujer que no tenía contactos con los hombres, ocupaba una cama todas las noches, aguardando la llegada del dios. Ella era su esposa. Para los egipcios, la Reina era la esposa de Ammón, reencarnado en el cuerpo del Rey. Los sacerdotes de Atis, un culto similar al de Adonis, se castraban para demostrar su fidelidad a Cibeles, diosa virgen. En un plano menos sangriento, los monjes y sacerdotes católicos hacen votos de castidad. Se trata de anular los deseos de la carne para dedicarse al servicio de la divinidad. Una aspiración que resulta excesiva para muchos de los que hacen tal promesa.

De acuerdo al mito de Gilgamesh, héroe de los sumerios, Shamhat, una devota de la diosa Ishtar fue la encargada de civilizar a Enkidu, una criatura que los dioses habían traído al mundo para que compitiera con Gilgamesh. Después de dos combates, ninguna lograba derrotar al otro. Gilgamesh decidió utilizar a una mujer para vencer a su adversario. Las habilidades de Shamhat en el ámbito de la sexualidad era tales, que le habrían bastado seis días y siete noches para instruir a Enkidu en las artes del amor, convenciéndolo también de repudiar la compañía de los animales salvajes y apartarse de la vida en las colinas, para alojarse en la ciudad de Unik. A partir de entonces, Enjidu y Gilgamesh se convirtieron en grandes amigos, que recorrieron el mundo.

La moza liberó sus pechos, desnudó su seno. Y él poseyó su madurez. No se mostró esquiva al recibir su ardor. Desechó su vstido y él descansó en ella. Mostró al salvaje el trato de una mujer. Cuando su amor entró en ella. Durante seis días y siete noches Enkidu se presenta. Cohabitando con la moza. Después se hubo saciado de sus encantos, volvió el rostro hacia sus bestias salvajes. (Poema de Gilgamesh)

La prostituta babilónica era un personaje plenamente aceptado por la sociedad, que cumplía un rol de responsable del culto e instructora de los jóvenes en materia sexual. Ritos parecidos continuaron celebrándose en Chipre tres mil años más tarde. No era el signo de un relajamiento de costumbres como parece a nuestra visión actual, sino una devoción religiosa, dado que el dinero así ganado se dedicaba al culto. En el templo había sacerdotisas dedicadas a esas actividades en horarios preestablecidos. Otras evidencias de prostitución sagrada se han encontrado en pueblos de América Central, África y Polinesia. En la India, el culto estaba reservado a la casta de las devadasis y subsistió en los templos de Shiva, que durante el tiempo de la colonización inglesa permanecieron prohibidos para los extranjeros.

En Grecia, durante los misterios de Eleusis, se celebraba la boda de Zeus con Demeter, diosa de las cosechas, siendo ambos personajes representados por el hierofante y una de las sacerdotisas de Demeter. Dionisos, dios del vino, se casaba todos los años con una de sus sacerdotisas, durante una ceremonia religiosa, con el objeto de favorecer la fertilidad de los viñedos y otros cultivos. Cuando Semele exige de su amante que revele su verdadera identidad, ignora que busca su propia muerte, porque el hombre que tanto ama es un dios, más precisamente Zeus, el Sol, que al mostrarse tal como es, la incinera. La idea de emparejarse con una divinidad no es lo más prudente que puede hacer una mujer (o un hombre) porque las enormes diferencias que hay entre ambos, no tardan en manifestarse.

La imagen del solitario visto como alguien incapaz de relacionarse de manera satisfactoria con sus semejantes (por ejemplo, para formar una pareja), se afianza como la de un santón durante los primeros siglos del cristianismo. Por entonces, el anacoreta, aquel que renunciaba a todo lo que ofrecía el mundo, para dedicarse a la oración y contemplación, adquirió un prestigio que hoy cuesta entender. Hombres y mujeres de todas las condiciones, peregrinaban de todo el Imperio Romano, después de la legalización del cristianismo, convertido en religión del Estado, para oír las prédicas de los ascetas, para tocarlos o ser testigos de sus mortificaciones.

La mayoría de los anacoretas eran hombres (Juan de Licópolis, Theón, Onofre, Simeón, Teódulo), pero también había mujeres (la mítica María Egipcíaca). Los santos que buscaban la soledad con tanto empeño, no siempre la encontraban. San Antonio, refugiado en el desierto de la Tebaida, tuvo que luchar contra la horda de tentaciones de todo tipo (incluyendo atractivas mujeres) que le mandaba el demonio. Así fue representado siglos más tarde por Hieronimus Bosch y otros pintores. La soledad que permitiría el diálogo con Dios, era una situación que perturbaba al Demonio y lo estimulaba a organizar todo tipo de actos desperados para impedirla. Satanás mandaba a sus criaturas más horribles o seductoras, para que asediaran al asceta con sus reclamos.

Para santo Tomás de Aquino, el apareamiento de demonios con seres humanos no era por el placer que los demonios hubiera podido obtener de la relación, sino para insultar a Dios y lograr la perdición de los seres humanos.Las parejas formadas por las brujas y el diablo (bajo la forma de un macho cabrío) eran duraderas y poco satisfactorias para las mujeres, que sufrían la posesión pero accedían a ella en prueba de fidelidad.

