EL EMBARAZO MASCULINO DE LA COUVADE


Pareja durante embarazo

En toda pareja humana se da un complejo proceso de empatía, que lleva a cada uno de los integrantes a identificarse con ciertos aspectos del otro, a pesar de las diferencias de género y/o los roles opuestos que les atribuye la sociedad. Al cabo de cierto tiempo de convivencia, hasta sin quererlo, cada uno termina conociendo tan bien al otro, por fuera y por dentro, que se descubre capaz de prever sus reacciones,  y ambos terminan pareciéndose en los gestos, las palabras, los gustos, las fobias. Parejas en las que cada uno de los participantes queda lejos, marginado de las emociones del otro, incapaz de preverlas, a pesar de la cercanía física y la rutina cotidiana, sugieren una mala relación o niveles exclusivamente ceremoniales de entendimiento.

Habitualmente, los roles de los hombres y la mujeres en la estructura social se encuentran perfectamente diferenciados durante siglos, al punto de constituir para muchos el equivalente de leyes de la Naturaleza, que se encuentran fuera de toda discusión.

La posibilidad de incorporar a las mujeres al mercado laboral (fuera de su casa) o el reclamo de que los hombres compartan la crianza de los niños y otras tareas domésticas que habían sido exclusivas de las mujeres, fueron resistidas, precisamente por oponerse a una asignación de roles que nadie recuerda cuándo sucedió, ni por qué. La confusión de roles, en cambio, desconcierta o desagrada, cuando no indigna. ¿Por qué las mujeres podrían ser autorizadas para jugar al fútbol o boxear? ¿Por qué los hombres podrían depilarse todo el cuerpo?

El Síndrome de la couvade (del francés, couver: incubar) refiere los síntomas del embarazo y lactancia que experimentan los hombres, cuando sus parejas pasan por esas situaciones que la naturaleza les ha reservado a ellas y nadie más que ellas.

¿Qué pasa? ¿Pierden los hombres contacto con la realidad, al encontrase sometidos a circunstancias tan estresantes como las del embarazo y el parto, por lo que olvidan quiénes son ellos, para asumir los problemas que corresponden a sus parejas? Por lo contrario, ¿manifiestan los hombres de ese modo, que envidian a la mujer? ¿Tienen dudas sobre la paternidad y buscan establecer de ese modo que el hijo proviene de su cuerpo?

No se trata de un fenómeno nuevo, ni se encuentra localizado en una determinada cultura. El geógrafo griego Strabo lo mencionaba hacia el comienzo de nuestra era, como una costumbre de los vascos, en territorios fronterizos de lo que hoy son España y Francia.

Esas mujeres cultivan la tierra tan bien como los hombres, y cuando dan nacimiento a un niño, ponen a sus esposos en cama, en lugar de ir a la cama ellas mismas, y los atienden. (Strabo: Geografía, Libro III, Capítulo 4)

Las parteras que atienden a la mujer, atienden también al hombre. Marco Polo da cuenta de situaciones parecidas que habría observado en Asia.

Cuando una mujer ha dado a luz, el marido permanece en cama cuarenta días durante los cuales él limpia y arregla al niño. Y esto lo hacen porque dicen que la mujer ha sufrido mucho, llevando durante meses el peso del niño y quieren que descansen. Todos los amigos van a ver al marido que permanece en cama y hacen una gran fiesta. La mujer se levanta del lecho, atiende los quehaceres de la casa y sirve al marido en la cama. (Marco Polo: Viajes)

Couvade huichol

Entre los indígenas huichol de México, existe un ritual que confirma el lazo directo que debería establecer el parto entre el padre y el hijo. Cuando se acerca el momento del parto, el padre se sienta en el techo de su choza, encima del lugar ocupado por la parturienta. Le sujetan con cuerdas los testículos, y la esposa sostiene las otras puntas. Cuando ella siente que se acercan las contracciones, tira de las cuerdas para que el esposo comparta los dolores de la llegada al mundo del hijo que engendraron juntos.

