PAREJAS EN LA TRADICIÓN BÍBLICA


Rubens: Sansón y Dalila

En la célebre pintura de Peter Paul Rubens hay un hombre y una mujer jóvenes y semidesnudos. Él es enorme y duerme, se ha derrumbado sobre el cuerpo de la mujer, da lo mismo si después de haberse embriagado o hacer el amor. No es una posición demasiado cómoda para ella, que en lugar de apartarse lo mantiene a la distancia justa para cortarle los cabellos sin despertarlo, con la ayuda de un par de cómplices que presencian la escena.

 Cuando él vuelva en sí, ya no será Sansón, el conductor invencible del pueblo judío, a quien su Dios ha dotado de una fuerza descomunal, un hombre tan seguro de sus dones, que osó confiar en una mujer cananea el secreto de su potencia. Ella lo habrá convertido en el debilitado Sansón, a quien los soldados que aguardan en el recinto vecino, no tardarán en apresar, para quemarle los ojos a continuación y sumirlo en la esclavitud.

 Muchos episodios bíblicos pueden ser más didácticos que históricos. Fueron escritos para demostrar a los lectores del futuro, por el resto de los tiempos, qué debe hacerse y qué no, en el caso de enfrentar un conflicto que habrá de repetirse. Por ejemplo, la prohibición de cortarse los cabellos para los hombres del pueblo judío. Cuando alguien se aparta de la tradición, funestas consecuencias pueden sobrevenir para él y los suyos. Lo mismo sucede con la prohibición de buscar pareja entre mujeres de otros credos.

 Dalila era agente de una potencia enemiga del pueblo de Israel, que se convierte en pareja de Sansón con el único objeto de destruirlo. Convengamos que tampoco la patriótica Judit de Betulia podía ser más confiable cuando sedujo al victorioso general Holofernes, que había ocupado el territorio de Israel, para decapitarlo a continuación, mientras él descansaba de lo que probablemente fue el primer encuentro amoroso.

 Las parejas bíblicas disponen de un ámbito reservado mientras dura el contacto de los cuerpos, su sexualidad se manifiesta en un territorio que solo pertenece a la pareja, a diferencia de lo que pasaba en otras culturas de la misma época, pero incluso en ese momento, los seres humanos continúan siendo herramientas de las instituciones políticas y religiosas.

 Hay en la Biblia textos que describen con elocuencia la embriaguez del enamoramiento heterosexual. El intenso deseo que despiertan las mujeres en los hombres (y viceversa, aunque suele enfatizarse menos la perspectiva de ellas) no es un asunto trivial, anecdótico, generador de chistes fáciles, pero al fin y al cabo indigno de un discurso serio, sino la materia trascendente que asegura la continuidad de la familia, el Estado, el culto religioso y las leyes.

 Algunas parejas humanas pueden haber sido concertadas en el cielo, como afirman los más optimistas, mientras que abundan otras, probablemente armadas en el infierno, que solo acarrean perjuicios para sus integrantes y descendientes.

 Jezabel, que desde temprana edad manifestó ser amante del lujo y la sensualidad, se casó con Acab, un hombre mayor, sin carácter, y lo utilizó para promover el culto a Baal, un dios extranjero, en detrimento del culto a Jehová (la moraleja más probable de una historia como esa, es de nuevo la conveniencia de que un hombre investigue cuál es la fe de su pareja antes del matrimonio y deseche a cualquiera, por atractiva que resulte, pero que no se corresponda con la religión de sus mayores).

 Hubo otras mujeres atractivas, que descarriaron a los hombres sin quererlo, como la funesta Dina, que en lugar de quedarse en el campamento de su padre, recorrió la ciudad, donde fue descubierta por el príncipe Siquem, que la raptó y planeó casarse con ella, a pesar de lo cual, Simón y Levi, hermanos de Dina, decididos a rescatarla, entraron en la ciudad y degollaron a todo el mundo durante la celebración de una ceremonia religiosa. Esto demostraría que las parejas de distintas culturas, hombres o mujeres por igual, son fuente segura de problemas para la comunidad.

 Desafiar las leyes no es la mejor forma de establecer una pareja. Betsabé se bañaba desnuda en la no demasiado confiable intimidad de su jardín, circunstancia en la que fue descubierta desde una terraza vecina por el rey David, que a partir de ese momento no reparó en medios para librarse del marido de Betsabé y convertirla en su nueva esposa.

Gentileschi: Judith y Holofernes

 De hombres y mujeres por igual, se esperaba su dedicación a la causa del pueblo de Israel. Judith de Betulia, viuda virtuosa, abandonó el duelo que había durado tres años, solo porque la ciudad donde vivía se encontraba asediada por Holofernes. Después de acicalarse, Judith bajó al campamento, sedujo al general enemigo con su belleza, para degollarlo a continuación, porque su meta no era venderse al ganador de la contienda, sino la liberar a su pueblo.

Sirani: Esther y Asuero

 Esther, adoctrinada por el sacerdote Mardoqueo, se ofreció en matrimonio al rey Asuero, no para matarlo, sino para introducirse en la corte babilónica, con la intención de aliviar el sufrimiento de los judíos, por entonces sometidos a la esclavitud.

 Aunque las mujeres judías de la Antigüedad se encontraban excluidas de las actividades del gobierno y el culto (a diferencia de lo que pasaba entre los sumerios y egipcios, con quienes los judíos convivieron durante siglos), debían subordinar su vida a los intereses de la sociedad. Cuando Débora organizó una revuelta militar contra los invasores cananeos, lo hizo a través de Barac, un hombre que le servía de intermediario cuando ella, apenas una hembra, tenía que dar órdenes a otros hombres, que no la hubieran respetado si los enfrentaba sola.

 En la Biblia, pareja no implica en todos los casos dos personas. Abigail, esposa del egoísta Nabal, entregó al rey David las vituallas que su marido le había negado a los hebreos, y después de muerto Nabal, se entregó ella misma como esposa al rey. Sara, esposa de Abraham, que no había logrado darle hijos durante un prolongado matrimonio, decidió que su marido los engendrara en Agar, una esclava (incurriendo en adulterio, una grave infracción a la Ley), porque de eso dependía la continuidad de su pueblo. Hasta las hijas de Lot, después de la destrucción de Sodoma y Gomorra, cometieron incesto (tras embriagar a su padre) con el objeto de paliar la falta de pareja, que las condenaba a no tener descendencia.

Moisés prohibió el adulterio en los diez mandamientos, acumuló dos esposas (Zipporah y una mujer etíope de quien no se registra el nombre en los textos bíblicos). Abraham tuvo tres esposas (la primera fue Sara, que se creía estéril, y luego Hagar y Keturah). Jacob tuvo cuatro esposas (Lea, Raquel, Bilbah y Zilpah). David tuvo dieciocho esposas (Michal, Abigail, Abinoam, Eglah, Maacah, Abitel, Haggith, Betsabé y una decena de concubinas). El sabio Salomón batió todas las marcas, al coleccionar mil esposas de distintas nacionalidades, probablemente recibidas como señal de alianza con los pueblos vecinos.

Desde la perspectiva religiosa, el matrimonio de un judío con un no judío, no tiene validez, porque la finalidad de la pareja no es dar satisfacción a sus deseos, sino facilitar la continuidad del pueblo y su fe. Consideradas instrumentos del Creador y el Estado, las parejas de la Biblia se encuentran subordinadas a las directivas masculinas.

ESPOSO: Me robaste el corazón / (…) novia mía, / me robaste el corazón / con una sola mirada tuya / con una sola de las perlas de tu collar. / ¡Qué amorosas son tus caricias, / (…) qué delicioso es tu amor! (…) / Los labios de mi novia / destilan pura miel; / debajo de tu lengua / se encuentra leche y miel / y la fragancia de tus vestidos es la de los bosques del Líbano. (Cantar de los cantares)

Una respuesta a PAREJAS EN LA TRADICIÓN BÍBLICA

  1. Buenos consejos!, informacion breve pero precisa, gracias de verdad por compartir, es
    un post para ser leido!.

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