PAREJAS SUICIDAS


Para los artistas del surrealismo, que anunciaban una rebelión generalizada contra las convenciones burguesas, la muerte de los amantes suministraba el final perfecto para una historia de pasión amorosa, aquella que ninguna rutina conyugal o traición sería capaz de desgastar nunca. Por eso admiraban tanto una novela romántica del siglo XIX,  Wuthering Heights (Cumbres Borrascosas), en la que una pareja separada por las diferencias sociales, logra unirse en la muerte.

Stefan Zweig y esposa muertos

La imagen conmovedora de los amantes, se desdibuja cuando se pasa del mundo imaginario a la realidad. ¿Por qué prefieren dos personas la muerte en compañía? ¿Cómo se llega a un acuerdo como ese? El novelista austríaco Stefan Zweig, tras haber huido del régimen nazi y refugiarse en Brasil durante la Segunda Guerra Mundial, prefirió envenenarse en un hotel de Petrópolis, con Elisabeth (Lotte) Altmann, su segunda esposa, antes que ver el triunfo de Hitler, para ellos inevitable. La pareja había dejado una serie de cartas dirigidas a los amigos y autoridades, en las que explicaban los motivos de su decisión. Todas las misivas tenían las estampillas necesarias para el envío por correo.

El mundo de mi idioma desapareció para mí, (…) mi patria espiritual, Europa, se destruyó a sí misma. (…) Después de los sesenta [años] se requieren fuerzas especiales para comenzar de nuevo. Y las mías están agotadas después de tantos años de andar sin patria. De esta manera, considero lo mejor concluir a tiempo y con integridad una vida, cuya mayor alegría era el trabajo espiritual, y cuyo más preciado bien en esta tierra era la libertad personal. (Stefan Zweig: Carta de despedida)

En 1911, después de haber pasado cuatro décadas juntos, Laura Marx y su marido, Paul Lafargue, se inyectaron ácido cianhídrico, antes de cumplir los setenta años. La decisión de la pareja había sido anunciada a sus amigos y seguidores, que no intentaron detenerlos. Lafargue, nacido en Cuba y criado en Francia, mulato y militante socialista, no se conformó con seguir las ideas de su suegro, Kart Marx. Él planteaba otra visión del mundo, el hedonismo, opuesto a la rutina del trabajo productivo tal como se da en el capitalismo, para sustituirlo por la utopía de la fiesta. La muerte de la pareja constituía el último mensaje de su prédica ideológica, tanto más notable por las circunstancias irrepetibles que lo rodeaban.

Paul Lafargue y Laura Marx

Sano de cuerpo y espíritu, me doy muerte antes de que la implacable vejez, que me ha quitado uno tras otro los placeres y goces de la existencia, y me ha despojado de mis fuerzas físicas e intelectuales, paralice mi energía y acabe con mi voluntad, convirtiéndome en una carga para mí mismo y para los demás. (Paul Lafargue: Carta de despedida)

Arthur Koestler y Cynthia

Los acuerdos en una materia tan trascendente no resultan siempre creíbles. En 1983, el escritor Arthur Koestler, con 78 años a cuestas, tras habérsele diagnosticado leucemia y sufrir las consecuencias del Mal de Parkinson, decidió matarse mediante la ingestión de barbitúricos y whisky. No era algo que pudiera sorprender a sus amigos y lectores, porque antes había publicado un libro que se titulaba “Guía para la autoeliminación” y apoyaba las asociaciones que propugnaban la legalización de la eutanasia. Koestler no estaba solo en ese momento final. Junto a él, apareció muerta su esposa y secretaria de tres décadas, Cynthia Jefferies.

Ella era, de acuerdo a los testimonios de quienes los conocieron, una persona totalmente dedicada a su servicio, que toleraba las infidelidades de su pareja. ¿Fue Koestler responsable de la muerte de su esposa? ¿La obligó a morir con él, tal como había matado a su perro un día antes, a pesar de las dudas que ella mencionó en su carta de despedida? Pudo ser que ella se matara para no seguir viviendo sin él, que su mundo perdiera sentido ante la eventualidad de perderlo. Una hipótesis como esa suena halagadoar para un hombre acostumbrado a considerarse el centro de la pareja. En ese caso ¿por qué no la apartó Koestler en el momento de matarse, aunque solo fuera para que continuara encargándose de la difusión de su obra? La imagen del pacto suicida pierde credibilidad en casos como éste, para sugerir más bien la combinación de un asesinato inducido y un suicidio.

