PAREJAS EN LA TRADICIÓN BÍBLICA

Rubens: Sansón y Dalila

En la célebre pintura de Peter Paul Rubens hay un hombre y una mujer jóvenes y semidesnudos. Él es enorme y duerme, se ha derrumbado sobre el cuerpo de la mujer, da lo mismo si después de haberse embriagado o hacer el amor. No es una posición demasiado cómoda para ella, que en lugar de apartarse lo mantiene a la distancia justa para cortarle los cabellos sin despertarlo, con la ayuda de un par de cómplices que presencian la escena.

 Cuando él vuelva en sí, ya no será Sansón, el conductor invencible del pueblo judío, a quien su Dios ha dotado de una fuerza descomunal, un hombre tan seguro de sus dones, que osó confiar en una mujer cananea el secreto de su potencia. Ella lo habrá convertido en el debilitado Sansón, a quien los soldados que aguardan en el recinto vecino, no tardarán en apresar, para quemarle los ojos a continuación y sumirlo en la esclavitud.

 Muchos episodios bíblicos pueden ser más didácticos que históricos. Fueron escritos para demostrar a los lectores del futuro, por el resto de los tiempos, qué debe hacerse y qué no, en el caso de enfrentar un conflicto que habrá de repetirse. Por ejemplo, la prohibición de cortarse los cabellos para los hombres del pueblo judío. Cuando alguien se aparta de la tradición, funestas consecuencias pueden sobrevenir para él y los suyos. Lo mismo sucede con la prohibición de buscar pareja entre mujeres de otros credos.

 Dalila era agente de una potencia enemiga del pueblo de Israel, que se convierte en pareja de Sansón con el único objeto de destruirlo. Convengamos que tampoco la patriótica Judit de Betulia podía ser más confiable cuando sedujo al victorioso general Holofernes, que había ocupado el territorio de Israel, para decapitarlo a continuación, mientras él descansaba de lo que probablemente fue el primer encuentro amoroso.

 Las parejas bíblicas disponen de un ámbito reservado mientras dura el contacto de los cuerpos, su sexualidad se manifiesta en un territorio que solo pertenece a la pareja, a diferencia de lo que pasaba en otras culturas de la misma época, pero incluso en ese momento, los seres humanos continúan siendo herramientas de las instituciones políticas y religiosas.

 Hay en la Biblia textos que describen con elocuencia la embriaguez del enamoramiento heterosexual. El intenso deseo que despiertan las mujeres en los hombres (y viceversa, aunque suele enfatizarse menos la perspectiva de ellas) no es un asunto trivial, anecdótico, generador de chistes fáciles, pero al fin y al cabo indigno de un discurso serio, sino la materia trascendente que asegura la continuidad de la familia, el Estado, el culto religioso y las leyes.

 Algunas parejas humanas pueden haber sido concertadas en el cielo, como afirman los más optimistas, mientras que abundan otras, probablemente armadas en el infierno, que solo acarrean perjuicios para sus integrantes y descendientes.

 Jezabel, que desde temprana edad manifestó ser amante del lujo y la sensualidad, se casó con Acab, un hombre mayor, sin carácter, y lo utilizó para promover el culto a Baal, un dios extranjero, en detrimento del culto a Jehová (la moraleja más probable de una historia como esa, es de nuevo la conveniencia de que un hombre investigue cuál es la fe de su pareja antes del matrimonio y deseche a cualquiera, por atractiva que resulte, pero que no se corresponda con la religión de sus mayores).

 Hubo otras mujeres atractivas, que descarriaron a los hombres sin quererlo, como la funesta Dina, que en lugar de quedarse en el campamento de su padre, recorrió la ciudad, donde fue descubierta por el príncipe Siquem, que la raptó y planeó casarse con ella, a pesar de lo cual, Simón y Levi, hermanos de Dina, decididos a rescatarla, entraron en la ciudad y degollaron a todo el mundo durante la celebración de una ceremonia religiosa. Esto demostraría que las parejas de distintas culturas, hombres o mujeres por igual, son fuente segura de problemas para la comunidad.

