SCHEHEREZADA Y LAS ESPOSAS VÍCTIMAS DE BARBA AZUL


Scherezada cuenta una historia a Schahriar y Doniazada

En las parejas tradicionales, los maridos podían ser figuras enigmáticas e incluso amenazantes para sus mujeres, quienes, dada la estrecha protección familiar en la que habían crecido, rara vez hallaban la oportunidad de conocer en profundidad a sus pretendientes antes del matrimonio. Los hombres solían tener un pasado en el que figuraban otras mujeres, y de acuerdo a los valores dominantes en la sociedad, eso no debía considerarse un defecto. Cuanto más variadas eran las experiencias de los hombres con el sexo opuesto, se suponía que estarían en capacidad de guiar con mejor a sus esposas inexpertas. Al revés, no era lo mismo. Una mujer con suficiente experiencia del sexo opuesto, como para no ser engañada por las apariencias que los hombres adoptaran durante el noviazgo, quedaba sumida en el descrédito. Eso había sido así durante milenios, al punto de considerarse una ley inmutable de la Naturaleza.

En las historias medievales de las 1001 Noches, la crueldad del marido puede tener motivaciones distantes, insuficientes para disculpar su comportamiento criminal, que las víctimas femeninas sufren y no se encuentran en condiciones de discutir.

En cuanto el Rey Schahriar entró en su palacio, mandó degollar a su esposa, así como a los esclavos y esclavas. Después, persuadido de que no existía mujer alguna de cuya fidelidad pudiese estar seguro, resolvió desposarse cada noche con una y hacerla degollar apenas alborease el día siguiente. Así estuvo durante tres años y todo eran lamentos y voces de horror. Los hombres huían con las hijas que les quedaban. (Anónimo: 1001 Noches)

Más de mil mujeres inocentes han muerto por la falta cometida por una. Schehrezada, una de las hijas del Visir, convence a su padre para que la ofrezca como esposa al Rey. Durante la noche de bodas, se las compone para contarle a su hermana Doniazada e indirectamente al Rey, una historia interesante que deja inconclusa cuando amanece. Con tal de averiguar la continuidad de la historia, Schahriar posterga la condena a muerte una noche tras otra, durante tres años, hasta comprender que no puede prescindir de Schehrezada, quien le ha dado ya tres hijos, y por lo tanto no va a matarla.

La historia tiene una moraleja no escrita para las mujeres: mientras no cuestionen los actos de sus parejas y consigan volverse imprescindibles, llegará el momento en que se encontrarán a salvo. Si conservan la calma, aquel que pudo ser su verdugo, terminará por acostumbrarse a la presencia de quien hubiera debido ser su víctima, y (créase o no) se pondrá a su disposición. Es difícil hallar un desenlace menos prudente para las mujeres sometidas y más favorable para los hombres que las sojuzgan.

Ofrecerse en sacrificio a la pareja, confiando resolver con ingenio una situación que se anuncia como desfavorable para la mujer, no permite esperar un final feliz del conflicto. En el mundo actual, se sabe que la patología de los golpeadores puede conducirlos a repetir y agravar las agresiones, hasta llegar al asesinato, si la espiral de violencia no se interrumpe en algún punto, por la intervención de terceros o gracias a la decisión de las esposas golpeadas. Confiar en que los hombres agresivos puedan ser domesticados por la falta de resistencia de sus víctimas, es una fantasía propia de mujeres obnubiladas, que sufren de minusvalía, y de hombres que viven fuera de la realidad.

Gustav Doré: Ilustración para Barba Azul de Perrault

En Barba Azul, el cuento de Charles Perrault, una esposa de la que tarda en conocerse el nombre (tal es la importancia que se le asigna), recibe de su temible marido el permiso de utilizar durante su ausencia todo su patrimonio, que es considerable, excluyendo el acceso a un recinto del castillo que ni siquiera define su contenido.

-He aquí, le dijo [Barba Azul a su esposa] las llaves de los dos guardamuebles; éstas son las de la vajilla de oro y plata que no ocupa todos los días; aquí están las de los estuches donde guardo mis pedrerías; y ésta la del gabinete al fondo de la galería de mi departamento. Abrid todo, id a todos lados, pero os prohibo entrar a este pequeño gabinete, y os lo prohibo de tal manera que si llegáis a abrirlo, todo lo podéis esperar de nuestra cólera. (Charles Perrault: Barba Azul)

En los mitos y cuentos de hadas, no hay nada tan convincente como una Prohibición, para que el personaje protagónico se dirija de inmediato a trasgredirla, correspondiendo a la demanda implícita del lector o auditor de la historia, que quiere averiguar qué se le oculta, aunque eso acarree la pronta desgracia del personaje, como efectivamente sucede.

Al principio [la esposa] no vio nada, porque las ventanas estaban cerradas; al cabo de un momento empezó a ver que el piso se hallaba todo cubierto de sangre coagulada, y que en esta sangre se reflejaban los cuerpos de varias mujeres muertas y atadas a las murallas (eran todas las mujeres que habían sido las esposas de Barba Azul, y que él había degollado una tras otra.  (Charles Perrault: Barba Azul)

El marido era temible por su fama, por su barba oscura, por su fortuna y el poder que ejercía sobre su pareja. De pronto, llegan las evidencias de que es un asesino de mujeres. ¿Qué puede hacer la joven a partir de esa revelación? En los cuentos de hadas, a diferencia de lo que pasa en el mundo real, las situaciones más horribles conducen a la descarga de tensiones mediante un improbable final feliz. La esposa amenazada de la historia se refugia en una torre, porque el marido ha regresado, ha descubierto la desobediencia y está decidido a sumarla a su larga lista de víctimas.

Desde la torre grita pidiendo auxilio (vale decir, publica el maltrato que hubiera debido guardar en silencio), los gritos atraen a sus hermanos, que matan al monstruo. Ella se queda con sus riquezas, ayuda económicamente a sus hermanos para que contraigan matrimonio y puede encarar una nueva vida con otro hombre.

Perrault agrega una moraleja sorprendente para quien olvide el contexto cultural en el que la historia fue escrita:

La curiosidad, teniendo sus encantos, / A menudo se paga con penas y con llantos; / Es, con perdón del sexo, placer harto menguado; / No bien se experimenta, cuando deja de ser / Y el precio que se paga es siempre exagerado. (Charles Perraut: Barba Azul)

De acuerdo a la perspectiva de hoy, la enseñanza que ofrece el cuento a las mujeres golpeadas es que no se guarden el sentimiento de minusvalía y culpa que les ha inculcado su pareja, con el objeto de mantenerlas dominadas. Por lo contrario, que busquen el apoyo de sus familiares (o de las instituciones que han aparecido en los últimos años) para quebrar esa relación malsana. Quizás las otras esposas manifestaron la misma natural curiosidad (¿cómo vivir con la pareja sin conocerla?), pero dudaron ante la alternativa de publicar su situación, con lo cual se les volvió imposible obtener ayuda.

La moraleja que extrae Perrault en el siglo XVII, era otra y de ningún modo la más prudente para el mundo actual. Se sabe que no hay abusador posible, sin alguien que acepta ser abusado. El abusador puede ser visto no como un monstruo inexplicable, sino como alguien dañado psíquicamente, que necesita ayuda profesional, no la complicidad de su pareja. Hay, sin duda, mujeres victimizables, que parecen andar en búsqueda de alguien que abuse de ellas. El encuentro de estas parejas suele estar rodeado de un aura que parece romántica, pero no tarda en revelarse siniestra.

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