ADÁN Y EVA DESPUÉS DE LA CAÍDA


Edward von Steile: Adán y Eva después de la caída.

Todas las parejas viven una etapa de encantamiento inicial, que justifica su reunión y tarde o temprano se disipa, debido a las traiciones, la objetividad que finalmente se impone sobre la pasión, o la rutina capaz de desgastar la belleza de cualquier sueño de los enamorados, por embriagador que sea en el comienzo. Pero no todo es para lamentarse, porque al superar ese lapso del apasionamiento, en el que todo se percibe distorsionado, mejor de lo que es realmente, nacen lazos de amistad y colaboración que pueden ser tanto más duraderos y confiables que la atracción física.

El escaso tiempo que Adán y Eva pasan en el jardín del Edén, suele concentrar la atención de todos aquellos que piensan en su historia. Pintores y escultores se deleitan en la representación de sus cuerpos jóvenes y desnudos. Durante esa etapa que de acuerdo a los cálculos del Obispo Usher no insume tres semanas, se acumulan la mayor felicidad posible y también el primer acto de desobediencia de la pareja, uno tan trascendente que condena al resto de los seres humanos a vivir lejos de su Creador, en el desamparo del mundo en el desamparo que todos conocemos.

Masaccio: Adán y Eva

Massacio ha pintado a la primera pareja humana desnuda y llorando, en el momento de verse privados para siempre de un estilo de vida insuperable, a pesar de que el texto bíblico dice que “Dios hizo túnicas de piel para el hombre y la mujer y los vistió” (Génesis 3). Cada uno se encuentra sumido en un dolor personal, que lo aísla de su pareja, mientras la desnudez subraya la completa orfandad que les aguarda.

Después de la caída, ocurre el destierro de ambos y el inicio de una prolongada vida juntos, que solo puede ser deducida del contexto del Libro del Génesis.  No se menciona en ningún lado que tuvieran otras parejas, pero si un par de hijos y muchos años de vida, tantos que nos asustan cuando nos imaginamos en su situación. ¿Cómo encarar la existencia en común, después de un error gravísimo, imposible de atenuar? En primer lugar, como un castigo merecido, que obligue a reflexionar sobre lo sucedido a los descendientes de la primera pareja. Por estupidez, por desafiar la orden del Creador, ambos perdieron la oportunidad de ser eternamente felices. Fueron advertidos sobre el desafío que los aguardaba, y decidieron desoírlo, como si no advirtieran que los ponía a prueba. Las consecuencias son atroces.

En adelante, necesitarán ganarse el sustento mediante el trabajo penoso y tendrán que reproducirse con dolor (en el caso de la mujer). Llegado el momento, deberán morir, aunque no sea de inmediato.

Otoniel Polanco: Popol Vuh Nº 1. Origen de la Vida

No es un pronóstico demasiado agradable para una joven pareja, que no ha convivido más de tres semanas, la etapa que hoy se considera Luna de Miel.  Suena más bien como una condena perpetua, tanto más horrible cuanto más tiempo se prolongue. Hay otras primeras parejas humanas, en los textos sagrados de otras culturas, que cometen faltas capaces de atraerles la inmediata destrucción y el reemplazo por otros seres más idóneos para cumplir la función que se les atribuyó, tal como sucede en las mitologías maya y azteca. Los seres humanos modelados en barro por Prometeo y Pandora en la mitología griega, tampoco duran mucho, porque Zeus los destruye a casi todos, para castigar a Prometeo por haberles dado el fuego que hasta entonces era privilegio de los dioses. En la Biblia, la primera pareja vive, no para que se los perdone, sino para experimentar el tormento de una condena a perpetuidad.

Tenía Adán ciento treinta años cuando tuvo un hijo a imagen y semejanza suya, a quien llamó Set. Después de que le nació Set, Adán vivió ochocientos años y tuvo más hijos e hijas. Con lo que toda la vida de Adán fue de novecientos treinta años y murió. (Génesis 5)

Adán y Eva sobreviven hasta una edad impensable para los seres humanos de la actualidad (los analistas suponen que algún error se deslizó en el cálculo de la edad de los patriarcas: probablemente se trataba de meses lunares), como si la prolongación de la vida en común, la rutina de la pareja humana, fuera un componente fundamental del castigo.

