PRESENTACIÓN


Historias como las de Manón Lescaut y Carmen, establecieron desde el siglo XVIII la imagen tan temible como seductora de mujeres capaces de arrastrar a los hombres hacia la perdición (destruyéndose ellas también, conviene recordarlo). Como son ficciones elaboradas por hombres, resulta menos difundida la imagen opuesta, de mujeres víctimas del encanto falaz del sexo opuesto. En un caso y otro, lo evidente es que las relaciones de pareja plantean riesgos considerables, junto a un atractivo que impide evaluar de manera objetiva esos riesgos. Despreocupándose de lo que pase después, los seres humanos tratan de acercarse y relacionarse con otros seres humanos.

Entre dos encaran los imprevistos que les reserva la vida, confían que al reunirse van a ser capaces de sobrellevarlos mejor. Según algunos, pueden ser más de dos los miembros de la pareja, y no valdría la pena tomar en cuenta a qué sexo pertenecen. Tampoco la sexualidad es el único objetivo de la asociación. Cuando logra establecerse una relación como esa, muchos intentan dotarla de permanencia ilimitada. La capacidad de reunirse goza del reconocimiento de quienes rodean a la pareja. Sus integrantes deben afrontar más de un riesgo por el solo hecho de estar juntos y pensar de a dos. Utilizan el mismo espacio, elaboran proyectos comunes, asumen compromisos a largo plazo. Respetan reglas de convivencia que no siempre coinciden con las del resto de la sociedad. Controlan un territorio dotado de cierta autonomía, un lugar que no es de fácil acceso para los intrusos.

¿Qué imagen tenemos hoy de la pareja? Lo más probable es que no sea una sola, sino varias, opuestas entre ellas, y lo extraño sería que alguna se caracterizara por la estabilidad. La pareja se encuentra en crisis, repite la gente desde hace un par de generaciones, cada vez menos gente se casa y muchos se preguntan si la institución habrá de sobrevivir otra generación, y si se le pregunta de dónde proviene tal desconfianza, aportan un caudal de anécdotas que resulta inagotable.

Jan van Eyck pintó en 1434 el retrato de Giovanni di Nicolao Arnolfini y su esposa, Giovanna Cenami. Ambos aparecen representados de pie, en un dormitorio bien provisto de objetos que no se encuentran allí por casualidad (el espejo, la lámpara, las zapatillas, las cortinas del lecho). Todo indica la unión matrimonial y ellos se dan la mano como hicieron durante la ceremonia que consagró esa relación. El embarazo de la mujer no deja dudas sobre la compatibilidad sexual de la pareja. Cada uno cumple el rol que la sociedad le asigna. Mientras el hombre mira al observador, con una mano a la altura del pecho, como si estuviera haciendo el voto de fidelidad durante la boda, ella se deja guiar por él, mantiene la mirada en el suelo y el vientre abultado.

Retrato de Giovanni Arnolfini y esposa (1434) Jan van Eyck

Retrato de Giovanni Arnolfini y esposa (1434) Jan van Eyck

No es una instantánea fotográfica que permita al observador informarse sobre la rutina doméstica de una pareja adinerada de Brujas, sino la declaración de esa pareja (a través de la mediación del pintor) sobre quien son ellos y qué lugar les corresponde en el mundo. Nada es casual en este imagen. La vela encendida alude a Jesucristo, garante del vínculo establecido por la pareja. Hasta el perrito que se encuentra en el centro de la pintura, mirando a quien esté fuera del cuadro, alude en la iconografía medieval a la promesa de fidelidad que intercambia la pareja. Los Arnolfini están juntos, detenidos para siempre en el espacio consagrado a su relación. Ellos afrontan confiados la eternidad, porque al reunirse dan cumplimiento al mandato reiterado de crecer y multiplicarse. Dios les exige eso, mientras la continuidad de las familias, los planes demográficos del Estado y sus hormonas coinciden en el reclamo.

