DOS DEL MISMO SEXO (I): Entre ellos


Organizar la reproducción de la especie, para impedir que se detenga o debilite, es uno de los objetivos recurrentes de las instituciones humanas.  La Biblia no deja muchas dudas respecto del género de aquellos que pueden establecer una pareja (que es una relación reproductiva), sin ser condenados a la pena capital:

Ex voto

Ex voto mexicano

Si alguno se ayuntare con varón como [lo hace] con mujer, abominación hicieran; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre. (Levítico; 20:13)

Entre las prohibiciones que se ponen habitualmente a las parejas, se incluyen la de ser parientes próximos (explicable por los riesgos genéticos que se ciernen sobre la descendencia), la de provenir de sectores antagónicos de la sociedad, y sobre todo la de pertenecer al mismo sexo. En la Antigüedad, se toleraban las relaciones de adultos jóvenes (erastés) con adolescentes (eromenos), que se definían como sus aprendices; parejas que se disolvían al cabo de pocos años, cuando los menores crecían y se convertían en adultos. No obstante, hay historias como la de Aquiles y Patroclo, que habían superado esa edad y formaban una pareja  inseparable de guerreros, tal como sucedió más tarde con Alejandro Magno y Hefestion.

La afinidad que demostraban esas parejas en la lucha contra los enemigos en el curso de las batallas, debió extenderse a otras esferas del comportamiento, de acuerdo a lo que indican las intensas demostraciones de dolor (llanto y ayuno de varios días) que acompañaron a la muerte de alguno de los miembros de esas parejas, Patroclo en un caso, Hefestion en el otro, pero se cometería un error se intentara reducirlo todo a la afinidad sexual.

Zeus podía raptar a pastor Ganimedes y conservarlo a su lado, entre los inmortales, como copero de sus banquetes, pero la historia de la violación del joven Crísipo por Layo, el mentor a quien lo había entregado su padre, revela la opinión que tenían los griegos respecto de la actividad sexual no consentida entre dos hombres de distinta edad y posición social. Los dioses maldijeron a Layo y su estirpe (en la que figura el infortunado Edipo, su hijo y asesino).

Cuando Filoxeno, lugarteniente de Alejandro, deseoso de congraciarse con él, le ofrece un par de esclavos que describe como muy hermosos, Alejandro se indigna por la depravación que se está suponiendo de él. Aunque en la actualidad resulte difícil de aceptar, las relaciones de pareja entre dos personas del mismo género, no tenían por entonces como objetivo central el placer sexual, sino la colaboración de esfuerzos tendientes a proyectos comunes.

La vida de estos amigos inseparables, incluía la posibilidad de alguna relación con mujeres (como Briseida, la esclava de Aquiles, no solo con propósitos reproductivos, como era el caso de los espartanos, o las varias esposas de Alejandro Magno, que marcaban sus alianzas políticas con las distintas naciones que conquistaba), por lo que no corresponde definirlos, de acuerdo a los criterios de la actualidad, como parejas homosexuales.

Desde la muerte de su amigo que había llenado el mundo y lo había reemplazado, Aquiles no abandonada su tienda alfombrada de sombras. (Marguerite Yourcenar: Patroclo o el Destino)

Para los chinos de región de Fujian, dos hombres podían casarse, aunque no por toda la vida, puesto que al cabo de cierto tiempo, el de mayor edad debía encontrarle una esposa al más joven.

En Occidente, una relación de ese tipo solía ser sancionada por las leyes y la opinión pública. En el caso de los hombres, se hablaba de sodomía y se la castigaba con la misma severidad que en los tiempos bíblicos. ¿Cómo podía un hombre desperdiciar algo tan precioso como la simiente, contraviniendo los planes de Dios para la humanidad? Si algo parecido a una pareja del mismo sexo sew daba, lo habitual en el pasado era ocultarlo cuidadosamente (los involucrados) y esperar que no causaran demasiado escándalo (los testigos).

Hoover y Tolson

J. Edgar Hoover había logrado mantenerse durante casi medio siglo como Director de una institución tan temible como el FBI norteamericano, conservando todo el tiempo junto a él, a Clyde Tolson, su ayudante personal, también su compañero de vacaciones y heredero, sin necesidad de presentarlo nunca como su pareja (una situación que hubiera sido inaceptable para la opinión pública tan conservadora de su país. Resulta imposible que la verdad se ignorara, pero el poder de Hoover era suficiente para controlar cualquier mención de la prensa o los sucesivos presidentes a los que sirvió.

En el norte del Congo, los guerreros solían casarse con jóvenes del mismo sexo que cumplían funciones de esposas. En los países islámicos, relaciones de ese tipo son condenadas con la cárcel o la muerte en la actualidad, aunque hubo mayor tolerancia en el pasado.

La posibilidad de que un ser humano se sienta atraído por la idea de formar una pareja estable con alguien del mismo género, pone en crisis la hipótesis milenaria de que el objetivo fundamental de las parejas debe ser la procreación. Hay sin duda otros propósitos en juego, sin importar cuán difícil resulte identificarlos, porque la sociedad suele oponerse a tales relaciones y exige de aquellos que se apartan de la norma heterosexual, un disimulo o represión de sus impulsos, que en la actualidad no todos están dispuestos a aceptar.