Desde hace siglos se han hecho innumerables bromas sobre un tema que no es circunstancial, porque reaparece en el folklore europeo (por ejemplo, en el cuento de Caperucita Roja, que presenta a un lobo que da a luz a la niña y su abuela), y en lugares apartados de Asia, África, la Polinesia y el continente americano, como si fuera una fantasía recurrente de los seres humanos.

En Nueva Guinea, el hombre que acaba de enterarse de la preñez de su pareja, construye una choza para él, la completa con ropas y alimento, se separa de su esposa y evita el contacto con otros hombres. Al saber que se acerca el momento del parto, hace la mímica del caso, hasta que la mujer le entrega l hijo recién nacido.

Entre los indígenas de Bolivia, el padre simula los dolores del parto de su pareja, y una vez nacido el hijo, lo apoya sobre su vientre y lo atiende como si él acabara de parirlo, mientras que la madre vuelve de inmediato a las tareas habituales. El padre, en cambio, guarda cama y recibe las felicitaciones de parientes y amigos. Simbólicamente, se ha convertido en alguien igual de su pareja.

Pareja durante el embarazo

La couvade afecta de manera más o menos marcada a un porcentaje considerable de hombres de hoy (entre 11% y 65% de los padres, de acuerdo a los estudios de Masoni, Marin, Trimarchi, de Punzio y Fioretti) a partir del tercer mes de gestación de sus hijos. El síndrome reaparece con menor frecuencia después del parto, durante la etapa de lactancia.

También se da en parejas infértiles. Se manifiesta como cambios de humor inexplicables del hombre, antojos de determinados alimentos, náuseas al despertar, molestias en las piernas y espalda, irritación al orinar, diarrea en algunos casos, constipación en otros, pérdida del apetito sexual, hipersensibilidad de la piel, ansiedad, agotamiento físico, aumento de peso, incluso dolores abdominales que se asemejan a las contracciones uterinas.

No es una reacción exclusiva de los padres primerizos. A medida que aumenta el número de hijos de una pareja, los síntomas se vuelven más notorios. Una de las interpretaciones que se da a este fenómeno, es d carácter hormonal. Durante el embarazo, las mujeres enviarían mensajes químicos que los hombres detectan sin darse cuenta, porque son olfativos. En los experimentos que se han realizados con hombres a los que se entregan muñecos del tamaño de un recién nacido, mientras se les hace oír grabaciones de bebés que lloran, se comprobó un aumento en la producción de prolactina y cortisol, dos hormonas presentes en la etapa de lactancia las mujeres. Para algunos estudiosos (entre los cuales Sigmund Freud), la couvade esconde resentimientos y celos masculinos.

¿Acaso el hijo que ella trae al mundo es efectivamente hijo del hombre que se encuentra a su lado y pasa a ser considerado automáticamente como el padre? En la actualidad, un examen de ADN debería despejar todas las dudas al respecto, pero en el pasado la pregunta insidiosa podía continuar abierta, como una fuente de conflictos constante, envenenando la vida de la pareja.

Gracias al embarazo, el parto y la lactancia, las mujeres adquieren un protagonismo social que resulta incómodo para ciertos hombres. Dejan de estar sometidas al marido, a quien pueden llegar a rechazar, para exigir una autonomía que les permita criar a su hijo (ellas se liberan del marido, mientras se someten al hijo). En el futuro de la pareja, una vez superada la etapa maternal, los hombres no saben muy bien cómo afrontarán las nuevas exigencias económicas, ni cómo habrán de someterse de nuevo las mujeres al orden tradicional. Tal vez lo hagan, tal vez no. En medio de una incertidumbre como esa, ¿no resulta envidiable la inesperada autonomía femenina?

Para otros, la couvade manifiesta la profunda empatía que llega a establecerse entre los miembros de una pareja. Nada de lo que le pasa a uno queda ajeno al otro. En las sociedades primitivas, el hombre protegería con su embarazo ficticio a la madre y el hijo de los malos espíritus capaces de agredirlos en ese momento en que ambos son tan vulnerables. También permitiría validar simbólicamente la paternidad. Si el padre es quien está pariendo, no pueden quedar dudas sobre quién trajo a ese niño al mundo. De acuerdo a una perspectiva moderna, la couvade incrementaría el nexo emocional que se da entre el padre y el hijo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: