PAREJAS APASIONADAS


Se miran, se presienten, se desean, / Se acarician, se besan, se desnudan, / Se respiran, se acuestan, se olfatean, / Se penetran, se chupan, se demudan, / Se adormecen, despiertan, se iluminan, / Se codician, se palpan, se fascinan, / Se mastican, se gustan, se babean, / Se confunden, se acoplan, se disgregan, / Se aletargan, desfallecen, se reintegran. / (Oliverio Girondo)

 Desde hace un milenio, en el imaginario de Occidente, la posibilidad de que la pasión amorosa nazca en las circunstancias menos apropiadas y viole todas las reglas que traten de morigerarla, que desafíe a cualquier institución que pretenda oponérsele, es un hecho tan evidente que no requiere ser puesto a prueba por nadie. No es cuestión de hormonas que efectúan su trabajo de seducción en silencio, ni de imágenes arquetípicas que se persiguen sin llegarlas a conocer del todo, como pretendía Karl Jung. Una vez que los amantes descubren a quien habrá de ser su pareja, sin importar que la busquen de manera consciente, o que el azar, el Diablo o Dios faciliten el encuentro, se instala entre ellos una lógica incontrolable, que promete momentos de felicidad incomparable y (lo más seguro) un desenlace fatal.

Los amantes no se unen finalmente en alguna parte. / Ellos están siempre el uno en el otro. (Rumi)

La historia de Tristán e Iseo alimenta desde hace menos de un milenio la ilimitada fe en los poderes de la pasión amorosa. Tristán era un príncipe huérfano, que gozaba de la confianza de su tío, el Rey Marc de Cornuailles, que no se había casado ni tenido hijos que lo heredaran. Tristán convenció a su tío que necesitaba casarse para mantener a su linaje en el poder. Emprendió la búsqueda de una esposa para su tío, que debía ser irlandesa. Durante el viaje, cruzó el mar y mató a un dragón que aterrorizaba a la población y obtuvo como recompensa la mano de la princesa Iseo, en quien vio a la esposa ideal para su tío.

Durante el viaje de regreso, por error, una doncella les dio a beber una pócima de amor, que de acuerdo a las costumbres, la joven hubiera debido compartir con su marido en la noche de bodas. A partir ese momento, Tristán e Iseo no pudieron controlar la pasión. A pesar de lo sucedido, Tristán decidió entregar a Iseo, el matrimonio se celebró con gran pompa y los amantes continuaron viéndose a escondidas.

Finalmente fueron descubiertos, Marc los desterró y ellos vivieron felices por tres años en el bosque, mientras duraba el efecto del brebaje. Superado el hechizo, Tristán entregó nuevamente a Iseo a su marido y (créase o no) él la aceptó, pero procedió a expulsar a su sobrino de la corte. Pasaron los años, Tristán se casó con una joven que le recordaba a Iseo, lo que no impidió que la pareja se encontrara de vez en cuando, hasta que él enfermó gravemente y ella acudió para despedirlo del mundo y morir a continuación.

¿Por qué adquiere tal capacidad de conmovernos, una historia a todas luces improbable, que contiene aspectos tan tradicionales como el héroe huérfano, matador de monstruos, que obtiene una virgen como premio a su desempeño? ¿Por qué sobrevive durante cientos años y alimenta una visión del mundo que no se corresponde con la realidad? La leyenda de Tristán e Iseo da forma a convicciones que surgieron durante el Medioevo europeo y con el tiempo lograron expandirse a casi todo el planeta.  Mientras el cristianismo planteaba el matrimonio como un contrato solemne que se entabla ante Dios, para la sociedad medieval eso no tomaba en cuenta la atracción física que pudieran sentir los contrayentes. Por lo tanto, la leyenda se centra en la trasgresión reiterada a esas normas.

Tristán e Iseo se convierten en amantes, y en lugar de proclamar su relación, ocultan lo sucedido y dan cumplimiento formal a los compromisos que han entablado con el rey. Tristan entrega a la novia e Iseo acepta a Marc como marido, engañándolo sobre su pasado y presente. Luego los amantes incurren en adulterio, son descubiertos y si bien reciben un castigo (demasiado leve para la falta cometida: en esa época hubieran debido ser ajusticiados), pasada la vigencia del hechizo que los perdió, todo vuelve a la normalidad, como en los juegos de video del siglo XXI. Quedan en el olvido tres años de alejamiento de la civilización y pleno disfrute del adulterio, para dar lugar a una razonable segunda entrega de la mujer a su legítimo esposo, un acuerdo tan razonable que excluye a la ceguera que se aguarda de quienes e entregan a la pasión.

Joseph Anton Koch: Paolo y Francesca

Ningún dolor es más grande que recordar la felicidad, cuando se está en medio del sufrimiento, dice Francesca de Rimini, uno de los personajes de La Divina Comedia de Dante Alighieri. Ella y Paolo Malatesta con encontrados por Dante en el Infierno, adonde llegaron tras ser asesinados por Giovanni Malatesta, esposo de Francesca y hermano mayor de Paolo. Es una historia célebre, de la que no obstante se tienen pocos datos. Hacia fines del siglo XIII, Francesca fue obligada a casarse con un hombre rico y contrahecho. Durante una ausencia del marido, ella leía con su cuñado el equivalente a una novela romántica de hoy: la historia de Ginebra (esposa del rey Arturo) y Lancelot (uno de los caballeros de la Mesa Redonda). La vecindad física se volvió tan perturbadora, que interrumpieron la lectura… y el resto queda para la imaginación de quien lee el poema de Dante. Los adúlteros son sorprendidos por el esposo ofendido, que los mata de una sola puñalada. La pasión resulta más convincente cuanto menos tiempo disponen los amantes para experimentarla, mientras la rutina es un adversario capaz de destruir las relaciones.