Para los antiguos griegos no había mayores conflictos en reconocer la existencia de otras parejas que no fueran aquellas dedicadas a la reproducción de la especie. Junto al amor entre opuestos (hombre/mujer), había lugar para el amor entre iguales.

Como las esposas no eran demasiado apreciadas por una sociedad que las limitaba a la función de reproductoras, mayores elogios merecían las educadas y bien maquilladas hetairas, que no se casaban, con quienes un hombre podía beber, discutir y disfrutar de su experiencia en las artes amatorias. La posibilidad de que un hombre se interesara en otro, no causaba escándalo e incluso se la recomendaba… ¡siempre y cuando se tratara de una relación pasajera, con un menor de edad!

Al analizar esta situación, se advierte cuánto han cambiado las mentalidades con el tiempo. La pedofilia es hoy un delito identificado y sancionado en la mayor parte de los países. Abusar del poder del adulto, para seducir a jóvenes que se encuentran en una etapa de formación y suelen no ser capaces de negarse, repugna a la conciencia moderna. Para los antiguos griegos, una pareja estable entre dos personas del mismo sexo, era también reprobable, porque se oponía a los intereses del Estado (ellos no serían capaces de reproducirse). Las relaciones con menores, en cambio, solo podían ser breves, condenadas a disolverse en tres o cuatro años, porque los adolescentes crecían, perdían su encanto o credulidad o su credulidad, se convertían en adultos de barba crecida, comprometidos por la sociedad patriarcal a casarse con mujeres y engendrar hijos.

Platón describió El Simposio un mítico origen de la humanidad en el que había seres humanos dobles. Algunas de estas parejas estaban compuestas por un hombre y una mujer, otras por dos hombres y otras por dos mujeres. Aunque esas criaturas fueron separadas por Zeus durante uno de sus arranques de ira, quedaba en los sobrevivientes la nostalgia del origen, que los impulsaba a buscar la mitad perdida. Por eso algunos hombres buscan a la mujer que los complementa, pero también hay hombres y mujeres que evidentemente buscan a una mitad de su mismo sexo.

En una cultura como la griega, que valoraba la institución del matrimonio, sin preocuparse por eso del desarrollo intelectual y cívico de las mujeres, los contactos entre personas de distintos sexo quedaban limitados a la procreación, mientras que en forma paralela se facilitaba la proximidad entre personas del mismo sexo. Tanto los negocios, como la guerra, el deporte y la educación, permitían el contacto íntimo entre los hombres, cuya superioridad de género estaba fuera de toda discusión, mientras que el gineceo o área del hogar exclusiva de las mujeres (el harem para los musulmanes), era un espacio raramente frecuentado por los hombres, reservado para los miembros de la familia, que se convertía en el ámbito ideal para la colaboración e intimidad entre ellas. Hasta qué punto la separación por sexos facilitaba una dependencia emocional que hoy se considera propia de la homosexualidad, es algo que no tiene mucho sentido definir hoy, porque corresponde a otra forma de entender el mundo.

La separación y la desigualdad de oportunidades que suele establecerse entre los sexos, tal como se ha visto en la Europa medieval, la sociedad islámica o las culturas asiáticas, facilita un tipo de relaciones similares, incluso cuando la sociedad las condena. El término homosexualidad es moderno, apareció en Europa hacia 1869 (acuñado por el escritor húngaro Karl-Maria Kertbeny), por lo que no sería adecuado definir de ese modo a las relaciones de parejas del mismo sexo que ocurrieron en el mundo antiguo.

Los antiguos griegos basaban la disciplina de su invencible ejército en la existencia de parejas masculinas reconocidas como tales por la superioridad. El comandante Górgidas, según cuenta Plutarco,l habría organizado el Batallón Sagrado de Tebas, formado por 150 parejas de amantes.

Para varones de la misma tribu o familia, hay poco valor de uno por otro cuando el peligro presiona, pero un batallón cimentado por la amistada basada en el amor, nunca se romperá y es invencible, ya que los amantes avergonzados de no ser dignos ante la vista de sus amados, y los amados ante la vista de sus amantes, deseosos se arrojan al peligro para el alivio de unos y otros. (Plutarco: Vidas Paralelas)

Para los victorianos, en cambio, las relaciones entre hombres eran un delito mayor,  juzgado por los tribunales y castigado con la cárcel. Oscar Wilde habló hacia fines del siglo XIX  del amor que no se atreve a decir su nombre, porque las leyes lo penaban o le daban la espalda, según se tratara de hombres o mujeres.

El matrimonio de parejas del mismo sexo comenzó a ser reconocido por el Estado en el siglo XXI (primero en los Países Bajos, luego en Bélgica, España, Canadá, Sudáfrica, Noruega, Suecia, Portugal). Uno de los temas más conflictivos de este tipo de uniones, es la adopción de hijos y la contratación de vientres subrogados, en el caso de las parejas masculinas. La opinión pública se divide ante una posibilidad como esa. Mientras los adversarios temen que se adopten o engendren hijos con el objeto de abusar de ellos, los especialistas no terminan de imponer la idea de que la pedofilia es otra cosa.

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