 Desafiar las leyes no es la mejor forma de establecer una pareja. Betsabé se bañaba desnuda en la no demasiado confiable intimidad de su jardín, circunstancia en la que fue descubierta desde una terraza vecina por el rey David, que a partir de ese momento no reparó en medios para librarse del marido de Betsabé y convertirla en su nueva esposa.

Gentileschi: Judith y Holofernes

 De hombres y mujeres por igual, se esperaba su dedicación a la causa del pueblo de Israel. Judith de Betulia, viuda virtuosa, abandonó el duelo que había durado tres años, solo porque la ciudad donde vivía se encontraba asediada por Holofernes. Después de acicalarse, Judith bajó al campamento, sedujo al general enemigo con su belleza, para degollarlo a continuación, porque su meta no era venderse al ganador de la contienda, sino la liberar a su pueblo.

Sirani: Esther y Asuero

 Esther, adoctrinada por el sacerdote Mardoqueo, se ofreció en matrimonio al rey Asuero, no para matarlo, sino para introducirse en la corte babilónica, con la intención de aliviar el sufrimiento de los judíos, por entonces sometidos a la esclavitud.

 Aunque las mujeres judías de la Antigüedad se encontraban excluidas de las actividades del gobierno y el culto (a diferencia de lo que pasaba entre los sumerios y egipcios, con quienes los judíos convivieron durante siglos), debían subordinar su vida a los intereses de la sociedad. Cuando Débora organizó una revuelta militar contra los invasores cananeos, lo hizo a través de Barac, un hombre que le servía de intermediario cuando ella, apenas una hembra, tenía que dar órdenes a otros hombres, que no la hubieran respetado si los enfrentaba sola.

 En la Biblia, pareja no implica en todos los casos dos personas. Abigail, esposa del egoísta Nabal, entregó al rey David las vituallas que su marido le había negado a los hebreos, y después de muerto Nabal, se entregó ella misma como esposa al rey. Sara, esposa de Abraham, que no había logrado darle hijos durante un prolongado matrimonio, decidió que su marido los engendrara en Agar, una esclava (incurriendo en adulterio, una grave infracción a la Ley), porque de eso dependía la continuidad de su pueblo. Hasta las hijas de Lot, después de la destrucción de Sodoma y Gomorra, cometieron incesto (tras embriagar a su padre) con el objeto de paliar la falta de pareja, que las condenaba a no tener descendencia.

Moisés prohibió el adulterio en los diez mandamientos, acumuló dos esposas (Zipporah y una mujer etíope de quien no se registra el nombre en los textos bíblicos). Abraham tuvo tres esposas (la primera fue Sara, que se creía estéril, y luego Hagar y Keturah). Jacob tuvo cuatro esposas (Lea, Raquel, Bilbah y Zilpah). David tuvo dieciocho esposas (Michal, Abigail, Abinoam, Eglah, Maacah, Abitel, Haggith, Betsabé y una decena de concubinas). El sabio Salomón batió todas las marcas, al coleccionar mil esposas de distintas nacionalidades, probablemente recibidas como señal de alianza con los pueblos vecinos.

Desde la perspectiva religiosa, el matrimonio de un judío con un no judío, no tiene validez, porque la finalidad de la pareja no es dar satisfacción a sus deseos, sino facilitar la continuidad del pueblo y su fe. Consideradas instrumentos del Creador y el Estado, las parejas de la Biblia se encuentran subordinadas a las directivas masculinas.

ESPOSO: Me robaste el corazón / (…) novia mía, / me robaste el corazón / con una sola mirada tuya / con una sola de las perlas de tu collar. / ¡Qué amorosas son tus caricias, / (…) qué delicioso es tu amor! (…) / Los labios de mi novia / destilan pura miel; / debajo de tu lengua / se encuentra leche y miel / y la fragancia de tus vestidos es la de los bosques del Líbano. (Cantar de los cantares)

BAILES DE SALÓN

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Bailes de salón

Vals, fox-trot, pasodoble, tango, danzón, rumba, samba, salsa, quickstep, jive, mambo, cha-cha-cha: los bailes de salón que en algunos casos nacieron durante el siglo XIX, gracias a la radio y los discos, facilitaron los acercamientos de innumerables parejas durante la primera mitad del siglo XX. No obstante, perdieron vigencia durante un par de generaciones, en la segunda mitad del siglo XX, cuando a partir del twist puesto de moda a comienzos de los ´60, los bailarines se distanciaron de sus parejas y se dedicaron a moverse solos, dejando de lado las reglas que los coordinaban, aunque (nominalmente) continuaran bailando de a dos, en medio del caos visual y sonoro de las discotheques.

De pronto, cuando nada lo anunciaba, un programa de televisión norteamericano (Dancing with the Stars) y la serie de imitaciones que se manifiesta en todo el planeta, devuelve los bailes de salón a la vida. Comienzan a ser vistos como una modalidad válida de relación entre los sexos, por jóvenes que no tenían memoria de ellos. ¿Qué era, se preguntan, eso de coordinarse con la pareja? ¿Qué disfrute o aburrimiento depara a los bailarines respectar ciertas reglas que definen lo propio de determinado estilo de baile?

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Fred Astaire

El cine sonoro mostró desde los años ´30 las habilidades de Fred Astaire con sus diferentes parejas de baile: Ginger Rogers, Judy Garland, Rita Hayworth, Cyd Charisse. Un hombre pequeño, poco atractivo, de movimientos exactos y elegantes, coordinado con una mujer espléndida a la que él conduce, rodea, sostiene (pero no eleva), moviéndose en escenarios que deben más al sueño que la realidad, no le permite nunca lucirse sola, como era costumbre en la danza clásica.

El baile de salón, convencional, estudiado, respetuoso de un sinfín de reglas, conserva el encanto mustio de las flores guardadas en libros que nadie abre desde hace tiempo. Una mujer y un hombre se mueven, sincronizados por la música, enlazan pasos que ensayaron durante horas, realizan proezas de equilibrio y fluidez junto a otras parejas, bajo la mirada de espectadores, jurados y competidores que evalúan su desempeño y los aplauden o critican en público.

¿Qué se aprende en el ámbito controlable de un baile de salón, que resulte aplicable a los mayores riesgos la vida en pareja? El buen desempeño de una pareja depende del tiempo que pasen juntos y les permita no solo memorizar las rutinas, los ritmos y los desafíos que pueden sobrevenir, sino también encontrar soluciones compartidas, dignas de ser recordadas y aplicadas en el futuro. A esto se agrega el disfrute de estar juntos, en ocasiones también la saciedad de estar juntos y el renovado interés de continuar juntos.

A pesar de toda la buena voluntad que pongan los miembros de la pareja, si no existe entre ellos alguna compatibilidad emocional (química, no buscada), resultará imposible que nada bueno salga de su reunión. El resultado final de su desempeño suele depender de los detalles, de la técnica, si se prefiere, más que de las declaraciones verbales.

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Vals vienés

¿Cómo se acerca uno al otro? ¿Cómo se retiene a la pareja? ¿Cuánto tiempo se la retiene? ¿En qué momento se toma la iniciativa? ¿Cuándo se cede el turno? Una multitud de situaciones básicas, que se suceden cada vez en el encuentro de esos dos, debe ser experimentada y analizada, para resolver las dificultades efectivas que se plantean durante la relación.

La posibilidad de complementarse entre dos, no llega siempre de inmediato, ni por casualidad, sino después de pruebas y errores. Incluso cuando se cree haber alcanzado ese acuerdo admirable, pronto se advierte que es posible ir más allá en tal o cual aspecto, por lo que el desempeño de una pareja de bailarines se revela como una fuente constante de aprendizaje del diálogo, donde cada uno se abre al otro y se propone al otro y negocia, pierde, replantea al otro, sin considerar que esté ganando o perdiendo solo.

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Carlos Gardel

El baile de salón recuerda que la pareja casi nunca está del todo sola. En buena hora y también por desgracia, otros la observan, la evalúan, la toman como ejemplo, la imaginan, la envidian, la censuran, la idealizan, la confrontan con quienes la observan, y ese tejido tan denso de diálogos con el resto del mundo carga de sentido a la pareja.

Las aves que se cortejan, vuelan o marchan, aletean, hasta comprobar que son capaces de sincronizarse. Los mamíferos corren, fingen agresiones que abandonan apenas insinuadas, para dejar en claro que el objetivo no es agredirse. Hasta los temibles escorpiones se palpan, se sueltan, vuelven a moverse y tocarse durante el cortejo, en lugar de luchar hasta la muerte.

La danza que entablan las parejas de las distintas especies, les permite presentarse de la manera más seductora, someter a prueba su estado físico y verificar si han elegido correctamente a quien habrá de acompañarlos en el proceso de reproducción. La fluidez y coherencia que exige la danza de una pareja, requieren una concentración, un esfuerzo de sus integrantes, donde la decisión de estar juntos facilita los ajustes, las pruebas y errores mediante los cuales ambos construyen algo que los trasciende.

PRIMERAS PAREJAS DE LOS MITOS

Para los antiguos griegos, Hefesto, el dios del fuego, (conocido también como Vulcano) fue quien creó a Pandora, la primera mujer, mientras que Prometeo se encargó de formar al primer hombre. Ambos utilizaron barro como materia prima. Hefesto le infundió una chispa de fuego a su criatura. Prometeo utilizó sus propias lágrimas para humedecer la tierra. La primera pareja estaba desnuda, indefensa, tenía que alimentarse de frutas y carnes crudas, porque desconocía la existencia del fuego.

Compadecido de tanta miseria, Prometeo les regaló el fuego, que hasta entonces había sido disfrutado exclusivamente los dioses, con lo que despertó el enojo de Zeus, que encadenó a Prometeo y condenó a la humanidad a perecer en un diluvio, del que sobrevivió tan solo una pareja, formada por Deucalión (hijo de Prometeo) y Pirra (hija de Pandora). Ellos pidieron a Zeus que les permitiera repoblar el mundo. Atendiendo a la respuesta del oráculo, fueron avanzando por el mundo y arrojando piedras por encima de sus hombros.  Las piedras de Deucalión se convirtieron en hombres y las de Pirra en mujeres.

De acuerdo al filósofo Platón, que vivió en el siglo IV antes de nuestra era, en el comienzo de los tiempos los seres humanos fueron pares, unidos por la espalda, seres que un irritado Zeus se encargó de separar, dejando en la memoria de sus descendientes la nostalgia de la unidad perdida. Ese mito permitiría explicar que algunos persigan a personas del sexo opuesto, para recuperar aquello que les falta, mientras que también hay otros que buscan a su mitad del mismo sexo.

En la mitología de la Polinesia, la diosa Mawu o Mahu es quien crea el mundo conocido, en colaboración con el sol y la luna. Puede presentarse como hermana y esposa del dios Lisa, o constituir parte de una divinidad que reúne ambos sexos. La primera mujer creada por Mahu fue Gbadu, quien enseñó a sus hijos que solo Mahu puede dar y quitar la vida.