A mediados del 2009, una pareja de ancianos formada por el director de orquesta inglés Edgard Downes y su esposa Joan, decidieron morir juntos en Dignitas, una clínica suiza que se dedica a la eutanasia, después de haber pasado medio siglo juntos. El dato adicional que impacta en esta noticia, es que lo hicieron en presencia de sus hijos, como si se tratara de una de esas ceremonias del Imperio Romano, durante las cuales ciertos personajes que caían en desgracia, elegían morir en compañía de los suyos, como una forma de preservar el honor de la familia.

Ambos desearíamos no sobrevivir a la muerte del otro. Nos hemos dicho que si tuviéramos otra vida, quisiéramos pasarla juntos. (André Gorz:  Carta a D.  Una historia de amor)

Durante los últimos años, desde Japón llegan periódicamente noticias que repiten el mismo esquema. Tres jóvenes aparecen muertos en un carro, por las emanaciones de anhídrido carbónico provenientes de un brasero portátil. Un día antes, cuatro personas habían muerto en un apartamento, por el mismo procedimiento, que se ha vuelto habitual entre personas jóvenes que se han conocido por Internet. En 2004, nueve japoneses participaron de un par de acuerdos similares. Desde la incorporación de Internet a las comunicaciones, la red se ha convertido en un ámbito apropiado para que completos desconocidos entren en contacto y decidan morir al mismo tiempo.

Una pareja (o más personas) se ponen de acuerdo para morir juntos, tal como han vivido o porque no han logrado vivir juntos. Tal vez no serían capaces de matarse por separado. Al reunirse, en cambio, la decisión de ambos se vuelve plausible., deja ser un fracaso para convertirse en una reunión. El acuerdo de las partes suele manifestarse en documentos que dan razón de la medida. Los estudios que se han hecho con sobrevivientes, revelan que el acuerdo previo no siempre se da. Una de las partes ha decidido unilateralmente la muerte de otra persona y la suya, sin consultarla, atendiendo a razones que nadie más comparte. Por lo tanto, asesina a su pareja y lo hace aparecer como suicidio.

Matarse para esquivar la vejez o la enfermedad, era una práctica habitual entre los galos y germanos de la antigüedad, como lo ha seguido siendo entre los esquimales, que disponen de recursos escasos para sobrevivir. La muerte de una pareja o de todo el grupo familiar para escapar al deshonor, era una actitud socialmente aceptada en el imperio chino y el medioevo japonés. En la India, las mujeres honestas debían suicidarse tras la muerte de su esposo. No hacerlo, significaba una afrenta para ellas mismas y para el difunto. A pesar de tantos antecedentes que demuestran la permanencia de esa actitud en distintas culturas a través del tiempo, el término suicidio no existía hasta que fue acuñado por el abate Desfontaines, en Francia, a comienzos del siglo XVIII.

Para el mundo griego y el cristianismo, el suicidio era un atentado intolerable contra el orden social, que causaba la condenación eterna y la prohibición de enterrar los restos del suicida en terreno consagrado. Las enfermedades físicas y psiquiátricas suelen ser la causal de estos pactos. A veces se relacionan con la folie-à-deux, relación que otorga fuerte verosimilitud a visiones distorsionadas de la realidad. Tradicionalmente, ocurrían entre personas muy cercanas (novios, amigos, hermanos y esposos sin descendencia, por ejemplo). Miembros de parejas como esas pueden adoptar decisiones de cualquier tipo, incluyendo las más absurdas, sin que la otra parte se oponga. El mundo, para ellos, se reduce a la pareja.

Un extraño suicidio se produjo en Madrid hacia 1920 (…). Un estudiante y su novia se dieron muerte en el jardín de un restaurante. Se sabía que estaban apasionadamente enamorados el uno del otro. Sus familias, que se conocían, mantenían excelentes relaciones. Cuando se practicó la autopsia a la muchacha, se descubrió que era virgen. (…) Acaso un amor apasionado, sublime, que alcanza el nivel más elevado de la llama, es incompatible con la vida. Es demasiado grande, demasiado fuerte para ella. Sólo la muerte puede acogerlo. (Luis Buñuel: Mi último suspiro)

NOTA: lector(a), anota tus experiencias y opiniones sobre el tema, a continuación, utilizando el recuadro que sigue a este artículo. No es improbable que tengas algo que decir, aunque no acostumbres a hacerlo por escrito. Solo es cosa de intentarlo. O.G.

Una respuesta a PAREJAS SUICIDAS

  1. Demolition Lover dice:

    mi novio y yo hemos pactado… qe moriremos juntos, en caso de la muerte accidental del otro.. nos suicidariamos.. y despues de una vida juntos.. nos suicidaremos… justamente ayer.. planeabamos hacerlo pero aun no era tiempo…quiero pasar mas tiempo con el.. ¿smos psicopatas? ¿estamos mal al querer morir juntos?

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