Vale la pena comparar una escena del matrimonio del Charles, Príncipe de Gales y Diana Spencer, ocurrido en julio de 1981. Solo es una fotografía periodística (o el fotograma de un registro audiovisual) que registra un instante privilegiado en el interior de una ceremonia formal de establecimiento de una pareja, presenciada y (sobre todo) fantaseada por millones de telespectadores, que convierten a esa pareja en un modelo de comportamiento. La boda del Príncipe heredero es un evento público, creado expresamente para que los medios masivos lo registren y difundan de manera instantánea por todo el planeta.

Charles y Diana

Charles y Diana

Ningún detalle queda librado a la improvisación. En su momento se habló de los colores pastel sugeridos para el vestuario de los invitados y la dieta especial que habían recibido los caballos del cortejo, para que incluso el estiércol que pudieran producir durante el desfile, tuviera un color que acorde con la gama dominante en los atuendos. Al establecer una pareja que se anuncia definitiva con Diana Spencer (y no con Camila Parker Bowles, como se ha sabido luego), Charles confirma la voluntad de la casa real inglesa de continuar representando a la nación, de acuerdo a normas que tienen siglos de vigencia y no toleran muchos desvíos de quienes detentan esa función. Aunque privilegiados en más de un aspecto, ellos se encuentran sometidos a lo que todo el mundo espera que hagan.

Los Windsor resultan más contundentes desde el punto de vista comunicacional que los Arnolfini, porque consiguen que la pareja se formalice ante una audiencia planetaria que presencia el ritual en directo, pero la fragilidad efectiva de la relación no tarda mucho en manifestarse también ante esa audiencia de millones de testigos, una situación que dificulta a más no poder cualquier intento de negociaciones y conduce a un quiebre irreversible.

La pareja humana no pierde nunca su atractivo para quienes la observan desde el exterior (en ciertos casos se la acepta, en otros se la rechaza y a pesar de ello se la desea tanto, que los artistas deben hallar excusas que les permitan representarla). Para el hinduismo politeísta, la sexualidad de la pareja podía ser incorporada sin mayores conflicto a las paredes de los templos, como revelan las esculturas de las stupas hindúes. ¿Por qué habrían de rechazarse imágenes de ese tipo, incluyendo algunas muy explícitas acerca de la actividad sexual, cuando se supone que hasta los mismos dioses disfrutan de circunstancias parecidas?

pareja hindu

Adán y Eva fueron representados por los pintores y escultores del Medioevo cristiano, época en la que se encontraban vigentes fuertes restricciones a la exposición del cuerpo desnudo. Como eran reducidos a la categoría de ejemplos que hasta los iletrados podían comprender, la carnalidad seductora de esa pareja era mostrada sin trabas, tanto en el momento del desafío a la autoridad, como en su expulsión del Paraíso. El mensaje moralizador se combinaba con un mensaje excitante: ¡cuán deseable y a la vez temible resulta la vida en pareja! ¡Cuántas fantasías y temores despierta el diálogo con el otro sexo!

Hay parejas célebres, como la de Dante Alighieri y Beatrice Portinari en la realidad, o Romeo y Julieta en la ficción, que en rigor no llegaron a convivir como para que se los considere parejas. Dante vio a Beatrice por primera vez cuando ambos eran niños, se reencontraron nueve años más tarde, ambos se casaron (cada uno por su lado) y él fantaseó durante años con el recuerdo de la mujer tras la muerte de ella. No es improbable que Beatrice no llegara a enterarse de la pasión que había despertado (si acaso hubo tal pasión y no se trató más que una excusa para que el poeta elaborara su obra).

En cuanto a Romeo y Julieta, nunca tienen oportunidades para convivir. Su historia en es brusca sucesión de momentos culminantes, irrepetibles: encuentro, noche de sexo, matrimonio secreto y doble suicidio. Los episodios menos atractivos, tarde o temprano rutinarios de la vida en pareja no entran en esa historia, situación que contribuye para convertirlos en figuras dignas de admiración para el común de los mortales.

La complejidad de las relaciones de pareja es el objeto de este libro que no pretende agotar el tema, ni menos aún dar consejos para resolver los problemas concretos que la aquejan en la actualidad. Solo se intenta observar a la pareja humana desde las más variadas perspectivas, porque es un tema eterno que no resulta extraño a casi nadie.

