¿CUÁNTOS FORMAN UNA PAREJA?


William Etty: Candaules exhibe a su esposa ante Giges

Compartir las mujeres: éste que es el infierno más temido por los celosos, capaz de arruinarles la vida ante la mera sospecha de que alguna vez ocurras a sus espaldas, es también una de las tentaciones más apetecidas por los promiscuos. Entregar las mujeres que les pertenecen, para que las disfruten otros hombres, para que ellas disfruten con otros hombres, sabiendo que eso ocurre y (más aún) que las mujeres van a regresar después de haberse entregado a las otras parejas, definen un proyecto libertino que puede ser emprendido por cualquiera.  

La historia de Candaules, rey lidio del siglo VII antes de nuestra era, ha sido contada por Herodoto e inspiró a varios escritores y artistas plásticos, desde la Antigüedad a los tiempos modernos. Se afirma que locamente enamorado de su esposa, de quien no nos ha llegado el nombre, el Rey no pudo resistir la tentación de describir su belleza delante de Giges, uno de sus ministros.

Para demostrar que no exageraba, propuso a Giges esconderse en la habitación de la real pareja y contemplar con sus propios ojos la belleza de la mujer( (según otras versiones, le entregó un anillo que lo volvía invisible). Obligado por la subordinación a aceptar el desafío que le brindaba el monarca, Giges pudo ver a la mujer desnuda y se retiró de la habitación cuando la pareja dormía después del coito, no sin que la reina lo descubriera en el momento de retirarse.

Aterrada por la situación inaceptable en la que había participado sin saber, ella guardó silencio entonces, pero lo buscó el día siguiente, para plantearle una disyuntiva. Giges debería matarse, para que el Rey no pudiera obligarlo a reiterar una situación tan inaceptable para el pudor de la mujer, o bien debería matar al Rey y casarse con ella. Giges optó por lo segundo, y Candaules recibió un castigo que de acuerdo a la opinión de entonces y ahora parece merecido.

¿Por qué el Rey expone de ese modo a su pareja? ¿Por qué se empeña en incorporar a alguien más en una relación que se supone restringida a solo dos, que en la vida cotidiana cuesta mantener libre del escrutinio de terceros? En otra versión de la misma historia, la perversidad de Candaules es de tal grado, que mata a su esposa cuando ella se niega a desnudarse delante de los soldados.

¿Por qué resulta tan oscura la historia de Candaules? Quitando algunos elementos improbables, como el empleo del anillo mágico que suministra la invisibilidad, lo que puede entender cualquiera, es la imagen de  un hombre, al parecer felizmente casado, que desea compartir a su mujer (no su cuerpo, solo su imagen) con otro hombre, que por subordinación o deseo no puede eludir la propuesta. Aunque cabe la interpretación de que Candaules hubiera sido tan necio, que en el acto de exhibir a su esposa viera tan solo una confirmación de su poder sin límites sobre Giges, lo que hace es excitarlo sexualmente, degradando a la mujer al rol de un objeto pornográfico.

Marlene [Dietrich] no es ella misma en mis filmes, sépalo; Marlene no es Marlene. Marlene soy yo. (Joseph von Sternberg)

El director de cine Josef von Sternberg parafraseaba al escritor Gustave Flaubert, quien durante el juicio por inmoralidad que se le siguió tras la edición de la novela Madame Bovary. Flaubert se defendió diciendo que el personaje no estaba basado en una mujer real, tomada como modelo, sino que se trataba de una invención, o dicho de otro modo, que Emma era él mismo. Después de la ruptura definitiva con la actriz, por decisión de ella, von Sternberg podía consolarse escribiendo que había inventado a una mujer tan seductora como la Dietrich, o al menos que había dado forma a sus propias fantasías eróticas y las de su audiencia, mediante la radical modificación del cuerpo, los gestos y la voz de una mujer real, tal como Candaules podía vanagloriarse de ofrecer a su esposa a los ojos de otro hombre, imaginando que a pesar de la exposición, ella continuaba reservada para el disfrute de él y nadie más.

Hugh Heffner y Chrystal Harris

Hugh Heffner y Chrystal Harris

El editor Hugh Heffner o el actor y director de cine Armando Bo, convertían la exhibición de sus parejas femeninas (Chrystall Harris en un caso, Isabel Sarli en el otro) en el principal atractivo de sus productos, sin el justificativo de organizar obras de arte. Esas mujeres a veces exaltadas, pero con frecuencia humilladas, se encuentran allí para alimentar el consumo de pornografía.

