EL ODIO A LA PAREJA


Diógenes de Sínope

El temor o el odio al otro sexo están en la raíz de las dificultades que impiden a una persona entregarse por completo, actuar espontáneamente, confiar en el compañero sexual, en lo inmediato y directo de la unión sexual. (Eric Fromm)

La fama de Diógenes, el filósofo cínico de la Antigüedad, surge de las anécdotas que se le atribuyen, más que de los textos de su autoría que se hayan conservado. En esas historias, aparece descrito como un vagabundo cuestionador de las ideas más difundidas de su época (y de la nuestra), que se acompaña de perros callejeros. Diógenes rechazaba la compañía de los seres humanos de cualquier sexo o edad, a pesar de lo cual utilizaba la plaza más concurrida de la ciudad para exponer sus doctrinas y exponerse a sí mismo, como ejemplo contundente de sus puntos de vista.

Puesto que no creía necesario disponer de un techo para cobijarse, ni de ropas para cubrirse el cuerpo, tampoco tenía mucho sentido para él molestarse en buscar una pareja, cuando se encontraba al alcance de su mano la posibilidad de aliviar cualquier tensión sexual que pudiera perturbarlo. Un punto de vista como ese, reductor de la complejidad de las relaciones de pareja, revela un claro disgusto por el otro sexo.

Una mujer que no sea una estúpida, antes o después encuentra a un hombre sano y lo reduce a escombros. (Cesare Pavese)

El clima de desconfianza o declarada hostilidad respecto de la pareja, llegó a disfrutar de prolongada aceptación en la cultura patriarcal. No es que los hombres se apartaran de las mujeres, como proponían los ermitaños del comienzo del cristianismo, sino que (después de haber convivido) manifestaban la pésima opinión que tenían de ellas.

Durante siglos, fue un tópico bien visto en el ambiente intelectual, proclamar que se despreciaba al otro sexo, que se lo consideraba un verdadero estorbo para el pleno desarrollo del potencial de los hombres. Cuando ellos necesitaban la compañía femenina, incurrían en una debilidad perdonable y pasajera, porque las mujeres eran vistas como “el reposo del guerrero”, prontas para ser abandonadas y reemplazadas por otras más atractivas, apenas se insinuara el aburrimiento en la relación.

El antifeminismo predominante en la cultura clásica, puede ser considerado como una convención del discurso literario, que no se corresponde con la realidad, pero más probable es pensar que refleja sentimientos contradictorios de deseo y desprecio.

Ilustración de La Celestina

Hasta los hombres que se sienten atraídos por las mujeres, como le sucede al personaje de Sempronio en La Celestina, se encuentran lejos de tener buena opinión de ellas y basta un mínimo conflicto para que manifiesten una odiosidad ilimitada.

SEMPRONIO: Muchas hubo y hay santas y virtuosas y notables, cuya resplandeciente corona quita el general vituperio. Pero destas otras, ¿quién te contaría sus mentiras, sus tráfagos, sus cambios, su liviandad, sus lagrimillas, sus alteraciones, sus osadías? Que todo lo que piensan osan sin deliberar. ¿Sus disimulaciones, su lengua, su engaño, su olvido, su desamor, su ingratitud, su inconstancia, su testimonio, su negar, su revolver, su presunción, su vanagloria, su abatimiento, su locura, su desdén, su soberbia, su sujeción, su parlería, su golosina, su lujuria y suciedad, su miedo, su atrevimiento, sus hechicerías, sus embobamientos, sus escarnios, su deslenguamiento, su desvergüenza, su alcahuetería? (Fernando de Rojas: La Celestina)

Hablar mal de la pareja (en especial, de la pareja femenina), denigrarla como causa fundamental de todos los males que sufren los hombres, estuvo muy bien visto por la opinión dominante, tanto en Oriente como en Occidente, durante siglos. No solo correspondía al punto de vista de los prejuiciosos e ignorantes, que si bien se expresan, tal vez no dejan demasiada huella en la memoria colectiva, sino también al de los teólogos, científicos, políticos y artistas más destacados de su época, cuyas palabras se conservan y respetan.