Los lectores encontrarán en estas páginas los materiales más heterogéneos: datos históricos, imágenes provenientes del arte y la religión, letras de canciones populares, refranes, citas de textos clásicos de la literatura, referencias a personajes míticos o reales. También hay preguntas que los lectores pueden responder por sí mismos, o utilizar para el diálogo con sus parejas.

Algunos ejemplos de la vida en pareja, que ayudan a comprender sus problemas, son extraídos del pasado más remoto, donde se confunden con la leyenda, mientras otros, como los de la cantante Britney Spears y su marido Kevin Federline, son tan recientes que puede resultar incómodo hallarlos mencionados en un libro, cuando habitualmente ocupan las portadas de la prensa o la pantalla del televisor.

Britney Spears y Kevin Federline

Britney Spears y Kevin Federline

Las parejas cambian, se vuelven irreconocibles con el tiempo que nos distancia de ellas, a pesar de que la institución subsiste en todas las culturas y no obstante las amenazas que surgen a cada rato, es improbable que desaparezca alguna vez, porque de hacerlo se habría perdido una dimensión fundamental que aporta a la vida de los seres humanos.

Cuando un hombre encuentra a su pareja, comienza la sociedad. (Ralph Waldo Emerson)

Ningún hombre sin esposa, ni ninguna mujer sin esposo, ni ninguno de los dos sin Dios (Bereshit Rabbá).

Cuando estoy contigo, estamos despiertos toda la noche. / Cuando no estás, no puedo dormir. / ¡Que Dios bendiga estos dos insomnios / y la diferencia entre ellos! (Mahammad Yalai ud-Din Rumi)

Si dos personas que son desconocidas la una para la otra, como lo somos todos, dejan caer de pronto la barrera que las separa, y se sientes cercanas, se sienten uno, ese momento de unidad constituye uno de los momentos más estimulantes y excitantes de la vida. (Eric Fromm: El Arte de Amar)

REFRÁN ESPAÑOL: Cada oveja con su pareja.

Toda una vida, me estaría contigo, / No me importa en qué forma, / Ni cómo, ni dónde, pero junto a ti. / Toda una vida, te estaría mimando, / Te estaría cuidado, / Como cuido mi vida, que la vivo por ti. (Osvaldo Farrés: Toda una vida)

2 respuestas a PRESENTACIÓN

  1. Me pareció maravilloso este artículo, de gran profundidad y gran apertura.Felicito al Sr Garaycochea por su forma de relatar, de contarnos las historias y de hacernos pensar, sobre cosas que vivimos todos.

  2. oscargaraycochea dice:

    Nací en un lugar y en una época ya distante, en que las parejas humanas, incluyendo aquellas que ni siquiera estaban legalizadas, eran estables. No recuerdo haber visto nunca gente muy feliz o desgraciada, sino, sobre todo, conforme con su situación (que podía ser horrible, desde la óptica actual, pero no disponían de más alternativas), porque en todo caso debía ser mejor que la de otros, los solitarios, que causaban pena. Las solteronas habían fracasado en el intento de capturar un marido. Los solteros de cierta edad, no habían logrado la estabilidad económica que les permitiera mantener a una mujer.
    Estar casado era mejor, aunque no se argumentara por qué. En público, las parejas no ostentaban su relación. Podían tomarse del brazo o bailar juntos durante las fiestas o trabajar a la par, pero el afecto o los conflictos que hubiera entre ellos, se daban a puertas cerradas. Había problemas de pareja, incompatibilidades, relaciones insostenibles, pero nadie iba más allá, tanto para expresarlos, como para averiguarlos. Ese pudor no solucionaba conflictos: apenas los dejaba debajo de la alfombra.
    Veinte años más tarde, ese mundo que fue el de mis padres y mis abuelos, había cambiado para siempre. Las parejas bien armadas pasaron a ser una excepción, los conflictos de la intimidad comenzaron a exhibirse (a no esconderse) y fue tomando forma el temor actual ante la mera posibilidad de vivir en pareja.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: