PRIMERAS PAREJAS DE LOS MITOS


Para los antiguos griegos, Hefesto, el dios del fuego, (conocido también como Vulcano) fue quien creó a Pandora, la primera mujer, mientras que Prometeo se encargó de formar al primer hombre. Ambos utilizaron barro como materia prima. Hefesto le infundió una chispa de fuego a su criatura. Prometeo utilizó sus propias lágrimas para humedecer la tierra. La primera pareja estaba desnuda, indefensa, tenía que alimentarse de frutas y carnes crudas, porque desconocía la existencia del fuego.

Compadecido de tanta miseria, Prometeo les regaló el fuego, que hasta entonces había sido disfrutado exclusivamente los dioses, con lo que despertó el enojo de Zeus, que encadenó a Prometeo y condenó a la humanidad a perecer en un diluvio, del que sobrevivió tan solo una pareja, formada por Deucalión (hijo de Prometeo) y Pirra (hija de Pandora). Ellos pidieron a Zeus que les permitiera repoblar el mundo. Atendiendo a la respuesta del oráculo, fueron avanzando por el mundo y arrojando piedras por encima de sus hombros.  Las piedras de Deucalión se convirtieron en hombres y las de Pirra en mujeres.

De acuerdo al filósofo Platón, que vivió en el siglo IV antes de nuestra era, en el comienzo de los tiempos los seres humanos fueron pares, unidos por la espalda, seres que un irritado Zeus se encargó de separar, dejando en la memoria de sus descendientes la nostalgia de la unidad perdida. Ese mito permitiría explicar que algunos persigan a personas del sexo opuesto, para recuperar aquello que les falta, mientras que también hay otros que buscan a su mitad del mismo sexo.

En la mitología de la Polinesia, la diosa Mawu o Mahu es quien crea el mundo conocido, en colaboración con el sol y la luna. Puede presentarse como hermana y esposa del dios Lisa, o constituir parte de una divinidad que reúne ambos sexos. La primera mujer creada por Mahu fue Gbadu, quien enseñó a sus hijos que solo Mahu puede dar y quitar la vida.

Hay interrogantes elementales que los seres humanos vuelven a plantearse en distintas culturas y épocas, algunas veces ignorantes de las respuestas que otros dieron, otras insatisfechos con aquellas que la tradición les ha entregado. ¿Por qué la realidad es como es, organizada y a la vez autónoma de las decisiones humanas? ¿Por qué hay días y noches? ¿Por qué se descubre tal variedad entre los seres vivientes? ¿Por qué se nace, por qué se muere? Son preguntas extraordinariamente ambiciosas; que no pueden eludirse, porque vuelven a ser planteadas a muchos por sus experiencias cotidianas. ¿Desde cuándo existen los hombres y las mujeres, por qué tienen asignadas funciones tan opuestas en la sociedad, qué o quién estableció el sistema que los mantiene organizados de ese modo?

Los mitos acerca del origen del mundo, llegan a ser inventados para dar alguna respuesta (provisoria) a esas preguntas y otras parecidas. No suelen ser las explicaciones mejor fundamentadas, ni pueden someterse a ninguna prueba, pero no obstante satisfacen cierta demanda que todavía no se encuentra en condiciones de entender el mundo científicamente. En varios sistemas míticos, al comienzo de los tiempos reina el Caos, hasta que la divinidad establece un orden al separar la luz de la oscuridad, el cielo de la tierra.

Para los sumerios, el abismo llamado Ammu, se dividió por iniciativa propia y da origen a An (el cielo) y Ki (la tierra). Las relaciones de los dioses que en forma separada o conjunta dieron origen a la humanidad, revelan una gran variedad de actitudes, que van desde el juego amable entre las grandes potencias, hasta una guerra declarada, capaz de destruir el mundo o crearlo.

popol-vuh

Popol Vuh

En el Popol Vuh de los mayas, antes del comienzo del tiempo reinaba la confusión, hasta que los dioses decidieron crear el mundo, en un proceso plagado de errores y aprendizaje, que parece repetir en otras dimensiones los procesos humanos. Los dioses mayas crearon primero a los animales, pero no consiguieron que ellos los adoraran, porque los animales solo eran capaces de cantar, gruñir y chillar. Advertido su error, crearon a continuación al primer hombre, utilizando para ello el polvo, pero no tardaron en advertir que su criatura era demasiado endeble, que no conseguía tenerse en pie y hablaba sin entender lo que decía. Por lo tanto, los dioses lo rehicieron con agua, y el resultado fue mejor, pero de todos modos lo juzgaron insatisfactorio.

Los dioses mayas decidieron hacer a los hombres de madera y polvo. Eso permitió que las nuevas criaturas consiguieran moverse y hablar, pero todavía no entendían el significado de sus actos, por lo que era imposible para ellos adorar a los dioses. Después de un diluvio que destruyó a todo el mundo, los dioses intentaron una nueva creación. La materia del hombre provino de la flexible fibra del Tzité, mientras que la materia de la mujer se extrajo de la espadaña. A pesar de los progresos evidentes, tampoco ésta fue la creación definitiva.

shu tefnut

Shu y Tefnut

En la cosmogonía egipcia, Shu (el aire) y Tefnut (la humedad) la primera pareja, no tuvieron un origen demasiado noble, puesto que nacieron de un escupitajo del Sol (en otras versiones, de una emisión de semen del mismo dios). A partir de Shu y Tefnut nacieron Geb (la tierra) y Nut (el cielo), que a su vez generaron a los cinco principales dioses del panteón.

quetzacoatl

Quetazcoatl

Para los aztecas, no había un único mundo real, sino una sucesión de mundos sucesivos, que tal como en la mitología maya, fueron creados, puestos a prueba, revelados como imperfectos, destruidos y sometidos a reconstrucción por las fuerzas sobrenaturales que distaban de ser infalibles en su actividad. El dios Quetzalcóatl recogió en el Mictlán los restos de las cuatro creaciones precedentes, los combinó con su propia sangre y de ese modo dio forma a los primeros seres humanos de la quinta versión del universo.