A los doce años, Caterina da Siena fue informada por sus padres que debía casarse. Ninguna orden podía serle más difícil de obedecer, porque había hecho un voto de castidad y esperaba dedicar su vida a Dios. Para indicar al mundo su voluntad, se rapó los cabellos, cubrió su cabeza con un velo y no cedió ante las presiones de sus mayores que le impedían el rezo y la vida contemplativa, al asignarle tareas domésticas. En algún momento cedió a las presiones familiares y participó en fiestas, pero la muerte de uno de sus hermanos fue interpretada por ella como un reclamo de Dios, a quien consideraba su Esposo, que no toleraba su alejamiento. A los quince años ingresó al convento, donde recibió las visiones que la acompañaron el resto de su vida. Bernini la ha representado en uno de sus momentos de éxtasis, con los párpados bajos, la boca entreabierta, los miembros distendidos, en una gestualidad que es la del abandono amoroso.

En las más diversas culturas hay seres humanos que toman a Dios como pareja, mediante ceremonias en las que se casan con la divinidad y a partir de ese momento se someten a las restricciones normales de las parejas monogámicas. El compromiso con Dios es de por vida, los obliga a mantener diálogos regulares con la divinidad (una rutina de oraciones y sacrificios corporales), reclama la más estricta fidelidad de los humanos, asegurada por el encierro en conventos, donde no se permite la entrada de personas del sexo opuesto que distraigan o compitan con esa relación privilegiada.

Para la secta de los maniqueos, que combinaban la doctrina cristiana con elementos del zoroastrismo y gnosticismo y no tardaron en ser condenados por la Iglesia, a los Elegidos les estaban prohibidas todas las relaciones sexuales, que también se desaconsejaban a los fieles.

En las culturas patriarcales, donde (se lo diga o no) Dios asume roles masculinos en su relación con los seres humanos, este matrimonio celestial es una oportunidad que se ofrece tradicionalmente a las mujeres que desean eludir a las parejas terrenales. El manifiesto desprecio del matrimonio, suele ser presentado en paralelo al elogio de la vida monástica (planteada como el ejemplo ideal de castidad).

Soledad es de quien muchos han envidia carecer de malos compañeros. No hay cosa más blanda que la cama vacía, ni más dura que la que está ocupada. Ni hay cosa más contraria a los ánimos que aman los dulces sueños y honestas vigilias, y que alguna cosa honesta o muy alta piensan, ni ninguna más enojosa a los que nobles cosas comienzan, que la compañía de la mujer. Bien sé que contra esto suelen decir aquellos a quien sus mesmas desventuras agradan, conviene a saber que no dice mal del matrimonio sino quien nunca se casó. (Petrarca: De remediis utriusque fortunae)

Al revisar los textos de los místicos cristianos o islámicos, se descubre que el diálogo que ellos entablan con Dios, se parece demasiado al diálogo amoroso. ¿Puede ser casual? ¿Se trata de una interpretación aberrante, en la que mejor sería no insistir? Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz utilizan el vocabulario de las pasiones humanas y pueden ser confundidos con poetas eróticos, cuando describen la relación del alma con Jesucristo. ¿se trata de una inercia del lenguaje, que ante lo indecible, aquello que desafía la capacidad expresiva del creyente, recurre a lo que tiene a mano, metáforas?

Las monjas católicas participan en una ceremonia que guarda evidentes semejanzas con el ritual del matrimonio que incluye vestiduras blancas, un anillo, etc. Jesucristo es denominado el Esposo.

Vivo ya fuera de mí /después que muero de amor; / porque vivo en el Señor, / que me quiso para sí; / cuando el corazón le di / puse en él este letrero: / que muero porque no muero. / Esta divina prisión del amor con que yo vivo / ha hecho a Dios mi cautivo, / y libre mi corazón; / y causa en mí tal pasión / ver a Dios mi prisionero, / que muero porque no muero. (Teresa de Ávila)

En 1558, Teresa de Cepeda y Ahumada (conocida luego como Teresa de Ávila), monja carmelita, sufrió su primer rapto. Entró en éxtasis y vio el infierno. Antes había dejado de orar y Jesucristo se le apareció reclamándole su comportamiento. Las visiones la acompañaron durante la elaboración del proyecto de reforma de su orden religiosa. Dos años la acompañaron esas visiones en las que un ángel le atravesaba el corazón con una flecha de oro.

Hirióme con una flecha / enherbolada de amor / y mi alma quedó hecha / una con su Criador; / ya yo no quiero otro amor, / pues a mi Dios me he entregado / y mi amado [es] para mí / y yo soy para mi amado. (Teresa de Ávila)

Hay seres humanos que toman a Dios como pareja, mediante ceremonias en las que se casan con la divinidad y al hacerlo se someten a la mayor parte de las restricciones que son normales en las parejas monogámicas. El compromiso es de por vida, los obliga a mantener contactos regulares con la divinidad (una rutina de oraciones y sacrificios corporales), porque Dios reclama la más estricta fidelidad, asegurada por el encierro en conventos, donde no se permite la entrada de personas del sexo opuesto que podrían ofrecer tentaciones.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: