NARCISO Y ECO: PAREJA DISPAR


Waterhouse: Narciso y Eco

En la mitología romana, Narciso y Eco forman una pareja atractiva, inevitablemente destinada al fracaso. ¿Cómo podían relacionarse un hombre obsesionado por sí mismo y una mujer vacía, que dependía de lo que dijeran los demás para manifestarse? ¿Qué tipo de comunicación asimétrica era posible entablar entre dos personajes tan poco adecuados para el diálogo?

Eco, originariamente una ninfa parlanchina, incapaz de callarse, había sido castigada por la diosa Juno (equivalente a la Hera de la mitología griega), que después de sufrir su verborrea le negó la posibilidad de tener un discurso propio, por lo que debía conformarse con repetir las últimas sílabas pronunciadas por sus interlocutores. Paralelamente, Narciso era un joven dotado por los dioses de una belleza sin igual, una situación que lo impulsaba a desdeñar a todos aquellos que lo pretendieran.

Ovidio reunió las dos historias en Las Metamorfosis. De acuerdo al poema, Eco estaba enamorada de Narciso pero, dada la limitación sufría, no lograba expresar sus sentimientos. Cuando lo consiguió, fue gracias a la mecánica repetición de lo que decía el mismo Narciso, pero entonces él la rechazo, como había hecho antes con hombres y mujeres por igual. Desconsolada, Eco se encerró en una cueva, donde fue consumiéndose hasta que solo quedó de ella la voz.

La indignada Némesis condenó a Narciso a enamorarse perdidamente de su propia imagen, que hasta entonces desconocía. Al ir a beber en una fuente, el joven descubrió su imagen reflejada y ya no fue capaz de apartar la vista de esa suma de perfecciones. Cuando pretendió besarla, se hundió en el agua y murió ahogado.

En una versión griega de la misma historia, anterior a Ovidio, Narciso es pretendido por su amigo Aminias, a quien no le presta la menor atención. Para burlarse de su deseo, le entrega una espada, que Aminias utiliza para matarse frente a la puerta de quien lo ha desdeñado. La diosa Némesis decide castigar a Narciso, condenándolo a conocer la pena del amor no correspondido. Eso sucede cuando Narciso ve su imagen en el agua, y seducido por esa visión muere ahogado. Eco, por más que se la busque, no figura en ninguna parte.

Caravaggio: Narciso

¿Por qué la fábula griega se ha desvanecido, con su moraleja tan ajena a nuestro universo mental (no te guardes nunca para ti mismo), mientras persiste la estructura de Ovidio? Hay una concordancia perfecta entre dos estereotipos dominantes en la cultura tradicional. Mientras se supone que los hombres deben generar proyectos grandiosos, que los absorban por completo y alteren la forma del mundo, se espera de las mujeres que se sometan a lo que ellos organicen, y supriman cualquier otra intención que no sea la de adecuarse al universo masculino. La pareja ideal de la visión machista del mundo, se encuentra formada todavía por un narcisista y una sumisa.

A mediados del siglo XIX, Honoré de Balzac escribió La Prima Bette, una de sus últimas novelas. En ella, una mujer madura, pobre y poco atractiva, se enamora locamente de Wenceslao Steinbock, un artista más joven que la protagonista, un bello extranjero perdido en Paris. Ella lo ayuda, imaginando que él terminará por retribuirle sus favores, con la misma pasión que ella siente y se obligada a callar, por las convenciones de la época que impiden a las mujer manifestar sus sentimientos.

Como eso no sucede, porque el hombre se enamora de una sobrina de Bette, la solterona se dedica a destruir sistemáticamente a quienes la humillaron. Hace más de un siglo y medio, la figura de Eco había dejado de ser tan dependiente como se la concebía tradicionalmente. Quizás las mujeres no estuvieran autorizadas para manifestar sus deseos (algo que tampoco es muy bien visto en la actualidad), pero comenzaban a tomar conciencia de lo que se les negaba.

Woody Allen

Woody Allen ha construido a lo largo de medio siglo, una extensa filmografía basada en personajes narcisistas, que suele interpretar él mismo. Suelen ser refinados judíos neoyorkinos y solitarios, dado el estilo de vida que plantea una gran urbe, tipos enamoradizos pero inestables, patológicamente preocupados por defender su integridad territorial, amenazada por agresores conocidos y desconocidos, cuando no se trata de enfermedades imaginarias. Las mujeres son atraídas a ese ámbito insalubre y repelidas pronto, cuando no se corresponden con el esquema pasivo de Eco.

Si en el pasado las fantasías masculinas eran aceptadas por las mujeres que no veían la forma de sobrevivir solas, ahora ellas hablan por sí mismas y a veces resulta imposible callarlas, como sucede con las protagonistas de los filmes de Allen Annie Hall o Mighty Aphrodyte. Ellas compiten en el mismo plano del discurso con el atribulado Narciso. Muchas de las características que por tradición estaban reservadas a los hombres, la modernidad las ha extendido también a las mujeres, agregándoles un nuevo factor de desequilibrio, porque los hombres no siempre están dispuestos a aceptar su palabra.

El sentido común aconseja a las mujeres del siglo XXI no enamorarse de hombres narcisistas, porque lo más probable es que a pesar del sentimiento de compatibilidad que se da inicialmente, producto del enamoramiento hormonal, cosechen frustraciones de todo tipo al progresar la relación de pareja.

Sigmund Freud definió las características del narcisismo (necesidad de admiración, egoísmo desenfrenado, tendencia al fantaseo, desconsideración por los demás) que impiden llevar una vida normal a quien lo sufre. Para Freud el narcisismo es una fijación en las etapas tempranas de la vida, una incapacidad para superar los inevitables fracasos que plantea la existencia del adulto. El narcicista solo puede aceptar de la realidad, aquello que confirma las fantasías grandiosas que ha elaborado, mientras desdeña el resto.

Según Herbert Marcuse, narcisista es todo aquel que se cierra sobre sí mismo, rechazando cualquier rasgo de solidaridad, como demanda el amor. La única pasión que concibe el narcisista, es hacia sí mismo. Cuando acepta una pareja, es para reforzar ese amor que a pesar de lo que aconseja la elemental prudencia, circula en una sola dirección.

Al observar la historia de los grandes demagogos del siglo XX, se advierte la reiteración del esquema de un hombre fabulador, apasionado por sus proyectos enormes, tan convencido de estar haciendo lo correcto, que no dudaron en involucrar a naciones enteras en la concreción de aquello que no pasaba de ser unos cuantos sueños. Adolf Hitler imaginó el Tercer Reich, un régimen conducido por él, que habría de durar mil años y rescataría a la nación alemana de la humillación de haber perdido la primera guerra mundial. Millones lo secundaron con gritos de adhesión, alzando el brazo derecho para saludarlo como su conductor, sometiéndose a sacrificios inauditos, matando y muriendo por él. Narciso necesita de Eco, aunque solo sea para la perdición de ambos.

2 respuestas a NARCISO Y ECO: PAREJA DISPAR

  1. Adolf Hitler creyó ser todo un dios. Pero en realidad fue el anticristo hecho carne.

    • oscargaraycochea dice:

      El mito de Narciso y Eco nos recuerda que hace falta la aceptación de alguien más (puede ser una nación entera) para que el proyecto delirante de alguien se afiance, con resultados lamentables para todos.

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