MATRIMONIOS BLANCOS


Giotto: Desposorios de la Virgen

Supongamos que uno de los integrantes de una pareja, por cualquier motivo, no deseaba casarse, a pesar de que las circunstancias lo obligaron a hacerlo, por las razones más opuestas; desde la transmisión de la herencia y el servicio a la Patria, hasta la consideración por su propio bienestar y el cálculo de la conveniencia de tener algún apoyo cuando llegue la vejez.

Si bien el solitario no fue capaz de resistir la presión social, de todos modos no acepta la totalidad de sus obligaciones, por lo que una vez que logra dejar fuera a los testigos, rechaza en la intimidad de la alcoba consumar el matrimonio que tanto exigían. Cuando logra convencer a su pareja de mantener la distancia, eso se denomina un matrimonio blanco.

En el libro del Génesis, Onán es obligado por las costumbres de su pueblo a casarse con Tamar, la viuda de Er, su hermano mayor. De ese modo, se intentaba proteger la situación de la mujer viuda que no hubiera tenido descendencia. Para Onán, en cambio, tal situación resultaba humillante, porque cualquier hijo que tuviera con ella, heredaría los derechos de primogenitura que correspondían a Er. Para evitar la llegada de esa descendencia no querida, Onán practicaba con éxito el coitus interruptus. La argucia humana irritó de tal modo a Dios, que mató a quien burlaba su Ley. En los tiempos bíblicos, el matrimonio blanco no estaba bien considerado en este mundo, ni en el otro.

Para los primeros cristianos, la renuncia al sexo decidida de común acuerdo por una pareja, indicaba la esperanza de un inminente fin de los tiempos y el regreso a este mundo del Mesías, para juzgar a los vivos y los muertos. La unión de María y José es por dogma un matrimonio blanco, donde los cónyuges no se tocan y sin embargo logran la más perfecta armonía. Para el cristianismo, la renuncia al cuerpo constituye un privilegio que disfrutan pocos, suele ser elogiado por las voces más autorizadas y se interpreta como evidencia de la santidad de las personas capaces de tal sacrificio.

Enrique y Cunegunda

En las historias del Medioevo que presentan matrimonios no consumados, las mujeres suelen ser quienes toman con mayor frecuencia la iniciativa. Durante el siglo X, Cunegunda, hija del Conde de Luxemburgo, se convirtió en la esposa de Enrique de Baviera, heredero del Imperio Romano Germánico que hubiera preferido ingresar a un monasterio. Ambos establecieron un pacto: no iban a consumar el matrimonio, que no tenía otro objeto que servir los intereses de sus familias. Era un acuerdo secreto, pero las evidencias de la esterilidad de la pareja acusaron a la mujer. Cunegunda no se defendió, pero aceptó someterse a la prueba de pisar una plancha metálica calentada por el fuego. Como no sufrió daños, el marido se convenció de la justicia de su propuesta y se sumó a ella en la causa de proteger a los pobres.

Durante el siglo XIV, Delfina de Marsella, convence a su marido para mantener un matrimonio blanco y establecer en su castillo un convento franciscano. Las energías que hubieran podido aplicarse al sexo, se derivan a la religión. Catalina de Suecia contrajo matrimonio con el conde Edgar von Kyren, quien aceptó el voto de castidad hecho por su esposa, permitiéndole que viajara a Roma con su madre, para dedicarse a las obras de caridad.

Otra santa, Catalina Flisci, nacida en Génova, hacia fines del siglo XVI, tuvo una historia parecida, aunque en su caso el marido que le había dado su familia, para terminar una vieja disputa con una familia rival, despreció a la mujer que no aceptaba compartir su lecho y despilfarró en las mesas de juego los bienes que ella había aportado a la unión.

La modelo de pintores victorianos Euphemia (Effie) Gray, fue cortejada por el crítico de arte John Ruskin, nueve años mayor, decidido a convertirla en su esposa, a mediados del siglo XIX. Ella provenía de una familia pobre y él era un esteta mantenido por su adinerada familia. Una historia como ésta, acorde con el modelo del cuento de hadas, hubiera sido irrelevante, de no ser por una circunstancia imposible de ignorar: durante cinco años el matrimonio no se consumó. Por eso el hombre terminó solicitando la anulación, que le fue concedida y permitió a Effie casarse de nuevo, con el pintor John Everett Millais, que le dio muchos hijos. La explicación que da Ruskin del matrimonio blanco en su correspondencia, aumenta el enigma:

Puede considerarse como algo extraño que yo pudiese abstenerme de una mujer que la mayoría considera atractiva. Pero aunque su rostro era hermoso, su persona no estaba formada como para despertar pasión. Por lo contrario, había ciertas circunstancias que la frenaban por completo. (John Ruskin)

Se entiende que algo pudiera fallar la primera noche, pero un inconveniente que se mantenga durante un lustro y conduzca a un penoso trámite judicial, cuesta entenderlo. Cuando Effie se refiere a lo sucedido, que escapa a su comprensión, deja al menos algo en claro: no fue ella quien impidió al hombre tocarla.

Él alega diversos motivos [para no consumar el matrimonio]. Odio a los niños, motivos religiosos, un deseo de conservar mi belleza, y finalmente el año pasado me dio su verdadera razón (…) que él había imaginado a las mujeres muy distintas de lo que vio en mí, y la razón por la que me hizo su esposa fue porque le repugnó mi persona esa primera noche. (Effie Gray: carta a sus padres)

Durante el siglo XX, la iniciativa de una relación matrimonial que excluya el sexo, suele ser tomada por los hombres. El pintor chileno Pedro Subercaseaux y su esposa, Elvira Lyon, hicieron voto de castidad al casarse por la iglesia y al parecer lo mantuvieron durante más de una década, cuando solicitaron al Papa la autorización para separarse y adoptar (cada uno por su lado) la vida conventual.

Lev Nicolaievich tolstoy y Sofía Andreievna

El escritor ruso Leon Tolstoi se propuso más de una vez entregarse a la castidad, a pesar de la relación con su esposa, que no compartía sus ideales, y de acuerdo a su testimonio, fracasó repetidamente.

Sofía, déjame partir, no me busques, ni te disgustes, ni me censures. El hecho de que te haya abandonado, no prueba que tenga yo motivos de quejas contra ti. Sé que tú no podrías ver ni pensar como yo, y por esto no has podido cambiar tu vida (…). Me acuerdo con amor y gratitud de los treinta y cinco años largos de nuestra vida en común. Pero (…) en los últimos quince años nuestros caminos se han separado. (Leon Tolstoi)

Andre Gide

Otro escritor, André Gide, mantuvo una relación de ese tipo con Madeleine Rondeaux, su prima y esposa ante la Ley, una mujer a la que había tardado una década en convencer para que se casara con él (probablemente porque esperaba que le sirviera de fachada para ocultar sus aventuras homosexuales).

Su belleza misma me helaba. Sentía por ella una especie de admiración, pero ni la más mínima sospecha de deseo. Llegaba a ella como un adorador sin ofrenda. A la inversa de Pigmalion, me parecía que en mis brazos la mujer se transformaba en estatua; o más bien, era a mí a quien sentía de mármol. Caricias, provocación, nada hicieron: me quedé mudo, y la dejé no habiendo podido darle más que dinero. (André Gide)

Otro escritor francés, Maurice Jouhandeau, conservó un matrimonio conflictivo con Elisabeth Toulemont, una ex bailarina de vanguardia, por la pugna entre los celos de la mujer y la combinación de catolicismo místico y homosexualidad del hombre. Gran parte de la obra de él, estuvo dedicada a narrar veladamente esa relación imposible durante casi medio siglo.

El sociólogo Max Weber acordó un matrimonio blanco con su prima, la militante feminista Marianne Schnitger, que lo dejó en libertad de establecer relaciones con Else Jaffe y otras mujeres.

Jane Auer y Paul Bowles

El escritor Paul Bowles llegó a casarse con la también escritora Jane Auer (conocida a partir de entonces como Jane Bowles), su pareja hasta que la muerte los separó, a pesar de que solo mantuvieron relaciones sexuales durante un año y medio. Ambos preferían las parejas de su mismo sexo, algunas de ellas personalidades famosas del mundo del arte (el dramaturgo Tennessee Williams, el músico Virgil Thompson, la coleccionista de arte Peggy Guggenheim, el poeta William Burroughs), otras anónimas (como Cherifa, la cocinera árabe que los acompañó durante décadas en su casa de Marruecos). En este caso, el matrimonio blanco se refiere exclusivamente a la convivencia heterosexual y no pasa de ser un simulacro de normalidad que se adopta para eludir la condena social.

Adrian y Janet Gaynor

En la industria del cine de Hollywood, tan expuesta a la curiosidad de millones de personas, los productores atentos a la opinión de los espectadores moralmente conservadores, favorecían la celebración de matrimonios de conveniencia, como habrían sido el de la actriz Janet Gaynor y el vestuarista Adrian, el de los actores Barbara Stanwick y Robert Taylor, o el del actor Rock Hudson con Phyllis Gates, una secretaria de los estudios Universal. Poco importaba lo que pasara entre las cuatro paredes de su alcoba, mientras demostraran estar juntos y ser felices.

Los dos matrimonios de Jorge Luis Borges (primero con Elsa Astete Millán, luego con María Kodama) no parecen haber sido otra cosa que relaciones de amistad y compañía, cuando el escritor ciego pudo haber quedado solo, porque la verdadera pareja que lo acompañó durante toda su vida y colaboró como secretaria en la producción de sus obras fundamentales, fue Leonor Acevedo, su madre.

Tadeusz Rosewicz escribió en 1975 una pieza teatral que lleva el título de Matrimonio Blanco, donde la protagonista se niega a consumar la relación con su legítimo esposo. ¿Cómo se atreve a tanto? Si bien se trata de una circunstancia de su vida privada, ¿es dueña de su cuerpo, después de haberse comprometido ante la sociedad a compartirlo y volverlo fértil?

Desde la perspectiva contemporánea, el matrimonio blanco puede ser entendido como un problema, más que como el ejemplo de virtud a imitar. La falta de relacione sexuales en una pareja, es una de las causales de anulación del matrimonio para los Tribunales y las autoridades religiosas, preocupadas por la procreación, que jercen su rol en el judaísmo, el cristianismo y el Islam, que suelen estar enfrentadas en tantos otros aspectos. Todos coinciden en que el matrimonio es necesario y tiene la procreación en el horizonte.

Los síndromes clínicos que se manfiestan en la falta de relaciones sexuales son: dispareunia y vaginismo de la mujer, mientras que hay fobias y disfunción eréctil en el hombre. Las mujeres, suelen provenir de familias que pueden ser abusadoras pero también demasiado protectoras, y asocian cualquier actividad sexual con el sufrimiento.

En la actualidad, el matrimonio de conveniencia se da entre personas provenientes de países de la periferia, que pagan a nativos de los países más desarrollados para casarse con ellos y facilitarles visas de residencia, de otro modo inalcanzables. Si en 1995 Francia contabilizó 13.000 matrimonios de ese tipo, en 2004 fue 34.000. Por eso la nueva ley estableció la verificación de dos a cuatro años de vida en común para otorgar la permanencia del cónyuge extranjero. El dramaturgo Fernando Arrabal ha definido: “Matrimonio blanco: altruismo amoroso sin legalismo emigracional… pero incapaz de crear el adulterio blanco”.

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