¿DESEAR O CONDENAR A LILITH?


Los gatos salvajes se juntarán con hienas y un sátiro llamará al otro; también allí reposará Lilith y en él encontrará descanso. (Isaías: 34:14) 

Yahvéh formó entonces a Lilith, la primera mujer, del mismo modo que había formado a Adán, aunque en lugar de polvo puro utilizó excrementos y sedimentos. De la unión de Adán con este demonio-hembra y con otra parecida llamada Naamá, hermana de Túbal Caín, nacieron Asmodeo e innumerables demonios (…). Muchas generaciones más tarde, Lilith y Naamá se presentaron ante el tribunal de Salomón, disfrazadas como rameras de Jerusalén. (Yalqut Reubeni) 
 Una mujer deseable (y efectivamente deseada por muchos), independiente, que ha tenido muchas parejas y las ha desechado a medida que la defraudaban. Ella está sola, no porque los hombres la desprecien, sino porque así lo ha decidido. Ella es capaz de tener a cualquier mortal o demonio, comprobó hace tiempo, y la experiencia le otorga poderes desusados, que invitan a retroceder a más de uno y se convierten en imán irresistible para el resto.

John Collier: Lilith

Los pintores de la era victoriana utilizaron la figura de Lilith para representar a mujeres atractivas, que cualquier hombre desearía tocar. Las alas que el mito le atribuía al personaje han desaparecido y solo quedan disponibles para el disfrute del observador, mujeres pelirrojas, desnudas o vestidas con abandono, tan voluptuosas como temibles. No son tal vez las compañeras aburridas pero también confiables, que la mayor parte de los hombres desea encontrar en su casa, cuando vuelven cansados de sus tareas productivas, sino las imágenes inalcanzables de placeres que solo se dan en la imaginación.

Cuando Collier pinta a Lilith envuelta en una serpiente, promete un doble disfrute: aquel que se entregue a la hembra conocerá las delicias del sexo descontrolado y aceptará el mal que la cultura monoteísta niega a sus miembros. Ella es la gran infracción, cuya vecindad ni siquiera puede prolongarse en el tiempo y no obstante asegura la condena eterna. ¿La serpiente aprisiona a Lilith o es ella quien le permite al demonio alcanzar una actura y una seducción que de otro modo le estarían negadas?

Las mujeres fatales no pasan inadvertidas nunca, mientras las virtuosas dejan un aura tan poco conflictiva que no tarda en desvanecerse. Las malvadas pueden hacer daño a los hombres que en mala hora permiten que se acerquen, y parecen condenados a ponerse al servicio, en lugar de dominarlas como exige la tradición machista. Por lo tanto, ellas son la perfecta excusa para que ellos se lamenten y las acusen de todos los errores, que con un poco de reflexión hubieran podido evitar.

Lilith, conocida como la Mujer Escarlata, probablemente por el color de su cabellera o por la sangre que se vertía durante el culto que le estaba dedicado, habría nacido del mismo fango de donde nació Adán. Según el Talmud, después de haber concluido voluntariamente su relación con Adán, a quien se negó a obedecer, Lilith se instaló en la orilla del Mar Rojo y rechazó la oferta de regresar al jardín del Edén que le hacían los ángeles, pero no obstante continuó pariendo miles de descendientes, durante ciento treinta años, a partir del semen de Adán que continuaba impregnándola (en otras versiones, es el Demonio quien le otorga una formidable fecundidad). Los miles de hijos paridos por Lilith (criaturas peludas conocidas como lilims), eran destruidos por decisión de Dios, a medida que llegaban al mundo. Cien de ellos morían diariamente.

Lilith: estela sumeria

Lilith aparecía en los cultos sumerios de varios siglos antes. Los Lilitu, semidioses hermafroditas, habrían surgido del Gran Caos del Abismo acuático, serían benévolos respecto de los seres humanos y estarían relacionados con  el viento de la noche. Vigilaban los intercambios entre el mundo de los espíritus y el que habitan los humanos.

Lilith sería el lado femenino de uno de esos semidioses y se la consideraba encargada de guiar en el tránsito hacia la sabiduría y la inmortalidad. Sus ritos, conducidos por sacerdotisas, debían ser de carácter sexual, porque prometían la eterna juventud (una búsqueda que no ha cesado con el tiempo) a los hombres que se sometían a ellos.

El otro aspecto de los Lilitu era bastante repulsivo. Se los consideraba responsables de enfermedades varias y sobre todo, de la muerte de niños, a quienes chupaban la sangre, tanto cuando acababan de nacer, como cuando todavía estaban en el vientre materno. Para eludir el maleficio, se protegía a los bebés con amuletos portadores de los nombres de tres ángeles: Snivi, Snsvi y Smnglof).

Dante Gabriel Rossetti: Lilith

Tal como la Pandora de la mitología griega, representaba a una figura femenina que desafiaba las prohibiciones (y acarreaba todo tipo de perjuicios para quienes se atreven a imitar su independencia).

Para la tradición judía, Lilith rondaba (y tentaba) por las noches a los hombres que dormían solos, una situación poco recomendada por una comunidad que luchaba por reproducirse en medio de guerras y pestes. Era mejor casarse, que ser visitado por un demonio femenino. Durante la Edad Media, se atribuye a esas figuras la intención de robar el semen de los hombres solteros, con el objeto de procrear seres infernales.

Demonio maligno que el hombre ha creado sobre una cama en una noche de sueño. (R. Thompson y R. Campbell: Diablos y Espíritus Malignos de Babilonia)

 A ella le gusta mucho el semen del hombre, anda siempre al acecho de ver dónde ha podido caer (…). Todo el semen que no acaba en el único lugar consentido, es decir, dentro de la matriz de la esposa, es suyo. (Primo Levi: Lilit y otros relatos)

En el Zohar, se la denomina Hayo Bischat, la Bestia, una figura de la cual descenderían no los seres humanos, sino los simios. Lilith reaparece en el siglo XIX como heroína de novelas y poemas que desafían el orden, como personaje de pinturas eróticas. Reaparece como atracción de los parques de diversiones: es la mujer cuyo cuerpo desnudo (es la promesa que atrae a la audiencia) no teme el contacto con las serpientes que todos evitan.

Afiche de parque de diversiones

En el siglo XX, pasa a convertirse en representante de la rebeldía contra el machismo ancestral que impulsaron las feministas. Alguien tan apegado a la ortodoxia cristiana como el novelista C.S. Lewis, atribuye a la cruel reina Jadis de Las Crónicas de Narnia, la condición de descendiente de Lilith, por lo que sería mala de los pies a la cabeza.

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