¿Cómo es para el hombre, convivir con quien lo acompaña todos los días, pero también es la causa directa de su miseria actual, alguien a quien está obligado a sostener en los momentos difíciles. alguien con quien periódicamente se relaciona en busca de placer sexual? Eva es al mismo tiempo la intermediaria y principal testigo de la ruina de Adán, que la solicitó como compañera, sin imaginar las complicaciones que traería a su vida. Se trata de un punto de vista misógino que no ha perdido actualidad, a pesar de los miles de años que tiene la historia circulando.

A medida que la vida en pareja se desarrolla, los hombres hallan en las mujeres no solo a sus compañeras (en ciertos casos, colaboradoras, en otros cómplices o subordinadas o víctimas) sino también como testigos acusadores, tan incómodos de tolerar, que muchas veces se prefiere quebrar definitivamente la relación, en la esperanza de calmar los recuerdos.

En cuanto a la perspectiva femenina, ¿cómo puede ser la vida de alguien que día tras día ve defraudadas las expectativas de felicidad perfecta y eterna que se hizo al encontrar al hombre? Convivir con la víctima y principal colaborador de la desobediencia que ella promovió, no es una perspectiva agradable para Eva. La Biblia no menciona el rencor de Adán. El castigo que reciben de Yaveh es aceptado como una medida que corresponde discutir ni atenuar, pero toda la historia es contada de manera tal, que los reproches del hombre no estarían fuera de lugar.

El redactor de este segmento de la Biblia no encuentra, durante décadas, ningún episodio en la vida de Adán y Eva que se aparte del plan dispuesto por Dios. No hay otras mujeres que tienten a Adán, ni otros hombres que codicien a Eva. Ellos forman una pareja estable, como si su incorporación al mundo donde se sufre y envejece, los hubiera reunido en el arrepentimiento. Son figuras monumentales por la soledad y carencia de detalles. Valiéndose del humor y los anacronismos, Mark Twain los ha descrito como personajes resignados, sin horizontes, que soportan (o tal vez disfrutan) su evidente incompatibilidad.

EVA: He perdido el Jardín [del Edén], pero lo he encontrado a él, y estoy contenta. Me ama tanto como puede; y lo amo con toda la fuerza de mi naturaleza apasionada y esto, creo, es lo propio de mi edad y de mi sexo. Si me pregunto por qué lo amo, me doy cuenta que no lo sé, y realmente no me importa demasiado saberlo; por eso supongo que esta clase de amor no es producto de la razón y de las estadísticas. (Mark Twain: Diarios de Adán y Eva)

Una de las principales dificultades de la vida en pareja, es la necesidad de encarar el sinfín de decepciones propias y ajenas que acumula la rutina compartida. Hombres y mujeres no están a la altura de lo que pretenden ser ellos o lo que otros pretenden de ellos. Por lo tanto,  se decepcionan repetidamente, en el mejor de los casos por descuido, pero también por desconsideración y traición de los compromisos contraídos.

En la actualidad, el temor a las miserias de la vida en común, el aburrimiento y las diversas traiciones que se revelan tras la etapa inicial del enamoramiento,  son percibidos como una realidad inevitable. Antes que fracasar en un tema tan sensible para cualquiera, y verse obligados a afrontar la responsabilidad de no haber estado a la altura de sus expectativas, los jóvenes se niegan a casarse. Quieren estar listos para separarse con el menor trámite. Imaginan que sobre la pareja se cierne un cúmulo tal de amenazas en el futuro, que se dan por vencidos antes de la primera derrota. Por las dudas, evitan comprometerse ante las instituciones.

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No confían en la respuesta de sus parejas, ni esperan que sus parejas confíen en ellos. Quizás se alarmen más de lo necesario, pero dan por sentado algo que no suministra la mejor base para la existencia en común.

Cornelius van Haarlem: Adán y Eva después de la caída.

Adán y Eva, en cambio, no encuentran otra alternativa que seguir viviendo juntos, acumulando fracasos tales como la fallida educación de sus hijos, Caín y Abel. El texto bíblico fue escrito en una época en que resultaba impensable la responsabilidad de los padres en la crianza de los hijos. En la actualidad esa perspectiva se ha invertido. Los adultos son los primeros acusados, cuando los jóvenes se desacarrían. Adán y Eva no fueron capaces de comprender a tiempo el conflicto que se incubaba entre los dos hermanos. Tal como sucede entre los padres modernos, ellos estaban en otra cosa. No existió suficiente preocupación para que el rencor de Caín fuera detectado a tiempo y se impidiera la consumación del primer crimen.

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