¿CUÁNTOS HOMBRES PARA UNA MUJER?


Diez y a veces doce [celtas] tienen esposas comunes a todos ellos; sobre todo, los hermanos. Si hubiera descendencia de esas esposas, se los considera hijos de aquel con quien ella se casó siendo virgen. (Julio César: Guerra de las Galias)

Hay pesadillas vívidas, como las descriptas en las cartas de san Pablo, cuando anuncia el inminente fin del mundo (hace ya veinte siglos). En ese momento los muertos saldrán de sus tumbas, como en un filme gore, para ser juzgados por los actos de su vida. Los adúlteros se descubrirán ligados corporalmente a sus parejas, y las prostitutas a la multitud de clientes a quienes concedieron su cuerpo. Esa imposibilidad de separarse más allá de la muerte, cuando todo lo que se pretendió fue pasar un buen rato que mejor todos olvidaban, debería causar espanto a los pecadores.

La posibilidad de que las mujeres, habitualmente sometidas a las decisiones de sus parejas masculinas, que a pesar de los juramentos no les deben fidelidad, puedan aprovechar los mismos privilegios de sus parejas, y obtener tantos hombres como les plazca, suele ser evaluada como la prueba de que el mundo se trastornado, la demostración de un descalabro moral inaceptable.

Elizabeth Taylor y Richard Burton

Durante el siglo XX, la actriz Elizabeth Taylor se casó (y divorció) en más de una oportunidad. Dos veces con el mismo hombre (el actor Richard Burton). Una vez enviudó (de Michael Todd, por quien se convirtió del cristianismo al judaísmo). Lo hizo con hombres de su edad y ambiente, con otros mayores o menores, que nada tenían que ver con el mundo del espectáculo.. Si algo la exime de ser condenada por la moral dominante en su época y cultura, es que nunca tuvo más de un marido al mismo tiempo. Fue monógama, solo que nunca por mucho tiempo respecto del mismo hombre.

En el pasado, lo más probable era que hubiera un hombre para cada mujer. No se trataba de una garantía constitucional, ni de un mandato religioso. La naturaleza misma se encargaba de aproximar el número de nacimientos de un sexo y otro. A pesar de lo anterior, como sucede tras las guerras donde tantos hombres mueren demasiado jóvenes, muchas mujeres se quedarían sin la pareja deseada, mientras que en lugares poco habitados, como el continente americano después de la llegada de los conquistadores europeos, ocurría lo contrario: en ciertas regiones faltaban mujeres, o cada una de las residentes disponía de demasiados hombres para formar pareja con un solo.

Supongamos mujeres que disfrutan la posibilidad de elegir pareja, que no dependen de ningún hombre para subsistir, que pueden cambiar de pareja si lo desean, que llegado cierto punto de desgaste de una relación, deciden si vale la pena (o no) realizar algún esfuerzo para salvarla. ¿Qué opciones se les presentan en la actualidad?

Primera opción: resignarse a la mala decisión en la escogencia de pareja. El matrimonio es una institución, para muchos un sacramento, y una vez dado el paso, no hay retroceso (es la opción del catolicismo).

Segunda opción: incorporar un nuevo miembro a la pareja, alguien que supla las deficiencias detectadas en la pareja (es la opción poliándrica, no tolerada habitualmente por las instituciones civiles o religiosas).

Tercera opción: divorciarse y entablar una nueva relación monogámica, en la confianza de que la próxima resulte más satisfactoria que la anterior (esta es una opción desaconsejada por algunos cultos religiosos, pero aceptada por las leyes de casi todos los Estados y la opinión pública).

Cuando Elizabeth Taylor acumula sucesivos matrimonios y divorcios, lo hace exponiéndose al juicio de millones de espectadores que no la conocen personalmente, que ignoran la mayor parte de sus circunstancias, pero de todos modos tienen acceso a detalles de su vida que en otra época hubieran permanecido ignorados. Ella no ha sido mujer de un solo hombre, pero tampoco es poliandra declarada. Técnicamente, continúa siendo monógama. Sus admiradores no le perdonarían la promiscuidad declarada.

La poliandria o convivencia legal de una mujer con varios hombres, es una situación bastante rara, a diferencia de lo que pasa con la poligamia o convivencia legal de un hombre con varias mujeres. Se da en ciertas comunidades aisladas, como los mosso del este de Tibet, los inuits o esquimales de Canadá o las tribus hunza del norte de Pakistán, en las que existe desde hace generaciones un pronunciado desequilibro entre muchos hombres y pocas mujeres. No es una crisis atribuible a la Naturaleza, que estadísticamente se encarga de emparejar a los géneros, sino la evidencia de una práctica humana reveladora del distinto valor que se atribuye a los hombres y las mujeres.

En China se consideraba que los hombres resultaban de mayor utilidad económica para la familia, mientras que las mujeres representarían una carga, puesto que al casarse quedaban fuera del grupo que tanto había invertido en ellas. Por eso, no dudaban en matar a las niñas al nacer, o antes de nacer, como se ha denunciado que ocurre hoy gracias al empleo de las ecografías que permiten averiguar el sexo del feto durante el embarazo.

Los hermanos Pandava y Draupadi

El desequilibrio entre hombres y mujeres se ha resuelto en algunos grupos humanos permitiendo en la India, por ejemplo, que los cinco hermanos Pandavas, dando cumplimiento al consejo de Kunti, su madre, que les ha pedido no separarse bajo ninguna circunstancia, compartan una única esposa, unos cinco siglos antes de nuestra era.

Si bien es Arjuna, el arquero, quien la introduce en la casa del grupo, tras haberla ganado en un concurso organizado por el padre de la joven, es Yudhishtira, el mayor de los hermanos, quien ejerce primero sus derechos de esposo. Como consecuencia de esta relación múltiple, la mujer pare cinco hijos en años sucesivos, uno por cada padre. Posteriormente, los Pandavas toman otras esposas, pero Draupadi continúa siendo la favorita de todos. En cierta ocasión Arjuna regresa inesperadamente al hogar, en busca de una lanza que olvidó, y sorprende la intimidad de uno de sus hermanos con Draupadi, situación por la que se lo castiga.

Draupadi no es bien considerada por sus contemporáneos, al punto que Dushasana se atreve a despojarla de sus ropas en público. No obstante, el dios Krishna intervienes para protegerla, suministrándole un sari interminable. En el libro sagrado del Mahabharata, se la presenta como el modelo de las esposas, totalmente consagrada al servicio de sus cinco esposos y ejemplo insuperable de castidad 

Entre los esquimales, cuando una esposa se quedaba esperando el regreso del marido, que había salido de caza, los hermanos menos del hombre podían acostarse con ella. La poliandria no se da nunca en sociedades matrilineales, donde la descendencia se define por el lado de la madre, no por el lado del padre.

El objetivo de la poliandria no es otorgar a las mujeres mayores libertades que las concedidas a los hombres, sino evitar que las tierras de una familia se subdividan con cada nueva generación, hasta que resulten insuficientes para alimentar a sus propietarios. Gracias a la poliandria, todos los hijos que tiene una mujer con varios esposos, son considerados hermanos entre ellos y continúan explotando la misma propiedad.

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