Tumbas de los amantes de Teruel

La leyenda de los amantes de Teruel cuenta lo sucedido a Isabel de Segura y Juan de Marcilla (según otras versiones, Diego de Marcilla), dos jóvenes que se amaban desde la infancia, a comienzos del siglo XIII. Ellos tropezaron con la oposición de la familia de ella cuando pretendieron casarse. Juan no tençia fortuna (según otros, la discrepancia era por la “limpieza de sangre”, porque los Marcilla eran una familia convertida no hacía mucho al cristianismo, un handicap inaceptable para una España ocupada por los árabes y compartida con los judíos). El padre de Isabel le concedió a Juan cinco años para enriquecerse en la guerra contra los infieles, si quería obtener la mano de su hija. De acuerdo a otras versiones, el plazo era de tres años y tres días.

Durante la ausencia de Juan, el padre de Isabel le propuso otros pretendientes. Pasado el tiempo establecido sin que Juan apareciera, Isabel aceptó casarse con el candidato de su padre. Cuando la boda se estaba celebrando, llegó Juan, ostentando los honores y riqueza que exigían los Segura. No obstante, para las costumbres de la época, Isabel pertenecía ya a su marido. Juan reclamó un beso de Isabel antes de alejarse para siempre. Ella se lo negó y él quedó muerto a sus pies. Durante la celebración de las excequias del hombre, una mujer cubierta por un velo se acercó al cuerpo de Juan y lo besó. Era Isabel, que moría junto a su amado. Para que la pasión se destaque, debe hacerlo a pesar de la muerte y las convenciones sociales.

Un par de siglos más tarde, el descubrimiento de dos momias y un documento que narra la historia, sentaron la base de una leyenda que permanece viva hasta la actualidad. Puede ser que se trate de una invención literaria, puesto que Bocaccio narró circunstancias parecidas en Il Decameron. Para el romanticismo del siglo XIX, estos amantes que solo pueden ser unidos en la muerte, ilustran el ideal de la pasión amorosa. ¿Qué mayor triunfo sobre una realidad adversa, que la figura de los dos amantes cogidos de la mano, a pesar de encontrarse muertos?

Francisco Pradilla: Juana la Loca

La historia de Juana la Loca tiene fundamentos históricos, pero no logra desprenderse de un aura de excesos propia de leyendas. Tercera hija de Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, Juana apenas ha cumplido 16 años, cuando los padres la comprometen en matrimonio con Felipe, archiduque de Austria. El encuentro de la pareja debió despertar la pasión mutua, porque el matrimonio se adelantó. La pasión del hombre no era tal vez tan intensa como la de su mujer, que había quedado embarazada y comenzaba a sufrir el tormento de los celos.

Tras la muerte de la reina Isabel, se planteó que Juana y Felipe compartieran el trono con Fernando. Pronto pudo notarse que el arreglo resultaba insatisfactorio. Fernando abdicó para evitar una guerra entre sus partidarios y aquellos de la joven pareja. Felipe fue proclamado Rey de España y poco después murió, probablemente envenenado. A partir de ese momento se inició la peregrinación fúnebre de Juana, que conducía los restos de su marido hasta Granada, donde él había expresado el deseo de ser enterrado. El cortejo (del cual estaban excluidas las mujeres) solo viajaba de noche y tardó ocho meses en llegar a su destino.

Temerosa de ser despojada del cuerpo de su amado, Juana llevaba consigo la llave del ataúd, que periódicamente abría, para comprobar que continuara allí. Ante las evidencias del desequilibrio mental de Juana, su padre regresó al trono y la encerró en el castillo de Tordesillas, donde permaneció 47 años, ignorada por su familia y humillada por aquellos que debían servirla. En la historia de Juana, el exceso de pasión convierte a las tradicionales virtudes de la mujer, en defectos inaceptables. Aquello que hubiera podido servir de ejemplo de amor conyugal, se revela como una atrocidad que repugna.

La sociedad considera bien que una pareja real se ame, pero desconfía del interés de uno por el otro, que acelere el protocolo de una boda. Los príncipes se unen porque la relación conviene a la política de dos Estados, no para satisfacer apetitos personales. Algo parecido ocurre con el juramento de fidelidad de la pareja. Si bien en loable que se reserven el uno para el otro (sobre todo la mujer, que asegura de ese modo la legitimidad de su descendencia), el excesivo protagonismo y los celos de Juana desequilibran la relación.

Amar demasiado es peligroso, cuando el exceso de pasión descuida el cumplimiento de las obligaciones de la reina. Su duelo interminable representa un grave abandono de sus funciones como cabeza del Estado. Muerto el objeto de su pasión, el sentido común reclama una etapa de duelo, pasada la cual su rutina debe normalizarse. Si Juana no lo entiende así, hay que declararla insana y tratarla como corresponde, para que la nación se recupere.

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2 respuestas a PAREJAS APASIONADAS

  1. Josseline dice:

    En realidad la vida de Juana la Loca me parecio muy bella, y bueno que decir de la pelicula ha sido una de mis favoritas.

    • oscargaraycochea dice:

      La belleza del personaje nace precisamente de su desmesura. Tanta pasión no se encuentra todos los días a la vuelta de la esquina. Cuando uno se entera de situaciones como esas, se asoma a profundidades de la mente humana que asustan. La gente común se detiene mucho antes o nunca tiene la posibilidad de avanzar tanto en la sinrazón.

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