Para los antiguos griegos, los dioses que habitaban el Monte Olimpo mostraban gran parte de las características humanas (físicas y morales), más algunas otras que solo ellos disfrutaban, como la inmortalidad y poderes extraordinarios, tales como el desplazamiento mediante el vuelo, la invisibilidad voluntaria y la capacidad de asumir una pluralidad de formas. Los dioses griegos alternaban con los seres humanos que habían creado, espiaban desde lo alto las actividades de sus criaturas (sobre todo cuando se trataba de satisfacer en ellos los caprichos de un inagotable apetito sexual). Como fruto de estos frecuentes intercambios carnales, ocurría el nacimiento de seres excepcionales, por un lado mortales, pero al mismo tiempo dotados de atributos superiores, dado su parentesco directo con los dioses.
Que los dioses incurrieran en algunas de las más frecuentes debilidades humanas, como la veleidad amorosa, los celos y la rabia por las heridas que sufre el amor propio, no era motivo de escándalo para los griegos, sino la garantía de que los seres sobrenaturales serían capaces de comprender mejor a sus criaturas cuando le tocara juzgar sus actos en este mundo o el otro. Los ocupantes del Olimpo solían formar parejas estables, incluso eternas, una situación que no los libraba de quedar expuestos a conflictos tan mezquinos como las infidelidades, las reyertas conyugales y el ridículo de verse expuestos en esos menesteres ante sus iguales.
Zeus, padre de los dioses, estaba casado con Hera, protectora de la familia y los partos, cuya fidelidad resistía cualquier prueba, tal como en esa cultura de la Antigüedad se esperaba de cualquier esposa mortal. Ella solía comportarse como una mujer desconfiada (con sobradas razones) de lo que el marido hacía a sus espaldas. La pintura de Annibale Carracci los muestra como una pareja madura y en reposo, en el borde una cama, antes o después de hacer el amor, pero las historias que se cuentan sobre ellos sugieren cualquier cosa menos la calma en su relación.
Antes de casarse, Hera había resistido el cortejo de Zeus, rechazando los regalos que él le ofrecía. En lugar de resignarse a la negativa, el dios optó por asumir la forma de un pajarito mojado por la lluvia, que temblaba en la ventana. Conmovida, Hera lo llevó a su pecho para calentarlo y fue entonces cuando Zeus recuperó su verdadero aspecto y aprovechó la sorpresa para concretar sus deseos tanto tiempo postergados. Después de haber sido violada, Hera no podía hacer otra cosa que aceptar la propuesta de un matrimonio reparador.
Zeus no era inexperto en lides eróticas. Se había enamorado sucesivamente de la diosa Metis (hija del Océano), quien se resistió a consumar la unión, por lo que terminó siendo devorada por Zeus, quuien parió luego a Pallas Atenea, surgida de un tajo de su cabeza, gracias al golpe del hacha de Hefesto. De su relación con Temis (hija de Urano) nacieron las Horas. La relación con Mnemosine fue todavía más fecunda, porque de ella nacieron las nueve musas.
A pesar del matrimonio, Zeus sedujo a varias ninfas atractivas que se le cruzaron en el camino. Ellas fueron Europa, Danae y Leda, entre otras. Zeus podía adoptar una diversidad de apariencias para satisfacer sus deseos. En un caso se presentó como un toro que raptó a la joven Europa. En otro, fue una lluvia de monedas de oro que obligó a Danae a abrir las piernas para recibirlo. También se presentó como un cisne de buen porte que Leda se vio tentada de acariciar. La lista de conquistas es interminable. A Himatia la poseyó bajo la forma de agua de lluvia y asumió la apariencia de un águila para llevarse a Egina.
Zeus persiguió con el mismo empeño a seductoras mortales como Antíope y Semele (de quien nació Dionisos, dios de la embriaguez y las representaciones teatrales). Con la fiel Alcmena, casada con Anfitrión, Zeus adoptó la forma del marido, por entonces ausente en la guerra. No satisfecho con tanta actividad erótica heterosexual, después de adoptar por segunda vez la forma de un águila, Zeus raptó a un joven pastor, Ganímedes, para convertirlo en el copero de sus banquetes y cabe suponer que en un entretenimiento erótico más, de los muchos que disponía para ocupar la eternidad.
