PAREJAS SIMBIÓTICAS (NO SER NADIE SIN EL OTRO)


Josef von Sternberg y Marlene Dietrich

La naturaleza ofrece modelos de relaciones de pareja feroces, cuando se las observa desde la perspectiva humana. La mantis religiosa devora al macho durante la cópula, y no por ello el macho intenta salvar su vida, mientras se abandona a la urgencia de reproducirse. La Naturaleza le depara una única oportunidad, que anuncia del fin de su existencia. Tampoco puede considerarse a la hembra como un ser demasiado cruel, que utiliza al macho exclusivamente como herramienta (y a continuación como alimento) que le permite perpetuar la especie.

Dos estructuras individuales se van fagocitando [una a la otra], de manera que se pierde la identidad individual, permaneciendo solamente la del sistema. Hay una gran dependencia de una persona con la otra, prácticamente todo lo que hace uno tiene que pasar por el beneplácito del otro, la sensación de soledad es insoportable, no se toleran espacios vacíos y la responsabilidad pasa a ser compartida del todo. (…) Prácticamente son uno. (Xavier Serrano)

Entre los humanos, se dan a veces dos que comparten los mismos puntos de vista sobre cualquier tema que se les plantee: lo mismo da que se trate de política, religión, preferencias sexuales, música, comidas, empleo del tiempo libre. Ven a la misma gente. Trabajan juntos. Pasan los fines de semana encerrados, para disfrutar la mutua compañía o resolver los problemas que comparten. Lo más probable es que su relación no requiera del estímulo de terceros para continuar indefinidamente. Solo se necesitan uno al otro, y esa situación podría desequilibrarse y concluir, si alguien más se introdujera.

Los dos han hallado a la pareja ideal, que la mitología de la novela romántica planteaba como un objetivo ineludible, que todo el mundo debiera estar en condiciones de alcanzar, una vez que se anulan los adversarios exteriores a esa relación, cuando lo cierto es que solo se dé por excepción, mientras dura la etapa inicial del acuerdo, que impide ver con objetividad lo que está ocurriendo.

René de Chateaubriand describe de ese modo a la pareja formada en Francia, a comienzos del siglo XIX, no por dos enamorados, sino por dos políticos eminentes, Fouché (organizador del sistema policial moderno) y Talleyrand (consejero eximio de los regímenes más opuestos: la monarquía, la república, el Imperio). En este caso, la sexualidad no los reunía de manera tan sólida, sino la perfecta complementación de las habilidades de ambos para acceder al Poder y retenerlo, durante la época, inestable como pocas, del ascenso y la caída de Napoleón Bonaparte.

Franklin Delano Roosevelt y Eleanor

Dos personas se necesitan, se complementan, se encuentran dispuestas a dejar de lado las inevitables diferencias que se dan entre ellas, con tal de beneficiarse de la cercanía y el apoyo mutuo. Generalmente deben sacrificar algo: la disponibilidad para entablar otras relaciones más atractivas, que surgen donde menos se lo espera y prometen mayores satisfacciones que la relación convertida en rutina.

Franklin Delano Roosevelt y Eleanor Roosevelt, primos y miembros de una adinerada familia norteamericana, luego marido y mujer, padres de varios hijos, continúan mostrándose como una pareja ante los medios de la época (las primeras décadas del siglo XX), a pesar de que viven en casas separadas, con otras personas, que no por casualidad son sus más cercanos colaboradores. La secretaria, que al mismo tiempo es amante, se revela como la figura ideal para una relación simbiótica. Para la sociedad es una subordinada como tantas, cuya vecindad no requiere justificativos, a la par que resulta impensable que ella se atreva a reclamar otro reconocimiento.

Ante la opinión pública, el Presidente Roosevelt no es un lisiado (secuelas de la poliomelitis), así como la Primera Dama coincide absolutamente con las políticas de su marido. Un país conservador en los aspectos morales, convulsionado por la crisis económica de los años ´30, necesitaba reconocerse en la imagen mítica de una pareja perfecta, espejo de virtudes domésticas y políticas (aunque se viera obligada a dar la espalda a la realidad para consolidar esa ilusión).

Hillary Rodham y Bill Clinton

Hillary Rodham necesitaba un hombre como Bill Clinton, primero para conducirlo en una serie de cargos públicos de creciente responsabilidad, hasta facilitarle el acceso a la Presidencia de los EEUU durante dos períodos, luego para allanar su propia carrera política y convertirse en la primera mujer norteamericana en alcanzar ese cargo (de no haber tropezado con Barak Obama durante la postulación). Ella demostró que podía tolerar la humillación de que su marido le hubiera sido infiel, que los detalles del engaño se ventilaran ante la prensa mundial, sin quebrar por eso la imagen de una pareja unida, capaz de superar obstáculos que distancian a otros.

El director Joseph von Sternberg necesitaba la presencia de una mujer como Marlene Dietrich para seducir a la audiencia cinematográfica internacional, que le permitía convertir en realidad sus fantasías. Cuando ella se rebeló contra sus manipulaciones, y finalmente dejó de colaborar con él, irritada por una dependencia a la que no se sentía obligada, el director no tardó en reemplazarla con otra actriz parecida. Cuando ésta le fallaba, buscaba otra del mismo tipo, etc. Ella, en cambio, continuó reelaborando variantes de su imagen de mujer fatal durante décadas, incluso se dedicó a demolerla con distintos equipos de producción, que podían carecer del talento de von Sternberg, pero inevitablemente se sometían a su atractivo. Sin duda, no necesitaba a su descubridor, mientras él no podía recuperar su creatividad sin ella.

Charles Manson, desquiciado líder de un grupo apocalíptico, consigue en 1968 que sus seguidores (hombres, pero también mujeres como Patricia Krenwinler, Linda Kasabian y Susan Atkins) mataran por él.

Cuando se observa con cuidado las relaciones de las parejas simbióticas, se aprecia otra dinámica en la unanimidad aparente. Alguien ha cedido sus intereses y reclamos, en cierto momento, porque muy cerca tiene al otro que de algún modo, no siempre perceptible para el observador, se lo está exigiendo. El anciano poeta español Juan Ramón Jiménez y su esposa, la joven Zenobia Camprubí, que lo acompaña al exilio, tras la Guerra Civil, y permanece con él hasta su muerte, dan la impresión de una de esas parejas ideales, en la que sin embargo solo uno se destaca.

Se me vino la vida entera y la anulación gradual de mi personalidad en todo lo que sea ayuda para los objetivos de J.R., y sobre todo la idea de que cuando J.R. quiere algo siempre estoy dispuesta a hacer sacrificios para que él pueda tenerlo, mientras que cuando yo quiero algo, aunque sea la cosa más mínima, si implica cooperación de su parte, basta que yo lo quiera para que él quiera lo contrario. (Zenobia Camprubí: Diarios)

Alguien atormenta a otro, que resulta ser quien deseaba que lo atormentaran. Auguste Rodin, escultor consagrado, encuentra a la joven Camille Claudel, aprendiz de artista que se entrega a él, primero como modelo, a continuación como amante, a pesar de que el hombre está casado y no ha prometido abandonar a su esposa. La relación que se entabla entre ambos es apasionada y menos satisfactoria de lo que puede suponerse. Ella no tiene ni acepta barreras, mientras que él sí. Ella espera todo y él está dispuesto a conceder solo una parte de sí mismo.

Hay momentos en que francamente creo que te olvidaría. Pero de repente siento tu terrible poder. Ten piedad, malvada. Ya no puedo más, no puedo pasar otro día sin verte. De lo contrario, la locura atroz. Se acabó, ya no trabajo, divinidad maléfica, y sin embargo te quiero con furor. (Auguste Rodin: carta a Camilla Claudel)

Alguien se oculta, para que otro se exhiba y destaque. Camille Claudel se eclipsaba como artista, para que el destacado Auguste Rodin continuara brillando como el escultor único que era. Frida Khalo desparecía al lado de su marido, Diego Rivera. Él era el gran artista mexicano, ella su esposa enferma, que a veces pintaba autorretratos. Esa capacidad de ella para anularse junto a él, debería entender como la evidencia de la intensidad de un amor no necesariamente compartido, aunque impresiona más bien como la confesión de un desequilibrio emocional.

Quizás esperen oír de mí lamentos “de lo mucho que se sufre” viviendo con un hombre como Diego. Pero yo no creo que las márgenes de un río sufran por dejarlo correr. (Frida Khalo)

Puede reconocerse una continua y nada superficial comunicación entre los individuos que participan de la simbiosis. Hay parejas en las que se establece una relación nada circunstancial, fruto de la marcada disparidad que caracteriza a sus componentes. Cada uno de ellos se encuentra en evidente desequilibrio, pero al reunirse con su pareja dan la impresión de que se estabilizan, se complementan, logran una armonía que confirma el mito de la media naranja. Todo el mundo tendría, poco importa dónde, a la pareja que el Cielo le designó y solo habría que buscarla y permanecer atento para no dejarla pasar.

Desde cierta perspectiva, la de aquellos que por distintos motivos han fracasado en el intento de hallar una pareja o la de quienes mantienen simultáneamente varias parejas, constituyen un modelo digno de ser imitado. Es una relación duradera, que parece plantearse hasta que la muerte los separe. Cuando uno de ellos muere, se tiene la impresión de que fuera el fin de ambos. Cuando están juntos, entran en conflicto con todo aquel que pretenda interferir (puede pasarle a los hijos). Quizás no siempre se lleven bien, pero tienden a ocultar la existencia de conflictos o hallarle justificativos irrelevantes.

Lo más probable, es que uno de los miembros de la pareja excluyente se aproveche del otro en forma unilateral. Gracias a la simbiosis que han establecido, consiguen perpetuarse relaciones desequilibradas, menos amables de lo que podría esperarse para alguno de los miembros de la pareja. Por ese motivo, los dos no suelen verse tan felices como declaran, sino agobiados e insatisfechos.

La mujer privilegia los deseos del marido, incluso por encima de las necesidades de los hijos y en detrimento de la familia. (Judy Kuriansky)

De acuerdo a una tradición de miles de años, lo más probable es que se atribuyan a las mujeres los roles sumisos de estas parejas. La madre y el bebé establecen una pareja de ese tipo durante la etapa de la lactancia; luego el vínculo se distiende, a medida que el niño crece y gana en autonomía. Las mujeres, de acuerdo a las expectativas de la sociedad patriarcal,  deberían ceder siempre que se manifiesta un conflicto, deberían someterse a la tutela masculina, abandonar cualquier proyecto de desarrollo personal y profesional, para dedicarse al bienestar de su pareja, y no por un tiempo, porque lo hombres suelen estar menos dispuestas a comprometerse en un sacrificio tan grande que llega a parecer absurdo.

En contra de esquemas arcaicos como estos, los innovadores que reivindican la igualdad de oportunidades para ambos sexos, se creen obligados a proponer cambios radicales en el resto de la estructura social.

En vez del matrimonio indisoluble, basado en la servidumbre de la mujer, veremos nacer la unión libre fortificada por el amor y el respeto mutuo de dos miembros del Estado Obrero, iguales en sus derechos y en sus obligaciones. En vez de la familia de tipo individual y egoísta, se levantará una gran familia universal de trabajadores. (…) Estas nuevas relaciones asegurarán a la humanidad todos los goces del amor libre, ennoblecido por una verdadera igualdad social entre compañeros, goces que son desconocidos en la sociedad comercial del régimen capitalista. (Alexandra Kollontoi: La igualdad social del hombre y la mujer)

2 respuestas a PAREJAS SIMBIÓTICAS (NO SER NADIE SIN EL OTRO)

  1. YO NUNCA PODRÍA SER UNA PAREJEA SIMBIÓTICA PUEDO AMAR Y QUERER MUCHO A UNA PERSONA PERO ME GUSTA SER INDEPENDIENTE APARTE ES MUY ABURRIDO HACER LO MISMO DEL OTRO

  2. PRIMERO QUE TODO HAY QUE SABER CUAL ES EL BIENESTAR DEL MARIDO DE LO CONTRARIO LE PUEDE IR MUY MAL A LA MUJER. NO ES FACIL SABER CON QUE SE PUEDE SENTIR BIEN EL OTRO AUNQUE SEAN ESPOSOS YO CREO QUE LA MEJOR MANERA DE COMPLACERLO ES RESPETANDO SU MODO DE SER MIENTRAS EL OTRO NO COMETA COSAS GRAVES

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