Hay interrogantes elementales que los seres humanos vuelven a plantearse en distintas culturas y épocas, algunas veces ignorantes de las respuestas que otros dieron, otras insatisfechos con aquellas que la tradición les ha entregado. ¿Por qué la realidad es como es, organizada y a la vez autónoma de las decisiones humanas? ¿Por qué hay días y noches? ¿Por qué se descubre tal variedad entre los seres vivientes? ¿Por qué se nace, por qué se muere? Son preguntas extraordinariamente ambiciosas; que no pueden eludirse, porque vuelven a ser planteadas a muchos por sus experiencias cotidianas. ¿Desde cuándo existen los hombres y las mujeres, por qué tienen asignadas funciones tan opuestas en la sociedad, qué o quién estableció el sistema que los mantiene organizados de ese modo?

Los mitos acerca del origen del mundo, llegan a ser inventados para dar alguna respuesta (provisoria) a esas preguntas y otras parecidas. No suelen ser las explicaciones mejor fundamentadas, ni pueden someterse a ninguna prueba, pero no obstante satisfacen cierta demanda que todavía no se encuentra en condiciones de entender el mundo científicamente. En varios sistemas míticos, al comienzo de los tiempos reina el Caos, hasta que la divinidad establece un orden al separar la luz de la oscuridad, el cielo de la tierra. Continuar leyendo…

PAREJAS DEL OLIMPO

Para los antiguos griegos, los dioses que habitaban el Monte Olimpo tenían gran parte de las características humanas (físicas y morales), más algunas otras que solo ellos disfrutaban, como la inmortalidad y poderes extraordinarios, tales como la invisibilidad voluntarias y la capacidad de asumir una diversidad de formas. Ellos alternaban con los seres humanos que habían creado, espiaban desde lo alto las actividades de sus criaturas (sobre todo cuando se trataba de satisfacer los caprichos de un inagotable apetito sexual). Como fruto de estos intercambios carnales, ocurría el nacimiento de seres excepcionales, por un lado mortales, pero al mismo tiempo dotados de atributos superiores, dado su parentesco con los dioses.

Que los dioses incurrieran en algunas de las más frecuentes debilidades humanas, como la veleidad amorosa, los celos y la rabia, no era motivo de escándalo para los griegos, sino la garantía de que serían capaces de comprender mejor a sus criaturas cuando le tocara juzgar sus actos. Los ocupantes del Olimpo solían formar parejas estables, incluso eternas, una situación que no los libraba de conflictos tan mezquinos como infidelidades, las reyertas conyugales y el ridículo de verse expuestos en esos menesteres ante sus iguales.

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Annibale Carracci: Zeus y Hera

Zeus, padre de los dioses, estaba casado con Hera, protectora de la familia y los partos, cuya fidelidad resistía cualquier prueba, tal como en esa cultura se exigía de cualquier esposa mortal. Ella solía comportarse como una mujer desconfiada (con sobradas razones) de lo que el marido hacía a sus espaldas. La pintura de Annibale Carracci los muestra como una pareja madura y en reposo, en el borde una cama, antes o después de hacer el amor, pero las historias que se cuentan sobre ellos sugieren cualquier cosa menos la calma en su relación.

Antes de casarse, Hera había resistido el cortejo de Zeus, rechazando los regalos que él le ofrecía. En lugar de resignarse, el dios optó por asumir la forma de un pajarito mojado por la lluvia, que temblaba en la ventana. Hera lo llevó a su pecho para calentarlo y fue entonces cuando Zeus recuperó su verdadero aspecto y aprovechó la sorpresa para concretar sus después. Después de haber sido violada, Hera no podía hacer otra cosa que aceptar un matrimonio reparador. Continuar leyendo…

LAS PAREJAS DE ADÁN

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Adán y Eva

Aunque un irlandés, el obispo James Usher, estaba convencido de haber calculado la fecha exacta de la creación del mundo, y por lo tanto del encuentro de Adán y Eva, el 29 de octubre de 4004 antes de la era cristiana, los estudios históricos sobre la época de redacción de los textos bíblicos demuestran que esa parte del Génesis fue escrita durante el reinado de Salomón, diez siglos antes de nuestra era, como una advertencia de la casta sacerdotal sobre el riesgo que corría el monarca al permitir los cultos extranjeros, introducidos en Israel por algunas de sus muchas esposas