Francisco de Quevedo

¡Oh, qué plaga, qué aburrimiento, qué tedio es tener que tratarse con ellas mayor tiempo que los breves instantes en que son buenas para el placer! (Francisco de Quevedo)

De acuerdo a las evidencias, no todos los seres humanos fueron hechos para vivir en pareja con alguien del sexo opuesto, ni para procrear de manera responsable. En ciertos casos, hay quienes consideran que la rutina de una pareja estable y una familia constituyen un estorbo inaceptable para lo que ellos esperan aportar al mundo. ¿Por qué negarse a atender la variedad y el atractivo de la oferta de parejas provisorias, que prometen satisfacción inmediata y ningún compromiso?

Don Juan es un personaje literario que pasa de una mujer a la siguiente, o mantiene el cortejo de varias al mismo tiempo, como si necesitara marcar al mayor número posible de hembras como sus conquistas, incapaces de atarlo en una relación estable. Es un cazador que vive urgido por el proyecto de dejar en su memoria y la de sus contemporáneos, tantos trofeos como pueda.

Giaccomo Casanova

Los recuerdos que Giaccomo Casanova enhebró por escrito en su vejez, cuando perdió las energías de seductor y se vio reducido al rol oscuro de bibliotecario en un castillo provinciano de Centro Europa, tienen el carácter contable y a la vez tardío, exhibicionista de quien ya no es capaz de cambiar su condena a la soledad. Mientras la mayor parte de los hombres intenta sobrevivir con una pareja que puede no ser la ideal, pero de todos modos suministra compañía, él proclama su desprecio (y al mismo tiempo su temor) por las ataduras con miembros del otro sexo.

Las mujeres son peligrosas por las enfermedades que muchas de ellas comunican a los que obtienen sus favores. (Giacomo Casanova)

Hay quienes no tienen la intención de exponerse a las circunstancias que los condujeron a la soledad, tras haber sufrido alguna experiencia de pareja traumática. Prefieren vivir aislados, antes que sufrir parecidas humillaciones de parte de una nueva pareja.

En otros casos, hay quienes prefieren a parejas de su mismo sexo, a pesar de que suele esperarse de ellos que se ajusten a un único patrón de conducta heterosexual, sin duda el más adecuado para la preservación de la especie.

Pueden ser hombres o mujeres por igual, pero la disparidad de los roles que la sociedad asigna a los géneros, decide que sean más los hombres que declaran no estar dispuestos a formar pareja y más las mujeres que se ven obligadas a no tener pareja.

En algunos hombres, la hostilidad se manifiesta en el desprecio de todas las mujeres, entendidas en el mejor de los casos como un mal necesario para el solaz masculino y la continuidad de la especie. En otros, cualquier distancia que se establezca respecto de la pareja es poca. Ellas forman parte de un mundo ignoto, enfrentado al de los hombres: No se trata de prejuicios de gente ignorante, manifestadas al calor de una conversación que no deja rastros, sino de textos firmados por hombres notables, que fueron destinados a la publicación y lectura, vale decir, a producir un efecto en los demás.

Sacha Guitry

Cuando Sacha Guitry escribe: “La poligamia es tener una mujer de más. La monogamia también”, puede entenderse la humorada como un guiño a su audiencia masculina de su época (mediados del siglo XX), que se ha convertido en una afirmación políticamente incorrecta, cuando se la coteja con la sensibilidad contemporánea.

Muchos hombres y mujeres se sienten molestos, no por las grandes injusticias que sufren otros, sino por las dificultades más próximas que les atañen a ellos. Por eso pueden tolerar todo, menos aquello que provenga de su pareja.

Elige a tu pareja con mucho cuidado. De esta decisión depende el 90% de tu felicidad o tu tristeza: pero después de elegirla cuidadosamente, el trabajo apenas empieza. (H. Jakson Brown)

 

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