PAREJAS EN TIEMPOS DE CAMBIOS


Las parejas humanas se establecen, de acuerdo a la atracción sexual que permite la continuidad de la especie, desde mucho antes de la Humanidad existiera. A pesar de la base biológica de la relación, no son siempre las mismas estructuras. En épocas convulsionadas, en las que se discuten y rechazan ideas que hasta entonces se aceptaban, en las que se intenta establecer nuevas maneras de organizar la sociedad, los roles que habitualmente se atribuyen a los hombres y las mujeres pierden su rigidez habitual y permiten atisbar otro tipo de relaciones (que alientan a unos pocos a experimentarlos e intimidan al resto).

La Revolución mexicana de comienzos del siglo XX fue una de estas etapas que combinan la inseguridad social con la aparición de parejas no convencionales.

Jerónimo Hernández: Soldaderas

Popular entre la tropa era Adelita, / la mujer que el sargento idolatraba, / porque a más de ser valiente era bonita / y hasta el mismo coronel la respetaba. (Anónimo: Adelita)

Las soldaderas que siguieron al ejército revolucionario, tanto para alimentarlo como para ofrecerle compañía, tiene figuras destacadas. Adela Velarde Pérez fue inmortalizada por una canción que lleva su nombre. Jesusa Palancares peleó junto a los hombres, vestida como ellos y no dejó de lado sus costumbres cuando la guerra terminó. El día en que su marido trató de encerrarla en su casa, para que volviera a la sumisión tradicional de su género, se resistió pistola en mano.

Las mujeres europeas que a partir del siglo XVI participaron en la conquista del territorio americano, fueron arriesgadas y fuertes, no pocas veces aguerridas, al igual que los hombres con quienes formaron parejas. Inicialmente no entraban en el plan de conquista del Nuevo Mundo. Luego se les autorizó el viaje, porque ellas lo reclamaban ante los Tribunales, cuando comenzaron a divulgarse las historias de amancebamiento de europeos con hembras indígenasFiguras como Inés de Suárez, amante y colaboradora de Pedro de Valdivia durante la ocupación del territorio chileno, indican las características de las parejas en las fronteras de una cultura tan invasora como la europea.

Los hombres eran aventureros de origen humilde, ambiciosos, poco educados, que al apoderarse de un territorio mal defendido por sus ocupantes originarios, hallaban una oportunidad única de acumular fortuna y obtener una legitimidad social que hubiera sidnimaginables de continuar en su terruño.

Las mujeres no eran menos arriesgadas y ajenas a las convenciones de la época. Al asociarse a esos hombres, muchas veces sin pasar por el matrimonioponían en peligro la vida, puesto que se trasladaban al escenario de una guerra cruel y prolongada, en la confianza de adquirir, como recompensa, un poder que su condición femenina y su origen oscuro les negaba en Europa.

Tres siglos más tarde, cuando las instituciones parecían haberse estabilizado en América, otras convulsiones sociales y políticas demostraron que el continente no era el terreno más adecuado para las parejas tradicionales. Las guerras de la independencia latinoamericana, durante el siglo XIX, fueron el terreno propicio para la aparición de un tipo de pareja nueva, que a pesar de mantener el rol protagónico de los hombres, otorgaba roles inhabituales a las mujeres.

En Buenos Aires, Manuela Pedraza era la esposa de un soldado que defendía la ciudad de la invasión inglesa de 1806. Cuando su marido es muerto, en lugar de ponerse a llorar, tomó el fusil del hombre y mató a su asesino.

Luisa Cáceres, hija de un profesor de Caracas, se vio incluida en la guerra antes de su matrimonio a los quince años con Juan Bautista Arismendi, coronel de las fuerzas patriotas, en medio de las escaramuzas de 1814, que volvían imprevisible el desenlace. Uno de sus hermanos había sido fusilado por los realistas. Luisa y el resto de la familia emigraron con Bolívar hacia Cumaná. Cuatro tías murieron en el camino. Arismendi protegió a los sobrevivientes y se casó con Luisa. La pareja tuvo hijos durante la guerra. Los españoles apresaron a Luisa, aprovechando su embarazo, para presionar la entrega del marido. Arismendi les respondió: “Diga al jefe español, que sin patria no quiero esposa”. Luisa permaneció presa en una estrecha celda donde tuvo a uno de sus hijos.