¿Por qué un hombre se empeña en incorporar a otro (u otros) a su relación de pareja con una mujer? La reserva que suele acompañar a la intimidad entre los sexos, indica bastante sobre el carácter el afecto implicado. Alguien que ama, pretende reservar para sí el trato con la persona que ama, incluso cuando debe compartirlo con los más próximos, como sucede en la vida familiar, con los hijos y otros parientes. Pase lo que pase, mantiene ciertos niveles de intimidad con su pareja a los que no renuncia. Lo contrario, es más bien lo que caracteriza al proxeneta. Él exhibe a su pareja para venderla y lucrar con la explotación, una actividad que en casi todas las culturas existe pero es mal considerada.

Alexandre Dumas escribió a mediados del siglo XIX: “El matrimonio es una cadena tan pesada, que para llevarla hacen falta dos… y a menudo tres”. El humor no hace más que ejecutar una voltereta en torno a una realidad incómoda para quienes se empeñan en negarla. Sin duda, las leyes de la sociedad civil se oponen a las relaciones entre más de dos personas, como se da también los preceptos de dos de las grandes religiones monoteístas, pero de todos modos sobran las evidencias de que mucha gente no se conforma con haber elegido mal una pareja y prefiere arriesgarse a establecer otra que la sustituya o complemente.

Algunos lo hacen mediante el expediente de separarse primero de una pareja, para iniciar luego una relación con la siguiente, como si de ese modo cerraran un capítulo y pasaran a otro, que confirma la vigencia de la monogamia.

La posibilidad de establecer relaciones consentidas con más de una pareja simultáneamente, supone una combinación tan rara de sinceridad, tolerancia y seguridad en sí mismos de aquellos que se arriesgan al experimento, que parece estar fuera del alcance de la mayoría. Después de verificar la complejidad de los conflictos que surgen de la vida entre dos y terminan por arruinar tantos proyectos ¿quién supone que será capaz de controlar las relaciones en el interior de esta pareja ampliada?

FrançoisTruffaut: Jules et Jim

FrançoisTruffaut: Jules et Jim

La utopía de una relación no posesiva, opuesta al esquema de la sociedad patriarcal, capaz de reivindicar el rol decisivo de la mujer, poniéndola en el centro de un grupo de machos que la sirven, sin pretender controlarla (como sucede entre las abejas y las hormigas), puede ser el tema de ciertas ficciones libertarias (como la presentada por el filme Jules et Jim), pero de todos modos contrasta con el esquema opuesto y nada utópico, del hombre que convive con varias mujeres que conocen y aceptan la situación, habitual en el Islam o entre los mormones.

El novelista Leopold Sacher-Masoch incluía en sus complejas relaciones con Fanny Pistor, que a sus instancias lo humillaba y castigaba para darle  placer, a un actor italiano encargado de cortejar a la mujer con el objeto de exaltar los celos del hombre con la representación de un riesgo de perder a la mujer que no existía. El menage-á-trois es en este caso una estrategia perversa controlada por uno de los participantes y obedecida por los otros (que en realidad sed encuentran sometidos a él financieramente).

Lou Andreas-Salome, Paul Ree y Friedrich Nietzsche

Otra modalidad de la pareja ampliada fue la practicada por la escritora Lou Andreas Salome (1861 – 1937), su marido, el médico Friedrich Andreas y varios hombres notables que se les acercaron sucesivamente: Paul Ree, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud. Al parecer, ninguna de estas relaciones incluía contactos sexuales, por decisión expresa de la mujer. Ella era partidaria de establecer parejas intelectuales, basadas en la atracción erótica que ejercía sobre esos hombres, a pesar de que solo se interesaba en las ideas que ellos fueran capaces de elaborar. Ella controlaba todo el proceso. En una reveladora foto, aparece en un carrito tirado por dos de sus amantes, a los que amenaza con un látigo. Los comentarios de la época afirmaban que al cabo de nueve meses de trabajo, cualquier hombre que se acercara a Lou Andreas-Salome, terminaría pariendo un libro decisivo.

Roger Vadim y Jane Fonda

La actriz Jane Fonda ha confesado en su autobiografía haber participado en relaciones de este tipo, que incorporaban a prostitutas, durante su matrimonio con el director de cine Roger Vadim, a comienzos de los años ´70. También ha dicho que la situación no la satisfacía, por ser una persona con graves problemas de autoestima, que se comparaba desfavorablemente con las otras mujeres. Si uno de los integrantes del triángulo recibe paga por hacer lo que hace, y el otro se encuentra a disgusto, difícilmente puede hablarse de una relación consentida. Hay, en cambio, dos que acceden a concretar la fantasía del tercero, movidos en un caso por el dinero que se le entrega a cambio de su participación, y en el otro por el deseo de conservar un matrimonio que no hubiera continuado, de negarse al menage-á-trois que puede arruinarlo todo.

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