Harta de las notorias infidelidades, Hera encabezó una revuelta, con los dioses Apolo, Atenea y Poseidón, para destronar a su marido. Entre todos consiguieron encadenarlo a su cama y quitarle el rayo que Zeus utilizaba para imponerse entre los dioses y los humanos. Al fracasar la conspiración, Hera se vio obligada a prometer que nunca más intentaría nada parecido y evitar que el poder de los hombres fuera cuestionado por las mujeres. Decepcionada, Hera abandonó el hogar conyugal (una posibilidad que estaba totalmente negada a las mortales). Decidido a reconquistar a su pareja, no se sabe si por amor o para evitar la burla de sus pares, Zeus construyó una muñeca de madera, la vistió con ropas femeninas y a continuación simuló casarse con ella. Hera reaccionó indignada, atacó a la figura femenina y solo después de destrozarla, descubrió la impostura de la que había sido víctima. Superado el enojo, la diosa se resignó a volver con su esposo y continuar siéndole fiel (un sacrificio que no alteró demasiado las malas costumbres de Zeus).
La posibilidad de que un dios griego se modifique no es mucha. Puede dejarse llevar por la pasión del momento, pero eso no lo altera definitivamente. De acuerdo al texto de Apuleyo, el amor del dios Eros por la mortal Psique, demuestra los riesgos que acarrea una relación entre personajes que pertenecen a mundos diferentes, que viven en tiempos incompatibles. Eros protege a la hermosa joven de la maldición de Afrodita, su madre, celosa de la belleza de la mortal, que la condena a convertirse en esposa de un monstruo. La relación de la pareja se entabla en la oscuridad, para evitar que Eros pueda ser reconocido. Cuando ella queda embarazada, pide a su amante que traiga a sus hermanas. Ellas ven el palacio donde vive Psique, cenvidian su felicidad y la incitan a iluminar a su pareja cuando se ha dormido, para cortar la cabeza de quien suponen un ser horrible. Psique sigue el consejo, pero descubre a un dios bellísimo. Molesto por la falta a la promesa, Eros abandona a su amada. Ella pide auxilio a Afrodita, quien le encomienda tareas imposibles, como rescatar un cofre del infierno. La historia tiene un final feliz, pero no cuesta deducir la moraleja: las parejas mixtas (dioses / mortales) si bien son posibles, se deajustan, resultan una interminable fuente de problemas para unos y otros.
La pareja disfuncional, formada por un viejo y tuerto Hefesto (dios del fuego y la metalurgia) y la bella Afrodita (diosa del amor) no era menos tempestuosa en sus relaciones. El marido le había regalado a su esposa joyas elaboradas por él mismo, entre las cuales un cinturón de belleza inigualable. Eso no convencía a la diosa, que amaba a Ares (dios de la guerra). Ambos aprovechaban las ausencias nocturnas del marido que atendía su fragua, para hacer el amor a sus espaldas.
Cuando la relación adúltera fue descubierta por Hefesto, el herrero construyó una red invisible de plata, con la que pudo atrapar a los amantes y exhibirlos ante la asamblea de los dioses, que no condenó la falta, pero se burló de su torpeza. Avergonzada por la humillación que había sufrido, la diosa huyó a Chipre (de haber sido una mortal quien reaccionaba de ese modo, la comunidad la hubiera lapidado para cobrarle su exceso de independencia respecto de la cultura patriarcal).
Las historias conocidas en la Antigüedad por todos, convertidas en argumentos de obras teatrales y temas de los poetas, no disminuían el respeto suscitado por esas figuras, a las cuales se oraba durante los momentos de apremio, se presentaban ofrendas y construían templos. A diferencia de las culturas monoteístas, la griega no entendía como falta de respeto la posibilidad de que los dioses tuvieran tantos rasgos humanos.
NOTA DEL AUTOR:
Si te ha interesado el tema de este artículo, escribe un par de frases para explicar por qué, cómo lo relacionas con tus experiencias, utilizando el espacio que se encuentra a tu disposición.



PREGUNTAS A LOS LECTORES:
1. ¿Ves algún equivalente entre la mitología de la Antigüedad y las historias de la farándula y el deporte que ofrecen la televisión y otros medios de comunicación de la actualidad?
2. ¿De dónde salen hoy las historias notables que nos permiten entender el mundo y tomar a personajes notables como modelo de nuestro comportamiento?
3. ¿Qué diferencias y semejanzas adviertes entre las relaciones de pareja planteadas por la mitología griega y el mundo actual?
Me parecen mucho màs interesantes los Dioses y sus lìos que cualquier historia de faràndula, por lo general ramplonas y solo para gente zoqueta, es ìncreìble la fecundidad de la imaginaciòn griega solo con mirar el firmamento, hoy serìa imposible para un ser humano aturdido y desorientado por tanta informaciòn inùtil.
Osvaldo:
Cuando exploras la Mitología, descubres que a pesar del tiempo que ha pasado, no está muerta. Las historias actuales de la farándula, solo reescriben con ropajes nuevos ese material antiguo.
Zeuz es muy parecido a mí