En el Chaco paraguayo, los tobas consideraban que al ser creado el mundo por Qarta-á, no existían la muerte, la enfermedad y el frío. Tampoco las mujeres, porque los hombres eran inmortales. A pesar de ello, sentían la urgencia del sexo, por lo que depositaban su semen en las calabazas. Los niños que nacían, no encontraban leche materna y comían tierra, un alimento insuficiente, que les causaba la muerte.

Las estrellas bajaron del cielo y eran mujeres dotadas de grandes poderes, temibles para los hombres. Ellas comían por la boca y también por su vagina dentada. Los hombres cortaron las cuerdas que permitían a las mujeres bajar del cielo y regresar a él. Cuando las vieron asustadas y muertas de frío, les rompieron los dientes del sexo. No obstante, la imagen de estas mujeres que en el mundo real son el centro de la familia, conserva un aura de peligro para los hombres.  En los cuentos aparecen como caníbales insaciables, que devoran a sus parejas e hijos varones, dejando intactos las cabezas y penes.

Para los germanos, el mundo surgió del cuerpo desmembrado de Ymir, un dios hermafrodita, para quien cualquier intento de buscar compañía era perder el tiempo. Mientras Ymir dormía, del sudor de su axila izquierda nació la primera pareja, y contra todas las previsiones, de uno de sus pies nació el primer hijo de la pareja.

odin745

Odin

En la mitología nórdica, los dioses Odin, Vili y Ve encontraron en la playa dos árboles caídos, un olmo y un fresno; les infundierla vida, un alma, el conocimiento, los cinco sentido. Ese era el origen de Ask y Embla, la primera pareja humana.

Para los baniwa, que ocupaban en territorio comprendido entre Colombia, Venezuela y Brasil, el dios Nápiruli existía en medio de la oscuridad, hasta que creó a la primera pareja y luego la luz, la tierra, el agua, los animales.

Según las tradiciones recogidas durante el siglo VIII en el texto del Kojiki shintoista, el archipiélago de Japón fue engendrado por la pareja que formaron los dioses Izanagi y su hermana Izanamii. Ellos removieron la materia indiferenciada con una lanza de la cual se desprendió la isla de Onogoro. La pareja descendió sobre ese territorio y procedió a dar forma a las otras islas del archipiélago y el resto de los dioses.

Para los chinos, la diosa Niu-kua, hermana y esposa de Fu-hi (ambos suelen ser representados con formas de dragón), se aburría de la soledad de su existencia inmortal, y a partir de la tierra amarilla y el agua comenzó a moldear sin ayuda de nadie, primero a una pareja humana (los nobles) y luego, con menos cuidado, a una cantidad de seres humanos inferiores, hombres y mujeres por igual, que a continuación bailaron a su alrededor, para agradecerle el don y la hicieron sentirse satisfecha de su creación.

Para los maoríes, Papa (diosa de la tierra) y Rangi (dios del cielo) se amaban tanto que el abrazo eterno que disfrutaban, era tan estrecho que no permitía la salida de la luz. Los hijos engendrados por ambos, no conseguían emerger al mundo, hasta que Tene, uno de ellos, pujó con los brazos y piernas, obligando a los padres a separarse, con lo que la luz se difundió.

Entre los indígenas de Australia, otro solitario, el dios Baiame, fue quien amasó a los hombres y mujeres a partir de la tierra y el agua. El también indicó a la primera pareja los alimentos vegetales que les estaba permitido comer y la carne de los animales que estaban prohibidos. En este mito, la estadía en el Paraíso se frustró porque a la primera pareja les faltaba el agua, y el hombre se vio obligado a matar un canguro para saciar el hambre de su esposa. Como castigo similar al de Adán y Eva, fueron desterrados al mundo que hoy conocemos.

Para los inuit (esquimales) del Ártico, los dioses Malina y Arnigan eran dos hermanos. Al crecer, Arnigan sintió el impulso de la sexualidad y violó a Malina. Una lámpara de aceite se volcó durante la resistencia de la mujer, le ennegreció las manos y ensució a continuación la cara del hombre. Ella consiguió escapar, llegó al cielo y una vez allí se convirtió en el sol. Arnigan la siguió. Para convertirse en la luna. La persecución amorosa no ha concluido. Cada vez que se produce un eclipse, es porque el hermano alcanza a la hermana. Durante los eclipses de sol, los hombres no deben salir de sus casas porque pueden enfermar, mientras que las mujeres deben cuidarse de los eclipses lunares.

Antes de la teoría de Darwin y las evidencias del ADN, que plantean el parentesco de todas las formas de vida existentes sobre la Tierra, fruto de un lentísimo proceso de evolución de la materia, que explica la asombrosa variedad del mundo que nos rodea, para la perspectiva de los mitos, los seres humanos aparecían como la consecuencia de alguna actividad de los dioses, aunque no por ello pudieran considerarse sus descendientes directos.

El empleo de materia extraída de la naturaleza (polvo, agua, paja, madera, restos humanos, emisiones corporales), subraya en todas partes la humildad del origen de la humanidad y el rol decisivo que tuvieron los dioses para superar esa limitación. Hay que venerarlos, hay que someterse a sus decisiones, porque de no ser por ellos los seres humanos no existirían. Hay que venerar a los dioses y vivir de acuerdo a sus designios, hay que respetar sus ritos, porque así como nos crearon podrían destruirnos si se consideraran defraudados.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: