EPISODIOS ANTIGUOS DE LA GUERRA DE LOS SEXOS


 
 

Ludmila Jirincová: Lysistrata

No puede usted vivir con ellas, ni puede usted vivir sin ellas. (Aristófanes: Lysistrata)

La matrona ha de ser inferior a su marido, porque si no, no están suficientemente igualadas las fuerzas de la mujer y el hombre. (Marcial)

Gran parte de las parejas humanas se establecen y mantienen a partir de una desigualdad de los aportes de cada género, que va más allá de los aspectos biológicos. La naturaleza ha definido la complementación de los aportes de hombres y mujeres para la reproducción, mientras las distintas culturas se han encargado de atribuirles roles muy variados, que deciden quiénes ejercen el poder, quiénes se subordinan, como si se tratara de una guerra encubierta por las inevitables alianzas.

Las mujeres del siglo XXI luchan por la igualdad de condiciones, cuando compiten con los hombres por las mismas carreras universitarias, los mismos empleos en el ámbito privado o público, y exigen las mismas remuneraciones (que rara vez consiguen). Durante los siglos XIX y XX, lucharon por los derechos cívicos o la posibilidad de manejar ellas mismas sus negocios. Se trata de una contienda no siempre pacífica, ni tampoco reciente, que a través del tiempo cambia de objetivos y temática, pero continúa enfrentando a aquellos que en el ámbito de la vida doméstica se encuentran destinados a formar parejas para apoyarse emocionalmente y reproducirse.

Con frecuencia, la formalización de una pareja suele exigir acuerdos minuciosos entre los dos grupos humanos que por su intermedio se relacionan, como si se tratara de un tratado de paz entre potencias enemigas. Para los chinos, ambas familias debían reunirse para ponerse de acuerdo sobre el intercambio de bienes que se verificaba días antes de la boda. En algunas sociedades, el grupo de donde provenía la novia le pagaba al futuro marido, con el argumento de asegurar el bienestar de ella.

En otras culturas, ocurría lo contrario: el novio debía pagar para que le cedieran (le vendieran) a la novia, como se ha denunciado que sigue ocurriendo en la moderna Singapur, donde novias vietnamitas pueden ser compradas por U$ 10.000, mediante tarjetas de crédito y deben someterse a exámenes clínicos que certifiquen su virginidad. En la sociedad guajira, la tradición estipula que una pareja se forma a partir de algo más confiable que el enamoramiento de dos personas, porque incluye un acuerdo financiero entre dos familias.

La muchacha [guajira] no conoce al muchacho y él tampoco a ella. Aunque quiera o no quiera, ella se tiene que casar. Por una chinita de esas [de familia afortunada] piden cien reses escogidas, diez collares [de oro], una tuma [una piedra preciosa y una mula. (Ángel Amaya Ulián)

No se deben vender ni comprar seres humanos, y ciertamente no deben ser parte de un plan de pagos (…) o una venta de liquidación. Las novias ordenadas por correo, no son solo vulnerables al tráfico de humanos, sino también a violencia doméstica, violación y explotación. (…) Crear un plan de pago para comprar un ser humano es ética y filosóficamente desagradable; también reduce la barrera económica para la compra de una novia. Remover esas barreras permite que los traficantes adquieran mujeres usando menos capital del que necesitaban antes. (Amanda Kloer: Human Trafficking)

En la India, la dote de las mujeres fue ilegalizada en 1961, por ser la causa de innumerables abusos cometidos por los maridos o sus familiares, que asesinaban a las esposas que no completaran el pago o con quienes se habían casado exclusivamente para despojarlas de ese capital. En 2003, la joven Nisha Sharma denunció a su futuro marido, cuando exigió a su familia el pago de una suma de dinero mayor que la convenida (U$ 25.000), pocos minutos antes de celebrar la boda.

Los antiguos hebreos (y luego los musulmanes) pagaban al padre de la novia una suma de dinero, cuando ella era menor de edad. Las culturas africanas conocieron el excrex, una ceremonia similar, que en ciertas regiones de España se conoce aún como escreix. Entre los antiguos germánicos, durante la mañana posterior al día de la boda, el marido entregaba una ofrenda a su esposa, denominaba morgengabe, consistente en animales domésticos o armas, como retribución por la pérdida de la virginidad.

Los esponsales eran para los griegos una ceremonia que equivalía a la petición de mano. El padre de la novia entregaba al novio, delante de testigos, la dote de la novia, un ajuar consistente en ropas, muebles y otros objetos, que debía asegurar el bienestar de la pareja, cuya administración se convertía en responsabilidad del hombre. Un significado menos evidente de la dote de la novia, era la renuncia de la mujer a la herencia paterna.