La felicidad perfecta que disfrutaron Adán y Eva en el jardín de Edén, no duró demasiado (apenas lo que dura una luna de miel en la actualidad), porque de acuerdo a la interpretación literal que efectúa Usher, la expulsión del Paraíso y el consiguiente descenso de ambos al valle de lágrimas que es el mundo por todos conocido, habría ocurrido el lunes 10 de noviembre del mismo 4004.

Sobre Adán y Eva se conoce lo necesario para justificar el cúmulo de prejuicios e inequidades que afectan a la existencia de las parejas, para judíos, cristianos y musulmanes que tienen a la Biblia como texto sagrado. La situación de Lilith es más odiosa. Ella es uno de esos personajes que a través del tiempo apasionan a los estudiosos, dada la particular posición que ocupan en el contexto mítico, a pesar de lo poco y nada que se conoce de ella, o tal vez dada la escasez de datos que ofrece el texto bíblico. En el Libro de Isaías se la menciona como un monstruo, pero no se dice mucho más. Cuando se busca más información, hay que hacerlo en otros textos de la tradición judía, no menos especulativos que los frecuentados por los cristianos, puesto que se refieren a hechos remotos que no forman parte de la Historia, sino de la tradición y la fe.

El Génesis presenta dos comienzos del mundo en sucesión y solo en el segundo de ellos, la primera mujer es denominada Eva. ¿Se trata del descuido del redactor? ¿O es el descuido de alguno de los muchos transcriptores que se sucedieron, no corregido oportunamente, explicable en una época en que los libros se reproducían mediante copias ejecutadas manualmente?
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¿CÓMO Y DÓNDE SURGE LA PAREJA?

¡Cuánta energía se gasta durante la búsqueda de la pareja más adecuada para los fines de la reproducción, y luego de obtenerla, cuánto esfuerzo cuesta conservarla, o intentando librarse de ella, porque ha perdido el atractivo inicial o incluso resulta peligrosa! Ninguna de estas preocupaciones atormenta a los organismos que se reproducen sin depender del sexo. Ellos se dividen y regeneran sin descanso, como si no tuvieran otra cosa que hacer.

No obstante, hace seiscientos millones de años apareció sobre la Tierra la reproducción sexual, y con ella la diversidad y complejidad de las formas de vida superiores. Aparecen las esperas de un compañero sexual adecuado, las búsquedas de pareja, el empleo de señales difíciles de ignorar para las eventuales parejas (como el plumaje de las aves, el perfume de insectos y los mamíferos), para establecer los encuentros entre individuos fértiles, el complejo ceremonial de los cortejos nupciales, el cuidado de las crías, etc. El sexo introduce en el mundo una complejidad de situaciones inagotable.

Los hermafroditas, como sucede con gran parte de los caracoles y babosas, tienen simultáneamente los órganos de ambos sexos, por lo que bien pueden autofecundarse. Solitarios en sus conchas, podría suponérselos autosuficientes. Sin embargo, se observan unos a otros, se palpan, se excitan cada vez que se encuentran con un semejante, improvisan danzas que insumen horas, durante las cuales se fecundan, aunque de no darse la coincidencia, también podrían continuar sin mayores problemas (ni estímulos) su aburrida existencia solitaria. Si llegan a establecer parejas apasionadas, la coincidencia no se prolonga más allá del cortejo.

