MUJERES BRAVÍAS Y TAIMADAS


 

Richard Burton y Elizabeth Taylor: The Taming of the Shrew

Un pariente mío me ha contado que lo quieren casar con una mujer muy rica y más ilustre que él, por lo que esta boda le sería muy provechosa, si no fuera porque, según le han dicho algunos amigos, se trata de una doncella muy violenta y colérica. (Don Juan Manuel: El conde Lucanor)

Don Juan Manuel contó a comienzos del siglo XIV la historia del hombre desprovisto de dinero que ve la oportunidad de mejorar su condición, mediante un matrimonio con una mujer a la que nadie quiere, comenzando por el padre que la crió y deberá dotarla de un patrimonio. Durante la noche de bodas, el joven marido, que es presentado por el narrador como el héroe de la historia, ordena a su perro que le traiga agua para lavarse las manos. Como no le obedecen, lo ataca con la espada desenvainada y lo decapita, ensangrentando la casa entera. A continuación vuelve a sentarse y hace algo no menos cruel con un gato y el único caballo de su propiedad. Aterrorizada, antes de que le digan nada, la mujer va en busca de agua, luego sirve la comida y se mete sin chistar en su cama. Gracias al sacrificio de varios animales domésticos, la joven esposa ha aprendido la respuesta que se espera de ella: oír y obedecer de inmediato al marido.

Esa historia, con su mezcla de horror y humor, gozó de gran popularidad durante el Medioevo. Muchos autores la retomaron, como si fuerza necesario instruir a las mujeres, mediante una ficción, sobre la conveniencia de someterse a los hombres. Nadie las matará, prometen, porque la vida sin ellas perdería gran parte de su encanto para los machos, pero si se les concede la vida, será bajo las condiciones que los machos impongan.

Catalina, la protagonista de The Taming of the Shrew, es bella pero insoportable. Se rebela contra la autoridad del padre, contra la felicidad de su hermana menor que depende de que la mayor se case para hacer lo mismo, contra la sagrada institución del matrimonio, contra Petruccio, el hombre que termina casándose con ella, sin preocuparse de obtener su consentimiento. William Shakespeare construye a comienzos del siglo XVI una de sus comedias más conocidas, en torno a esa mujer que debe ser domada, subordinada, por todos aquellos a quienes su afán de independencia perturba.

A partir de la comedia de Shakespeare, la posibilidad de que el marido maltrate a su esposa con cualquier excusa, incluyendo la de corregir sus malos hábitos, entre los cuales se encuentra la rebeldía, ha sufrido un persistente descrédito. La mujer puede ser inicialmente una figura salvaje, necesitada de que la domen, como una yegua, para que adquiera las virtudes elementales que cualquier hombre sería capaz de apreciar en ella.

Las concepciones tradicionales de la vida en pareja, se han basado (con frecuencia) en la desigualdad de los derechos y obligaciones que se atribuyen a los géneros. Para que una pareja no sufra conflictos mayores, capaces de desgarrarla, se supone que alguien tiene que ceder, y lo más probable es que se trate de las mujeres. En muchas sociedades, esa subordinación se encuentra garantizada por la religión, los mitos y la opinión dominante; un acuerdo que se vuelve muy difícil desafiar.

Entre los griegos, las mujeres eran figuras de segunda clase, al nivel de los niños y los esclavos. No se las consideraba ciudadanos con derechos y sus deberes quedaban relegados al interior del gineceo. Una vez por año, ellas se soltaban, durante las lupercales, festividades en honor de Dionisos, que las autorizaba a emborracharse, exhibirse por las calles sin el control de un hombre. El resto del tiempo, su sometimiento permitía esperar que en la sociedad todo funcionaria bien.

Las amazonas, que terminan siendo vencidas por los lapitas en los frisos del Partenón, eran un pueblo donde las mujeres dominaban a los hombres. Guerreras temibles, cabalgaban las llanuras de Asia y llegaban a las fronteras de Europa. Su historia, que se confunde con la mitología, las muestra secuestrando a hombres que utilizaban como sementales, para someterlos a continuación a tareas serviles o matarlos. En cuanto a los hijos varones, no dudaban en mutilarlos, dejándolos ciegos o cojos, para que sirvieran a las mujeres.