En lo que hoy es Bolivia, Juana Azurduy nació el año de la revuelta de Túpac Amaru. Con su esposo Manuel Padilla adhirieron a la Revolución de Chuquisaca, del 25 de mayo de 1809, que destituyó al presidente de la Real Audiencia. Colaboraron con el ejército de Buenos Aires, conducido por Balcarce y Belgrano. Juana presenció la muerte en combate de cuatro de sus hijos y parió a una hija durante la guerra. Cuando la expedición libertadora fue derrotada, Juana fue apresada con sus hijos y sufrió la confiscación de sus bienes. Padilla los rescató y todos se refugiaron en las montañas, donde reclutaron 10.000 soldados. Los esperaban victorias y derrotas. Belgrano tuvo que retirarse. Eso dejó a Juana y su marido organizando actividades de guerrilla contra el poder español. Ella alcanzó el rango de teniente coronel. En 1816 la hirieron en combate y su marido murió cuando intentaba rescatarla.

El aporte de las mujeres a las luchas de la Independencia americana, no quedó limitado a bordar banderas, coser uniformes militares, criar hijos y esperar pacientemente el regreso de sus parejas, como pretende la Historia Oficial.

Las mujeres de los nuevos enrolados, llevando sus hijos y sus utensilios domésticos, los siguen entonces a sus guarniciones, y aún a sus campañas de guerra. Así la marcha de un ejército peruano, tiene todo el aspecto de esas tribus primitivas que van en busca de un nuevo territorio. Esas mujeres de los regimientos, esas “rabonas” (…) agarran a los soldados con lazos que a pesar de ser ilegítimos, no son por eso menos sólidos. (Max Radiguet: Lima y la sociedad peruana)

Repetidamente, los conductores patriotas encontraron a mujeres apasionadas, excepcionales por su belleza y capacidad intelectual, no pocas veces casadas desde la adolescencia, que abandonaron la seguridad del hogar y las convenciones sociales, para seguirlos en una aventura que prometía más penurias que halagos.

Simón Bolívar tuvo muchas parejas en su vida, tras la muerte prematura de su esposa, María Teresa del Toro, ocurrida al poco tiempo de casados, cuando él tenía veinte años. Durante sus campañas militares halló a Manuela Sáenz a una mujer notable, que se había liberado por su propio esfuerzo de las convenciones más opresivas de su época. Hija de una relación extra conyugal, participó muy joven en el levantamiento de Quito contra el poder español, luego fue enclaustrada en un convento, del que huyó con el oficial Fausto D´Elhuyar, un enamorado que la decepcionó, para casarse más tarde con James Thorne, un comerciante inglés que la superaba en años y toleraba sus actividades políticas, una vez que se instalaron en Lima.

Manuela Sáenz

En 1822, Manuela conoció a Bolívar y decidió acompañarlo como amante y secretaria. Fue su pareja más próxima (no la única) hasta la muerte del héroe en 1830, momento en el que ella se convirtió en una figura indeseable para los gobernantes de aquellos países que su pareja había liberado. En ocasiones Manuela vestía de soldado y participaba en las campañas militares. Mientras Bolívar estuvo con vida, la presencia de Manuela fue resistida por los círculos del poder a los que ella desafiaba con su comportamiento nada convencional. Tras la muerte de su pareja, Manuela fue despojada de todo el poder que le atribuían los seguidores de Bolívar y pronto fue olvidada.

El hielo de mis años se reanima con tus bondades y gracias. Tu amor da una vida que está expirando. Yo no puedo estar sin ti, no puedo privarme voluntariamente de mi Manuela. No tengo tanta fuerza para no verte, apenas basta un inmensa distancia. Te veo, aunque lejos de ti. Ven, ven luego. (Simón Bolívar: carta a Manuela Sáenz)

 Mi amado, las condiciones adversas que se presentan en el camino de la campaña que usted piensa realizar, no intimidan mi condición de mujer. Por lo contrario, yo las reto. (…) ¿Qué piensa usted de mí? Usted siempre ha dicho que tengo más pantalones que cualquiera de sus oficiales. ¿O no?. (Manuela Sáenz: carta a Simón Bolívar)

Anita Garibaldi

Otra mujer apasionada, Ana María de Jesús Ribeiro da Silva tropezó con Giuseppe Garibaldi, futuro conductor de la guerra de unificación de Italia, en Laguna (Brasil), cuando ella tenía 16 años y estaba casada desde un año antes, tras haber quedado huérfana, con un hombre que la maltrataba. Garibaldi era un revolucionario ya fracasado en Italia, que se encontraba luchando por la independencia del Brasil. Después haberse unido, Anita  se empeñó en que la entrenaran como soldado y participó en esa condición en la batalla de Santa Caterina.

Estando embarazada, Anita fue tomada prisionera, a pesar de lo cual escapó sola y logró reencontrarse con Garibaldi. La pareja tuvo tres hijos y se mantuvo unida, a pesar del temperamento apasionado de ambos y las infidelidades de él. El matrimonio ocurrió en Uruguay, en 1842, cinco años después de haberse reunido. Anita participó con su marido en una nueva campaña por la unificación de Italia, tarea en la que murió en 1849, sin haber visto la victoria.

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