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Al observar aquellos animales que tienen funciones sexuales diferenciadas (machos por un lado, hembras por el otro), se nota que no siempre establecen parejas entre ellos. Durante la etapa del cortejo, las hembras suelen evaluar por el olor o el color, si aceptan o no el material genético que proponen los machos y condicionan el acercamiento de uno o varios de esos reproductores, exclusivamente para los fines de la fecundación o durante la etapa de gestación y crianza de sus descendientes. Continuar leyendo…

HISTORIAS DE PAREJAS

Azar, fatalidad, designios de Dios o interferencia del Diablo, leyes estadísticas, feromonas. De acuerdo a las épocas, cambian las hipótesis que tratan de explicar por qué se hacen y deshacen, mantienen y destruyen las parejas. Algo ocurre, dentro y fuera de las personas, que las lleva a juntarse por un rato o por lapsos dilatados.

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La organización de parejas humanas que resulten a la vez compatibles, duraderas y productivas, satisfactorias por igual para todos aquellos que las integran y para la sociedad que las regula, constituye una apuesta difícil que se renueva, generación tras generación, en las culturas más opuestas, sin coincidir por eso en un único modelo de relación, tan superior al resto que los desplace definitivamente.

¿Qué sociedad puede preciarse de haber logrado un sistema a prueba de insatisfechos y víctimas? Muchas han llegado a convencerse de que los códigos que ellas planteaban eran perfectos, insuperables y debían ser impuestos a todo el mundo, para descubrir tarde o temprano que habían dejado de considerar la opinión de algunos de los implicados, o que dificultaban la posibilidad de corregir los errores.

La Historia de la Humanidad ofrece una serie que no puede ser más heterogénea de proyectos de relaciones de pareja. Las hay formadas por la voluntad de sus integrantes, pero también armadas por el entorno. Unas conceden más peso a los hombres y otras a las mujeres. En ciertos lugares, la monogamia heterosexual se plantea como la única alternativa, mientras se reprime cualquier disidencia. En otros lugares, la poligamia es legal y se castiga con la muerte cualquier intento de reciprocidad de las mujeres, mientras que en otros la poliandria es aceptada y varios hombres se resignan a compartir una mujer. Para la mayoría de los cultos religiosos, la pareja establecida de acuerdo a sus ritos es por el resto de la vida (en el caso de los mormones, el nexo no es interrumpido por la muerte), mientras que la sociedad civil es menos optimista y permite las anulaciones y divorcios que corrigen las decisiones equivocadas.

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PRESENTACIÓN

Fatalidad de las parejas (de los Arnolfini a los Windsor)

Historias como las de Manón Lescaut y Carmen, establecieron desde el siglo XVIII la imagen tan temible como seductora de mujeres capaces de arrastrar a los hombres hacia la perdición (destruyéndose ellas también, conviene recordarlo). Como son ficciones elaboradas por hombres, resulta menos difundida la imagen opuesta, de mujeres víctimas del encanto falaz del sexo opuesto. En un caso y otro, lo evidente es que las relaciones de pareja plantean riesgos considerables, junto a un atractivo que impide evaluar de manera objetiva esos riesgos. Despreocupándose de lo que pase después, los seres humanos tratan de acercarse y relacionarse con otros seres humanos.

Entre dos encaran los imprevistos que les reserva la vida, confían que al reunirse van a ser capaces de sobrellevarlos mejor. Según algunos, pueden ser más de dos los miembros de la pareja, y no valdría la pena tomar en cuenta a qué sexo pertenecen. Tampoco la sexualidad es el único objetivo de la asociación. Cuando logra establecerse una relación como esa, muchos intentan dotarla de permanencia ilimitada. La capacidad de reunirse goza del reconocimiento de quienes rodean a la pareja. Sus integrantes deben afrontar más de un riesgo por el solo hecho de estar juntos y pensar de a dos. Utilizan el mismo espacio, elaboran proyectos comunes, asumen compromisos a largo plazo. Respetan reglas de convivencia que no siempre coinciden con las del resto de la sociedad. Controlan un territorio dotado de cierta autonomía, un lugar que no es de fácil acceso para los intrusos. Continuar leyendo…