Aquiles derrota a Pentesilea

Las guerreras suelen ser representadas con un seno cortado voluntariamente, para facilitar el uso del arco y las flechas. Cuando los roles tradicionales de los géneros se invierten, las mujeres se convierten en seres de pesadilla para la perspectiva masculina. Cuando ellas asumen el poder, demuestran las amazonas, pueden ser tan crueles como los hombres. Afortunadamente, ellas son derrotadas. En el caso de la reina Pentesilea, resulta suficiente el amor que le despierta Aquiles para trastornarla y aceptar la muerte que él le da cuando pelean. ¿Puede haber una imagen más consoladora para el ego masculino? Hasta las mujeres armadas, que son la excepción, caen ante el hombre, por el solo hecho de que el hombre las subyuga con su sex appeal rústico pero invencible.

Después del Renacimiento, la imagen temible de las mujeres se atenúa en la Literatura, pero no la discriminación, que adopta nuevas formas, a medida que ellas efectúan conquistas inadmisibles hasta poco antes. Las mujeres sabias, que negocian su entrega a la pareja, son ridiculizadas por los hombres ilustrados del siglo XVII, que pronto plantearán la eliminación de los privilegios de cuna y la igualdad de todos los ciudadanos ante la Ley.

MADELÓN: El matrimonio no debe llegar nunca sino después de otras aventuras. Es preciso que un amante, para ser agradable, sepa declamar los bellos sentimientos, exhalar lo tierno, lo delicado y lo ardiente, y que su esmero consista en las formas. (…) Esconderá cierto tiempo su pasión hacia el objeto amado, haciéndole sin embargo varias visitas, donde no deje de sacar a colación un tema galante (…). Llegado el día, la declaración debe hacerse (…) mientras la compañía se ha alejado un poco, y esta declaración ha de ir seguida de un pronto enojo [de la dama] que se revele en nuestro rubor y que aleje durante un rato al amante de nuestra presencia. Luego [el hombre] encuentra medios de apaciguarnos, de acostumbrarnos insensiblemente al discurso de su pasión, de obtener de nosotras esa confesión tan desagradable. Después de esto vienen las aventuras, los rivales que se atraviesan (…), las quejas, las desesperaciones y todo lo demás. He aquí cómo se ejecutan las cosas dentro de las maneras elegantes. (Moliére: Las Preciosas ridículas)

¿Cómo aceptar en un ambiente tan refinado como la Corte de Luis XIV, que las mujeres se instruyan? Eso arruina por completo su posibilidad de obtener pareja. El encanto femenino dependía en no escasa medida de su incapacidad para ponerse a la par de los hombres. La desventaja de cualquier tipo (fuera la física, la intelectual o la patrimonial) las obligaba a ser seductoras para sobrevivir; a depender de los hombres mediante engaños y artificios que pasaban a convertirse en una segunda naturaleza femenina.

Arthur Rackham: Brunilda

Antes del Siglo de las Luces, el temor a las mujeres no se manifestaba como desconfianza del intelecto, sino del poder físico y político. En la Saga de los Nibelungos, la validez del objetivo de derrotar la voluntad de la casta reina Brunilda no se discute nunca. Ella no puede seguir gobernando sola en Islandia, desafiando (y derrotando sucesivamente) a los hombres que la pretenden. Ella debe perder su status excepcional y convertirse en la esposa-trofeo del rey Gunther. Para conseguirlo, poco importa que Gunther introduzca a otro hombre más fuerte que él, Sigfrido, el pretendiente de su hermana, en su relación de pareja.

El invisible Sigfrido es quien lo ayuda durante la competencia atlética que ha programado Brunilda. También es quien asume su apariencia y derrota a la esposa que se resiste durante la noche de bodas.

Catalina de Erauso

A comienzos del siglo XVII, la asombrosa historia de Catalina de Erauso, llamada la Monja Alférez, convierte en realidad las figuras míticas de Brunilda y las Amazonas. La describen como una novicia pendenciera, que a los quince años es encerrada en una celda del convento, para castigarla por haber golpeado a una compañera. Ella escapa vestida de hombre y se enrola como un soldado más, de los que peleaban en el Nuevo Mundo contra los nativos insurrectos. Catalina no fue domada por ningún hombre y de acuerdo a las memorias que publicó, también sedujo a mujeres. En otras palabras, combinó dos amenazas intolerables.

La modernidad estaba lejos de imponerse, pero la imagen de mujeres no inferiores a los hombres se estaba consolidando como un desafío para la mentalidad masculina más apegada a las tradiciones. ¿Cómo armar una pareja que por culpa de ellas no termine desequilibrándose? Para la perspectiva machista, la mítica armonía basada en la desigualdad, quedó definitivamente arruinada.

NOTA: lector, anota tus experiencias y opiniones sobre el tema, a continuación, utilizando el recuadro que sigue a este artículo. No es improbable que tengas algo que decir, aunque no acostumbres a hacerlo por escrito. Solo es cosa de intentarlo. O.G.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: