LA PAREJA COMO FACHADA (I): Ser y parecer


Príncipe Charles y Diana Spencer como figuras de cera

Hay una concepción seria (por lo tanto, restrictiva) de la pareja humana, que es el punto de vista privilegiado por las instituciones a las que interesa su perduración y su productividad (en hijos y ejemplo para el resto de la comunidad). Los líderes religiosos y los legisladores han elaborado un modelo de pareja que en la práctica no termina de imponerse a la gente, pero que de todos modos obliga a compararse con él, para pedir disculpas y corregir los desvíos que queden en evidencia, cuando alguien no se encuentra a la altura del modelo. La modernidad, que suele enfatizar su orgullosa carencia de lazos con el pasado, no desafía demasiado estas imágenes convencionales.

Cada oveja con su pareja. (Refrán español)

En el mundo contemporáneo, la gente del ambiente del espectáculo puede ser poco atenta a los valores tradicionales, pero al mismo tiempo depende muy directamente de la aprobación o condena que le dispensa un público masivo, que se siente autorizado para evaluar no solo el desempeño profesional de las figuras que admira, sino también su vida privada, por desinformado que se encuentre respecto de las circunstancias que incluye ese ámbito. Por eso, aquellos que en su privacidad no suelen respetar las convenciones sociales, se preocupan al menos de aparentar lo contrario, para no obstaculizar el disfrute de la audiencia masiva, ni alentar un rechazo que puede ser el fin de su carrera.

La fachada es la parte de un edificio que se ofrece a la vista de cualquiera que pase por la calle y no siempre revela aquello que existe en el interior. Aunque el propósito no sea engañar, sino dar una impresión más favorable, la fachada es un aspecto nada casual de una construcción; indica el efecto que se espera de un acto de comunicación, establece un compromiso entre la opinión propia y la ajena.

La imagen de la mujer trofeo, puesta a disposición de los hombres poderosos que quieren autohomenajearse, es antigua, eficaz y no pierde actualidad. Cleopatra fue exhibida por Julio César en Roma, como la evidencia de la exitosa expedición militar a Egipto, que el Senado cuestionaba. ¿Cómo indignarse por los ingentes recursos gastados, cuando se regresaba con una bella reina cautiva?

Los políticos latinoamericanos de la actualidad, recurren a parejas seductoras, entre las modelos y actrices, casi siempre más jóvenes que ellos, para casarse y obtener la atención de la prensa gráfica y televisiva. Esas mujeres son exhibidas profusamente durante las campañas electorales y en los actos oficiales, costosamente vestidas y maquilladas, cuando sus maridos acceden al poder. Ellas adornan la imagen, distraen a los observadores, tal vez no ocupan el centro del encuadre, ni se les ofrezca la oportunidad de improvisar un discurso propio, que pudiera dejar en evidencia su desconocimiento de los asuntos que controlan sus maridos, pero solicitan la atención colectiva, para transferirla de inmediato a sus parejas.

Familia Menem

Familia Menem

Los hombres públicos que las tienen a su disposición, son envidiados por los otros hombres, tanto sus seguidores como sus adversarios, y comienzan a volverse interesantes para otras mujeres, que no los hubieran tomado en cuenta si las esposas estupendas que tienen al lado no demostraran admirarlos.

La necesidad de contar con una pareja del sexo opuesto, se impone a los dirigentes políticos. Las reglas del protocolo obligaron a los presidentes Carlos Menem y Alberto Fujimori, que se divorciaron después de haber sido elegidos en Argentina y Perú, a recurrir a sus hijas Zulema y Keiko, para ejercer las funciones de Primera Dama.

Cuando las mujeres alcanzan las mismas altas responsabilidades, el marido pasa a ejercer funciones (decorativas) de acompañante protocolar. Michelle Bachelet, en Chile, utilizó a su hijo Sebastián Dávalos para cumplir esas funciones, que lo expusieron al público y lo volvieron fácil de atacar cuando quedó involucrado en negocios no muy claros con su esposa. Aunque no se espere demasiado de las parejas de personajes célebres, pueden perjudicarlos más de lo necesario.

Bill Clinton y Hillary Rodham Clinton

Bill Clinton y Hillary Rodham Clinton

Si los votantes norteamericanos demandan de sus presidentes que se encuentren casados, la infidelidades notorias de John Fitzgerald Kennedy o Bill Clinton pueden ser ocultadas en el primer caso, hasta bastante después de su muerte, y en el segundo reveladas durante su ejercicio del poder, pero en ninguno de ellos altera la continuidad de matrimonios capaces de superar esas fallas. ¿Acaso la fachada del discurso oficial miente al retocar las imágenes que provienen de la realidad? No del todo. Sin duda no denuncia las circunstancias menos favorables, pero indica la subordinación de los personaje implicados a la opinión dominante. La comunidad es la que termina por imponer sus valores, incluso a aquellos que no se resignan a aceptarlos.

Hipocresía es un homenaje que el vicio le rinde a la virtud. (François de La Rochefoucauld)

Linda Lee Thomas y Cole Porter

Cole Porter, autor de innumerables canciones populares de la primera mitad del siglo XX, que glorifican el amor de las parejas heterosexuales, se casó con Linda Lee Thomas, una millonaria diez años mayor que él, que parece haber ignorado las verdaderas preferencias sexuales del compositor, durante más de una década que duró su relación, seguida y mitificada por la prensa. Lo que podía pasar en la intimidad de la pareja, si dormían juntos o separados, si había contactos sexuales entre ambos, no era asunto de nadie más que ellos. Probablemente muchos amigos o colegas conocieran detalles significativos que hubieran podido trizar la imagen falsa, pero nada de eso trascendía. La prensa alimentaba sus mitos y suponía que ganaba más haciendo eso que revelando la verdad que los protagonistas habían elaborado, pero nada de eso trascendía.

Una vez que en el pasado las figuras públicas presentaban una fachada, los medios masivos de la época (los diarios y revistas, la radio, los noticieros de cine de gran parte del siglo XX) respetaban esa imagen convencional, aunque estuvieran en conocimiento de las circunstancias que ocultaban a sus lectores, espectadores y auditores. La lealtad de los medios, era respecto de los personajes célebres, no respecto de sus usuarios, como se supone en la actualidad.

Vale la pena que una muchacha pobre se dedique a ese oficio [la prostitución] si es de buena presencia y al mismo tiempo tiene juicios y sabe portarse como es debido. Digo más: ese oficio es mejor que cualquier otro que pueda escoger. Naturalmente, estoy de acuerdo en que no debería ser así. Es triste que la mujer no tenga otra salida mejor; es triste, hija mía, pero es así. (George Bernard Shaw: La profesión de la Señora Warren)

George Bernard Shaw

George Bernard Shaw

George Bernard Shaw escribió La profesión de la Señora Warren, una comedia donde una mujer madura, que ha reunido una fortuna gracias a la explotación de burdeles frecuentados por clientes de clase alta, se ha ganado la opinión favorable de la comunidad, gracias a un comportamiento intachable en su vida pública y actos de caridad que no pueden ser ignorados por nadie. Esa es una de las estrategias tradicionales de quienes han progresado gracias a la corrupción de la sociedad. Se les brinda la oportunidad de sanear su honra, por el respeto a las convenciones y actos virtuosos, que tal vez perjudican su capital pero los redimen de sus faltas. La distancia entre ser y parecer puede ser enorme, pero la gente civilizada aprende a manejarse con destreza en los dos ámbitos

Frnaklin Delano Roosevelt y Eleanor Roosevelt

Frnaklin Delano Roosevelt y Eleanor Roosevelt

El presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt era un inválido al que le costaba moverse, tras la poliomelitis que sufrió en la edad adulta,  antes de asumir el cargo (por tres veces consecutivas) y no obstante, los medios nunca publicaron su imagen en la silla de ruedas o con bastones, del mismo modo que lo mostraron como un esposo y padre perfecto, a pesar de que se encontraba separado de su esposa Eleanor y ambos tenían parejas estables, paralelas al matrimonio, que no eran desconocidas para sus colaboradores y los medios. Muchas parejas anónimas mantienen acuerdos similares. El afecto ha desaparecido entre ellos, quizás se detestan y les cuesta conservar las apariencias de normalidad, pero optan por vivir bajo un mismo techo, sea por razones económicas, o para evitar que los hijos se vean perjudicados por la separación, si no es porque temen (o respetan) la opinión de familiares y conocidos.

Rock Hudson y Phyllis Gates

Un actor de Hollywood como Rock Hudson, que ganó notoriedad interpretando a una infinidad de románticos personajes heterosexuales, consiguió que las mujeres amaron esa ficción, a pesar de que él se sentía atraído por personas de su mismo sexo y mantenía un promiscua vida homosexual ante la prensa, que por representar a la opinión dominante en la sociedad, se vería obligada a efectuar preguntas incómodas o repudiarlo moralmente. ¿Cómo resolver esa contradicción entre la imagen pública y la vida privada de una persona famosa? Treinta años antes, el actor Rodolfo Valentino había enfrentado el mismo dilema.

Primera opción: revelar su condición de homosexual ante la prensa (en la actualidad se diría “salir del closet”). En los años ´50, como en los ´20, esa decisión hubiera sido el equivalente al suicidio profesional. No hace tanto, a mediados de los ´90, la comediante Ellen Desgeneres lo hizo en la serie de televisión que protagonizaba, con consecuencias tan nefastas como la desaparición de la audiencia masiva que la admiraba y la cancelación de la serie en poco más de un mes.

Segunda opción que enfrentó Rock Hudson en el ambiente en que vivía: reprimir todas las manifestaciones que revelaran su orientación sexual, tanto en público como en privado (un desempeño coherente con la imagen profesional del actor, pero tal vez inalcanzable para él). Esa fue la decisión largamente demorada por la actriz Jodie Foster, que se permitió aludir a una situación que era vox populi desde hacía una generación, durante la recepción de un premio a su carrera, a comienzos de 2013: vivía en pareja con otra mujer.

Tercera opción de Rock Hudson: sincerarse con los ejecutivos del estudio de Universal-International,  que lo tenían bajo contrato desde los comienzos de su carrera, para que ellos decidieran la estrategia más adecuada para sus intereses (por ejemplo, sobornar a la prensa sensacionalista que había investigado el tema, disponía de testimonios y pruebas gráficas, y estaba por develarlo a mediados de los años ´50).

Rodolfo Valentino y Alla Nazimova

Rodolfo Valentino y Alla Nazimova

Cuarta opción de Rock Hudson, casarse con una mujer simpática y en lo posible anónima, subordinada a la misma empresa que él, para que resultara más fácil controlar sus reacciones. Hudson lo hizo con Phyllis Gates, una secretaria del estudio, que al parecer ignoraba los detalles escabrosos del conflicto del actor, con el propósito de encubrir los rumores de su doble vida. Rodolfo Valentino había hecho algo parecido en los años ´20, con la coreógrafa y vestuarista Natasha Rambova, que probablemente utilizaba al galán más deseado del cine de entonces, para ocultar sus relaciones lésbicas con la actriz Alla Nazimova.

Revelar una mínima parte de circunstancias tan oscuras, hubiera causado un efecto impredecible en la audiencia. ¿Cómo hubieran hecho los medios para explicarlas, aunque solo fuera para condenarlas, sin ser censurados, por el mero hecho de mencionar situaciones que ofendían la sensibilidad de sus consumidores?

Una distancia tal entre el ser y el parecer es difícil de imaginar que pudiera repetirse en la actualidad, cuando los medios continúan elaborando mitos carentes de substancia, pero de todos modos basan su poder en la promesa de revelar verdades incómodas sobre esos mismos mitos. Aquello que construyeron, pasa a ser destruido, convirtiendo todo en espectáculo.

 

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