La boda requería un par de jornadas de celebración. Durante el primero, la novia era despedida de los juguetes que habían acompaño su infancia y pasaban a convertirse en ofrenda a la diosa Artemisa. Luego recibía un baño ritual en una fuente. La ceremonia de matrimonio se celebraba en la segunda jornada. Comenzaba con el sacrificio ritual en el hogar de la novia, tras lo cual los desposados iban en procesión hasta el hogar del novio, entonando himnos al dios Himeneo. La madre del novio ofrecía membrillos a la novia, que anunciaban armonía y fecundidad para la nueva pareja. Durante el tercer día se ofrecía un banquete a familiares y amigos, que entregaban sus regalos a los desposados.

Las mujeres de la Grecia antigua pudieron ver restringido su desplazamiento al gineceo,  un espacio reducido del hogar familiar, alejado de la calle y las miradas masculinas, donde sin embargo ellas se encontraban libres de la tutela de padres, esposos e hijos crecidos, permitiéndoles desarrollar sus actividades domésticas junto a otras mujeres y niños pequeños. En los países islámicos, una situación parecida se ha prolongado hasta la fecha. Hombres y mujeres viven segregados en espacios distintos. Muy pocos hombres se encuentran autorizados para compartir la vecindad de una mujer, desigualdad considerada como un pilar de la estructura social.

Bacantes furiosas

Un sistema tan excluyente como éste, incluía excepciones periódicas. Las festividades en honor del dios Baco (o Dionisos) llegaban todos los años para aliviar el encierro de las mujeres. En su rebeldía contra el rol sumiso que la sociedad les asignaba, las Bacantes ebrias salían a las calles, participaban en procesiones obscenas en las que portaban gigantescos genitales masculinos, eran capaces de matar a los hijos que tanto habían cuidado mientras se mantenían sobrias o de destrozar los telares que les permitían exponer sus habilidades domésticas. Por eso, en esas fechas los hombres precavidos no se asomaban a las calles.

Amazonas

Las amazonas  de la Antigüedad se hicieron famosas por ser mujeres aguerridas, tan hábiles como los hombres cuando se trataba de cabalgar y manejar el arco y las flechas. Fueron representadas con ropas cortas y un seno mutilado voluntariamente, con el objeto cargar sin dificultades sus armas y atemorizar a sus enemigos. Durante mucho tiempo se creyó que no pasaban de ser otra leyenda más, como las que rodeaban a las historias de gigantes y monstruos, pero estudios recientes revelan que dominaron el territorio que en la actualidad se extiende desde Rusia, hasta Bulgaria y Rumania.

Durante sus correrías las amazonas capturaban a los hombres de otros pueblos, con el objeto de suministrarles hijos, pero de ningún modo formar parejas estables, ni compartir el poder con ellas. La descendencia masculina de las amazonas, estaba condenada a tareas serviles, mientras la descendencia femenina gozaba de los privilegios de la educación para la guerra.

Pentesilea derrotada por Aquiles

La mítica reina Pentesilea participó en la guerra de Troya, enfrentando a los invasores griegos. Aquiles consiguió derrotarla en un combate célebre que parece indicar el final de un modo de vida y la destrucción del matriarcado arcaico por el régimen patriarcal que ha prevalecido hasta la fecha). Las hostilidades habituales entre los sexos, habían sido resueltas hasta entonces por la subordinación de los hombres a las mujeres.

A pesar del rol secundario que los griegos se preocuparon de asignar a las mujeres, ¿cómo podían prescindir de ellas? No era posible, ni tampoco deseable. Las mujeres, como los esclavos, constituían un mal necesario y una fuente inagotable de conflictos. El dramaturgo Aristófanes, en el siglo IV antes de nuestra era, se burló en la comedia Lysistrata de los eternos pleitos entre los sexos. Durante una de las muchas contiendas entre las ciudades estados de Atenas y Esparta, las mujeres atenienses logran superar sus diferencias personales y advierten su disgusto por la manera masculina de conducir la sociedad, que los mantiene lejos de sus parejas necesitadas de afecto.

Solo es el tema de una farsa teatral, destinada a provocar la risa de los espectadores, pero las ideas que plantea no pueden ser más trascendentes. ¿Son capaces las mujeres de organizarse para decidir los asuntos del Estado, sin auxilio de los hombres? ¿Tienen la voluntad de oponerse a los hombres, utilizando las armas que la naturaleza les otorgó (el sexo, por ejemplo), para imponer al otro sexo su visión del mundo?

Las mujeres conducidas por Lysistrata llevan a cabo una huelga doméstica. Nada de cocinar par los hombres, ni de criar a sus hijos, ni de hacer el amor con ellos, mientras los hombres continúen decididos a pelear unos contra otros. La ficción de Aristófanes concluye en un acuerdo. Todo vuelve a ser como antes, como siempre, y no obstante la idea de un rol activo para las mujeres queda planteada, como un proyecto utópico, risible y reservado para concretarse en otros tiempos, más atentos a los mismos reclamos, como se ha demostrado en la modernidad.

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